Wílmar Roldán también sabe ser padre de familia

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Wílmar Roldán pita finales internacionales, sabe cambiar pañales, preparar teteros y hace frijoles.

Recoger diariamente a su hija Mariana, a las 5:00 p.m., es un deber sagrado cuando está en Medellín. Y mientras llega su esposa Lorena Fernández, el mejor árbitro del país en la actualidad tiene que convertirse en un niño para jugar con su pequeña.

Así de especial con los suyos es el hombre que dirigió la final de la pasada Copa América entre Chile y Argentina, y el colombiano que siempre le dijo no a los violentos en Remedios, porque quería ser el juez número uno de Colombia. Para ello se hizo operar a tiempo del miedo y por eso es respetado en el exterior y en la Liga Águila, en el que ha pitado varias finales.

¿Cómo se define?
“Soy una persona amable, leal, honesta y disciplinada, que mira la vida positivamente”.

¿Y de papá qué?
“Trato de ser un buen papá, ya que no tuve padre. Me gusta dar buen ejemplo, recojo a mi hija Mariana en la guardería, juego con ella, cuando me tocó le preparé teteros y soy feliz con todo lo suyo”.
¿Sabe cocinar?

“Lo básico: arroz, carne, huevos, jugos, frijoles con plátanos y otras comidas”.

¿A qué le teme?
“A la soledad”.

¿Qué lo hace feliz?
“La presencia de mi familia, pitar partidos importantes y llevar mensajes de superación en las comunas partiendo de la enseñanza de la norma, la prevención de la violencia y la promoción de la convivencia, ahora que trabajo como gestor pedagógico con el Inder”.

¿Ha leído la Biblia?
“Algunos apartes, porque oro mucho y le agradezco a Dios. Me inclino por el Señor de Los Milagros, la Virgen María y el arcángel San Miguel”.

¿Qué libros lee?
“Me gusta el realismo mágico de Gabriel García Márquez, pero en la Copa América de Chile me compré el libro Confieso que he vivido de Pablo Neruda y me pareció bueno, porque recopila su historia”.

¿Va a Misa?
“Todos los domingos de manera sagrada”.

¿Sabe bailar?
“Bailo bien porro, vallenato y reguetón. Me cuesta la salsa”.

¿Es marquillero?
“No soy obsesivo con las marcas, pero trato de comprar lo que me hace sentir cómodo”.

¿Le cree al proceso de paz?
“Es un proceso muy discutido, porque están dialogando y matando, y ese no es el camino. Debe ser una cosa más seria y con mayor conciencia”.

¿Ha comido algo raro?
“En Singapur comí culebra asada con pastas. Uno la escoge y a los 15 minutos te la traen bien servida y con sabor a pollo”.

Mariana, su hija, qué significa para usted?

Es la niña inteligente que me brinda amor y felicidad. En los momentos críticos del arbitraje es una de las pocas que es capaz de sacarme una sonrisa y me despeja la mente”.

¿Qué hace cuando no pita?
“Trabajar en el Inder Medellín y puebliar con la familia”.

¿En Colombia se puede vivir del arbitraje?
“Infortunadamente, todavía no, porque no es buen pago como en los otros países y por eso toca tener otros empleos”.

¿Qué lo ha marcado?
“Parto es de los aciertos, los errores los desecho de mi mente. Vivo de las finales que he pitado, llevo seis en Colombia y cinco internacionales”.

¿Por qué el arbitraje nacional suena en el exterior?
“Porque hemos tenido referentes, espejos para mirar y emular, caso de José Joaquín Torres, Armando Pérez, Óscar Julián Ruiz y John Jairo Toro. Siempre vi que eran capaces y me dije ‘un día yo también seré capaz’, porque soy colombiano como ellos y nosotros cuando nos proponemos algo lo cumplimos”.

¿Ha sentido miedo?
“A mi me operaron hace mucho rato del miedo, porque viví en Remedios en una época violenta con guerrilla, paramilitares y ejército, cuando mataban a todo el mundo. De joven me tocaba levantarme y saber de 15 o 20 muertos en el pueblo y luego de vivir esas situaciones tan adversas a lo único que uno le puede tener miedo es a la muerte”.

¿Tuvo malos ofrecimientos?
“Muchas veces ofrecieron que me fuera de guerrillero o paramilitar, pero me incliné por el arbitraje y no me dejé tentar por grupos armados”.

¿Quién es su heredero en el arbitraje colombiano?
“Tocará esperar, porque aún no aparece el que uno diga este será mi sucesor. Igual, hay varios jueces que pintan bien como Gustavo González, de Antioquia; Gustavo Murillo, del Chocó; Carlos Betancur, del Valle y Nicolás Gallo, de Caldas”.

¿Qué le falta al arbitraje colombiano?
“Profesionalización, porque estamos en desventaja con todos los sectores relacionados con el fútbol, porque son profesionales y nosotros no”.

¿Cuál torneo lo marcó?
“Amo la Copa Libertadores, ese torneo representa mucho para mí, me emociona y apasiona. Los juegos son diferentes y el ambiente maravilloso”.

¿Es un hombre feliz?
“Sí, gracias a Dios, ya que tengo salud, familia, el cariño de mi esposa, e hija, y tres o cuatro amigos verdaderos con los que siempre puedo contar”.

¿Cómo califica a su hermano Miguel Roldán?
“Mostró madera como asistente, tiene condiciones, le dije que escogiera y va bien, tiene sangre y ganas. Lo aconsejo porque a futuro va a ser el mejor asistente de este país”.

¿Qué le falta en el arbitraje?
“Creo que he cumplido, pero todavía me quedan varios años y aspiro a llegar a fases importantes de una Copa Mundo de mayores, eso sería meritorio para ponerle un sello a mi carrera tan brillante”.

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