Los hinchas le hacen autogoles a Nacional

El Atanasio Girardot vacío le produce tristeza al técnico Juan Carlos Osorio, a los jugadores y a los que amamos el fútbol.

El Atanasio Girardot vacío le produce tristeza al técnico Juan Carlos Osorio, a los jugadores y a los que amamos el fútbol.

Está garantizado que nadie le reprochará a Nacional si no agrada con su propuesta, pero tampoco se escuchará un solo aplauso desde las tribunas del estadio Atanasio Girardot si un jugador protagoniza uno de esos partidos inolvidables.

Ignorar la soledad que predominará en el escenario podría ser el máximo reto del conjunto antioqueño, que ya sabe la impotencia que genera jugar sin público o como local en una plaza ajena, porque desde 1975 sintió el rigor de las sanciones o el destierro por incidentes en los que se han visto involucrados varios de sus seguidores.

Será una tarde-noche muy triste, porque el fútbol es para agradar a la fanaticada, pero nos tocó recibir a Patriotas a puerta cerrada y de verdad que no olvidaré esta jugada en contra”.

Este es el sentimiento que embriaga al técnico Juan Carlos Osorio, quien admite que jamás había pensado en dirigir un compromiso oficial en estas circunstancias.

Igual le pidió a sus dirigidos recibir a los boyacenses con la motivación que siempre les generará a los profesionales de la pelota buscar tres puntos. Su intención y la del grupo será jugar la sexta fecha de la Liga Postobónpor el compromiso con la institución ignorando la soledad que estará como la invitada especial por culpa de los que supuestamente aman al club.

Tristes antecedentes

Humberto Turrón Álvarez, el gran 10 y capitán de Nacional campeón en 1954, aún no entiende “por qué dejan jugar en un estadio vacío si la razón del fútbol es el aficionado, que con un aplauso lo hace sentir a uno el mejor”.

Algo similar piensa el legendario Herman Cuca Aceros, volante de Colombia en el Mundial de Chile-62, quien asegura piensa que “la consigna del futbolista es tener respeto por el que paga la boleta, el hincha, lo más sagrado para un deportista y el que siempre debe estar es alentando en las tribunas”.

El historiador Juan Manuel Uribe recuerda que en 1975 Nacional fue anfitrión en la antigua cancha de Fabricato (en Bello) en un partido que perdió 1-2 con Quindío por incidentes entre los directivos del equipo con los del Cúcuta.

Otro antecedente lamentable fue la penalización de la Conmebol en 1990 en cuartos y semifinal de la Copa Libertadores. Por amenazas a los árbitros repitieron el 13 de septiembre el duelo del día 6 con el brasileño Vasco da Gama, pero en Chile, donde también le tocó recibir al Olimpia.

Juan Osorio se asombró más cuando supo que a su escuadra también le tocó jugar a puerta cerrada en 2009 ante América y  el clásico 222 del 11 de mayo de 2002. Ese día fue visitante y no hubo gente en el Atanasio, sólo unos muñecos de madera en las gradas, porque hinchas de ambos equipos generaron pánico dos meses antes.

Será la primera vez para Osorio y varios de sus jugadores tendrán como espectadores las sillas multicolores, pero al menos actuarán en su estadio, ya que en 2000 le tocó recibir al América en Pereira y en 2011 al Qundío en Ditaires y al Itagüí en Guarne, todo porque algunos de sus hinchas no miden sus acciones y con su fanatismo terminan afectando a Nacional.

 

La doble moral hace que el fútbol colombiano retroceda

Los mismos directivos no se ponen de acuerdo y se hacen quedar mal en el fútbol colombiano.

Los mismos directivos no se ponen de acuerdo y se hacen quedar mal en el fútbol colombiano.

Así es el fútbol colombiano, cuando los resultados internacionales de los equipos parecen mejorar y la Selección empieza a convencer aparece un escándalo que nos devuelve a la normalidad: jugadores pensando sólo en la plata y sin sentido de pertenencia, directivos de poca gestión o tratando siempre de acomodarse para esquivar los impuestos, hinchas inconformes y poca proyección.

Esa frase del presidente Fernando Salazar “los jugadores de hoy son una prostitutas vestidas con uniforme de fútbol” fue muy pesada, de mal gusto e irrespetuosa para los que viven de la pelota, pero sirvió para ratificar la doble moral y la falta de unión que reina entre los que responden por el deporte más popular de este país.

Porque así como no le quedó bien hablar mal de los deportistas al mayor accionista del onceno dorado, tampoco es válido que un directivo viole los “códigos de camerino” haciendo públicas conversaciones de una asamblea que sólo deben quedar entre los responsables de los equipos. Si el colega de Salazar le entregó lo confidencial a un medio de comunicación es porque tampoco le duele el fútbol nacional  y sólo buscaba “vengarse” por razones que sólo el sabe y que merecen ser investigadas por la Dimayor y la Federación Colombiana.

La idea en este artículo no es validar la salida en falso de Fernando Salazar, pero debe conducir a la reflexión a futbolistas, técnicos y dirigentes, porque no tiene presentación que en pleno siglo XXI, cuando los ingresos por mercadeo y venta de derechos son millonarios, algunos jugadores se presten para hacer contratos con sueldos irrisorios, con la disculpa de que los ingresos por publicidad no hacen parte de la nómina, olvidando que cuando tienen problemas de invalidez (caso Arley Dinas, Diego Cortés y Luis Fernando Montoya) es donde llegan los arrepentimientos.

Eso, más el veto de jugadores (que sí existe en Colombia y he sido testigo de ellos en mis 17 años de periodismo deportivo; también dicho por varios deportistas que lo han sufrido), porque hacen respetar sus derechos, la manera desleal como los directivos intentar llevarse los deportistas sin terminar los contratos y los continuos pagos atrasados, porque en Colombia si seis conjuntos de los 36 pagan a tiempo son muchos, hacen que nuestro balompié en vez de progresar de un paso atrás. 

Es en este momento en el que recuerdo las entrevistas con Humberto Turrón Álvarez y Alfredo Di Stefano, ídolos para siempre. Turrón me dijo el año pasado “yo jugaba por amor, a veces ni me pagaban y eso era secundario, porque me interesaba era sudar la camiseta”. Y sentado en su oficina del estadio Santiago Bernabéu, la casa del Real Madrid, Di Stéfano recordó también en el 2012 que “en mi época en Argentina, Colombia y España derrochábamos sentido de pertenencia y lo único que nos preocupaba era agradarle a la gente jugando bien al fútbol“.

Eso para decir que en la actualidad y en Colombia lo único que desvela a jugadores y directivos es la plata. Por ello tantos escándalos y contradicciones que ratifican que nuestro fútbol todavía no es profesional y cada día retrocede, pese a que tenemos representantes en las principales ligas del mundo.