Ley de transparencia, herramienta para exigir información

El lector Lucas González dice: “….oí que hay una nueva ley sobre el acceso a la información y deseo que usted nos comente en qué consiste y cómo nos beneficiamos  al solicitar informes en los despachos oficiales…”.

Las normas que rigen el libre acceso a la información pública, reunidas ahora  en un estatuto, constituyen uno de los pilares del derecho a la información.

El 6 de marzo pasado el presidente Santos sancionó la Ley 1972 de 2014,  luego de superar el control de la Corte Constitucional.

Esta norma legal busca regular “el derecho de acceso a la información pública, los procedimientos para el ejercicio y garantía del derecho y las excepciones a la publicidad de información.”, según reza el artículo 1.

El derecho de petición lo han usado ciudadanos y periodistas pero esta nueva ley pretende ampliar las garantías.

La sentencia C-274/13 resalta tres aspectos de la norma: en primer lugar “…el acceso a la información pública garantiza la participación democrática y el ejercicio de los derechos políticos…”. En segundo término, “…cumple una función instrumental para el ejercicio de otros derechos constitucionales, ya que permite conocer las condiciones necesarias para su realización…”.  Y tercero, “…el derecho a la información no es solamente el derecho a informar, sino también el derecho a estar informado…”. Este último, según puntualiza la Corte en la sentencia T-473 de 1992.

Según la nueva ley “como titular del derecho a acceder a la información pública a toda persona, sin exigir ninguna cualificación o interés particular para que se entienda que tiene derecho a solicitar y a recibir dicha información  de conformidad con las reglas que establece la Constitución y el proyecto de ley”, explica la sentencia C-274/13.

El sujeto obligado de dar respuesta a las solicitudes no puede negarse, salvo las excepciones de reserva sobre asuntos de seguridad nacional, orden público y relaciones internacionales, entre otros temas cobijados por la ley. En tales casos, la respuesta deberá ser motivada, por escrito, citando la norma.

La ley también contempla la gratuidad de la información suministrada y la responsabilidad penal de quien adultere, oculte o la niegue.

Entrará en vigencia seis meses después de su sanción para las entidades nacionales, y un año para las territoriales.

¿Se pueden controlar los insultos?

“¿Qué porvenir tiene una sociedad que ha asumido que el insulto, el chantaje, es una forma normal de convivencia?”. Esta es la cuestión que se plantea Juan Cruz, periodista y escritor español en su libro Contra el insulto, obra en la que entrevista a varias personas maltratadas por esta clase de ofensas.

La reflexión, iniciada en la última columna sobre esta epidemia social que afecta a periodistas, columnistas y foristas, en los medios de comunicación y redes sociales, y que en general padece la sociedad, pretende ilustrar cómo enfrentar estas virulencias.

El Colombiano, y muchos otros medios de comunicación, establece el sistema de moderación de los comentarios en el foro de lectores.

“En nuestra página proponemos una interacción moderada: todos los comentarios, antes de ser publicados, son leídos por nuestros periodistas, quienes autorizan o denegan su ingreso, de acuerdo con lo establecido en el aviso legal y de uso general del sitio…”, reza las Normas de uso de los comentarios en elcolombiano.com.

BBC advierte en su reglamento: “Es importante que todas las participaciones sean relevantes al tema que se debate, pero también que sean respetuosas y correctas. No entre en provocaciones. No aceptaremos material que sea difamatorio -es decir, que acuse a alguien de una ofensa criminal sin que a la persona se le haya acusado legalmente-, ilegal, insultante, obsceno, amenazante o que atente contra las creencias, la raza o la preferencia sexual de un grupo de personas…”.

Sin embargo, pienso que la epidemia de insultos, difamaciones, injurias, maltratos y necesades exige un cambio de actitud de las audiencias a la hora de emitir los juicios y observaciones. Urgen actitudes y acciones que eviten las expresiones viscerales.
Respetar a las personas. No caer en la seducción que favorece el anonimato. En una palabra: respetar los derechos humanos.

Leer, escuchar y ver antes de emitir un comentario. Peor que la ignorancia es el prejuicio porque en el foro participan personas de distintas edades, creencias y condiciones.

Publicar opiniones relevantes y que tengan relación con el tema. Lo demás es ruido, desinformación o deseo de provocar.
Eliminar las calumnias y las injurias. Son tipos penales que comprometen al autor de los cometarios y al medio de comunicación que los publica.

Creo que la educación cívica forma ciudadanos responsables y abiertos al debate, alejados de los insultos y la violencia.

Los insultos: una epidemia social

Con frecuencia recibo quejas y observaciones de lectores, periodistas y columnistas por los comentarios y los correos electrónicos plagados de insultos y a veces de calumnias e injurias.

El uso del lenguaje ofensivo y destructor se ha multiplicado en forma exponencial en los medios de comunicación, las redes sociales y la sociedad en general.

El fenómeno no es exclusivo de Colombia. Pero esta conducta dañina prospera entre quienes confunden la libertad de expresión con la impunidad, parapetados en el anonimato que les permite la red.

Este lenguaje descalificador y abusivo, de golpes bajos, es una conducta violenta y delincuencial que corre los límites de la libertad de expresión para violar los derechos fundamentales consagrados en el ordenamiento jurídico. En una palabra, atenta contra los derechos humanos.

¿Y quién insulta? El que no tiene argumentos y da vía libre a expresiones viscerales llenas de odio y pugnacidad que solo busca maltratar, por decir lo menos. Y unos pocos, que dan rienda suelta a su conducta malsana, los llamados troles, clasificadas como personas que solo buscan ofender y crear malestar.

Lo peor es que este fenómeno, calificado como epidemia social por autores estudiosos del asunto, alarma en las calenturas estacionales, como por esta temporada de elecciones.

Este mal afecta no solo a las personas. Pone en riesgo el diálogo que generan las audiencias en los foros, porque lo convierte en un escenario de gritos mal olientes, lejos de la conversación argumental y constructiva.

Desgraciadamente algunos medios de comunicación importantes han tenido que cerrar las puertas a los comentarios. Se da el caso, también, de columnistas que no ponen su correo electrónico para evadir la agresión.

El Colombiano busca la participación de sus audiencias mediante el sistema de foro moderado. Es decir, la opinión del lector es revisada antes de publicarse, para evitar insultos, difamaciones e injurias.

Periodistas y medios de comunicación defendemos la libertad de expresión y por esta razón alentamos la participación de las audiencias. En este ámbito de respeto no caben los comentarios insultantes.

Sin duda es un esfuerzo poner el filtro, aún a costa de los juicios irracionales que consideran la gestión como una cortapisa a sus opiniones y una restricción de sus derechos.

Desarmar las palabras debe ser el propósito clave a la hora de comunicar, opinar y criticar.

Bienvenidos al blog del Defensor

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EL COLOMBIANO es hoy el único periódico del país con Defensoría del Lector. Otros 400 periódicos de distintos países creen en el ombudsman, defensor u oidor, figura que se abre paso en el mundo del periodismo.

Esta figura busca defender la ética y el derecho a la información y mejorar la calidad del periodismo. Hace parte del sistema de autorregulación de los medios, conformado además por consejos y paneles de lectores, manuales de estilo, auditorías y secciones de control de calidad periodística.

La decisión de establecerla se funda en los principios éticos y periodísticos de EL COLOMBIANO, heredados de su director emérito, Fernando Gómez Martínez, y por quienes asumieron más tarde la responsabilidad de orientar el diario: Juan Zuleta Ferrer, Juan Gómez Martínez y Ana Mercedes Gómez Martínez.

Pero no basta la carta de navegación. Se requiere de la voluntad transparente para ponerla en común y de la decisión de designar quién atienda las reclamaciones de las audiencias.

La Defensoría del Lector es consecuencia directa de la responsabilidad social de los medios de comunicación. A través de este instrumento se apoya la construcción del sistema de autocontrol, conforme a la Constitución, las leyes y la ética.

En otros términos, contribuye a conservar la credibilidad, que es el patrimonio más valioso del medio y del periodista. La otorga la opinión pública y se construye o se destruye todos días.

A mi tarea como defensor del lector le he dado un enfoque pedagógico. Las columnas buscan estimular la participación, responder a las inquietudes de los lectores y explicar qué pasa en la Sala de Redacción. Son frases dirigidas a la conciencia de periodistas y lectores.

Dentro del periódico, construyo el espacio académico, Pensando en el Lector, con el ánimo de alentar la autocrítica y las competencias profesionales. Una biblioteca digital con más de quinientos libros de periodismo, enlaces a decenas de diccionarios y sitios de interés integran el conjunto de recursos de consulta y formación que los periodistas tienen a un clic.

En cuanto a la autocrítica, pienso que es factor crucial en el periodismo. Muchos autores ven como un mito esta paradoja: estamos listos para criticar y ausentes para recibir críticas de los lectores y la ciudadanía.

Y sobre la participación de los lectores es evidente que hoy se percibe una mayor interactividad. Sin embargo, creo que es deseable la presencia en las reuniones de planeación temática.

Precisamente en la columna anterior me referí a los comentarios que recibí durante el año 2011. En total sumaron 1.036, de los cuales el mayor porcentaje está representado por el 23,35 por ciento. Es decir, 242 lectores se quejaron por erratas y errores que van desde simples equivocaciones de digitación hasta faltas de ortografía, uso de barbarismos e imprecisiones.

Y también señalé que buena parte de las observaciones de los lectores correspondían a sugerencias y temas de investigación que fueron atendidos y desarrollados por la redacción del periódico.

El Blog del Defensor será un nuevo canal de relación con las audiencias, en la Zona C de nuestro portal.
Aquí estarán las columnas del defensor del lector y otros contenidos y recursos de interés.

¡Bienvenidos!