Tr3sDeCorazón y su cátedra a la música de Colombia

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Para empezar, ¿Saben ustedes qué significa tener una banda de rock en Colombia?

Ensayos, dinero, tiempo, creatividad, más dinero, tolerancia, entre muchísimas otras circunstancias que hacen de la música una labor compleja. Quizá por eso los integrantes vienen y van, las bandas de igual manera, nacen pero también con mucha frecuencia, mueren.

Digo todas estas cosas solo para referirme al trabajo e historia de una agrupación, que además de haber soportado los años y las situaciones que hacen que vivir de la música en Colombia sea una cosa compleja, también soportan estar en pie con la misma fuerza y convicción de siempre, a pesar de los comentarios, a veces destructivos, sobre su proceso. A mi modo de ver, Tr3sDeCorazón tiene una historia admirable y pocas veces vista, un proceso hecho con cariño, amor y con un profundo respeto y honestidad hacia su propuesta de punk rock.

Ellos sin hablar mucho, simplemente trabajando por su sueño (ahora realidad) de vivir de la música, han logrado cantidad de cosas que cada una de las bandas de la ciudad, nueva o histórica, debería admirar: Cinco discos en estudio, un dvd en vivo, un libro que conmemora sus primeros 10 años, un documental que también narra esa historia, 26 videoclips. Giras en Argentina, México, Uruguay, Perú, Estados Unidos, Cuba, actualmente están confirmados como corporación cultural, tienen su propio estudio de grabación y sala de ensayo Carnaval Récords y además son generadores de conciertos pagos en toda la ciudad, incluso invitando a las mismas bandas que hablan de manera negativa de su trabajo.

Alejándonos de las subjetividades musicales, Tr3sDeCorazón es una banda que le ha enseñado a la ciudad, con la prudencia que implica el silencio, sobre autogestión y sobre cómo se debe trabajar con y para la música. De ellos habla todo el mundo, con argumentos o sin ellos, no importa. Y no está mal hablar. Lo que si es incomprensíble es que sin juicio y a punta de palabras malintencionadas acaben con una trayectoria productiva y honesta, que bien o mal, le ha aportado a la escena musical y a muchísimas bandas que se han visto beneficiadas de ese mismo trabajo.

Por eso este texto llama a la cordura, al respeto como razón primordial de la vida y al reconocimiento del trabajo. No quiere decir que sea mala la crítica, en realidad es buena cuando tiene bases sobre la construcción y no sobre la destrucción. El respeto es lo único que nos queda, en un país de mentira y guerra permanente.

La invitación es a trabajar mirando nuestros pies, a no destruir por simplemente hacerlo, a pensar más antes de hablar y sobretodo a respetar el camino, el sonido, las decisiones y el proyecto de vida de los demás.

¿Sabes cuánto vale tu concierto?

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No es un secreto que a muchas propuestas musicales del país les falta cancha y profesionalismo a la hora de analizar su proyección y circulación. Y empiezo diciendo esto, por algunas experiencias cercanas que he tenido con el valor económico de los conciertos, el pago que merecen los músicos, y el abuso de muchos contratantes.

La materialización de la música, de las canciones, son en definitiva los conciertos. Los discos se convierten en una hoja de vida, pero los shows en vivo son el espacio donde el músico demuestra verdaderamente de qué está hecho.

Los músicos, para preparar estos conciertos, deberían tener en cuenta muchas cosas. Por lo general, las agrupaciones no saben cuánto cobrar, se asustan y terminan regalando su trabajo o disminuyendo el valor de su propuesta ¿Por qué? Porque nuestra cultura se acostumbró a regatear y porque nos da miedo decir NO.

Pero entonces ¿Qué hay que tener en cuenta para cobrar un concierto? Esta pregunta se la puede hacer cada músico o agrupación, y todas las respuestas serán válidas. Desde mi experiencia, tendría en cuenta las horas de ensayo por mes, los transportes, las cuerdas e instrumentos, el ingeniero de sonido, el roadie o técnico en tarima, el ingeniero de luces, el fotógrafo, la alimentación, la trayectoria de la agrupación y la publicidad destinada para el concierto. Estos son solo algunos ítems indispensables para que un show, medianamente organizado, salga muy bien. Así que antes de cobrar, indague sobre estos valores que a usted le tocará asumir.

En Colombia es común escuchar: ¡Toque, yo le doy el licor, la comida y le brindo el espacio para que se de a conocer! Pero, acaso uno visita un médico y pide una consulta gratis para que su experiencia se replique a otros pacientes, o uno le pide a un taxista una carrera gratis para que este consiga más usuarios. No creo que eso sea ética ni moralmente aceptable. Por eso hay que pararse en la raya y saber que la música y el arte tienen un valor.

En todo esto, es muy importante entender que si todo el gremio musical se une en la sintonía de cobrar lo que realmente es, no habrá degradación del valor de la industria y se logrará que el arte de hacer canciones y brindar experiencias con sonidos, obtenga el beneficio económico que siempre ha querido, pues los músicos no deberían cobrar solo por lo que hacen, sino también por lo que saben.

Escuchar canciones, así la tristeza no te deje hablar…

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Desde niño me criaron con radio estaciones que sonaban sus canciones en acetatos (muchas veces se rayaban en el acto y no entendía muy bien qué pasaba), me cuñaron a la cuna con una grabadora marca Silver y escuché “música vieja” desde que tengo uso de razón. “Son las 10:00 de la mañana, radio reloj tu compañía a todas horas”, una emisora en el AM, que ponía desde boleros de Javier Solís y Orlando Contreras, hasta Las Hermanitas Calle, con su visceral y agresiva canción La cuchilla. Mi abuela, la musical Josefina me crió con su música preferida, por eso a veces, este punkero llora de tristeza cuando escucha un tango que le remueve las tripas y le arruga el corazón.

En alguna oportunidad, me entrevistaron en la cadena Caracol Radio, en esa emisora de la que hablé anteriormente, Radio Reloj, allí pude conocer la voz que me arrulló desde que era un niño. Don Jorge Carrasquilla, la voz exagerada y seseadora que encantó a cientos de señoras en toda Colombia. Mi abuela, solo por hablar de un caso, era fascinada con cada palabra que emitía Carrasquilla. Allí estuve, muy a.m. en la cabina de grabación sin saber quiénes eran las personajes que allí se encontraban. Hasta que me saludaron al aire, y la voz era, sin lugar a dudas, la que me acompañó detrás del radio al crecer. Rompí en un llanto silencioso y apenado.

-¿Qué le pasa Diego, está bien? -me preguntó al aire, por los 830 de la amplitud modulada en Medellín.

-Sí, todo está bien, gracias Don Jorge.

Pero mis lágrimas no paraban, sollozaba como un niño. Al rato, y luego de tomar agua me tranquilicé, y pude conversar con calma con un grande de la radio informativa y musical, don Jorge Carrasquilla, con él hablé sobre la publicación de uno de mis recientes libros. Al terminar, un par de abrazos, agradecimientos y salí de allí muy pensativo.

Mi abuela había muerto dos semanas antes, y esa escena en la cabina de radio había despertado todo el dolor que llevaba por dentro, y no solamente por la muerte de una de las personas que más adoraba en la vida, sino porque me recordó de qué estaba hecho: de la radio, de las canciones, de la música, y de voces que calan en la mente y en el corazón cada que cerramos los ojos y revisamos la partitura de nuestra vida. Ahora sintonizo los 830 am, y las cosas no son iguales. La vida cambia y las emisoras evidentemente también.

Y cuento esta historia, que tiene que ver con mi afición a la música y, con una nueva etiqueta que me encantaría no olvidar: coleccionistas de recuerdos sonoros, porque eso somos. Las canciones son los tatuajes que ha dejado cada historia en el alma.

Por eso no discuto si llegó el vinilo, se fue, y ahora regresa; si el casete es fiel y romántico pero poco práctico; si el cd se llena de moho y no nos deja eternizar la vida en canciones; o por el contrario, si el mp3 y los archivos digitales deshumanizan el valor físico y artístico de la música. Yo, por mi parte, prefiero guardar los sonidos en la cabeza, en el corazón y revivir mi vida con cada uno de ellos.

Mientras escribo esto, gira y gira sin detenerse a 33 revoluciones un disco que contiene la banda sonora de esta historia: Piel Canela, en la versión de Eydie Gorme y el trío Los Panchos, para recordar mis recorridos en la mañana, con una abuela que me enseñó a comer plátano maduro y a cantar tangos, así la tristeza no te deje hablar.

Y no todo tiene que ser crítica o rigurosidad musical, a veces también hace falta un poco de amor, así que gracias por leer, esta, una parte de mi vida que quizá también se comparta con la vida de todos ustedes.

El poder del micrófono

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La música tiene el poder de influenciar enormemente nuestras acciones, estados de ánimo y  la vida misma. Y quizá ese compromiso creador no ha sido entendido por muchas personas que irresponsablemente hacen música, y que a mi modo de ver, no se les debería llamar artistas y menos músicos.

Al subir a un escenario, un músico expone el aprendizaje, los años de dedicación, ensayos y esfuerzo artístico. También sus sentimientos, y muestra de una u otra manera qué tipo de persona es. Y como el músico exige respeto, aplausos y admiración de parte de su público, debería pasar también así desde arriba del escenario.

Lamentablemente muchos de los músicos de este país no tienen presente el poder que tienen al subirse a una tarima y estar frente a un micrófono. Mensajes violentos, alusión al consumo, falta de contenido, son muchas de las situaciones que vemos usualmente en conciertos pequeños o grandes.

Hace un par de años,  recuerdo como en el Festival Internacional Convivencia Rock de Pereira, una de las agrupaciones de hip hop, como parte de su puesta en escena, subió dos perros pitbull con el fin de incitarlos a pelear. Parece que fue lo único creativo que se les ocurrió para llamar la atención de sus audiencias. Esto además de ser un acto bochornoso que habla muy mal de nuestra cultura musical, es un irrespeto a los animales y a la vida. Creo que acciones como éstas hay que rechazarlas desde todo punto de vista.

Estamos en Colombia, y a pesar de tener una historia llena de violencia que no parece terminar, nuestra propuesta desde el arte debería basarse en atacar o cambiar esa cruda historia, no sumarle más antecedentes. Si usted músico, quiere amoldar referentes extranjeros, pues mire la buena música, no los ejemplos violentos que deberían hacernos sentir avergonzados.

El público no debería comer entero; por el contrario, además de exigir buena música, deberia pedir un comportamiento ético y respetuoso. Señores músicos, el microfono tiene un poder increible ante quien los escucha, el respeto es una arma que se usa en la vida diaria, pero en este espacio debe ser una prioridad.

Un artista es el reflejo de su mensaje, de su contenido, así que la coherencia es una premisa que debe estar presente en cada propuesta, en cada palabra, en cada canción. Lo más importante para no perder de vista, y para terminar este texto, es que la audiencia se respeta.

¿No le gusta el reggaetón? Entonces respete

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Ilustración por: Fulaleo

Hace pocos días leía un artículo donde una emisora prohibía la rotación del reggaetón dentro de su parrilla de programación. Esta situación es muy respetable, pues cada medio de comunicación tiene su filtro, su curaduría y estética sonora. Además de esto, es un proceso sano, pues son muchas las radio frecuencias que tienen como banda sonora este género.

Pero a lo que en realidad quiero ir con este texto, es que esa misma columna generó diversas opiniones radicales e irrespetuosas en redes sociales en contra de quienes gustan del ritmo cadencioso. Sí, en pleno siglo XXI.

Por mi parte, y perdonen el yoísmo, no soy ni reggaetonero, ni vallenatero, ni nada que se le parezca. Soy amante de la música, me gusta el punk, el metal, el blues, el soul, el jazz, el rap, el rock y por mis gustos, no tengo por qué irrespetar al otro y menos sentirme potencialmente agredido por escuchar estos tipos de música. Lo curioso e impactante del asunto, es que esta intolerancia en la actualidad se da incluso dentro de las mismas familias. Sea lo que sea, cante lo que cante, báilese como se baile, es música y debería ser un motivo para entender que en la diferencia nos encontramos.

Algunos de los comentarios que he leído y escuchado son: “No más reggaetón en Colombia”, “necesitamos un golpe en contra del género” “debemos impulsar el hundimiento del reggaetón”. Comentarios que son iguales a los de un homofóbico o un xenófobo.

En los años cincuenta y sesenta, la sociedad colombiana no podía tolerar a un jovencito que escuchara rocanrol y que tuviera el cabello largo. En los ochenta, los metaleros y punkeros no se podían cruzar, pues sus diferencias estéticas y sonoras irremediablemente llevaban a la violencia.

De la misma manera, los amantes del tango fueron catalogados como malevos o putas, o en su defecto, los rockeros, punkeros o metaleros, eran ladrones, viciosos y peligrosos. Ahora vivimos una situación similar.

Creo poderosamente en la diferencia, y también tengo claro que una cosa es ser rígido con el criterio al no escuchar algo que se sale de los principios sonoros propios, y otra muy diferente es imponer con violencia verbal o física un gusto personal.

Por ejemplo: ¿sería justo que los reggaetoneros sacaran una campaña en contra del rock, el blues, la salsa o la música electrónica? Están en todo su derecho, sin embargo sería algo absurdo y anacrónico. O por otro lado ¿será que nos creemos de mejor familia y tenemos una condición de superioridad que nos permite a nosotros hacerlo?

No defiendo a ningún género musical, ni a los unos, ni a los otros. Soy un firme enamorado de la música en todas sus expresiones y con eso basta. Por eso mismo hago un llamado a la tolerancia, pues solo así demostraremos lo poco de humanidad que aún nos queda, y más en el arte, donde el único radicalismo que debería existir sería el del respeto.

En conclusión, deberíamos convivir con lo que nos gusta y con lo que no, y más si se trata de música ¿Qué piensan ustedes?.

Juanes no se queda quieto

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Juanes toma una nueva piel, como otras cuatro que ha tomado en toda su carrera artística.

Desde el thrash metal con agrupaciones como Agony y Ekhymosis, pasando por el pop, la música carrilera, la balada y hasta el reguetón. Siempre explora, y no sabemos bien si es un exigencia de su empresa discográfica o si es iniciativa propia, pero es un mérito que le da todos los puntos a su favor. No se queda quieto en la comodidad de lo conocido.

Es un disco controversial, sin lugar a dudas, pues complace todas las exigencias de la industria actual. Los productores son Sky y Mosty y eso, de entrada, ya nos da una idea del corte sonoro y además de la apuesta estética de Juanes.

Sin embargo, más allá de eso, lo más interesante de este nuevo proyecto de Juanes es que Mis planes son Amarte, más que un disco, más que canciones o sencillos, es un álbum visual que nos presenta un viaje por el universo sonoro que recorre actualmente este músico.

Ya no sabemos que es pop, ya no sabemos que es reguetón, ya no sabemos que es rock. Pero, ¿saben? Eso también me alegra, no solo Juanes, sino Shakira, Carlos Vives y muchos otros entendieron que, simplemente, se trata de Música.

La nostalgia del melómano

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Recuerdo con especial cariño la rotación de casettes, vinilos y cds que viví. Recorría la ciudad sólo con la esperanza de conseguir una buena pieza sonora para regrabar, descubrir y vivir. De eso se trataba, de personas que tenían acceso a música internacional y nacional, y que rotaban exclusivamente, con un recelo precioso, a sus amigos, colegas o miembros de su ambiente musical. “Se lo presto, pero no lo rote”.

The Clash, G.p, Babes in Toyland, Parabellum, Frankie Ha Muerto, Sex Pistols, Rodrigo D no Futuro, Sonic Youth, Bajo Tierra, Anti Todo, Klamydia, 1280 Almas, Mudhoney, I.R.A, Masacre, Nirvana, Athanator y todo tipo de recopilas eran regrabadas sobre casettes robados de casa, que ya tenían dos o tres grabaciones de boleros, rancheras y hasta chistes. Las letras de las canciones también tenían su espacio, al igual que los recortes de prensa y las boletas de entradas a conciertos. Todo eso lo guardo con especial cariño, en un lado del corazón, como el más preciado de los tesoros.

El internet no llegaba aún a nuestras vidas, el celular era un lujo opulento y solo el beeper vibraba en los bolsillos, los conciertos se divulgaban voz a voz o con invitaciones hechas a mano y replicadas en fotocopias, las tiendas de discos sabían sobre música y no le vendían a cualquiera, la radio tenía un horario, un dial y se perdía con la rapidez de los días, el lápiz además de escribir servía como rebobinador, y los discos se escuchaban completos, desde la primera hasta la última canción. Quizá cada uno de estos elementos que recordamos con gracia y hasta con cariño, hicieron que pudiéramos vivir la música de una manera especial, romántica, celosa, como un ritual que lastimosamente se perdió con los kilobytes, youtube y el wetransfer.

Por eso yo aún creo en el romanticismo de las canciones, en sacar el vinilo, ponerlo y verlo girar, en organizar los discos, los recortes y en recordar que la música más allá de una industria, de un negocio, es también el alimento de la vida.

Y citando a mi gran amigo Juan Carlos Garay, “la nostalgia del melómano”, aún a pesar del tiempo y de las nuevas dinámicas sociales, vive más que nunca en algunos de nosotros, que usan parte de su sueldo para invertirlo en discos, conciertos y que tienen como eje fundamental de la vida la música, como una partitura que no tiene fin.

Reguetón, ¿el nuevo pop?

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El reguetón es el nuevo pop, esa afirmación me quedó sonando en la cabeza luego de varias situaciones que llegaron como un azar a mi vida. Ver varios titulares resaltados coloridamente en un par de revistas de entretenimiento en Colombia, conversar con un interprete en ascenso del mencionado género cadencioso, ver las novedades en youtube y los servidores musicales vía streaming y además de eso, escuchar las declaraciones, por un lado de un reguetonero colombiano y por el otro, de un cantante de pop puertorriqueño.

¡Qué grande es la música!¡Qué inmensos son los gustos! Y eso sí que me alegra, pues lo que nos hace grandes a los seres humanos es que tenemos la capacidad de ser universales, y sí, en la música también. Pero es necesario evidenciar claridades, más allá de establecer límites sonoros radicales. El tango nunca podrá ser cumbia, y el rock nunca podrá ser vallenato ¿Por qué? Pues porque el sonido y la tradición musical responden no solo a cómo se mueve el cuerpo o cómo las palmas se sincronizan con un tiempo, sino que también está un factor llamado territorio, y otro llamado historia que se ancla directamente con la memoria y la idiosincrasia.

Y si bien el sentido estético, conceptual y musical del pop es supremamente amplio, también establece patrones rítmicos y conceptos desde ese “popular” tan usado por todos lados hoy en día. Hablar de pop es hablar de arte, de cultura popular, hablar de dance, también de rock, de rhythm and blues o de folk. El pop va más allá de la música. Así que históricamente el pop es un género ecléctico que puede ir desde Michael Jackson, Queen, Madonna, Britney Spears, Backstreet Boys, Camila, Alejandro Sanz, Santiago Cruz hasta Bruno Mars. Así como el reggaetón puede ir desde El general, pasando por El chombo y los Cuentos de la Cripta, Ivy Queen, Tego Calderón, llegando a la actualidad de J Balvin y Daddy Yanki. Los dos son géneros musicales bastos que han tenido su propia historia y desarrollo, y basta simplemente con disfrutarlos ¿Pero, tenemos que mezclarlos y etiquetarlos como la evolución de uno o el retroceso de otro? No creo.

Es claro que Luis Fonsi, Carlos Vives, Shakira, Piso 21, Ricky Martin entre muchos otros, además de ser referentes del pop en sus propuestas, ahora aparezcan como exponentes del reguetón en sus canciones, eso está bien, pero decir que el reguetón es el nuevo pop, significa también desconocer una carretera recorrida que ha dado surgimiento a muchos otros géneros musicales. Esa sería la reguetonización de estos artistas y la popetización de muchos otros (si me valen las expresiones).

Y bien, así el reguetón tenga derivaciones de otros géneros, en este punto del camino no se le puede relacionar ni con el reggae, ni con el dancehall, ni con la champeta, ni con el rap y mucho menos con el pop. Es reguetón, es lo que vende, es lo que suena en todo lugar, es la tendencia. Si vende, ahí está el resultado y es muy respetable, pero la esfera central de la industria musical no debería enfocarse solo en eso, simplemente es algo cíclico y solo debemos aceptar que el sol de este sistema solar actual, por más que muchos no quieran es el reguetón, como en algún momento pasó con el pop, así quisieran verlo como la nueva balada. Pero acá el llamado es otro y quizá ustedes ya lo entendieron. Música para todos. Sigan haciendo sus colaboraciones, sigan compartiendo el sonido, pero a las cosas por su nombre, para mejor claridad y mejor escucha. Una pregunta para finalizar, y más luego de tantos años, se han preguntado: ¿Qué es reguetón? .

20 años buscando un disco Bajo Tierra

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Si el rock es calle, debajo de la calle hay tierra. Y esta historia sí que tiene calle, tierra y rocanrol. Finalizando los 90, era un puberto curioso y deseoso de nuevos sonidos. Caminé por muchos barrios con una maleta Lesportsac negra decorada con parches de I.R.A, Dead Kennedys, The Clash, la carita de Nirvana, y una A de anarquía que yo mismo plasmé con pintela color rojo. En ella guardaba los casetos, los nuevos y los que me prestaban, llegaba a casa, ponía a reproducir y a grabar al mismo tiempo, mientras hacía los libritos que iban dentro de la caja. En esa rutina no solo llegué a casa de amigos y desconocidos que vendían música por catálogo, sino también a los San Alejo en el Parque Bolívar, al Pasaje San José, donde no le vendían música a todo el mundo y me tuve que ganar ese mérito. Igualmente llegué al Paseo La Playa, y transité caminando o en bus de Bello a Itagüí, de Laureles a Robledo, en busca de música para mi colección.

Un día, uno de esos amigos de música me llamó y me dijo: “tengo el Lavandería Real y en CD”. Yo no sabía quiénes eran, ni cómo sonaban, pero yo le creía, sabía que era un buen disco. Nos encontramos en unas escalas en Itagüí. Él sacó el CD de su bolso, me lo mostró y abrimos el librito para verlo. Decía: BajoTierra – Lavandería Real, todo eso en un círculo rojo con franja amarilla.

A los segundos le dije: -“¿Puedo ir a grabarlo?, prometo no demorarme”.

-No es mío y ya vienen a reclamarlo- Respondió negativamente el melenudo amigo.

Sin embargo, luego de insistir, me dejó ir corriendo a grabarlo. Llegué a casa agitado, preparé todo, y empezó la captura. Cuando iba por la tercera canción -Jimmy García- tocaron a mi ventana, era momento de entregar el CD.

Esos tres tracks: Intro-Justiciero, Las Puertas del Amor y Jimmy García, los escuché por 9 meses seguidos, todos los días. Luego, ese mismo disco lo encontré en la casa de una prima, al lado de otros de U2 y The Smashing Pumpkins. Lo tomé prestado, lo grabé en casete y pude escucharlo, pero a los días mi grabadora murió. Parecía que la vida no me dejaba tener el Lavandería Real de Bajo Tierra. A los años, cuando ya Youtube se consolidaba como nuestro reproductor de música, compré el disco, más caro que hace 10 años, y lo guardé como tesoro. En una fiesta de amigos desapareció mágicamente. Vaya amigos los que tengo. Espero el que lo tenga lo disfrute como nunca.

Y todas estas historias las cuento porque en el 2016 este disco generacional cumple 20 años. Dos décadas de agitar la vida, de musicalizar a Medellín, de hacer historia y convertirse en crónica de la calle, en mito, en orgullo para nuestro rock colombiano.

11 canciones que son raíz, influencia y esencia, no solo para fanáticos, sino también para los músicos de vieja data y la nueva sangre que hace rocanrol en Colombia. Un disco para tener en el estante, para guardar en el corazón. Y como bien cuento, luego de 20 años aún no tengo esta producción fundamental para mi vida. Por eso si a usted le sobra uno, o simplemente le conmovió esta trágica historia de pérdidas, hallazgos, rocanrol, y mucha tierra caminada, pues véndalo o dónelo a este humilde fan fatal.

 

Más mujeres en nuestra música

 

 Totó y Petrona

Por Diego Londoño
@Elfanfatal

“Vivir para esto”, eso me respondió Mónica Moreno cuando le pregunté sobre su rol en la música, en su vida diaria, en su banda. Ella es integrante, baterista y vocalista de I.R.A, una agrupación de punk colombiana, y sí, ella vive para eso, para hacer música, para pensar en sonidos, dormida, despierta, sobre un escenario gigante, pequeño, o fuera de él.

 

Y como ella, cientos de mujeres en toda Colombia dedican su vida entera a eso, a la música, y para los que gustamos del sonido, de las canciones y del arte, es un bálsamo para el alma, oxígeno para el corazón en medio del protagonismo masculino. Y todo esto va más allá del machismo o del feminismo. Mi tesis es simple, quisiera más mujeres en nuestra música ¿Por qué? Por gusto, por que las ideas musicales que parten desde una mujer tienen un atractivo poderoso para mí y porque los referentes que tenemos no solo muestran éxito sino algo muy importante, buen gusto.

Maddalena Casulana, fue una compositora, intérprete de laúd y cantante italiana del Renacimiento tardío. Fue la primera mujer compositora que tuvo música impresa y publicada en la historia de la música occidental. Se conoce muy poco de su vida y su obra, solo que su primer trabajo data de 1566; cuatro madrigales en una colección titulada “Il Desiderio” (El deseo), que escribió en Florencia. 20 años después publicó en Venecia su primer libro de madrigales a cuatro voces, “Il primo libro di madrigali”, que constituye el primer trabajo musical publicado por una mujer. Ella abrió camino.

Pero este texto pretende más allá de un discurso ligado a una fecha, reflejar la vida misma, pues ellas hacen falta y en la música sí que es cierto y para la muestra, solo mencionaré las que tengo en la cabeza, en los oídos, en el corazón y en ese recuerdo sonoro que vengo coleccionando desde hace casi tres décadas.

Felisa, Lianna, Sara Delgado, Andrea Echeverri, Feralucia, Totó La Momposina, Teresita Gómez, Piedad y Vicky Castro, Blanca Uribe, Magaly Alzate, Mónica Moreno, Claudia Gómez, Laura Torres, Coco Jadad, Susana Correa, Angelika Molina, Bera, Agatha I, Maía, Farina, Zulay la negra, Poker, Cristina Escamilla, Midras Queen, Claudia De Colombia, Eloisa Arango, Sandra Moore, Dora Libia, Sara Zuluaga Correa, Francy, Fedra, Silvia O, Catalina García, Sin pudor, Li Saumet, Ságan, Paola Jara, Caro Jaramillo, Goyo, María Mónica Gutiérrez, Ela Minus, Laura Román, Mabiland, Sara Rodas, Laura Plata, Gloria Mesa, Catalina Gutiérrez, Queens land, Magdalena, Marbelle, Andrea Tráfico Independiente, Lucía Vargas, Tatiana González, Nana Morales, Juanita Carvajal, Diana Avella, Marcela Carmona, Natalia Bedoya, Pamela Ospina, Viviana Suárez, Matilde Díaz, Mara Soul, Paula Ríos, Arelys Henao, Cinthya Montaño, Mirabay Montoya, Niyireth Alarcón, Paula Arenas, Eva Blick, Diana Ángel, Mónica Zuluaga, Cony Camelo, Ana María Vahos, Patricia Bermúdez, Naty Botero, Spektra de la rima, Adelaida Oesh, Diana Baena, Adriana Bottina, Ataque de Pánico, Carolina La O, Lucifera, Yina Gallego, Marta Gómez, Ilona, Karol G, Sexecution, Las hermanitas calle, Fanny Lu, Adriana Lucía, Petrona Martínez, Miranda, Verónica Orozco, Luz Marina Posada, Miss Raggamuffin, Rakel, Yolanda Rayo, Carolina Sabino, Shakira, Soraya, Patricia Teherán, Sara Tunes, Helenita Vargas y muchísimas, muchísimas más. De hecho se me pasan todas, ¿Me ayudan a mencionarlas y así hacerles un homenaje?

Mujeres en la música, en el punk, en el jazz, en el folclor colombiano, en el rap, en el popular, metal, en la música clásica, en la salsa, rock, reggaetón, blues y en todos los sonidos que nos imaginemos, de eso se trata, de música, de la universalidad sonora. Gracias chicas por alegrarnos la vida con sus voces, sus composiciones, interpretaciones y con su corazón musical.

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