Un ruido legendario pasó por Medellín

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Un escenario simple, con tres amplificadores, ocho pedales de efectos y una guitarra colgando de un lado a otro, recibió a uno de los músicos más revolucionarios, a uno de los 33 guitarristas más importantes de la historia del rock, Lee Ranaldo, miembro fundador y artífice del noise en la ruidosa y admirada agrupación Sonic Youth, una visita inesperada y necesaria para el momento musical que vive Medellín. Continuar leyendo

¡Pura vida! Un colombiano en el Festival Internacional de las Artes de Costa Rica

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¡Pura Vida! Eso fue lo primero que me dijeron en cuanto llegué a Costa Rica para vivir el Festival Internacional de las Artes (FIA). Allí tuve la oportunidad de llenar mi cabeza, oídos y corazón, de teatro, cine, danza, cuentería, artes circenses y, lo que más me interesa, música. Esa expresión pintoresca, en comienzo un poco extraña y llena de vitalidad, “Pura Vida”, ahora se sustenta en un territorio que encuentra en el arte la capacidad de identificar sus raíces. Continuar leyendo

Colombia y Argentina en el Festival Internacional de las Artes – Costa Rica 2017

 

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Recibí la especial invitación de parte del Ministerio de Cultura y Juventud de Costa Rica, para vivir el Festival Internacional de las Artes, un certamen del que había escuchado unos años atrás y que ahora se posiciona como uno de los referentes de la cultura en Iberoamérica, por su capacidad y por la inclusión de diferentes manifestaciones del arte en once días de programación artística en toda la ciudad, desde música, danza, cuentería, hasta teatro, cine y artes circenses. Continuar leyendo

Tr3sDeCorazón y su cátedra a la música de Colombia

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Para empezar, ¿Saben ustedes qué significa tener una banda de rock en Colombia?

Ensayos, dinero, tiempo, creatividad, más dinero, tolerancia, entre muchísimas otras circunstancias que hacen de la música una labor compleja. Quizá por eso los integrantes vienen y van, las bandas de igual manera, nacen pero también con mucha frecuencia, mueren. Continuar leyendo

¿Sabes cuánto vale tu concierto?

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No es un secreto que a muchas propuestas musicales del país les falta cancha y profesionalismo a la hora de analizar su proyección y circulación. Y empiezo diciendo esto, por algunas experiencias cercanas que he tenido con el valor económico de los conciertos, el pago que merecen los músicos, y el abuso de muchos contratantes. Continuar leyendo

Escuchar canciones, así la tristeza no te deje hablar…

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Desde niño me criaron con radio estaciones que sonaban sus canciones en acetatos (muchas veces se rayaban en el acto y no entendía muy bien qué pasaba), me cuñaron a la cuna con una grabadora marca Silver y escuché “música vieja” desde que tengo uso de razón. “Son las 10:00 de la mañana, radio reloj tu compañía a todas horas”, una emisora en el AM, que ponía desde boleros de Javier Solís y Orlando Contreras, hasta Las Hermanitas Calle, con su visceral y agresiva canción La cuchilla. Mi abuela, la musical Josefina me crió con su música preferida, por eso a veces, este punkero llora de tristeza cuando escucha un tango que le remueve las tripas y le arruga el corazón. Continuar leyendo

El poder del micrófono

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La música tiene el poder de influenciar enormemente nuestras acciones, estados de ánimo y  la vida misma. Y quizá ese compromiso creador no ha sido entendido por muchas personas que irresponsablemente hacen música, y que a mi modo de ver, no se les debería llamar artistas y menos músicos.

Al subir a un escenario, un músico expone el aprendizaje, los años de dedicación, ensayos y esfuerzo artístico. También sus sentimientos, y muestra de una u otra manera qué tipo de persona es. Y como el músico exige respeto, aplausos y admiración de parte de su público, debería pasar también así desde arriba del escenario.

Lamentablemente muchos de los músicos de este país no tienen presente el poder que tienen al subirse a una tarima y estar frente a un micrófono. Mensajes violentos, alusión al consumo, falta de contenido, son muchas de las situaciones que vemos usualmente en conciertos pequeños o grandes.

Hace un par de años,  recuerdo como en el Festival Internacional Convivencia Rock de Pereira, una de las agrupaciones de hip hop, como parte de su puesta en escena, subió dos perros pitbull con el fin de incitarlos a pelear. Parece que fue lo único creativo que se les ocurrió para llamar la atención de sus audiencias. Esto además de ser un acto bochornoso que habla muy mal de nuestra cultura musical, es un irrespeto a los animales y a la vida. Creo que acciones como éstas hay que rechazarlas desde todo punto de vista.

Estamos en Colombia, y a pesar de tener una historia llena de violencia que no parece terminar, nuestra propuesta desde el arte debería basarse en atacar o cambiar esa cruda historia, no sumarle más antecedentes. Si usted músico, quiere amoldar referentes extranjeros, pues mire la buena música, no los ejemplos violentos que deberían hacernos sentir avergonzados.

El público no debería comer entero; por el contrario, además de exigir buena música, deberia pedir un comportamiento ético y respetuoso. Señores músicos, el microfono tiene un poder increible ante quien los escucha, el respeto es una arma que se usa en la vida diaria, pero en este espacio debe ser una prioridad.

Un artista es el reflejo de su mensaje, de su contenido, así que la coherencia es una premisa que debe estar presente en cada propuesta, en cada palabra, en cada canción. Lo más importante para no perder de vista, y para terminar este texto, es que la audiencia se respeta.

¿No le gusta el reggaetón? Entonces respete

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Ilustración por: Fulaleo

Hace pocos días leía un artículo donde una emisora prohibía la rotación del reggaetón dentro de su parrilla de programación. Esta situación es muy respetable, pues cada medio de comunicación tiene su filtro, su curaduría y estética sonora. Además de esto, es un proceso sano, pues son muchas las radio frecuencias que tienen como banda sonora este género.

Pero a lo que en realidad quiero ir con este texto, es que esa misma columna generó diversas opiniones radicales e irrespetuosas en redes sociales en contra de quienes gustan del ritmo cadencioso. Sí, en pleno siglo XXI.

Por mi parte, y perdonen el yoísmo, no soy ni reggaetonero, ni vallenatero, ni nada que se le parezca. Soy amante de la música, me gusta el punk, el metal, el blues, el soul, el jazz, el rap, el rock y por mis gustos, no tengo por qué irrespetar al otro y menos sentirme potencialmente agredido por escuchar estos tipos de música. Lo curioso e impactante del asunto, es que esta intolerancia en la actualidad se da incluso dentro de las mismas familias. Sea lo que sea, cante lo que cante, báilese como se baile, es música y debería ser un motivo para entender que en la diferencia nos encontramos.

Algunos de los comentarios que he leído y escuchado son: “No más reggaetón en Colombia”, “necesitamos un golpe en contra del género” “debemos impulsar el hundimiento del reggaetón”. Comentarios que son iguales a los de un homofóbico o un xenófobo.

En los años cincuenta y sesenta, la sociedad colombiana no podía tolerar a un jovencito que escuchara rocanrol y que tuviera el cabello largo. En los ochenta, los metaleros y punkeros no se podían cruzar, pues sus diferencias estéticas y sonoras irremediablemente llevaban a la violencia.

De la misma manera, los amantes del tango fueron catalogados como malevos o putas, o en su defecto, los rockeros, punkeros o metaleros, eran ladrones, viciosos y peligrosos. Ahora vivimos una situación similar.

Creo poderosamente en la diferencia, y también tengo claro que una cosa es ser rígido con el criterio al no escuchar algo que se sale de los principios sonoros propios, y otra muy diferente es imponer con violencia verbal o física un gusto personal.

Por ejemplo: ¿sería justo que los reggaetoneros sacaran una campaña en contra del rock, el blues, la salsa o la música electrónica? Están en todo su derecho, sin embargo sería algo absurdo y anacrónico. O por otro lado ¿será que nos creemos de mejor familia y tenemos una condición de superioridad que nos permite a nosotros hacerlo?

No defiendo a ningún género musical, ni a los unos, ni a los otros. Soy un firme enamorado de la música en todas sus expresiones y con eso basta. Por eso mismo hago un llamado a la tolerancia, pues solo así demostraremos lo poco de humanidad que aún nos queda, y más en el arte, donde el único radicalismo que debería existir sería el del respeto.

En conclusión, deberíamos convivir con lo que nos gusta y con lo que no, y más si se trata de música ¿Qué piensan ustedes?.

Juanes no se queda quieto

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Juanes toma una nueva piel, como otras cuatro que ha tomado en toda su carrera artística.

Desde el thrash metal con agrupaciones como Agony y Ekhymosis, pasando por el pop, la música carrilera, la balada y hasta el reguetón. Siempre explora, y no sabemos bien si es un exigencia de su empresa discográfica o si es iniciativa propia, pero es un mérito que le da todos los puntos a su favor. No se queda quieto en la comodidad de lo conocido.

Es un disco controversial, sin lugar a dudas, pues complace todas las exigencias de la industria actual. Los productores son Sky y Mosty y eso, de entrada, ya nos da una idea del corte sonoro y además de la apuesta estética de Juanes.

Sin embargo, más allá de eso, lo más interesante de este nuevo proyecto de Juanes es que Mis planes son Amarte, más que un disco, más que canciones o sencillos, es un álbum visual que nos presenta un viaje por el universo sonoro que recorre actualmente este músico.

Ya no sabemos que es pop, ya no sabemos que es reguetón, ya no sabemos que es rock. Pero, ¿saben? Eso también me alegra, no solo Juanes, sino Shakira, Carlos Vives y muchos otros entendieron que, simplemente, se trata de Música.

La nostalgia del melómano

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Recuerdo con especial cariño la rotación de casettes, vinilos y cds que viví. Recorría la ciudad sólo con la esperanza de conseguir una buena pieza sonora para regrabar, descubrir y vivir. De eso se trataba, de personas que tenían acceso a música internacional y nacional, y que rotaban exclusivamente, con un recelo precioso, a sus amigos, colegas o miembros de su ambiente musical. “Se lo presto, pero no lo rote”.

The Clash, G.p, Babes in Toyland, Parabellum, Frankie Ha Muerto, Sex Pistols, Rodrigo D no Futuro, Sonic Youth, Bajo Tierra, Anti Todo, Klamydia, 1280 Almas, Mudhoney, I.R.A, Masacre, Nirvana, Athanator y todo tipo de recopilas eran regrabadas sobre casettes robados de casa, que ya tenían dos o tres grabaciones de boleros, rancheras y hasta chistes. Las letras de las canciones también tenían su espacio, al igual que los recortes de prensa y las boletas de entradas a conciertos. Todo eso lo guardo con especial cariño, en un lado del corazón, como el más preciado de los tesoros.

El internet no llegaba aún a nuestras vidas, el celular era un lujo opulento y solo el beeper vibraba en los bolsillos, los conciertos se divulgaban voz a voz o con invitaciones hechas a mano y replicadas en fotocopias, las tiendas de discos sabían sobre música y no le vendían a cualquiera, la radio tenía un horario, un dial y se perdía con la rapidez de los días, el lápiz además de escribir servía como rebobinador, y los discos se escuchaban completos, desde la primera hasta la última canción. Quizá cada uno de estos elementos que recordamos con gracia y hasta con cariño, hicieron que pudiéramos vivir la música de una manera especial, romántica, celosa, como un ritual que lastimosamente se perdió con los kilobytes, youtube y el wetransfer.

Por eso yo aún creo en el romanticismo de las canciones, en sacar el vinilo, ponerlo y verlo girar, en organizar los discos, los recortes y en recordar que la música más allá de una industria, de un negocio, es también el alimento de la vida.

Y citando a mi gran amigo Juan Carlos Garay, “la nostalgia del melómano”, aún a pesar del tiempo y de las nuevas dinámicas sociales, vive más que nunca en algunos de nosotros, que usan parte de su sueldo para invertirlo en discos, conciertos y que tienen como eje fundamental de la vida la música, como una partitura que no tiene fin.