Hace 9 años que le cambiaron la vida al profe Montoya

Luis Fernando Montoya mantiene sus motivos para vivir.

Luis Fernando Montoya mantiene sus motivos para vivir.

Nueve años después del hecho violento que lo dejó cuadripléjico, Luis Fernando Montoya tiene su mente más lúcida y mantiene el temperamento que se le conoció en el fútbol y sorprende con sus progresos de salud: recuperó el tono fuerte de su voz, come de manera normal y volvió a sentirse importante gracias al cariño de la sociedad.

“Me acomodaron a otro estilo de vida; fue un cambio de 180 grados jamás solicitado, pero ya dimensionado”. Esta es la síntesis que hace de la tragedia que el 22 de diciembre de 2004, luego de ganar la Copa Libertadores con Once Caldas, lo puso a prueba y lo obligó a recorrer otros caminos para sobrevivir tras ser víctima de un ataque a bala, de parte de unos fleteros, que le quitó la movilidad.

Esos duros momentos en los que “no sabía qué pasaba a mi alrededor y tenía cero independencia” hacen parte del pasado, ya que desde 2007, cuando se propuso aprovechar la solidaridad de los colombianos para dar ejemplo con su capacidad de superación, Montoya empezó a convertirse en un líder positivo.

Es consciente de que “si me entrego, en tres o cuatro días me muero” y por ello prefiere olvidar que no tiene movilidad en sus extremidades superiores e inferiores para enrutarse en aventuras que lo ilusionan con levantarse para ratificar que la fe en Dios y la voluntad sirven para hacer milagros.

“Si volviera a caminar y pudiera mover mis manos pensaría en dirigir para ganarme otra Copa Libertadores y reanudar lo que dejé inconcluso en 2002: dirigir tres años en Europa y manejar la Selección de Colombia con protagonismo en un Mundial”.

Esos deseos podrían pasar de un simple sueño a la realidad, ya que su evolución médica ha cruzado tantas esferas que los especialistas creen posible el milagro que espera Luis Fernando, al lado de su esposa Adriana Herrera y su hijo José Fernando.

Siente cosquillas en el pie

Cinco años estuvo atado al ventilador mecánico, a la pipeta de oxígeno, a la cama silla, a una dependencia total y a comunicarse por señas. Ahora, el profe Montoya, según su esposa Adriana, respira las 24 horas por su cuenta, siente cosquillas en las plantas de los pies, recobró sensaciones a lo largo y ancho de su cuerpo,  mueve un dedo, maneja su cuello, aguanta largas conversaciones, soporta viajes largos en carro y hasta sus jornadas de trabajo. Parece que todavía estuviera dirigiendo al Once Caldas.

Y así se sienta como un mosco en la leche al lado de otros personajes que son referentes mundiales, la Personería de Bogotá lo incluyó en una pancarta junto a Nelson Mandela, la Madre Teresa de Calcuta, Mahatma Ghandi y Martín Luther King para que hiciera más evidente su capacidad de superación.

Admitiendo que solo vive la Navidad en vez de disfrutarla como antes, y asumiendo que esta época es la más difícil del año para él, el profe Montoya está empeñado en ser el Campeón de la Vida y es un convencido de que lo alcanzará poniendo en práctica una de las frases que identificó a Mandela: “la mayor gloria no es nunca caer, sino levantarse siempre”.

Vivir del cariño de la gente, sentir la misericordia de Dios y no perder la esperanza son otras premisas en la casa de los Montoya Herrera, en Caldas. Allí, Adriana vive en contacto con María Auxiliadora para que “Fernando mantenga su evolución y la ciencia avance de tal manera que él y las miles de personas que tienen limitaciones en el mundo vuelvan a caminar”.

Montoya ajustó dos años desde la última vez que amaneció en una clínica. Pero, además, recibió el visto bueno de los médicos para utilizar la bicicleta electrónica que le mejora la parte biomecánica y le permite ganar sensibilidad, aguanta 12 horas de pie en el soporte de bipedestación y hasta siente dolor en el empeine. “Sí he evolucionado, aunque me falta demasiado para tener una vida normal”, dice.

Siempre voy a intentar recuperarme, si lo logro seré feliz; si no también, porque al menos lo intenté”. Y así trata de superar la pesadilla  que no buscó, pero que aceptó porque quería seguir siendo testigo del crecimiento de su hijo José Fernando, pero también para demostrarle a la juventud que la vida sí tiene valor.

Y como un niño que apenas empieza a comprender las exigencias y la crueldad del ser humano, Luis Fernando espera con ansias la llegada de cada 24 de diciembre para hacerle al Niño Dios el mismo pedido de casi una década: “salud y movilidad”.

Y ríe. Quizás la mayor felicidad de “la vida que no pedí” -como describe su estado actual- es sentirse feliz:_ “puedo ser testigo del desarrollo de mi hijo y de seguir compartiendo momentos con Adriana, porque ella dejó de vivir su vida por vivir la mía”.

Así siguen su recuperación

 “Sus funciones intelectuales son lúcidas: memoria, concentración y capacidad de analizar. Por eso lleva una vida laboral excelente. Desde el punto de vista mental ha avanzado muchísimo, ya puede dirigir su vida, habla perfecto y maneja bien la respiración. El acompañamiento de su familia, amigos y grupo médico ha sido clave en su evolución”.

Luis Alfonso Sosa, motivador 

“Luis Fernando tiene sensaciones de cosquillas y algunos reflejos medulares que le permiten mover algunos dedos, pero no de manera voluntaria. 

Las células madres no funcionaron, pero él tiene una buena calidad de vida gracias al buen cuidado del grupo que lo atiende. Está estable, pero no evoluciona más, porque su parte motora no responde”.

Diego Lalinde Sierra, médico

 “El profesor ha mejorado en muchos aspectos: siente los pies, está comiendo normal, recuperó su sueño y habla largo y claro. Al principio solo movía los ojos, ahora le paso las uñas por la planta del pie y mueve la pierna por reflejos, recuperó parte del sistemas nervioso sensitivo y eso es mucho. Creo que con su voluntad y la ayuda de Dios podrá pararse”.

Cecilia Inés Granada Díaz

 

La doble moral hace que el fútbol colombiano retroceda

Los mismos directivos no se ponen de acuerdo y se hacen quedar mal en el fútbol colombiano.

Los mismos directivos no se ponen de acuerdo y se hacen quedar mal en el fútbol colombiano.

Así es el fútbol colombiano, cuando los resultados internacionales de los equipos parecen mejorar y la Selección empieza a convencer aparece un escándalo que nos devuelve a la normalidad: jugadores pensando sólo en la plata y sin sentido de pertenencia, directivos de poca gestión o tratando siempre de acomodarse para esquivar los impuestos, hinchas inconformes y poca proyección.

Esa frase del presidente Fernando Salazar “los jugadores de hoy son una prostitutas vestidas con uniforme de fútbol” fue muy pesada, de mal gusto e irrespetuosa para los que viven de la pelota, pero sirvió para ratificar la doble moral y la falta de unión que reina entre los que responden por el deporte más popular de este país.

Porque así como no le quedó bien hablar mal de los deportistas al mayor accionista del onceno dorado, tampoco es válido que un directivo viole los “códigos de camerino” haciendo públicas conversaciones de una asamblea que sólo deben quedar entre los responsables de los equipos. Si el colega de Salazar le entregó lo confidencial a un medio de comunicación es porque tampoco le duele el fútbol nacional  y sólo buscaba “vengarse” por razones que sólo el sabe y que merecen ser investigadas por la Dimayor y la Federación Colombiana.

La idea en este artículo no es validar la salida en falso de Fernando Salazar, pero debe conducir a la reflexión a futbolistas, técnicos y dirigentes, porque no tiene presentación que en pleno siglo XXI, cuando los ingresos por mercadeo y venta de derechos son millonarios, algunos jugadores se presten para hacer contratos con sueldos irrisorios, con la disculpa de que los ingresos por publicidad no hacen parte de la nómina, olvidando que cuando tienen problemas de invalidez (caso Arley Dinas, Diego Cortés y Luis Fernando Montoya) es donde llegan los arrepentimientos.

Eso, más el veto de jugadores (que sí existe en Colombia y he sido testigo de ellos en mis 17 años de periodismo deportivo; también dicho por varios deportistas que lo han sufrido), porque hacen respetar sus derechos, la manera desleal como los directivos intentar llevarse los deportistas sin terminar los contratos y los continuos pagos atrasados, porque en Colombia si seis conjuntos de los 36 pagan a tiempo son muchos, hacen que nuestro balompié en vez de progresar de un paso atrás. 

Es en este momento en el que recuerdo las entrevistas con Humberto Turrón Álvarez y Alfredo Di Stefano, ídolos para siempre. Turrón me dijo el año pasado “yo jugaba por amor, a veces ni me pagaban y eso era secundario, porque me interesaba era sudar la camiseta”. Y sentado en su oficina del estadio Santiago Bernabéu, la casa del Real Madrid, Di Stéfano recordó también en el 2012 que “en mi época en Argentina, Colombia y España derrochábamos sentido de pertenencia y lo único que nos preocupaba era agradarle a la gente jugando bien al fútbol“.

Eso para decir que en la actualidad y en Colombia lo único que desvela a jugadores y directivos es la plata. Por ello tantos escándalos y contradicciones que ratifican que nuestro fútbol todavía no es profesional y cada día retrocede, pese a que tenemos representantes en las principales ligas del mundo.