Una obstinada voz que no se cansa de cantar

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De pequeño, ya cantaba canciones de José Luis Perales y Michael Jackson, se debatió entre científico, futbolista y artista. Por su papá, escuchó salsa, jazz, música clásica, hardrock y rock de los años setenta; por su mamá, toda la ola de música social de Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Pablus Gallinazus, Ana y Jaime, Joaquín Sabina; y por ese entonces, sus adolescentes tías, le presentaron a The Cure, Joy Division, The Clash, New Order, Tears for fears y Guns N Roses que era una de sus preferidas. Y no solo las canciones le cambiaron la vida, también un cabezazo que le rompió la boca en un pogo adolescente.  Continuar leyendo

Escuchar más música en este 2018

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Al finalizar el ciclo del año, cada uno de esos doce campanazos trae consigo tantos sueños, que se quedan cortas las uvas, las maletas, las lentejas y demás agüeros divertidos. La música siempre está ahí, presente, de fondo, y empezar este nuevo ciclo, merece la banda sonora habitual que acompaña nuestros días.

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¡El momento de la música colombiana!

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El año que pasó sin duda fue un despertar maravilloso para darnos cuenta de que la música colombiana en la actualidad está para grandes cosas. Producción discográfica constante, videoclips de gran factura, circulación nacional e internacional, consolidación de festivales, ruedas de negocio y mercados musicales, arribo de artistas internacionales al país, medios de comunicación alternativos y privados con la mirada en nuestro sonido, entre muchas, pero muchas o tras cosas. Gracias a la música, cada vez nos ubican más fácil en el mapa.

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Tesituras, un festival para la canción latinoamericana

22539663_1957252641190498_3242882410980762416_nFoto cortesia: Fb Tesituras

Y para ellos, ¿Qué significan las canciones? Quizá son su único refugio, la manera en la que se encuentran, los amores imposibles y también los amores que ya perdieron la magia, las noches en soledad o las fiestas con amigos, los días del sol, las noches de agua o, tal vez, para ellos las canciones signifiquen su vida entera.

Y hablo de quienes toman la guitarra y cantan lo que ven, lo que viven y sienten. De los cancionistas latinoamericanos que se reunieron en Medellín hace pocos días en la quinta versión del Festival Tesituras.

Argentina, Panamá, Costa Rica, Perú y Colombia, se encontraron en los versos, las historias, las armonías y los aplausos de un público que no paró de sonreír con las canciones e ilusiones de cantautores del continente.

Y qué grata sorpresa encontrarme con tantas realidades distintas que se tejen amorosamente desde seis cuerdas de una guitarra, en diferentes lugares de Medellín.

Desde la labor de Daniel Gutiérrez con la dirección y Solo Valencia con la fundación del festival; pasando por los entrañables y siempre queridos Alejo García, Andrés Correa y Pala, cortados con la misma tijera, unidos por el mismo corazón; hasta la voz de las nuevas cancionistas, Felisa, María María, Ana María Vahos, dulces voces y el futuro del género en Colombia; llegando al sur del país, con la vida de un glamuroso y propositivo Provinciano llamado Lucio Feuillet, que nos llenó de declaraciones los ojos y oídos; Lucho Guarnizo, dejó la oscuridad de las historias y una voz bohemia desgarradora; Balerom, desde Costa Rica, arrojó canciones sinceras desde su sentir anárquico y su guitarra rockera repleta de amor; Rodrigo Carazo, desde Argentina, con particulares onomatopeyas y un sentido del humor finísimo, puso a reír y a cantar a los asistentes; también desde Argentina, Facundo Jofré, con los paisajes más hermosos pintados en la armonía de su guitarra; dese Panamá, José Y Au, una voz que crece y nos narrará todas las ilusiones de la Panamá querida; Omar Camino, desde Perú, dio una lección no solo de repentismo, composición y poesía, sino de madurez musical y respeto por el otro; tantas historias que reafirman que la vida se hace canción y que las tesituras pueden ser tan diversas como el mismo sonido.

Y además de ellos, los hacedores de canciones, tantas personas trabajando por este festival que, a su vez, también se hace melodía, acorde, contrapunto y canción.

Por eso, desde este espacio, celebro que sigue existiendo este festival para la canción latinoamericana, y digo que existe, porque luego de cinco ediciones se consolida, muestra madurez y según lo evidencian las mismas canciones, serán muchos más años de tesituras sonoras, de historias entreveradas por el amor y las vidas de la guitarra. Tenemos un festival que se defiende solo y que queremos ver crecer. Y si las canciones son la vida, pues aprendamos a cantar entre todos.

Músicos, el reto está en las letras

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No importa si es Bob Dylan, Fito Páez, David Gilmour, Jorge Drexler, Phil Collins, Paul McCartney, Kase.O, Iggy Pop, Joaquín Sabina, Dave Grohl o el que se les ocurra. La buena música está en el radar, en el mundo se están dando cuenta de eso, de su influencia, y eso es lo verdaderamente importante.

El anuncio de Dylan como el Nobel de Literatura hace unos meses, nos abre un camino gigante, en las artes, en la composición y la creación letrística en la música.

Debo confesar que me alegré con este anuncio, a pesar de sentir que una cosa es una cosa, y otra muy diferente la otra. Ya me sabrán entender o criticar. Sin embargo, este reconocimiento tiene mensajes claros: no se da mérito propiamente a una personalidad sino al contexto y a los territorios; por otro lado, Dylan y sus letras hechas música nos dejan algunas luces en medio de la oscuridad, y esto especialmente para nuestro contexto colombiano.

Sin lugar a dudas, es un tema polémico que debería poner muy felices a quienes siguen el arte de hacer y apreciar canciones, porque se reafirma y reconoce a la música dentro de otros ámbitos artísticos.

Ahora la literatura la podemos escuchar en versos perfectamente musicalizados, el reto es para letristas, músicos y también lectores.

Y sí, es más que claro, la vanguardia está en las letras. Por años nuestra música colombiana ha tenido su lugar en el mundo desde diferentes vertientes, sonidos, corrientes y artistas, pero hoy, año 2017, es innegable que los músicos colombianos tienen un reto que ha estado escondido y es hora de sacarlo a brillar: las letras. Es el momento de reivindicarnos con nuestras propias historias.

Escribir letras de canciones debería ser parte fundamental del trabajo creativo de los músicos, pero en muchas ocasiones, no hay que negarlo, es un elemento estético que está escondido detrás de poderosas y estilizadas distorsiones, de fills de batería perfectos al tiempo, o de un bajo armonioso al background. Escribir letras de canciones es un trabajo de verdad, con horarios y cansancio. No solo la musa es quien decide cuándo visitar la mente y los sueños. Este ejercicio debería costar, doler, debería causar necesidad de mirar por la ventana, de un sorbo de café, de la noche, el día, el amanecer, el desespero, la hoja en blanco, de las notas que no casan, de la rima, la comida sobre el papel, de tomar la guitarra, el piano, llorar, volver a comenzar, cantar, borrar y escribir otra vez.

Es un compromiso con el arte, con las historias, con el pasado, presente y futuro, con las letras, con las notas y sobre todo, con los oyentes que quieren escuchar realidades escritas de mejor manera.

Por otro lado, y para finalizar, gracias, gracias Bob Dylan, pues tu silencio ante la Academia Sueca es tu mejor composición literaria. Se llama prudencia, se llama grandeza. La verdad, solo nos importa tu creación, tus imágenes sonoras, tus historias llenas de ruido y dulzura, lo demás es solo bombo, platillo y dinero, necesario, pero no para tus canciones.

¡Gracias banda!

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¿Han sentido que se les va la música? Es como si se fuera la vida.

Hoy acabé un libro de un gran amigo, Balsa de Fuego de Juan Carlos Garay; terminé de escuchar dos discos que me impactaron: La Síntesis O´Konor, la nueva placa de Él Mató un policía motorizado, y un clásico, El León, de Los Fabulosos Cadillacs, un gran regalo en forma de vinilo, de Humphrey Inzillo, periodista argentino que ahora es amigo de caminos y viajes sonoros.

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Escuchar canciones, así la tristeza no te deje hablar…

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Desde niño me criaron con radio estaciones que sonaban sus canciones en acetatos (muchas veces se rayaban en el acto y no entendía muy bien qué pasaba), me cuñaron a la cuna con una grabadora marca Silver y escuché “música vieja” desde que tengo uso de razón. “Son las 10:00 de la mañana, radio reloj tu compañía a todas horas”, una emisora en el AM, que ponía desde boleros de Javier Solís y Orlando Contreras, hasta Las Hermanitas Calle, con su visceral y agresiva canción La cuchilla. Mi abuela, la musical Josefina me crió con su música preferida, por eso a veces, este punkero llora de tristeza cuando escucha un tango que le remueve las tripas y le arruga el corazón. Continuar leyendo

¡Nepentes sonó duro!

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Foto por Bladimir Herrera

El pasado 11 de junio la siempre fuerte y contundente banda Nepentes lanzó un disco modelo y referente para muchas bandas del país – Excitando la  guerra-, un disco violento, agresivo pero que a través de estos calificativos y música, busca generar procesos de convivencia a través de  la tolerancia, el respeto y la convivencia.

Quince canciones divididas entre sus dos discos – Gira tu rabia y Excitando la guerra- musicalizaron con puro rock fuerte el teatro Matacandelas de la ciudad de Medellín.

Ingreso al teatro sin taparme los oídos, y ya suena Radio Calavera, un grupo amigo que los acompañó en la celebración, la Radio Calavera Nacional se caracteriza por una potencia increíble en sus beats, por su ruido y seguridad en escena. Los Calaveros en Mí o en RE suenan fuerte y contundente.

Por otro lado, mientras los espectadores esperaban el arribo de los violentos y ellos se preparaban en los camerinos, el escenario recreando una trinchera ya estaba listo para los Nepentes; Galli, Nano, Caliche y Juanca, salieron a escena repentinamente y sin dar aviso iniciaron con su show.

En él se vieron caras muy nuevas, el relevo generacional se hizo evidente, muchachos de corta edad cabeceando y pogueando, en compañía de muchos de sus padres.

Allí adentro en el teatro con Nepentes todo estuvo caliente, e hicieron que el cielo cayera por su fuerza, ellos, siguieron con su premisa de no ser rockstars y estar cercanos a sus seguidores.

El lanzamiento fue todo un éxito tanto en Bogotá como en Medellín, los Nepentes sonaron duro, dejaron claro que por el hecho de pensar diferente no se es delincuente y excitaron la guerra con música para generar transformación en las mentes de más de uno.