Plebiscito y pluralidad informativa

El lector Miguel Ángel Suárez dice: “¿Cómo pueden garantizar el equilibrio los medios de comunicación en el debate por el Sí y por el No? ¿Usted cree que es posible?
En la última columna se referí inicialmente al cubrimiento que está realizando El Colombiano, para responderles a los lectores que me han escrito por este asunto clave para ejercer el derecho al voto en el plebiscito del 2 de octubre.
El artículo 20 de la Constitución garantiza el derecho a “…recibir información veraz e imparcial…”. Los códigos de ética periodística hacen énfasis en los principios de veracidad, imparcialidad, pluralidad, interés general, transparencia y otros valores exigidos por la información de calidad.
Y para completar el escenario, el manual de estilo del periódico dice: “EL COLOMBIANO acude a varias fuentes de información con el fin de ofrecer a sus lectores una visión plural de los hechos”.
Es cierto que los medios de comunicación tienen una filosofía editorial que los debe guiar en cada episodio o al menos a sentir la necesidad de cumplir con los estándares de veracidad e imparcialidad, para citar los que pide la Constitución.
Los lectores se merecen un ejercicio periodístico que les sirva, en este debate electoral, para formarse un juicio y votar en consecuencia en este acto democrático.
Algunas voces ciudadanas han expresado la validez y gratitud por el ejercicio de poner en la balanza los acuerdos de La Habana, publicados en la edición impresa. Y también, en la digital: Lo esencial de los 6 puntos del acuerdo Gobierno- Farc (http://www.elcolombiano.com/colombia/acuerdos-de-gobierno-y-farc/lo-esencial-de-los-6-puntos-del-acuerdo-gobierno-farc-BI4912470 )
Los ciudadanos pueden leer los aspectos más relevantes de esos acuerdos a la luz de opiniones de caracterizados partidarios del Sí y del No, con el fin de construir un juicio propio para votar informados, conscientes y libres.
“La paz, en todas sus acepciones y versiones, en todas sus posibilidades y consecuencias, debe ser un asunto general, una polémica de cada hogar, de cada empresa, de cada tribuna. No hay que temer al diálogo, al debate, a la divergencia. Es indispensable, hoy más que nunca, trazar el plano de las deliberaciones. Tener un ángulo político y una fuerza argumentativa para afrontar las nuevas realidades en el país que necesita una sociedad serena que delibere sobre su futuro”, convoca el editorial de El Colombiano del pasado 7 de septiembre.
Sin embargo, la preocupación del lector obedece al clima enrarecido por la pugnacidad de las palabras y las imágenes y por las campañas de desinformación y propaganda en redes sociales, pero que a veces se extienden a medios de comunicación.
La veracidad y la pluralidad están en alto riesgo por silencios prolongados sobre hechos de interés general, énfasis deliberados en torno a ciertas informaciones o por el escaso despliegue de noticias que tienen un mayor impacto en la sociedad. También, por esa fusión de opinión e información que puede confundir a las audiencias.
Es oportuno decir que opinión no es información. La opinión no informa aunque se base en hechos. La opinión esta llamada a convencer, a persuadir, a lograr la adhesión a una idea mediante la argumentación.
En cambio la información se sustenta en hechos ciertos, verificados y contrastados desde distintos puntos de vista.
Veracidad y pluralidad son atributos de la información y no de la opinión.

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