Que el sueño de viajar no se le vuelva una pesadilla

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(Ecos del post de la semana anterior…)

Esta semana muchos lectores comentaron mi publicación anterior, generaron preguntas en redes sociales y algunos incluso me escribieron al correo electrónico. (http://www.elcolombiano.com/blogs/eshoradeviajar/viajeros-frustrados-por-promociones-compradas-por-internet/321).

No solo por la historia de la señora con respecto a su frustración por un viaje a Orlando que compró por internet, sino por dos noticias que causaron alerta en los viajeros.

Por una parte, el Juzgado Segundo Penal Municipal de Medellín, impuso medida de aseguramiento en contra de una persona a quien se le acusa de haber estafado a decenas de personas y haberse apropiado de 580 millones de pesos a través de falsos planes turísticos.

Y por otro lado, el Ministerio de Comercio sancionó a Booking.com por operar sin Registro Nacional de Turismo, y se advirtieron nuevas investigaciones por parte de la Dian, la Superintendencia de Sociedades, la Superintendencia de Industria y el Fontur. En este caso no se trata de estafas a viajeros sino de incumplimiento con la normatividad del país. (http://www.elcolombiano.com/negocios/ministerio-de-comercio-sanciono-a-booking-colombia-YY6436302)

Ante las inquietudes de los lectores hoy quiero aportar algunas recomendaciones para quienes estar más tranquilos a la hora de comprar planes de viaje:

  1. Comprar por la web en el exterior tiene riesgos. El caso que expuse la semana pasada encierra un gran problema. La persona compró por internet a una compañía de Estados Unidos. Por eso, cuando se sintió engañada, no tenía a quién reclamarle en el país y hacerlo en Estados Unidos resulta más difícil y muy costoso.
  2. Colombia ha avanzado mucho en la prevención y la sanción en casos como los de la publicidad engañosa. Ahora por ejemplo, es obligatorio publicar el precio final, pero en otros países siguen utilizando el truco de publicar un precio muy económico seguido de la expresión “más impuestos” y a veces un asterisco que va a “la letra menuda”. Y el viaje termina costando el doble de lo que dice el precio publicado. Comprar en una agencia de viajes en Colombia le permite al viajero tener un interlocutor en el país y además, en caso de algún problema, poder reclamar según las normas colombianas. No importa si la compra se hace en la web o de manera personal.
  3. No podemos satanizar al internet. La red es un medio, en el que hay muchas ofertas reales aunque también, muchas posibilidades de fraude. En internet hay empresas confiables, que trabajan con las mismas exigencias que cualquier agencia de viajes tradicional. Lo que cambia es la plataforma en la cual se hace el negocio. Se les conoce como OTA por su sigla en inglés (Online Travel Agencies). Hay que decir que a muchos los han estafado con compras por internet y a muchos también les ha ido bien. Como también a muchos los han estafado cuando han ido a comprar en oficinas de agencias de viajes que luego no responden o desaparecen. Ese tipo de acusaciones son frecuentes, como en el caso del hombre capturado esta semana.
  4. Los foros de viajeros sirven para conocer las experiencias de otros viajeros. Cuando se tienen dudas sobre un operador, o la calidad de un hotel, por ejemplo, resulta útil buscar su reputación en portales como TripAdvisor. Allí muchos usuarios dejan mensajes sobre sus viajes. Y denuncias como la que publicamos la semana pasada, hay por montones.

Finalmente, cómprele a las agencias de viajes que le generen confianza. Dude de las promociones demasiado atractivas. No compre por impulso en el primer sitio que vea. Consulte con amigos y busque referencias del producto que va a comprar. Los viajes le deben dejar buenos recuerdos y no experiencias traumáticas ni sueños destrozados.

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Viajeros frustrados por “promociones” compradas por internet

Viajeros frustrados

La semana pasada me escribió una lectora de este blog, que trabaja con un fondo de empleados. Me contó que con su esposo y su hijo de 6 años decidieron pasar vacaciones en Orlando, Florida, y buscaron opciones en internet.

Y se encontraron con una súper promoción que se veía muy atractiva. Es un modelo que se ha vuelto muy común pero que no se ofrece en ninguna agencia tradicional. Ese debió haber sido el primer mensaje de alerta.

Para hacer corta la historia el plan ofrecía, según el relato de la lectora, “4 noches en Orlando y 2 noches en el sur de la Florida, el alquiler de un vehículo por 8 días y un crucero adicional de 3 días por las Bahamas”, todo por 500 dólares. Ese precio resulta tan atractivo que sin duda debió haber sido una segunda alerta.

El único costo adicional que fue advertido desde el principio fue el de “impuestos de ingreso al crucero de 290 dólares por persona”. Es decir, los impuestos para 3 días de 9 que duraba el plan, eran equivalentes al 58% del costo del plan. Eso no puede ser normal. Un tercer campanazo.

Luego, días después de haber pagado, se les dijo telefónicamente que “los impuesto de hotel podían oscilar entre 12 y 15 dólares por noche de alojamiento por familia y que los datos del vehículo los debían confirmar con la rentadora”.

Vinieron dilaciones, cambio de prestadores de servicios con respecto a los ofrecidos inicialmente y otra serie de inconvenientes hasta que se llegó el día del viaje y con mucha ilusión viajaron a Orlando. Para tomar el auto se encontraron “con la terrible sorpresa de que el valor a pagar era por 660 dólares, los cuales no eran negociables”. Es decir, los impuestos por el alquiler del carro equivalían al 132% del valor del plan completo. Y los impuestos del hotel fueron de 160 dólares más.

Además, les habían advertido que en Orlando serían invitados a una corta charla para presentarles una posibilidad para comprar un derecho de alojamiento en modelo de tiempo compartido. Pero la pequeña charla se convirtió en una serie de largas reuniones que sumaron 7 horas en total, y el plan de 500 dólares terminó costando 4 veces más. Unas vacaciones que los dejaron llenos de situaciones incómodas que no permitieron disfrutar del viaje como lo habían soñado y la sensación de haber sido engañados.

“Como ves todo fue un espejismo. En estas mismas circunstancias nos encontramos con otros colombianos en las reuniones, con descontento por lo comprado frente a lo recibido. Solicito sea considerada mi queja para hacerla pública y evitar que otras personas sean engañados”.

Cuando recibí la comunicación, digité en Google el nombre de la empresa que les vendió el plan y me encontré un gigantesco listado de quejas de otros usuarios en el mismo sentido. Solo en TripAdvisor había varios foros con diferentes títulos y con decenas de comentarios de distintos viajeros. Todos contando historias similares y compartiendo el sentimiento de frustración. Esa búsqueda hay que hacerla antes de seleccionar los prestadores de servicios. Sin duda hubiera sido una alerta difícil de ignorar.

Algunos viajeros en esos foros preguntan por qué esa empresa sigue ofreciendo esos planes a pesar de las quejas y qué se puede hacer para denunciarla. Ahí está uno de los mayores problemas. La empresa no existe en Colombia. Contra empresas colombianas hay varias formas de actuar y la Superintendencia de Industria y Comercio ha hecho un extraordinario trabajo para sancionar las estafas que se hacen a través de publicidad engañosa. Pero esta empresa está ubicada en Estados Unidos. Así que las víctimas tendrían que instaurar una acción jurídica en ese país. Por eso al ver los costos que tendría contratar abogados allá y eventualmente viajar a las audiencias, todos desisten, y ven la opción de contar la experiencia en redes sociales como única forma de desahogo.

La culpa no es de “internet”. La web es solo un medio. Casos como estos se presentan en el mundo virtual y también en el modelo tradicional. De hecho las estafas de mayor cuantía se han presentado generalmente en locales ubicados en calles céntricas o incluso en centros comerciales. Primero venden costosas excursiones y de un momento a otro cierran el local y nunca vuelven a aparecer.

Para cerrar la historia, les recuerdo el cuento que me contaba mi abuelo sobre el bobo de su pueblo que no resultó tan bobo. Un día una familia rica preparó un delicioso postre de fresas en un molde grandísimo para atender una reunión de 15 personas, pero en un descuido varias cucarachas se metieron al postre. Iban a botar el postre preparado cuando pasó el bobo y se lo ofrecieron. Él llegó emocionado a recibir el regalo pero se sorprendió al ver la cantidad de postre de fresas que le estaban dando sin ninguna razón. Así que les dijo que mejor no iba recibía nada.
-¿Por qué? Le preguntó la señora.
– “Es que de eso tan bueno no dan tanto”.

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