¿No le gusta el reggaetón? Entonces respete

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Ilustración por: Fulaleo

Hace pocos días leía un artículo donde una emisora prohibía la rotación del reggaetón dentro de su parrilla de programación. Esta situación es muy respetable, pues cada medio de comunicación tiene su filtro, su curaduría y estética sonora. Además de esto, es un proceso sano, pues son muchas las radio frecuencias que tienen como banda sonora este género.

Pero a lo que en realidad quiero ir con este texto, es que esa misma columna generó diversas opiniones radicales e irrespetuosas en redes sociales en contra de quienes gustan del ritmo cadencioso. Sí, en pleno siglo XXI.

Por mi parte, y perdonen el yoísmo, no soy ni reggaetonero, ni vallenatero, ni nada que se le parezca. Soy amante de la música, me gusta el punk, el metal, el blues, el soul, el jazz, el rap, el rock y por mis gustos, no tengo por qué irrespetar al otro y menos sentirme potencialmente agredido por escuchar estos tipos de música. Lo curioso e impactante del asunto, es que esta intolerancia en la actualidad se da incluso dentro de las mismas familias. Sea lo que sea, cante lo que cante, báilese como se baile, es música y debería ser un motivo para entender que en la diferencia nos encontramos.

Algunos de los comentarios que he leído y escuchado son: “No más reggaetón en Colombia”, “necesitamos un golpe en contra del género” “debemos impulsar el hundimiento del reggaetón”. Comentarios que son iguales a los de un homofóbico o un xenófobo.

En los años cincuenta y sesenta, la sociedad colombiana no podía tolerar a un jovencito que escuchara rocanrol y que tuviera el cabello largo. En los ochenta, los metaleros y punkeros no se podían cruzar, pues sus diferencias estéticas y sonoras irremediablemente llevaban a la violencia.

De la misma manera, los amantes del tango fueron catalogados como malevos o putas, o en su defecto, los rockeros, punkeros o metaleros, eran ladrones, viciosos y peligrosos. Ahora vivimos una situación similar.

Creo poderosamente en la diferencia, y también tengo claro que una cosa es ser rígido con el criterio al no escuchar algo que se sale de los principios sonoros propios, y otra muy diferente es imponer con violencia verbal o física un gusto personal.

Por ejemplo: ¿sería justo que los reggaetoneros sacaran una campaña en contra del rock, el blues, la salsa o la música electrónica? Están en todo su derecho, sin embargo sería algo absurdo y anacrónico. O por otro lado ¿será que nos creemos de mejor familia y tenemos una condición de superioridad que nos permite a nosotros hacerlo?

No defiendo a ningún género musical, ni a los unos, ni a los otros. Soy un firme enamorado de la música en todas sus expresiones y con eso basta. Por eso mismo hago un llamado a la tolerancia, pues solo así demostraremos lo poco de humanidad que aún nos queda, y más en el arte, donde el único radicalismo que debería existir sería el del respeto.

En conclusión, deberíamos convivir con lo que nos gusta y con lo que no, y más si se trata de música ¿Qué piensan ustedes?.

Juanes no se queda quieto

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Juanes toma una nueva piel, como otras cuatro que ha tomado en toda su carrera artística.

Desde el thrash metal con agrupaciones como Agony y Ekhymosis, pasando por el pop, la música carrilera, la balada y hasta el reguetón. Siempre explora, y no sabemos bien si es un exigencia de su empresa discográfica o si es iniciativa propia, pero es un mérito que le da todos los puntos a su favor. No se queda quieto en la comodidad de lo conocido.

Es un disco controversial, sin lugar a dudas, pues complace todas las exigencias de la industria actual. Los productores son Sky y Mosty y eso, de entrada, ya nos da una idea del corte sonoro y además de la apuesta estética de Juanes.

Sin embargo, más allá de eso, lo más interesante de este nuevo proyecto de Juanes es que Mis planes son Amarte, más que un disco, más que canciones o sencillos, es un álbum visual que nos presenta un viaje por el universo sonoro que recorre actualmente este músico.

Ya no sabemos que es pop, ya no sabemos que es reguetón, ya no sabemos que es rock. Pero, ¿saben? Eso también me alegra, no solo Juanes, sino Shakira, Carlos Vives y muchos otros entendieron que, simplemente, se trata de Música.

La nostalgia del melómano

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Recuerdo con especial cariño la rotación de casettes, vinilos y cds que viví. Recorría la ciudad sólo con la esperanza de conseguir una buena pieza sonora para regrabar, descubrir y vivir. De eso se trataba, de personas que tenían acceso a música internacional y nacional, y que rotaban exclusivamente, con un recelo precioso, a sus amigos, colegas o miembros de su ambiente musical. “Se lo presto, pero no lo rote”.

The Clash, G.p, Babes in Toyland, Parabellum, Frankie Ha Muerto, Sex Pistols, Rodrigo D no Futuro, Sonic Youth, Bajo Tierra, Anti Todo, Klamydia, 1280 Almas, Mudhoney, I.R.A, Masacre, Nirvana, Athanator y todo tipo de recopilas eran regrabadas sobre casettes robados de casa, que ya tenían dos o tres grabaciones de boleros, rancheras y hasta chistes. Las letras de las canciones también tenían su espacio, al igual que los recortes de prensa y las boletas de entradas a conciertos. Todo eso lo guardo con especial cariño, en un lado del corazón, como el más preciado de los tesoros.

El internet no llegaba aún a nuestras vidas, el celular era un lujo opulento y solo el beeper vibraba en los bolsillos, los conciertos se divulgaban voz a voz o con invitaciones hechas a mano y replicadas en fotocopias, las tiendas de discos sabían sobre música y no le vendían a cualquiera, la radio tenía un horario, un dial y se perdía con la rapidez de los días, el lápiz además de escribir servía como rebobinador, y los discos se escuchaban completos, desde la primera hasta la última canción. Quizá cada uno de estos elementos que recordamos con gracia y hasta con cariño, hicieron que pudiéramos vivir la música de una manera especial, romántica, celosa, como un ritual que lastimosamente se perdió con los kilobytes, youtube y el wetransfer.

Por eso yo aún creo en el romanticismo de las canciones, en sacar el vinilo, ponerlo y verlo girar, en organizar los discos, los recortes y en recordar que la música más allá de una industria, de un negocio, es también el alimento de la vida.

Y citando a mi gran amigo Juan Carlos Garay, “la nostalgia del melómano”, aún a pesar del tiempo y de las nuevas dinámicas sociales, vive más que nunca en algunos de nosotros, que usan parte de su sueldo para invertirlo en discos, conciertos y que tienen como eje fundamental de la vida la música, como una partitura que no tiene fin.

Reguetón, ¿el nuevo pop?

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El reguetón es el nuevo pop, esa afirmación me quedó sonando en la cabeza luego de varias situaciones que llegaron como un azar a mi vida. Ver varios titulares resaltados coloridamente en un par de revistas de entretenimiento en Colombia, conversar con un interprete en ascenso del mencionado género cadencioso, ver las novedades en youtube y los servidores musicales vía streaming y además de eso, escuchar las declaraciones, por un lado de un reguetonero colombiano y por el otro, de un cantante de pop puertorriqueño.

¡Qué grande es la música!¡Qué inmensos son los gustos! Y eso sí que me alegra, pues lo que nos hace grandes a los seres humanos es que tenemos la capacidad de ser universales, y sí, en la música también. Pero es necesario evidenciar claridades, más allá de establecer límites sonoros radicales. El tango nunca podrá ser cumbia, y el rock nunca podrá ser vallenato ¿Por qué? Pues porque el sonido y la tradición musical responden no solo a cómo se mueve el cuerpo o cómo las palmas se sincronizan con un tiempo, sino que también está un factor llamado territorio, y otro llamado historia que se ancla directamente con la memoria y la idiosincrasia.

Y si bien el sentido estético, conceptual y musical del pop es supremamente amplio, también establece patrones rítmicos y conceptos desde ese “popular” tan usado por todos lados hoy en día. Hablar de pop es hablar de arte, de cultura popular, hablar de dance, también de rock, de rhythm and blues o de folk. El pop va más allá de la música. Así que históricamente el pop es un género ecléctico que puede ir desde Michael Jackson, Queen, Madonna, Britney Spears, Backstreet Boys, Camila, Alejandro Sanz, Santiago Cruz hasta Bruno Mars. Así como el reggaetón puede ir desde El general, pasando por El chombo y los Cuentos de la Cripta, Ivy Queen, Tego Calderón, llegando a la actualidad de J Balvin y Daddy Yanki. Los dos son géneros musicales bastos que han tenido su propia historia y desarrollo, y basta simplemente con disfrutarlos ¿Pero, tenemos que mezclarlos y etiquetarlos como la evolución de uno o el retroceso de otro? No creo.

Es claro que Luis Fonsi, Carlos Vives, Shakira, Piso 21, Ricky Martin entre muchos otros, además de ser referentes del pop en sus propuestas, ahora aparezcan como exponentes del reguetón en sus canciones, eso está bien, pero decir que el reguetón es el nuevo pop, significa también desconocer una carretera recorrida que ha dado surgimiento a muchos otros géneros musicales. Esa sería la reguetonización de estos artistas y la popetización de muchos otros (si me valen las expresiones).

Y bien, así el reguetón tenga derivaciones de otros géneros, en este punto del camino no se le puede relacionar ni con el reggae, ni con el dancehall, ni con la champeta, ni con el rap y mucho menos con el pop. Es reguetón, es lo que vende, es lo que suena en todo lugar, es la tendencia. Si vende, ahí está el resultado y es muy respetable, pero la esfera central de la industria musical no debería enfocarse solo en eso, simplemente es algo cíclico y solo debemos aceptar que el sol de este sistema solar actual, por más que muchos no quieran es el reguetón, como en algún momento pasó con el pop, así quisieran verlo como la nueva balada. Pero acá el llamado es otro y quizá ustedes ya lo entendieron. Música para todos. Sigan haciendo sus colaboraciones, sigan compartiendo el sonido, pero a las cosas por su nombre, para mejor claridad y mejor escucha. Una pregunta para finalizar, y más luego de tantos años, se han preguntado: ¿Qué es reguetón? .

20 años buscando un disco Bajo Tierra

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Si el rock es calle, debajo de la calle hay tierra. Y esta historia sí que tiene calle, tierra y rocanrol. Finalizando los 90, era un puberto curioso y deseoso de nuevos sonidos. Caminé por muchos barrios con una maleta Lesportsac negra decorada con parches de I.R.A, Dead Kennedys, The Clash, la carita de Nirvana, y una A de anarquía que yo mismo plasmé con pintela color rojo. En ella guardaba los casetos, los nuevos y los que me prestaban, llegaba a casa, ponía a reproducir y a grabar al mismo tiempo, mientras hacía los libritos que iban dentro de la caja. En esa rutina no solo llegué a casa de amigos y desconocidos que vendían música por catálogo, sino también a los San Alejo en el Parque Bolívar, al Pasaje San José, donde no le vendían música a todo el mundo y me tuve que ganar ese mérito. Igualmente llegué al Paseo La Playa, y transité caminando o en bus de Bello a Itagüí, de Laureles a Robledo, en busca de música para mi colección.

Un día, uno de esos amigos de música me llamó y me dijo: “tengo el Lavandería Real y en CD”. Yo no sabía quiénes eran, ni cómo sonaban, pero yo le creía, sabía que era un buen disco. Nos encontramos en unas escalas en Itagüí. Él sacó el CD de su bolso, me lo mostró y abrimos el librito para verlo. Decía: BajoTierra – Lavandería Real, todo eso en un círculo rojo con franja amarilla.

A los segundos le dije: -“¿Puedo ir a grabarlo?, prometo no demorarme”.

-No es mío y ya vienen a reclamarlo- Respondió negativamente el melenudo amigo.

Sin embargo, luego de insistir, me dejó ir corriendo a grabarlo. Llegué a casa agitado, preparé todo, y empezó la captura. Cuando iba por la tercera canción -Jimmy García- tocaron a mi ventana, era momento de entregar el CD.

Esos tres tracks: Intro-Justiciero, Las Puertas del Amor y Jimmy García, los escuché por 9 meses seguidos, todos los días. Luego, ese mismo disco lo encontré en la casa de una prima, al lado de otros de U2 y The Smashing Pumpkins. Lo tomé prestado, lo grabé en casete y pude escucharlo, pero a los días mi grabadora murió. Parecía que la vida no me dejaba tener el Lavandería Real de Bajo Tierra. A los años, cuando ya Youtube se consolidaba como nuestro reproductor de música, compré el disco, más caro que hace 10 años, y lo guardé como tesoro. En una fiesta de amigos desapareció mágicamente. Vaya amigos los que tengo. Espero el que lo tenga lo disfrute como nunca.

Y todas estas historias las cuento porque en el 2016 este disco generacional cumple 20 años. Dos décadas de agitar la vida, de musicalizar a Medellín, de hacer historia y convertirse en crónica de la calle, en mito, en orgullo para nuestro rock colombiano.

11 canciones que son raíz, influencia y esencia, no solo para fanáticos, sino también para los músicos de vieja data y la nueva sangre que hace rocanrol en Colombia. Un disco para tener en el estante, para guardar en el corazón. Y como bien cuento, luego de 20 años aún no tengo esta producción fundamental para mi vida. Por eso si a usted le sobra uno, o simplemente le conmovió esta trágica historia de pérdidas, hallazgos, rocanrol, y mucha tierra caminada, pues véndalo o dónelo a este humilde fan fatal.

 

Más mujeres en nuestra música

 

 Totó y Petrona

Por Diego Londoño
@Elfanfatal

“Vivir para esto”, eso me respondió Mónica Moreno cuando le pregunté sobre su rol en la música, en su vida diaria, en su banda. Ella es integrante, baterista y vocalista de I.R.A, una agrupación de punk colombiana, y sí, ella vive para eso, para hacer música, para pensar en sonidos, dormida, despierta, sobre un escenario gigante, pequeño, o fuera de él.

 

Y como ella, cientos de mujeres en toda Colombia dedican su vida entera a eso, a la música, y para los que gustamos del sonido, de las canciones y del arte, es un bálsamo para el alma, oxígeno para el corazón en medio del protagonismo masculino. Y todo esto va más allá del machismo o del feminismo. Mi tesis es simple, quisiera más mujeres en nuestra música ¿Por qué? Por gusto, por que las ideas musicales que parten desde una mujer tienen un atractivo poderoso para mí y porque los referentes que tenemos no solo muestran éxito sino algo muy importante, buen gusto.

Maddalena Casulana, fue una compositora, intérprete de laúd y cantante italiana del Renacimiento tardío. Fue la primera mujer compositora que tuvo música impresa y publicada en la historia de la música occidental. Se conoce muy poco de su vida y su obra, solo que su primer trabajo data de 1566; cuatro madrigales en una colección titulada “Il Desiderio” (El deseo), que escribió en Florencia. 20 años después publicó en Venecia su primer libro de madrigales a cuatro voces, “Il primo libro di madrigali”, que constituye el primer trabajo musical publicado por una mujer. Ella abrió camino.

Pero este texto pretende más allá de un discurso ligado a una fecha, reflejar la vida misma, pues ellas hacen falta y en la música sí que es cierto y para la muestra, solo mencionaré las que tengo en la cabeza, en los oídos, en el corazón y en ese recuerdo sonoro que vengo coleccionando desde hace casi tres décadas.

Felisa, Lianna, Sara Delgado, Andrea Echeverri, Feralucia, Totó La Momposina, Teresita Gómez, Piedad y Vicky Castro, Blanca Uribe, Magaly Alzate, Mónica Moreno, Claudia Gómez, Laura Torres, Coco Jadad, Susana Correa, Angelika Molina, Bera, Agatha I, Maía, Farina, Zulay la negra, Poker, Cristina Escamilla, Midras Queen, Claudia De Colombia, Eloisa Arango, Sandra Moore, Dora Libia, Sara Zuluaga Correa, Francy, Fedra, Silvia O, Catalina García, Sin pudor, Li Saumet, Ságan, Paola Jara, Caro Jaramillo, Goyo, María Mónica Gutiérrez, Ela Minus, Laura Román, Mabiland, Sara Rodas, Laura Plata, Gloria Mesa, Catalina Gutiérrez, Queens land, Magdalena, Marbelle, Andrea Tráfico Independiente, Lucía Vargas, Tatiana González, Nana Morales, Juanita Carvajal, Diana Avella, Marcela Carmona, Natalia Bedoya, Pamela Ospina, Viviana Suárez, Matilde Díaz, Mara Soul, Paula Ríos, Arelys Henao, Cinthya Montaño, Mirabay Montoya, Niyireth Alarcón, Paula Arenas, Eva Blick, Diana Ángel, Mónica Zuluaga, Cony Camelo, Ana María Vahos, Patricia Bermúdez, Naty Botero, Spektra de la rima, Adelaida Oesh, Diana Baena, Adriana Bottina, Ataque de Pánico, Carolina La O, Lucifera, Yina Gallego, Marta Gómez, Ilona, Karol G, Sexecution, Las hermanitas calle, Fanny Lu, Adriana Lucía, Petrona Martínez, Miranda, Verónica Orozco, Luz Marina Posada, Miss Raggamuffin, Rakel, Yolanda Rayo, Carolina Sabino, Shakira, Soraya, Patricia Teherán, Sara Tunes, Helenita Vargas y muchísimas, muchísimas más. De hecho se me pasan todas, ¿Me ayudan a mencionarlas y así hacerles un homenaje?

Mujeres en la música, en el punk, en el jazz, en el folclor colombiano, en el rap, en el popular, metal, en la música clásica, en la salsa, rock, reggaetón, blues y en todos los sonidos que nos imaginemos, de eso se trata, de música, de la universalidad sonora. Gracias chicas por alegrarnos la vida con sus voces, sus composiciones, interpretaciones y con su corazón musical.

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Lucho Bermúdez, el de las calles de Medellín

Lucho Bermúdez

Un carnaval glamuroso engalana las calles de Carmen de Bolívar. Desde lo alto, en los Montes de María, observan a su hijo musical y aclamado. Lo aplauden y él solo ajusta sus lentes de marco grueso, sonríe achinando sus ojos y sigue caminando acompañado de la musa, de la inspiración del clarinete y el solfeo, ella, Matilde Díaz, con labial oscuro y zapatillas relucientes sonríe mientras aprieta su mano. Eso pasaba cada que Lucho Bermúdez caminaba por las calles del lugar que lo vio nacer. Continuar leyendo

Los mejores 20 discos colombianos de 2016

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Kraken y Systema Solar, entre lo mejor de Colombia en 2016. FOTOS Cortesía

Por Diego Londoño
@Elfanfatal 

 

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El 2016 trajo consigo discos en todo el mundo que demostraron que además de ser un año fatal por las pérdidas musicales, fue un buen momento para conocer nuevas canciones. Los ejemplos son disímiles: Hardwire, de Metallica; Blackstar, David Bowie; A Moon Shaped Pool, Radiohead; You Want It Darker, Leonard Cohen; Blue & Lonesome, Rolling Stones; Post Pop Depression, Iggy Pop, y El Círculo, Kase.O, entre muchísimos otros.

Nuestra realidad es otra y también nos dejó mucha música nueva, y ya que el año va llegando a su fin quiero destacar 20 de esas piezas discográficas que llegaron a mis oídos y me impactaron por su producción, su propuesta estética, su arte, su sonido y sus historias. No es un juicio de sentencia, tampoco un elogio, solo es una selección que no tiene un número 20, ni número uno, solo una opinión subjetiva y respetuosa del trasegar discográfico de nuestro país.

 

Centésimo Humano. Mad tree
Con el sonido de este disco, se dificulta creer que son solo tres integrantes. Una banda que suena grande, con atmósferas sonoras e historias que trabajan en pro de las canciones no de sus integrantes.

 

Los Makenzy – Los Makenzy
Ellos sí saben cómo debe sonar una buena guitarra. La actitud es quizá el mejor atributo de este disco. Una producción que cuenta nuestro tiempo sin pena ni asomo, a través de un rocanrol con estilo clásico en pleno 2016. Este disco tiene todos los matices sonoros, pero el más importante: la honestidad.

 

Tropikalismo Salvaje – Jaibanakus
Una voz nasal e impulsadora de energías, una banda compacta y unas canciones que hacen tararear la vida. Una gran pieza sonora para las historias musicales en Colombia

 

Polvo – Seis Peatones
De los buenos discos guitarreros de 2016. Los Seis Peatones no solo saben sobre el tratamiento del sonido, de las distorsiones, también de como se hace una buena canción.

 

El umbral – Feralucia
Las imágenes, las texturas, el arte plástico y la dulzura y oscuridad en la voz. Eso propone Feralucia con su ópera prima. Disco para explorar desde adentro, para encontrar experiencias sonoras distintas.

El Karateka – Edson Velandia
Se construye a partir de crónicas amargas que endulzan oídos. Es una vida hecha verso, desde la parodia, la risa, la rabia, los gritos y la sinceridad. Una placa que genera incomodidad y alegrías.

 

Luz de Santelmo – Revolver Plateado
El poder de las guitarras, la nostalgia de las historias, y una producción impecable en diseño y sonido, hacen de este disco un engranaje fundamental en la reciente historia rockera de Colombia.

 

Rosita y los nefastos – ¿Y qué me importa? La humanidad
¿Y qué me importa? La humanidad busca la raíz punk medallo, pero la lleva más allá de su ruido e historias, y a pesar de tener la crudeza del punk, busca la nueva forma de reinterpretar la sencillez de pocos acordes con impacto sonoro.

 

Banda sonora para el fin del mundo – Militantex
Tres cabras musicalizan el fin del mundo, una banda sonora perfecta que nos ayuda recibir ese final, con estilo, con algo de punk, algo de jazz y algo de no jazz. Lo más punk del jazz y lo más jazz del punk. Música para ver.

 

Regular – Árbol de ojos
Las historias son la compañía de este disco. Buena interpretación, atmósferas que recuerdan lo mejor que ha pasado en la historia del rock. Cada instrumento trabaja en función de las canciones. Nada sobra, todo está en su lugar, es una gran pieza sonora para la colección musical colombiana.

 

Ciclos – Mabiland
Chocó y Medellín dan inspiración a estas canciones. Soul, blues, jazz, rock, hip hop y una voz cargada de una fuerza inexplicable, hacen no solo de este disco, sino de esta chica, Mabiland, una sorpresa sonora 2016.

 

Vivos 1EP – 42 Pueblos Fantasmas
El sonido rock de buenas guitarras y letras hechas sin presión. Una producción limpia y glamurosa que muestra la evolución sonora de Medellín y su forma de hacer canciones en pleno siglo 21.

 

Todo esto eran mangas – Parlantes
Una crónica sonora. Es literatura con música, con rock, es una aguja por el surco del asfalto. Quizá el disco del año, por lo que significan sus canciones y sus historias. Este es el rock maduro que propone Medellín, repleto de paisajes, de buenas guitarras.

 

La Gran Oscilación – Diamante Eléctrico
Impacta desde su tapa, una producción con permanente expectativa sonora. Sus canciones son un viaje por el mar, un vaivén de sonidos desde lo triste a lo feliz, desde la tranquilidad hasta el ruido. Con este disco demuestran que son el presente y el futuro.

Rumbo a Tiera – Systema Solar
La alegría, la tragedia, la crítica y protesta la presentan con canciones alegres y llenas de paisajes. Un viaje al centro de la selva, de la humedad, también del asfalto de una Colombia que necesita más retos sonoros como este. Un gran disco, un gran viaje musical.
Todos tienen que comer – Crudo Means Raw
Una propuesta con lo mejor del beat clásico, con los coqueteos del jazz, las secuencias downtempo y las historias como protagonista. Sin duda, una de las producciones que pasará a la historia en el sonido callejero.

 

Las historias de los hombres – Burning Caravan
Los viajes, las imágenes mentales y los sonidos rocanroleros y gitanos son la premisa, la ruta. Este disco es una caravana viajera, un paseo sonoro, una invitación a vivir la música no solo con los oídos.

Libres – La Doble A
Estas canciones suenan maduras, con identidad y con una carga social necesaria. Su canción Niño Bomba se ha convertido en la banda sonora, no de estos días, sino de toda esta vida en Colombia.
Vida – DonKristobal
Un disco de verdadero reggae creado en las montañas de Medellín. Esta pieza sonora se tardó en llegar, como todo lo bueno. Su sonido demuestra que la raíz no es estar cerca del mar, sino del corazón.

 

Kraken VI: Sobre esta tierra
Quizá su mejor producción hasta el momento, respetando la importancia de sus himnos históricos. Un disco sentido, dolido, que tiene la resistencia del metal y de la vida misma.

Rodolfo Aicardi: la voz de los diciembres

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Como una locomotora a todo vapor, sin descarrilarse, sin pensar en la noche o en el día, la voz de Rodolfo Aicardi aparece para convertirse en tradición, en símbolo patrio, en bandera, escudo, altar, en religión incuestionable y en el himno mejor cantado. También se transforma en familia, en fiesta y melancolía, en guayabo y baile hasta el amanecer. Su tono agudo, metálico, brillante, exagerado, potente e inalcanzable, fue capaz de interpretar todos los géneros musicales, desde el bolero, la música popular, pasando por la ranchera, la salsa, la música tropical y hasta el rock.

Esa voz llena de potencia y vitalidad interpretó todos los compases de emoción, todas las historias de vida, los amores, los desamores, las mujeres, la calle, la falta y la abundancia de dinero, las muertes, los problemas y la alegría de todo un continente que tiene su voz clavada en el corazón, como el más hermoso e inefable de los recuerdos.

Esa voz, que también es mía, nuestra, de todos, perdurará por siempre; misteriosa, inexplicable, cinematográfica, dolida, sincera, esa voz que siente y vive cada palabra, cada tono, cada cadencia, esa voz que pocas veces estuvo mal, y cuando lo estuvo sonó bien, esa voz que es fiesta, desamor, es parranda en la calle, aguardiente, natilla, buñuelo y sancocho bajo el sol de domingo, es luces iluminadas y comida por doquier, es explosiones, pirotecnia, es la verdad, la realidad, y la historia de todo un pueblo, de un corazón que late música.

Mientras esa voz imitó a un perro ladrar, mientras gritaba insistentemente que bailáramos hasta las seis de la mañana, mientras nos gritó al oído el popular ¡Ueyyy!, se convertía en güiro, en el piano de la salsa pesada, en el bajo de Los Hispanos y el timbal de Fruko y sus Tesos, en las historias del Joe, en la elegancia de Lucho Bermúdez y en la inteligencia y sonrisa de Antonio “Toño” Fuentes. Sus animaciones son himnos que se gritan en el barrio, que se recuerdan con cariño y que ahora se convierten en idiosincrasia, en agua panela por la mañana, en el verde de las montañas de Antioquia.

Por estas y por muchísimas más razones, la voz de Rodolfo Aicardi perdurará, porque representa al costeño, al rolo, al valluno, al pastuso, al paisa, al colombiano, al latino, al indígena, al que simplemente la quiera escuchar y hacer parte de su vida. El baile tiene un nombre y un apellido: Rodolfo Aicardi, el juglar del ritmo, el Inmortal, el insuperable, el eterno, el rey de los diciembres, el apóstol de la alegría, el que cantó a ricos, pobres, buenos, malos y al que gracias a su voz dorada, triunfadora en cualquier lugar del mundo, somos felices bailando y cantando.

Esta voz de la que les hablo nos acompaña desde inicios de los años sesenta y por fortuna no se va a extinguir nunca, porque su sonido ahora es ADN generacional. A Rodolfo le debemos mucho, las fiestas, las alegrías, los diciembres en felicidad, pero él también nos debe a nosotros, pues su voz se debe a su gente, a la del barrio, a las personas que decidieron adoptarlo como su familia. Por esas deudas Rodolfo sigue acá, como el presente sonoro que nunca nadie nos va a apagar.

Edson Velandia: crónicas amargas para endulzar los oídos

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De niño era cabezón, “un enano mal hecho” decían por ahí. Nació el 19 de noviembre de 1975 en Bucaramanga. Inquieto, gritón y gran dibujante. La música para ese tiempo de travesuras y suciedad en las manos no era ni un camino, ni un placer.

Solo hasta sus 15 años apareció la música, en forma de vals, como un castigo por ser indisciplinado en su colegio. Lo escogieron a dedo como venganza por sus múltiples travesuras para representar a su grupo en un concurso musical. En los parlantes sonaba Tiempo de vals de Chayanne, la canción infaltable para toda quinceañera, esta vez en la voz de Edson. Ese castigo fue divino, en ese momento inició su romance con la música. “Debo agradecerle mucho a Chayanne, me permitió conocer la magia que hay entre la melodía y la armonía, el misterio que se siente cuando uno canta. Esa sensación me puso los pelos de punta. Pocas veces en la vida voy a volver a sentir lo mismo”.

Velandia me contó esta hazaña curiosa y paradójica un martes en la mañana, luego de día festivo. No paramos de reír, mientras su vida se hacía verso entre dos micrófonos encendidos. Las risas e historias aparecieron en su boca. Sus manos no pararon de moverse, se quitó su boina roja 4 veces, la misma que hacía juego con sus pantalones de colores indescifrables. Y aunque no tenía guitarra, los versos y el humor inteligente le salían de la boca, como preparados con anterioridad.

En Bucaramanga, en los años ochenta, luego de un curso corto de guitarra, con los primeros tres acordes que le enseñaron: re, la y sol, Edson hizo su primera canción. No recuerda cómo era, pero en su memoria quedó un coro que gritaba “porquería”.

Luego de más de 20 años de esta historia, Edson vive en el campo al lado de su esposa y sus dos hijos, Naira y Luciano, a quienes educa bajo su mismo método, en casa y con amor. Allí, a 60 minutos caminando del centro de Piedecuesta en Santander, en su casa de campo, Edson demuestra que se le puede hacer canciones al acto más simple. Ha creado música maravillosa para el país; rebelde, grosera, cercana, real. Crónicas cantadas, con guitarra y con una voz a la que no le da miedo atreverse a ser diferente en un país godo y tradicional.

Este pirómano de bibliotecas, este karateca de la guitarra, este trovador de la calle y acróbata de la vida que tiene agrieras en el pensamiento y náuseas en la conciencia, es una genialidad musical de nuestro país. Si Argentina tiene a Les Luthiers, nosotros tenemos a este vagabundo cancionista. Se levanta temprano y en vez de trotar “como un bobo” se va caminando hasta el pueblo a mercar para el almuerzo. En este trayecto, mientras camina, mientras se alimenta de todo lo que ve, crea sus crónicas, sus fábulas musicales que han endulzado los oídos de todos los que buscan una forma atípica de oír la vida.

Le pregunto por su sonido preferido.

– El grito ¡Papá! de mi hija.

¿Y él que más le molesta? – Ese mismo. Ríe a carcajadas.

¿Un libro? – El libro gordo de petete.

¿Una canción? – Mula Hijueputa, de Octavio Mesa.

¿Película? -Por mis pistolas, Cantinflas.

¿Un viaje? -Volver al futuro.

¿Una guitarra? -La guitarra verde que mi papá le prestó a José Ordóñez padre y nunca la devolvió..