5 rutas para enamorarse de Italia y la “dolce vita”

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Italia es un país maravilloso, su cultura, su arte, su naturaleza, su gastronomía… Todo el mundo lo sabe, pero conocer los pueblitos escondidos, alejados de las rutas clásicas, es algo sólo para afortunados.

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Comencemos con Pitigliano, un antiguo pueblito medieval situado encima a una roca llamada “Rupe di Tufo”. Es el ejemplo clásico de un lugar donde el tiempo pasa lento. Una callecita empedrada, una pareja de ancianos sentados bajo la sombra de un viejo árbol, que observan tu asombro cuando caminas por aquellos antiguos caminos etruscos, con altas paredes de roca que te acercan a un universo misterioso.

Continuamos con Orvieto, su “Duomo” parece de azúcar. Recorrer su calle principal es perderse entre sus tiendas, admirando las cerámicas hechas a mano. Después de degustar una copa de Orvieto, vino blanco DOC, uno de los más famosos del mundo, hay que tomar el ascensor que lleva del centro histórico a la parte baja: el “Pozzo di San Patrizio”, es descender al mismísimo medievo. Este pozo es un trabajo de ingeniería asombroso, realmente es singular conocer la rampa helicoidal doble, que permitió a los animales de carga, utilizados para el transporte del agua hacia la ciudad, no obstruir el tráfico en los dos sentidos.

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Para seguir sintiéndose en la edad media, hay que visitar uno de los pueblitos más lindos de Italia, Civita Bagnoregio, “La ciudad que se muere”. Contemplar este pueblito desde el puente que une la roca que lo sostiene débilmente con la tierra firme, es contemplar un milagro. ¿Cómo es posible que después de siglos siga resistiendo las corrientes de viento que lo golpean?. Los gatos observan fijamente al caminante que se aventura por entre sus callecitas, mientras se cuelgan ágilmente de los balcones de las casas, en medio de flores primaverales de mil colores.

Más allá de las regiones de Umbria y Lazio, se encuentra la Campania y un pueblito fascinante llamado Positano, ubicado en la Costa Amalfitana, es sencillamente encantador, tiene todo lo que uno sueña cuando de pequeños armábamos el pesebre: casitas de colores colgadas de la montaña, callejones estrechos, una iglesia, un mar azul y una playita. En Positano hay que degustar un delicioso helado de limón, de esos famosos limones amarillos típicos de esta región. Recorriendo los acantilados y su callecita estrecha, se puede caminar hasta Paestum, pasando por Amalfi donde venden el mejor “Limoncello”, ese licor amarillo, único de esta zona, hecho con base en limón.

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El parque arqueológico de Paestum es Patrimonio Mundial de la UNESCO y es realmente un viaje en el tiempo, son 3 templos de origen griego, son los más hermosos que se puedan visitar en el mundo entero, y aún más si se llega al atardecer, un paisaje para embelesarse contemplando los tonos de naranja y rojo reflejados en sus columnas que contrastan con el verde de sus praderas. Allí se encuentran las famosas “Trattorias” típicas de la zona. Nada como un buen plato de auténtica “mozarella di bufala” que se derrite en la boca ¡un verdadero manjar!

Si dejamos el mar de Tirreno y nos dirigimos hacía el Adriático, encontramos Alberobello, otro patrimonio mundial de la UNESCO y sí que tienen razón. El pueblito se compone de un sin número de pequeñas casitas cónicas construidas en piedra llamadas “Trullos”. Alberobello es un cuento de hadas y duendes, todo es surreal, desde el blanco penetrante de los muros hasta los techos en piedra y las jardineras llenas de flores rojas.

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Más allá de Alberobello el camino conduce a Lecce, atravesando enormes campos de olivos antiguos, viñedos, mesas enormes de madera repletas de tomates rojos secándose al sol, acantilados y un mar azul profundo. Llegar a Lecce es llegar a la “Firenze del sud” (la Florencia del sur), capital del barocco leccese. La decoración minuciosa, perfecta y delicada de sus palacios construidos con la piedra de la región que en la noche con sus farolitos toma una atmósfera de otra época, es esplendida. En sus pequeños restaurantes se alegra el paladar con las “Frise”, esos pedacitos de pan bañados en el jugo de los tomates de la “Puglia” que son famosos a nivel mundial, un buen plato de “Orecchiette” con “Cime di rapa” acompañado de una copa de vino Nardò Rosso Riserva, uno de los mejores de la región, y de postre los renombrados “Mostaccioli” con cobertura de chocolate y un capa endulzada con mosto de uva y mermelada.

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