Carta abierta a Carlos Vives

Carlos VIves

 

Apreciado Carlos. Primero que todo, debo confesar mi admiración. Esto no me pasaba con su música y su trabajo hasta hace algún tiempo. Evidentemente su voz siempre estuvo en el radar, por la familia, por los amigos, por los amores pasados, por la televisión, por cultura general, y por el simple hecho de ser colombiano. Y más que una carta abierta, es una carta de confesión y de agradecimiento. Gracias por la autenticidad, por la sinceridad artística, gracias por los mochos con flecos, por los dreadlocks, por el baile y por el fútbol.

Agradecimiento también por ayudarnos a entender el rock de nuestro pueblo y las historias reales, sencillas y amorosas. Desde los Clásicos de la Provincia, que hasta ahora logro entender y me atrapan en una fascinación no solo musical sino conceptual, pasando por esa increíble travesía por La Tierra del Olvido, que sigue intacta como un tatuaje para el país.

Gracias, además, porque usted hizo del vallenato costumbre, lo vistió de fiesta y lo hizo rocanrol. Sí, usted logró, a pesar de la duda de muchos, transmitir el mensaje de que la música es una, sea vallenato o no, tenga reguetón, pop, o no, eso es lo menos importante; lo importante es la música y su intención, y la suya nos llega hasta a los más rockeros y punkeros. Gracias por no olvidarse de Leandro Díaz, de Escalona, por mantener la esencia cariñosa de Matilde Lina, y por hacerle una canción al sombrero de Alejo, a esa gran inspiración que ha sido Alejo Durán.

Gracias porque muchos como yo empezamos a amar el folclor sin saber qué era eso, y en ese mismo momento, vimos un acordeón y una gaita en forma de familia, con sus aliados Mayté y Egidio, siempre ahí, como un corazón musical gigante.

Gracias por no olvidarse de Pescaito, de Colombia, del mar nuestro, de las tamboras, de las historias que ya usted contó y de todas las que aún le quedan por cantar. Aplausos para usted, que se supo reinventar y trascender en el tiempo y ahora hay una leyenda con un apellido vivo. Gracias también a su esposa Claudia Elena Vásquez, la culpable de todo, la que supo muy bien cómo era el asunto.

Y después de tantas historias, de tantos éxitos y experiencias artísticas, también se vienen retos, y hay uno importante, y es que usted siga ayudando a preservar la memoria de nuestro folclor y nuestro sonido, y que siga llevando todo esto a los que vienen detrás, para que no se nos muera la emoción con la que le escribo escuchando todos sus discos.

Y para terminar esta carta sin pretensiones, gracias Vives, gracias por recordar no solo el sombrero de Alejo, sino por demostrar que la chispa de la inspiración del mar y del juglar, no fueron asesinados por la industrialización, más bien les ayudó. Gracias por recordarnos que el buen vallenato sigue siendo costumbre, así tenga actualidad. Que está por encima el respeto a la memoria, así haya evolución, y un gracias final, por defender la conservación de la tradición y el honor y nombre de los que así lo hicieron.

Y bueno esta carta no espera una suya de vuelta, solo anhela que nos siga cantando.

Con aprecio,

Diego Londoño

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