Redes sociales vs. medios de comunicación

La lectora Ligia Omaira Betancur se siente confundida por la disparidad de los contenidos de las redes sociales y de los medios de comunicación. Dice: “¿No sé a quién creerle porque veo información contraria sobre el posible terremoto que puede presentarse en Colombia. A cada momento recibo mensajes que me causan temor y muchas dudas…?”.
Y no es para menos. El sismo del domingo 30 de octubre, de magnitud 5.4, con epicentro en el departamento del Huila y que se sintió en el centro de país y en otras regiones, desencadenó una gran erupción de mensajes a través de las redes sociales y originó cadenas fatales de contenidos alarmantes y temerarios.
Estos contenidos de redes sociales produjeron zozobra, hasta el punto que muchas viviendas fueron desalojadas a la espera del supuesto terremoto que se produciría en las próximas horas.
La información del periodista Santiago Valenzuela A., titulada Falsas alarmas de terremoto pueden causar más emergencias, publicada en la página 5, de la edición de El Colombiano del martes primero de noviembre, anota: “Si bien es cierto que el 87 % de la población colombiana se encuentra bajo un nivel de riesgo medio-alto frente a un sismo (de acuerdo con la Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica), un terremoto no es predecible, tampoco su magnitud ni su ubicación”.
Y añade: “Así lo asegura la profesora Natalia Pardo, del departamento de Geociencias de la Universidad de los Andes: “Es imposible que una fuente oficial, como el Servicio Geológico Colombiano (SGC), envié un mensaje prediciendo un sismo en un lugar específico y con una magnitud determinada. Tampoco se puede predecir el lugar dónde va a ocurrir una réplica. Estos mensajes lo que generan es pánico en las personas, que es lo peor que puede suceder en un caso de emergencia”.
Esta información periodística contrasta con los mensajes irresponsables, impensados, sesgados, mentirosos y alarmantes de las redes sociales.
El periodismo lo han definido algunos autores como la “ciencia de la verificación”. Y ese es el camino seguido por los medios: comprueban y verifican las informaciones antes de publicarlas, las consultan en fuentes científicas, en este caso, para construir el texto veraz, responsable y útil.
En las redes sociales es tan fácil mover los dedos y escribir cualquier cosa sin razón y sin objetivos.
Este fenómeno produce una atmósfera enrarecida cuando se mezclan los contenidos periodísticos y los mensajes de las redes, una especie de “promiscuidad informativa” que confunde y produce pánico.
Considero que urgen propuestas de formación de audiencias críticas que eleven las competencias de los lectores, oyentes, espectadores y usuarios. La responsabilidad social y el respeto a los derechos humanos son principios y valores en toda sociedad civilizada.
Una reflexión final: “Los directores de los diarios y de los programas informativos de la radio y la televisión han perdido el control de la jerarquía y difusión de las noticias, que ahora llegan a muchos lectores a través de unos algoritmos opacos que las personalizan y hacen que cada lector reciba en primer lugar las que se supone que le pueden interesar más, que suelen ser las que coinciden con sus ideas. En vez de ensanchar el campo de visión de los ciudadanos, esto les encierra en burbujas informativas que reafirman lo que piensan”, escribió hace poco, en el diario español El País, el escritor y diplomático Carles Casajuana, en un artículo titulado La erosión de la verdad.

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