¿Se puede fotografiar a un transeúnte?

El lector Juan David Aguirre pregunta: “¿Hasta qué punto me pueden tomar una fotografía y publicarla en el periódico sin mi consentimiento? ¿Cuáles son las normas que rigen para la publicación de las fotografías periodísticas y las imágenes de televisión, no considera usted que a veces hay abusos…?”.
Tal vez el lector se refiere a la molestia que le puede causar verse en una fotografía tomada en la calle para informar sobre un acontecimiento o un hecho de interés público.
Por norma general no hay limitaciones en las circunstancias descritas por el lector. Germán Calderón Linares, macroeditor Gráfico dice: “El registro gráfico de terceras personas en la vía pública atiende a un interés periodístico de carácter social, urbano, científico, histórico o cultural de relevancia. En lugares privados sólo se publican con autorización expresa de la persona que aparece en la imagen”.
De todas maneras es importante tener en cuenta algunas consideraciones detalladas porque a veces surgen conflictos entre la libertad de expresión del fotógrafo y el derecho a la intimidad de las personas.
En lugares públicos no se requiere permiso para documentar con imágenes la información de interés o de importancia para las audiencias y la ciudadanía. Sin embargo, alguien podría solicitar que no les tomen fotografías en virtud de un derecho personalísimo, o sea aquellos que están íntimamente ligados a la personalidad, aún en sitios públicos.
Otro asunto limitante se presenta cuando una persona luce un vestido o un objeto protegido por derechos de propiedad intelectual, caso en el cual es necesario obtener su beneplácito.
Hay circunstancias en las que la ética periodística obliga al fotógrafo a tener cautela por la crudeza de las escenas causadas por hechos violentos y de terrorismo. Al menos evitar los primeros planos. En estos casos se puede violentar la sensibilidad de los lectores por la naturaleza amarillista de los registros.
Una pregunta que se debe hacer en las salas de redacción es qué información suma la publicación de estas fotografías que pueden afectar la sensibilidad de los adultos y de los niños. Es decir, si son necesarias y agregan valor informativo.
También hay debate profesional, ético y aún político sobre la publicidad de actos terroristas. Algunos autores consideran que la divulgación es uno de los objetivos que busca el terrorismo porque al aumentar el miedo multiplican el daño y potencian la violencia.
No es fácil resolver esta cuestión porque el periodismo es el garante del derecho a la información veraz y oportuna. No hacerlo sería un caso de censura o autocensura cuyas implicaciones igualmente son nocivas para la sociedad.
El asunto se resuelve en el cómo se informa para garantizar el derecho y no hacerle el juego al terrorismo. Nada fácil, repito, cuando hay que tomar decisiones sobre si se publica o edita una fotografía. Y aún más dramático, sobre cómo hacer el encuadre en el mismo instante que se decide tomar la fotografía.
Cuando se trata de menores de edad, “la Ley 1098 de Infancia y adolescencia prohíbe la publicación de fotografías e identidades de menores de edad que sean víctimas o victimarios de delitos. Se exceptúan las desapariciones (incluso una presunta desaparición forzada), pues las fotos pueden ayudar a dar con la ubicación del menor”, recuerda Germán Calderón Morales.
En la próxima columna voy a referirme a otros aspectos de interés sobre este asunto de las fotografías periodísticas.

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