La Araña Henao va camino a ser leyenda

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Aquel 1° de julio de 2004 jamás se le borrará a Juan Carlos Henao, porque ese día fue y será “el más especial de mi vida”, ya que en esa ocasión le detuvo los cobros desde los doce pasos a los argentinos Nicolás Burdisso y Franco Cángele para que Once Caldas se coronará campeón de la Copa Libertadores al vencer 2-0 al Boca Juniors en los penaltis luego del 1-1 en el tiempo reglamentario.

De ese acontecimiento histórico hace una década y el arquero antioqueño aún se mantiene vigente. Se fue un tiempo al Santos de Brasil y otro al Maracaibo de Venezuela, y ahora es una leyenda viva del mismo Once Caldas, con el que también ganó el rentado colombiano en 2003 con Luis Fernando Montoya de técnico y en 2011 con Juan Carlos Osorio.

Ahora, con sus 43 años, está empeñado en asegurarse un puesto entre los jugadores con más años del rentado. Es el más experimentado de la Liga Postobón, pero el trono general está en poder de Ánthony de Ávila, quien jugó a los 45 en 2009 con América de Cali. Lo siguen los argentinos José Manuel Moreno (con 44 años en 1961 al servicio del Independiente Medellín) y Amadeo Carrizo (portero de Millonarios que jugó en Colombia con 44 años en 1970).

¿Qué opinión le merece ser el veterano del rentado?

Siento alegría por seguir vigente; gracias a Dios se me da la oportunidad de aportar a mi edad, sintiéndome bien y espero jugar más”.

¿Hasta cuándo jugará?

Tengo contrato hasta 2015 con Caldas. Y me siento bien”.

¿Qué le ha dejado el fútbol?

Alegrías, tristezas y satisfacciones. Mi vida ha sido el fútbol y estar activo a los casi 43 años me genera satisfacción”.

¿Caldas qué le significa?

La vida y mi pasión; el equipo que llevo en el corazón y me dio la oportunidad de todo en mi carrera. En Santos y Maracaibo sumé experiencia, pero el blanco no se olvidará jamás”.

¿Cómo lo miran sus compañeros en el Caldas?

Con respeto, pero no por los años, sino por el buen trabajo que hago, porque soy el primero en llegar y el último en irme. Doy buen ejemplo”.

¿A qué se piensa dedicar después del balompié?

De verdad que no lo he pensado, porque todavía falta un rato para jugar. Los directivos del blanco quieren que siga en otro cargo en el club y lo analizaré en su momento”.

¿Cuál ha sido lo mejor, la Copa o los títulos locales?

Los títulos en Colombia fueron importantes, pero la Copa Libertadores significa mucho y jamás se me olvidará”.

¿Cuáles son las expectativas ante Nacional?

Estamos motivados y por fortuna hacemos un buen trabajo, jugamos con inteligencia, tenemos un buen equipo y vamos a dar la pelea hasta el final”.

¿Cómo ve el rentado?

Muy parejo y los equipos muestran buen nivel. Cualquiera le gana a cualquiera y eso hace más competitiva y exigente la Liga”.

¿Cuál impresión le dejó la Selección en este 2014?

Disfruté mucho de la Selección en el Mundial por el nivel tan alto que mostraron sus jugadores. Ahora nos toca apoyar de la misma manera y no desesperarnos para que sigan mostrando experiencia y paso a paso hagan una buena Copa América sin presión”.

Molina fue el director olímpico del Medellín

Mao Molina es añorado por los hinchas del DIM por sus goles para el título de 2002 y el tanto olímpico que le anotó a Nacional.

Mao Molina es añorado por los hinchas del DIM por sus goles para el título de 2002 y el tanto olímpico que le anotó a Nacional.

De pequeño en los semilleros del Envigado Fútbol Club Mauricio Molina cogió fama por la manera como le pegaba a los tiros libres y manejaba la pelota. A los 18 años ya era profesional con Envigado y marcaba diferencia en el rentado colombiano, razón por la cual las miradas de los técnicos de los principales clubes del país no lo perdían de vista y lo querían tener en sus filas.

Pacho Maturana notó desde el principio que le sobraba calidad y por ello lo convocó a la Selección de Colombia para la Copa América de 2001 con escasos 21 años de edad y no se equivocó, porque allí Mao también puso a prueba su potencial y aportó para que el país ganara por primera vez este torneo continental.

Se anhelaba que alguno de los clubes tradicionales de Antioquia se quedaran con los derechos de este volante zurdo que en sus inicios fue fundamentado por Francisco el Bogotano González, en Sajos, pero Independiente Santa Fe se adelantó y en ese 2001 se lo llevó a aguntar frío a Bogotá, donde una lesión lo sacó de circulación durante tres meses.

El presente de Mauricio no era claro y aún así Javier Velásquez, el mismo presidente que lo proyectó en Envigado, fue a Cali a echarle el cuento para que lo acompañara en su nuevo reto administrativo. Todavía lesionado y sin ritmo de competencia, Mao le dijo sí a su papá en el fútbol y se vino en 2002 para el conjunto escarlata, en el que con el número 20 en la espalda, un gol en la final ante Pasto y su técnica exquisita fue uno de los quijotes que se encargó de subir al cielo a los fieles rojos para recoger la tercera estrella.

Su figuración en el DIM fue de tantos picos altos que en 2003, después de ratificar su calidad en la Copa Libertadores, terminó en el Morelia de México para iniciar la carrera de trotamundos, porque a partir de ese año ha jugado en siete países (Argentina, Emiratos, Serbia, Brasil con Santos al lado de Neymar, y Corea del Sur). Claro que en 2005 tuvo otro paso por el Poderoso con un sello histórico: el gol olímpico que le convirtió al Nacional el 15 de junio en la derrota 2-1 de su equipo.

Su sello era la pelota quieta, la prueba está en que de los 44 goles que ha conseguido en el rentado colombiano 20 fueron de tiro libre. Por esa vía anotó 12 en Envigado (de los 26 que hizo), 2 en Santa Fe (de 5 que consiguió) y 5 en el Medellín, de los 13 que convirtió en sus dos períodos (también logró 4 internacionales con los escarlatas: tres en Libertadores y uno en la Copa Suramericana).

¿Cómo llegó al DIM?

“Estaba lesionado de una pubalgia, hacía la recuperación en Cali, estaba en el hotel y recibí la llamada de Javier Velásquez diciéndome que me quería contratar. Me sorprendí, porque vivía un momento difícil de mi carrera, no sabía cuándo volvía a jugar y él depositó, al igual que la institución roja, toda la confianza en mí y el arreglo fue muy fácil. ‘No olvido que don Javier, un verdadero padre para mí, me dijo: Quiubo mijito va a venir a jugar conmigo en el DIM, usted sabe que no tenemos problema para arreglar’ y así fue”.

¿El rojo lo flechó desde niño?

“Mi historia con DIM arrancó desde niño, ya que toda la familia paterna es roja, mi abuelo, mi padre era enfermo por el rojo y mis tíos. De pequeño siempre iba con mi papá al Atanasio a ver los juegos del rojo cuando jugaban Luis Octavio Ormeño Gómez, Luis Barbat, Petiso Zárate, Henry Zambrano, Carlos Castro, Panelo Valencia, Pelusa Pérez y Jorge Daniel Jara. Mi padre sólo me llevaba a ver al Medallo”.

¿Cómo fue el arranque en forma con el DIM?

“Empezamos el segundo semestre con el profe Reinaldo Rueda, después él se fue para las selecciones menores de Colombia y Víctor Luna se encargó del plantel con un manejo exitoso. A mi llegada estaba Juan José Peláez, quien dejó el equipo para Rueda, con quien fue duro porque estábamos casi de últimos y la hinchada estaba inconforme por el rendimiento. Luna asumió y empezó una historia inolvidable para nosotros. Arrancamos a ganar partidos, Víctor nos llenó de confianza, hizo que creyéramos en nosotros, nos convenció de que era posible cambiar el maleficio rojo de 45 años gracias. Alcanzar la estrella soñada no solamente fue un desahogo para los jugadores y directivos, sino también para los hinchas”.

¿A quiénes se encontró en el club?

“Me tocó con David González, Roberto Carlos Cortés, Ricardo Calle, John Javier Restrepo, Amaranto Perea, Alexánder Jaramillo, Andrés Orozco, Róbinson Muñoz, Tressor Moreno y David Montoya, entre otros”.

¿Cuál era el estilo del rojo en 2002?

“Teníamos un elenco con demasiada tenencia de pelota, pasábamos rápido de defensa a ataque, contábamos con dos voladores por las bandas (Roberto Carlos Cortés y William Vásquez Chacón o Ricardo Calle), Choronta era muy claro como manejador y lanzador, además de contener muy bien. Adelante jugábamos con un tridente que no tenía delanteros, pero sí jugadores de mucho gol como David Montoya, Tressor y yo. Éramos falsos delanteros y nos movíamos tanto por toda la cancha que a los defensores les costaba referenciarnos”.

¿Hubo un secreto especial para ganar después de 45 años?

“Ese DIM de 2002 era un excelente equipo, para mi gusto el mejor de los últimos 13 años, en juego, táctica, técnica y juego vistoso.Además contamos con un cuerpo técnico empeñado en hacernos creer que teníamos el mejor equipo del país. Antes de los partidos así no lo hacía saber Luna y el siquiatra Carlos Palacio gracias a las charlas motivacionales para fortalecer la parte mental.

Al principio nos chocaba tanta reunión, pero con el paso de los partidos, los triunfos y la superación de obstáculos nos convencimos de que eso sí servía. Nos metimos en el cuento, aceptamos todas las locuras de Luna y armamos un grupo de amigos fuerte, en la parte mental y futbolística, para terminar con esa maldición de 45 años sin alzar el trofeo de campeón”.

¿Cómo se adueñó de la titular?

“Cuando llegué fue duro por la lesión, venía de seis meses parado y me costó agarrar el ritmo de juego. A principio de 2002 me operaron y eso hizo más díficil alcanzar el nivel, más cuando con Rueda poco podía aportar individual y colectivamente. Con Luna aparecieron los minutos, las oportunidades y ese semestre del título logré 9 goles para ayudar en la estrella, incluyendo uno en la final en Pasto”.

¿Sus recuerdos de la final?

“Fue dramática, porque veníamos de un 2-0 a favor en el Atanasio, pero llegamos a Pasto y no pudimos conciliar el sueño debido a la bulla que nos hizo la hinchada nariñense en las afueras del hotel. Eran las 5:00 de la mañana y no me había dormido por la locura afuera y la ansiedad. Empezó el partido y Pasto nos arrolló, se perdió un gol en la línea de meta y todo indicaba que tendríamos problemas. Llegó un penalti a favor y al perderlo David Montoya nos pusimos más nerviosos y se prendieron las alarmas. 

Por fortuna a los cinco minutos de perder la pena máxima hice un lindo gol de tiro libre, eso nos dio aire, pero Nelson Rivas me metió una patada y fue expulsado. Luego, empezando el segundo tiempo, el juez Óscar Julián Ruiz me mostró la roja en una jugada ante Carlos Salazar para equilibrar. Eso le dio más dramatismo al encuentro, Pasto nos empató y las cosas parecían peor cuando ingresó Édgar Pánzer Carvajal y al minuto fue expulsado, porque en el primer contacto levantó a un rival por detrás. Por fortuna los compañeros supieron aguantar para dar la anhelada vuelta olímpica del Poderoso, luego de 45 años de sequía, ya que desde 1957 no ganaba en Colombia”.

¿Algún gol especial?

“Pienso que el hincha no olvida el gol olímpico que le marqué a Nacional, pero para mí el más especial fue el que logré en Pasto de tiro libre para asegurar el título del rentado”.

¿Anécdotas?

“Recuerdo la celebración en Pasto, los hinchas rojos eran pocos y nos metimos todos en una habitación a saltar, gritar y corear el nombre de cada uno de los integrantes del club. Fue un momento muy lindo, ya que cada uno se liberó de los prejuicios de los demás por ser mejores o tener otras cosas que uno no posee”.

¿Cómo fue lo de la Copa del 2003?

“Fue una ilusión muy grande y al final un golpe duro, porque Medellín era un equipo que enamoró a toda Suramérica con su fútbol. Fuimos contundentes, tuvimos una forma vistosa de jugar, teníamos la base de 2002. Estuvimos a un paso de llegar a la final. No se me olvida que en el juego de vuelta de la semifinal ante Santos, Tressor Moreno igualó la serie con su gol y no olvido que Álex, el defensor central del club brasileño me decía: ‘No corrás más Mao que no podemos’ y era el primer tiempo. Teníamos buena presión, la cancha estaba pesada, había llovido y estábamos cerca del segundo gol, pero en una falta de mitad de cancha se fueron arriba con un autogol. Eso lo sentimos, además el rival contaba con Elano, Diego, Robinho, Renato, Fabio Costa. Faltando 15 minutos empaté 2-2 y estábamos cerca de los penaltis, pero en el minuto de adición ellos nos hicieron el 3-2 y con ello terminó la aventura de la primera final copera del Medallo”.

¿El gran nivel los proyectó?

El equipo rojo de 2002 y 2003 fue especial y generó tantos comentarios positivos por su estilo de juego y capacidad de los deportistas que Choronta salió para México, Amaranto emigró a Boca Juniors, Orozco pasó al Racing, yo fui al Morelia, David Montoya a Liga de Quito, Baloy para Gremio y Tressor volvió al exterior”.

¿Qué significó su paso por el club?

“Lo más importante es que dejamos una marca, le quitamos el peso a los demás jugadores, se terminó con ese lema de este año sí, este año sí. Lo cambiamos por este año también”.Me siento orgulloso, porque cambiamos para bien la historia del Medellín. Fue una hasta 2002 y otra después de ese diciembre”.

¿Tiene un once ideal?

“David González (dos veces campeón, era joven y seguro); Ricardo Calle (único en ganar tres títulos con el club), Amaranto Perea, Andrés Orozco, Roberto Carlos Cortés; John Javier Restrepo, John Wílmar Pérez, Óscar Pareja, Petiso Zárate, Mao Molina; Jackson Martínez (el de más goles en los torneos cortos de la Dimayor). El técnico debe ser Víctor Luna, quien ha sido de amores y odios en el rojo, pero lo que nos dio, enseñó y metió en la cabeza, le dan créditos de gran entrenador. Logró que creyéramos en nosotros”.

¿Quiénes han sido los grandes dirigentes?

“El gran dirigente rojo siempre será Javier Velásquez, el papá para todos nosotros, a quien la hinchada roja le debe agradecer toda la vida por el cambio que le dio al club. Cuando llegó lo salvó de la desaparición, fue un administrador exitoso en el Medellín, tuvo buen ojo para armar un equipo competitivo, lo saneó económicamente. Lejos es el mejor dirigente del plantel en sus 100 años por tantas cosas buenas que le entregó a la institución en todos los aspectos. Dejó atrás las épocas malas, negras, paró el equipo, nos mantuvo al día, superó todos los problemas”.

¿Qué significan 100 años para el DIM?

“Es demasiada historia, son muchas historias por contar. No se necesita ser el más ganador y el más exitoso para sentir la pasión de la hinchada roja. Hay que estar adentro para sentirla y conocer el amor incondicional que se genera. Los 100 años se quedan cortos para tantas sensaciones especiales”.

¿Un hecho inolvidable con el Medallo?

“Un día me llamaron al lobby del hotel, concentrado con el DIM, llegó un hincha invidente que vino de Nueva York y me quería conocer. No podía ver mis goles ni mi rostro y sí que menos el color rojo del plantel, pero me tocó y me hizo sentir la verdadera pasión que significa esta institución agradeciéndome por las cosas lindas que habíamos hecho con el conjunto. Me robó muchas lágrimas y me puso la piel de gallina”.

¿Qué le ha faltado al equipo?

“El club ha pasado por muchos momentos difíciles y malas administraciones que no lo han dejado ser más grande. Con su hinchada, fuerza y sentimiento debería ser más exitoso, contar con su sede y proyectarse mejor. Ojalá este centenario sirva para que se consolide como empresa y fortalezca su base”.

¿Y de la hinchada del DIM qué?

“Hay un fenómeno extraño con el rojo. El hincha continúa fiel, pero antes iban 30.000 por juego y eran incondicionales pese al sufrimiento y a los fracasos. Y apenas empezó a ganar se volvió más exigente y eso que el equipo lleva seis finales en una década. No se puede criticar y juzgar a la hinchada, porque las malas administraciones la han hecho desistir, se acomodó un poco en los últimos años cansada de las malas administraciones. Claro que el amor por el equipo sigue intacto y muy vivo”.

 

Pelé quiere seguir siendo el rey durante 200 años más

Pelé vive agradecido con Dios por "las bendiciones que ha dado en 72 años de vida".

Pelé vive agradecido con Dios por "las bendiciones que ha dado en 72 años de vida".

Valió la pena intentar ocho meses para conseguir esta entrevista con Pelé, porque a sus 72 años O’ Rei le hizo a El Colombiano una promesa similar a la que le formuló en 1950 a doña Celeste, su madre.

A ella le prometió, cuando apenas tenía nueve años de edad y mientras veía llorar a su padre, Dondinho, tras la pérdida de la final de la Copa Mundo que Brasil disputó con Uruguay, en pleno Maracaná, que cuando creciera y jugara en el equipo, “Brasil será el campeón del mundo”.

En 2014, 64 años después  de ese juramento, Edson Arantes Do Nascimento, en su condición de imagen y promotor del fútbol mundial, cuenta que, con motivo de la Copa Mundo de ese año, hará todo lo que esté a su alcance “para ver a mi hijo sonriendo por un nuevo título de Brasil y en casa”.

Edson, nombre al que el notario que lo registró le omitió la i (ya que la idea de su papá era que se llamara Édison), tiene planes y, además de ser anfitrión del Mundial, espera: ser dos siglos más el mejor futbolista de la historia.

Esta leyenda viviente del fútbol aún tiene fresco el recuerdo de aquella vez cuando el entonces árbitro colombiano Guillermo Chato Velásquez lo expulsó en un partido que jugó con Santos, en el estadio El Campín; dice apreciar al pueblo colombiano; no deja de admirar el fútbol de Carlos Pibe Valderrama; y tiene claro que Falcao García será de los mejores del fútbol cuando “se pruebe en un Mundial”.

 

¿Usted ha dicho que ninguna de las grandes estrellas de la actualidad lo superan y sus estadísticas así lo indican, pero ¿vislumbra a su posible sucesor?

“Me mantengo en la misma posición, porque mi padre y mi madre cerraron la fábrica hace mucho tiempo”.

 

¿Cuál es el futbolista que más admira o admiró?

“A muchos del pasado y a varios del presente. Siempre me han generado admiración Didi, Zito, Garrincha, Di Stéfano, Yashin, Beckenbauer, Maldini, Mazzola, Zidane, Maradona, Messi, Zico, Neymar, Francescoli y George Best, entre otros”.

 

¿Hubiera sido más ídolo si en su época hubiese existido la internet?

“A mí me da lo mismo con o sin internet. Gracias a Dios sigo siendo respetado en todo el mundo”.

 

¿Antes de usted no hubo un mejor jugador en la historia, pero después sí han intentado poner a muchos. ¿Le gusta esa calificación y cómo ve las comparaciones?

“Quiero ser el mejor dos siglos más. Espero que en 200 años los torcedores sigan haciéndome fuerza y continúen calificándome como el mejor jugador de la historia. Eso quiero”.

 

¿Para Pelé qué es el fútbol, la vida y la eternidad?

“Para mí el fútbol es el mayor medio de comunicación entre los pueblos del mundo. Considero que la vida es para ser vivida y la eternidad es de Dios, por eso se la dejo a Él”.

 

La historia cuenta que usted lloró de niño con su padre cuando vieron perder a Brasil el Mundial de 1950, ¿será que ahora le tocará reír en Brasil-2014?

“Recuerdo que en 1950 vi llorar a mi padre por la derrota  1-2 ante Uruguay. En 2014 quiero ver a mi hijo sonriendo por un nuevo título de Brasil seguramente en un gran torneo que haremos en casa”.

 

¿Por qué el fútbol ha sido reacio a las ayudas tecnológicas -como lo hacen otros deportes-, quizás por miedo a perder polémica al quitarle protagonismo a la televisión y a que el público se aleje?

“Porque el fútbol es un deporte muy dinámico y existen, están comprobadas, a través de la historia, muchas situaciones que no se pueden resolver con la tecnología”.

 

¿Hacia dónde nos conduce el balompié: a ser más especulativos y ultraconservadores, con técnicos que imprimen sello personal con esquemas defensivos trabajados en tableros, o a un fútbol dinámico que propicia el espectáculo?  

“En mi humilde opinión, en el fútbol siempre tiene que haber una combinación de los dos aspectos. Claro que la dinámica y el espectáculo depende de cada entrenador, es su decisión si utiliza la una, la otra o las dos”.

 

¿Se atrevería a dar un top-5 de los mejores jugadores del mundo y por qué?

“No, porque no es justo, en un medio de tantos buenos jugadores, escoger sólo cinco”.

 

Pelé en sus comienzos con Santos cuando vino a Colombia.

¿Qué opinión le merece el colombiano Falcao García? Cree que es un goleador nato o un delantero con gol?

“Es un gran jugador, vive un lindo presente y tiene mucho futuro. Sin embargo, todavía no ha probado su talento en una Copa del Mundo. Habrá que verlo en un torneo de esta dimensión”.

 

¿Alguna vez, antes del Mundial de E.U.-94, usted habló maravillas del Pibe Valderrama. Si ha seguido el fútbol colombiano de hoy, considera que es mejor jugar con un 10 fijo que distribuya juego o, por lo difícil que es conseguirlo, eliminar esa figura en la Selección y jugar con una doble línea de creación?

“Un jugador grande como Carlos Pibe Valderrama siempre tenía que estar en la cancha para hacer agradable el juego. La utilización o no de un creativo en la Selección Colombia, el estilo, la propuesta o la táctica, depende de cada entrenador. El técnico es quien decide cómo jugar, él es el responsable del sello personal”.

 

¿Cuáles han sido las diferencias entre el Pelé jugador, padre de familia, relacionista e ídolo?

“Dios me ha ayudado a convivir con todas esas situaciones lindas de mi vida. Después de tantos años en todo esto, hoy no les veo ninguna diferencia a esas funciones”.

 

¿Qué recuerda de ese día que lo expulsó Guillermo Chato Velásquez, el 17 de julio de 1968, y tuvieron que regresarlo de nuevo al partido en Bogotá con Santos?

“En mi carrera de futbolista siempre fui muy bien tratado por el pueblo colombiano. Esa vez que fui a Bogotá fue algo lindo saber que la gente me quería de regreso en la cancha luego de que el árbitro me expulsó de manera acelerada. La anécdota siempre será inolvidable, porque después el que salió fue el juez por orden del pueblo, porque me quería ver”.

 

Pelé se mantiene como el mejor de la historia del fútbol en el mundo.

 

¿Ha albergado algún día el sueño de ser presidente de Brasil?

“Nunca he tenido esa pesadilla. A pesar de haber sido ministro de Deportes en Brasil, jamás pensé en ser presidente o en seguir una carrera política”.