Temas sensibles: ¡cuidado con las palabras!

El tratamiento de la información sobre la inmigración precisa altas dosis de rigor y responsabilidad por tratarse de asuntos sensibles en los que es fácil caer en trampas xenófobas o en estereotipos. La elección de un término impreciso o inadecuado nos puede llevar a esos terrenos.
El lector Federico Díaz González cuestiona el reportaje sobre la presencia de inmigrantes que buscan en Medellín una alternativa para llegar a Centroamérica y luego a Norteamérica.
Dice: “En la página 13 de la edición de junio 21 aparece el siguiente titular: ´Decenas de inmigrantes transitorios rondan Belén´. Nada hay objetable en este título, pero en el subtítulo dice: “Un grupo de caribeños, africanos y asiáticos merodea la sede central de Migración Colombia en la comuna 16…´. Según el DRAE, el verbo merodear significa ‘vagar por las inmediaciones de algún lugar, en general con malos fines’ o ‘vagar por el campo viviendo de lo que se coge o roba’. En otras palabras, el verbo tiene implicaciones negativas”.
“En mi opinión es injusto usar ese verbo para referirse a migrantes cuyo único propósito es obtener un salvoconducto para permanecer algunos días en Colombia. Al sumarles a sus desgracias los significados negativos de “merodear”, El Colombiano maltrató a personas en clara situación de inferioridad”, concluye el lector.
José Guillermo Palacio, macroeditor de Información Local lo reconoce: “Tiene razón el lector y faltó rigurosidad de parte del periodista y su editor. Cada palabra, cada signo de puntuación, cada expresión tienen sentido y vida propia y como tales deben ser manejados”.
A cada palabra corresponde un significado y muchas tienen connotaciones de diversa índole. Es evidente que el término usado en el reportaje periodístico citado no es el propio ni el adecuado. Desde la misma definición se infiere que está relacionado con actitudes sospechosas. En este caso, alejadas de los hechos narrados por el periodista. Y más lejos aún de su intención.
Es posible que los vecinos vean estas aglomeraciones con otros ojos, percibiéndolas como situaciones de riesgo, incomodidad y algunos con altas dosis de prejuicios.
Pero el periodismo tiene la responsabilidad de acercarse de otra manera: con ojos abiertos, sin esos prejuicios y con la actitud transparente fundada en los valores de la ética.
La veracidad está en juego. Oír voces diversas garantiza el pluralismo y la imparcialidad; el contexto explica el proceso migratorio para evitar distorsiones; la claridad del lenguaje permite transmitir los hechos a las audiencias; los derechos humanos también están en riesgo y a un solo paso de criminalizar y maltratar a estas personas puestas en un escenario de precariedad.
Las palabras deben ser escogidas con rigor. Así lo exige el lenguaje periodístico. En temas sensibles es prioritario redoblar la atención para no expresar ideas distorsionadas, ya sea por una falla léxica o por la connotación que trasmita a las audiencias.
La palabra merodear conlleva una carga que puede interpretarse como una acusación, en este caso, a los inmigrantes que buscan resolver su presencia irregular, no delictiva, en el país.
Los sinónimos son escasos en el periodismo. La propiedad es un atributo del lenguaje que avala la comunicación entre el periodista y el lector. Muchas palabras cambian de significado de una región a otra.
El lenguaje es el principal instrumento del que se vale el periodista. Debe dominarlo, debe saber expresarse. Y los diccionarios son los mejores aliados para conocer los significados y las connotaciones sociales de cada término.

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