¿Por qué se publican las encuestas electorales?

El lector Jaime Humberto Correa pregunta: “¿Por qué los medios de comunicación le dan tanta credibilidad a las encuestas? ¿Cree usted que son necesarias? ¿Por qué son tan distintas unas de otras…?”.
Estos interrogantes seguramente son los mismos que se hacen otros lectores en estos meses previos a las elecciones locales y regionales del 25 de octubre.
El tema tiene muchas aristas y motiva innumerables discusiones académicas y políticas. Lo primero es que las encuestas deben ser realizadas regularmente por una firma de reconocida solvencia e inscrita en el Consejo Nacional Electoral.
Los resultados son insumos informativos de la agenda prevista para el cubrimiento de la campaña electoral. Hoy no se entiende una campaña electoral sin encuestas, porque muestran la fotografía instantánea de cómo son percibidos los candidatos por los ciudadanos
Los medios de comunicación las divulgan porque sus audiencias tienen derecho a estar informadas sobre las simpatías que despiertan los aspirantes en la opinión pública. Quizá el clima electoral que miden en un momento dado les ayuda a los ciudadanos a formarse una idea de la realidad política.
Al respecto, Isolda María Vélez, macroeditora de Información, afirma: “El Colombiano, por políticas del periódico solo publica aquellas encuestas que son contratadas directamente por este diario porque conocemos la metodología y seriedad de la firma Gallup en este campo. Evitamos el uso de otras encuestas, que igualmente pueden ser elaboradas por firmas de reconocida trayectoria, a fin de tener un comparativo único de evolución en el tiempo de los candidatos. Solo es posible comparar un resultado de una encuesta con otra que se haga de la misma forma”.
Es clave lo que afirma Isolda María Vélez porque por esta temporada se realizan otras mediciones de opinión electoral a conveniencia o a la medida, generalmente pagadas por los propios candidatos y con sensibles sesgos en la muestra. Muchas veces son encuestas manipuladas cuyos resultados son piezas de propaganda carentes de rigor, que se camuflan como información electoral.
La manipulación de las encuestas ocasiona distorsión porque el candidato que va adelante puede sumar unos votos de indecisos y también puede estimular el voto de ira, de odio o en contra, que se opone al voto consciente fundado en el conocimiento del aspirante y de su programa de gobierno.

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