Caminata hasta la Ciudad Perdida en la Sierra Nevada de Santa Marta (y el regreso)

Texto: Blanka Pesinova

Blanka nació en la antigua Checoslovaquia, en la bella ciudad de Praga. La conocí cuando vivió en Bogotá siendo la esposa del embajador de Bélgica en Colombia. Incansable caminante y viajera, vivió en Inglaterra, Australia, Filipinas, Suiza (donde le tomó gusto a caminar por las montañas), Bélgica, Ecuador, Yugoslavia, Holanda, Siria y por supuesto Colombia, donde viajó y conocio más que muchos de nosotros que nacimos y vivimos aquí, y donde tuve el gusto, muchas veces, de ser su guía.

Bogotá, octubre 2009

Desde mi llegada a Colombia en el otoño de 2006, he escuchado hablar de una de las maravillas del país –Ciudad Perdida en la Sierra Nevada de Santa Marta-, y cuando la Embajada de Francia en Bogotá me invitó a participar en la caminata a este sitio, me dieron muchas ganas pero pensé que no sería capaz de hacerla. Había caminado bastante toda mi vida por muchas partes del mundo, pero nunca seis días seguidos sin el confort de un hotel y nunca había pasado la noche “bajo las estrellas” y mucho menos en una hamaca. Después de haber titubeado todo el mes, me dije: “Si me atrevo, es posible, que me arrepienta durante los seis días, pero si no me atrevo, voy a arrepentirme toda mi vida”, y me comprometí.

Blanka en la Chiva

Blanka en la Chiva

Entonces, un día de enero de 2009, me encontré afuera del aeropuerto de Santa Marta con una docena de personas de ambos sexos y de todas las edades. No me alegró constatar que lideraba en el grupo con unos diez años de ventaja…

Arrancamos en dos vehículos: una camioneta cerrada y una chiva. A mí me tocó el asiento de atrás en la chiva, al lado de una ventana sin vidrio. Durante una hora de trayecto por la autopista que lleva a la Guajira, el viento hizo buen trabajo con mi peinado y el smog de los carros casi me asfixió. El aire mejoró, cuando entramos en la Sierra, la vía es destapada, empinada y estrecha. Una vez a un lado, otra vez al otro, según la dirección de las curvas, se abre un abismo profundo. En los sitios de derrumbes recientes, los sentados al lado del abismo gritaban: “Inclínense a la derecha / a la izquierda”, según la necesidad. Yo, de mi parte, gritaba lo más alto cuando el abismo estaba a mi lado. Pero lo mejor era admirar las espectaculares montañas de la Sierra Nevada detrás del abismo. Ya empezaba a arrepentirme, pero las carcajadas de mis compañeros, causadas más bien por susto que por alegría, creo, revivieron mi ánimo. Finalmente, después de una hora y media de esta “montaña rusa” llegamos al final de la “carretera”, al pueblito de El Mamey, 100 m sobre el nivel del mar. Por precaución, pedí al conductor que me reservara el asiento a su lado para el retorno.

El río Buritaca

El río Buritaca

Era medio día y hacía un calor agotador. Almorzamos sánduches, que cada uno se preparó según su gusto. Una chica menuda, la más joven del grupo, se comió un sánduche casi más grande que ella. Mientras tanto, los ayudantes cargaban nuestro equipaje, la comida y otras necesidades sobre unas mulas. Nuestra expedición era de lujo: durante todo el recorrido nos daban frutas frescas, prepararon los sitios donde dormimos, colgaron hamacas, etc. y prepararon comidas calientes.

La cerveza

La cerveza

Esa tarde caminamos cinco horas, empezando con una subida empinada hasta los 600 m de altitud y después bajando hasta la primera “casa” de descanso: la Casa de Adán a 400 m, a las orillas del río Buritaca. Como saben los montañistas, las bajadas son más duras que las subidas y ésta no fue ninguna excepción. Llegué entre los últimos, pero no la última. La chica que se comió el sánduche gigante, había vomitado después de la subida y se mareo este primer día. Los primeros que llegaron estaban sentados al frente de la “casa” (un techo sobre palos), como pajaritos en un alambre. Les pregunté por qué no se habían ido a bañar al río y la respuesta fue: “Las mulas no han llegado y no tenemos los trajes del baño…”.  Yo cargaba una mochila más grande que todos y sorpresa: tenía mi traje de baño y me precipité a usarlo. Que delicia sumergirme en el agua fresca y además evitar, más tarde, la cola para las duchas. Al lado del río había una tienda y me tomé una cerveza – la última hasta la vuelta a El Mamey, cinco días después.

Los soldados de mi patria, gracias a quienes podemos recorrer los caminos de este país maravilloso!

Los soldados de mi patria, gracias a quienes podemos recorrer los caminos de este país maravilloso!

Ya, en total oscuridad, llegaron las mulas, que gran alegría para todos. La cena, aunque tardía, estuvo deliciosa esta primera noche y no sólo por el hambre. Era un pescado frito sobre el fuego para cada uno y una botella de vino para todos. Dormimos en hamacas colgadas tan cerca una de otra, que cuando un dormilón se movía, hacía balancear a todos los demás… En la noche hizo mucho frío y en la mañana estábamos felices de poner en movimiento las extremidades rígidas. El segundo día fue menos exigente, con subidas y bajadas no tan empinadas. El canopy de la selva nos protegía del sol y mientras más subíamos hacía menos calor.

La cena...

La cena...

Nos detuvimos en un pueblito de los Tayronas, que viven allí de la misma manera que hace siglos y finalizamos la jornada a una altura de 540 m, en la “casa” de Gabriel, “el hotel de cinco estrellas”, como lo bautizamos – tenía no sólo techo sino también muros de tablas y camarotes con sábanas limpias y almohadas! En lugar de tomar una ducha me fui a nadar en el río Buritaca. Por la noche, el murmullo del río me arrulló el sueño.

El campamento

El campamento

El último día de subida volvió a ser duro. Primero hubo que cruzar el río Buritaca siete veces, con el agua subiéndonos hasta los muslos o el trasero, dependiendo de la estatura. Los soldados que nos acompañaron durante todo el camino, prestaban ayuda (y sonrisa) a los/las que la necesitaban, como yo. Luego de la última cruzada de río llegamos al pie de la famosa escalinata de 1.000 gradas que conduce a la entrada de la Ciudad Perdida. Las escaleras de piedra eran muy resbalosas y parecían verticales y sin fin. Inimaginable para los que sufren del vértigo… Finalmente alcanzamos la terraza mayor de la ciudad y luego “el hotel” local, donde nos habían reservado el “piso ejecutivo” (para el gran descontento de dos grupos que habían llegado antes). En el “comedor”, abajo, no había espacio para todos (unas cincuenta personas) y hubo que hacer colas para la cena, para las dos duchas y para los cuatro baños, pero nadie se quejaba, sobre todo cuando alguien sacó una botella de ron. Nos acostamos en el suelo bajo los mosquiteros y nos dormimos con el sonido de la lluvia.

La gran escalinata

La gran escalinata

Al día siguiente recorrimos toda la ciudad con sus 150 terrazas y escuchamos las explicaciones del chamán. Es un lugar mágico difícil de imaginar. Al atardecer bajamos hasta el “Pozo de la juventud”. Mala suerte que ya hacía demasiado frío para bañarse y ver si funcionaba…

La terraza principal

La terraza principal

En la mañana del quinto día empezamos el regreso. En mi alma reinaba la paz y el encanto de este sitio, pero mis piernas protestaban por tanto esfuerzo. Al comienzo de la escalera tomé a un soldado por la mano y no lo solté hasta que llegamos a nuestro “hotel cinco estrellas”, para finalmente relajarme nadando en el río.

El último día tuvimos que recorrer toda la distancia de los primeros dos días, y rápido, para salir de la selva antes de que se hiciera de noche. Me pareció imposible; superé mi orgullo y alquilé una mula. Me trajeron un animal enorme y excepcionalmente terco. Fue un milagro que no me caí, a veces faltaba poco. Al final de cuentas hubiera sido más fácil seguir caminando.

Ciudad Perdida

Blanka y su mula...

La experiencia de mi visita a la Ciudad Perdida Teyuna fue toda una maravilla inolvidable, no me arrepentí ni un minuto de haber ido. Al contrario, la caminata se convirtió en la aventura de mi vida.

Ecoglobal Expeditions

www.ecoglobalexpeditions.com

8 comments

  1. El Caminante El Caminante   •     Autor

    Hola Jorge, gracias por leer el Diario del Caminante!! Feliz viaje!!

  2. jorge   •  

    Me emocione como un niño al leer tu relato y ver las fotos
    Solo de pensar qeu en unos meses podria llegar a estar ahi….me pone muy ansioso
    Espero que pueda cumplirse y lo voy a disfrutar junto con mi familia
    Ojala que asi sea y gracias por ser tan prolijo en los relatos y tenes tan bellas fotos para compartir
    Abrazo en la distancia… desde Buenos Aires…

  3. El Caminante El Caminante   •     Autor

    Gracias!!

  4. El Caminante El Caminante   •     Autor

    Gracias Gerardo!!

  5. gerardo medina   •  

    Súper bueno! les cuento que esto es lo que necesita nuestro país, que la gente cuente lo lindo que es nuestro país y lo sacaremos del atraso en el que estamos. Sólo tienes que estar lejos para ver lo hermoso que es nustro país

  6. MARTHA OTALORA   •  

    ME ENCANTO TU RELATO!! GRACIAS POR COMPARTIRLO!

  7. El Caminante El Caminante   •     Autor

    Gracias por tu comentario y por leerme!!

  8. yisus   •  

    Me ha encantado tu post, me ha gustado mucho! yo he hecho esta excursión este año y ya ha cambiado un poco. han arreglado los caminos y han construido un puente, de manera que el camino es mucho más fácil. creo que también han mejorado los refugios que ahora tienen alguna comodidad.
    yo he contado mi experiencia en mi blog también, espero que guste ;)

    saludos desde españa!

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