Periodismo y violencia contra la mujer

La lectora Gladis Cecilia Sánchez plantea: “Todos los años hacen campañas para bajar los casos de violencia contra las mujeres, por parte del gobierno y de otras entidades comprometidas con la lucha contra estos delitos. Mi pregunta es ¿qué hacen los medios para apoyar estas campañas? ¿No cree usted que algunos programas de televisión fomentan la violencia en nuestros hogares?”.
Es evidente que a los medios de comunicación les cabe algún grado de responsabilidad social cuando informan sobre la violencia contra la mujer, qué es definida, según la Ley 1257 de 2008 como “… cualquier acción u omisión, que le cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual, psicológico, económico o patrimonial por su condición de mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, bien sea que se presente en el ámbito público o en el privado…”.
Cada año, el 25 de noviembre, se efectúa el Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres con el objetivo de combatir estos crímenes. Según el Instituto Nacional de Medina Legal, 1.007 mujeres fueron asesinadas en 2014. En el mismo periodo se registraron 37.881 casos violentos, de ellos 16.088 catalogados como violencia sexual. Sin embargo, se considera que el problema es mayor porque hay subregistro.
El periodismo tiene un papel vital para difundir, alertar, crear conciencia, educar, divulgar acciones positivas y no discriminar ni revictimizar.
La publicación de noticias y resportajes sobre la violencia contra la mujer está sujeta a criterios que no contribuyan a empeorar la situación ni a trasgredir los derechos a la intimidad, el buen nombre y la honra de las víctimas o de sus familias.
Si la mujer agredida no está a salvo la información puede ponerla en alto riesgo como reacción del agresor. Es quizá lo primero que tiene que considerar el periodista que conoce y documenta los hechos.
Guardar la identidad de las víctimas es una práctica frecuente en los casos en los que la vida corre peligro. Es de rigor advertir la publicación de un testimonio.
El lenguaje periodístico debe ser cuidadoso, que no de lugar a la estigmatización ni a la exclusión. No se pueden justificar las agresiones por su condición de mujer ni mucho menos darles vía libre en los contenidos periodísticos.
Es deseable que las informaciones contengan elementos pedagógicos de tal manera que las audiencias puedan acudir a instituciones de salud y justicia en busca de auxilio. La contextualización ayuda en estos casos a comprender la magnitud y el impacto de estas violencias.
Acudir a voces de expertos debe ser actitud rutinaria del periodista: Los médicos, sicólogos y abogados pueden aportar elementos valiosos que dan mayor claridad y mejoran la calidad de la información. De igual manera es conveniente ampliar y diversificar las fuentes de información.
La información preventiva ayuda, sin duda, a combatir la violencia contra la mujer. Así, las audiencias se enteran del hecho escueto y además reciben insumos adicionales que mejoran la percepción de la problemática y favorece la concientización de la sociedad.
Es oportuno señalar el alto riesgo de caer en el campo del sensacionalismo cuando se pasan los límites de lo informativo. Obliga observar las normas sobre la información judicial para no violar el debido proceso o la presunción de inocencia o buscar culpables. El periodista no es juez, solo informa.

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