Tesituras, un festival para la canción latinoamericana

22539663_1957252641190498_3242882410980762416_nFoto cortesia: Fb Tesituras

Y para ellos, ¿Qué significan las canciones? Quizá son su único refugio, la manera en la que se encuentran, los amores imposibles y también los amores que ya perdieron la magia, las noches en soledad o las fiestas con amigos, los días del sol, las noches de agua o, tal vez, para ellos las canciones signifiquen su vida entera.

Y hablo de quienes toman la guitarra y cantan lo que ven, lo que viven y sienten. De los cancionistas latinoamericanos que se reunieron en Medellín hace pocos días en la quinta versión del Festival Tesituras.

Argentina, Panamá, Costa Rica, Perú y Colombia, se encontraron en los versos, las historias, las armonías y los aplausos de un público que no paró de sonreír con las canciones e ilusiones de cantautores del continente.

Y qué grata sorpresa encontrarme con tantas realidades distintas que se tejen amorosamente desde seis cuerdas de una guitarra, en diferentes lugares de Medellín.

Desde la labor de Daniel Gutiérrez con la dirección y Solo Valencia con la fundación del festival; pasando por los entrañables y siempre queridos Alejo García, Andrés Correa y Pala, cortados con la misma tijera, unidos por el mismo corazón; hasta la voz de las nuevas cancionistas, Felisa, María María, Ana María Vahos, dulces voces y el futuro del género en Colombia; llegando al sur del país, con la vida de un glamuroso y propositivo Provinciano llamado Lucio Feuillet, que nos llenó de declaraciones los ojos y oídos; Lucho Guarnizo, dejó la oscuridad de las historias y una voz bohemia desgarradora; Balerom, desde Costa Rica, arrojó canciones sinceras desde su sentir anárquico y su guitarra rockera repleta de amor; Rodrigo Carazo, desde Argentina, con particulares onomatopeyas y un sentido del humor finísimo, puso a reír y a cantar a los asistentes; también desde Argentina, Facundo Jofré, con los paisajes más hermosos pintados en la armonía de su guitarra; dese Panamá, José Y Au, una voz que crece y nos narrará todas las ilusiones de la Panamá querida; Omar Camino, desde Perú, dio una lección no solo de repentismo, composición y poesía, sino de madurez musical y respeto por el otro; tantas historias que reafirman que la vida se hace canción y que las tesituras pueden ser tan diversas como el mismo sonido.

Y además de ellos, los hacedores de canciones, tantas personas trabajando por este festival que, a su vez, también se hace melodía, acorde, contrapunto y canción.

Por eso, desde este espacio, celebro que sigue existiendo este festival para la canción latinoamericana, y digo que existe, porque luego de cinco ediciones se consolida, muestra madurez y según lo evidencian las mismas canciones, serán muchos más años de tesituras sonoras, de historias entreveradas por el amor y las vidas de la guitarra. Tenemos un festival que se defiende solo y que queremos ver crecer. Y si las canciones son la vida, pues aprendamos a cantar entre todos.