¿Marcianos? !Si hasta he jugado con ellos!

Hola Galileanos!!
Al comenzar un año recién desempacado, listo para el despegue de motor y colgarle las muchas buenas intenciones con las que nos agarran las medianoches del 31 de diciembre, me alegro de saludarlos y confiar en que en este nuevo ciclo del calendario tendremos magníficas y buenas noches de observación celeste, como siempre soñamos, pedimos, anhelamos y pocas veces gozamos.

Y, dirán ustedes, ¿pero es que no hay vacaciones para este Blog? Nooo! Ya es tiempo de comenzar, de hacer que los días y sus noches tragan muchas historias y fantásticas oportunidades para la astronomía y todas las ciencias, actividades y cosas que la rodean. Aquí damos arranque al primero de los aportes del año, que si bien estaba en el tintero desde hace varios días, también va siendo hora de que fluya, salga a al luz y se deje ver al escrutinio de todos ustedes, nuestros lectores.

Típico hombrecillo verde, cortesía de la ciencia ficción y la ufología.

¿Marcianos?
Dícese, apreciados Galileanos, que los marcianos son aquellos seres que habitan el planeta Marte, tan cercano a nuestra Tierra contaminada y llena de fulanos jugando a presionar el botón de la bomba nuclear uno antes que el otro. En realidad, y hasta la fecha de publicación de este post, no tenemos datos verídicos que nos confirmen la presencia de cualquier forma de vida en ese planeta, por lo que tendríamos que asumir que los marcianos no existen. Sin embargo, la literatura fantástica, las especulaciones y la ciencia ficción se han empeñado, a veces con algo de éxito, en crear imágenes o representaciones de lo que tal vez pudiera considerarse como un ser extraterrestre, un alienígena o un organismo vivo con pasaporte interplanetario.

¿Temor a lo desconocido?
Hagamos un giro temporal en el tema para darle un poco de contexto a este asunto: la ciencia ficción se ha empleado a fondo para crear, aunque sea imaginariamente, algunas explicaciones que sustenten lo que para muchos de nosotros traduce aquello de vida extraterrestre. Y es que, en tanto no tenemos ni la menor confirmación de que aquello existe, solo nos resta suponer que tal vez, en alguna parte de la Galaxia, o de alguna de las galaxias vecinas, haya algo similar a lo que por aquí llamamos vida, con el apellido natural de “humana”, razón por la cual creamos toda clase de humanoides, de personajes con brazos elásticos, estaturas de todas las medidas y hasta colores de piel que bien parecen sacadas de la paleta de algún pintor de la sicodelia. Casi todos los intentos que hacemos al representar humanoides o extraterrestres terminan creando criaturas parecidas a nosotros, aunque un poco más feos, deformes, malolientes o de rarísimas costumbres alimenticias, sólo por tocar algunos aspectos. En suma, cuando los humanos terrícolas inventamos las formas de vida extraterrestres, las dominamos mentalmente y sentimos que tenemos todo el poder sobre ellas, en gran medida porque las películas, con sus respectivas excepciones, ponen a los extraterrestres como salvajes destructores y devastadores de la especie humana y necesitada de actores como Will Smith (en Independence Day) para salvarnos.

Y tantos otros nombres
Volviendo al curso del relato, háganse a la idea de que además de los marcianos existen los venusinos, los jovianos… y así, infinitos gentilicios como planteas, exoplanetas o lunas con potenciales de vida existan en el universo infinito. Digamos, en este punto, que lo de menos es el lugar del que procedan, !con tal de que algún día sepamos que existen! La ilusión de hallar vida por fuera de nuestro planeta concentra hoy el interés de infinitos grupos de científicos e investigadores, con herramientas de apoyo tan importantes como la exobiología, de la que ya hablaremos en otra entrada. Este, entre otras, es uno de los temas que recomiendo estudiar a profundidad, dada la inmensa y plenamente disponible cantidad de información que científica y juiciosamente se ha construido y valorado en los últimos años. Baste recordar que apenas en menos de una década hemos incrementado sustancialmente la capacidad de hallar nuevos cuerpos celestes con la capacidad potencial de albergar vida similar a la nuestra, de contener agua y de recrear las mínimas condiciones que la especie humana necesitaría para llegar, asentarse, consumir y destruir.

Consola Atari 2600, típicamente ochentera.

Y, al fin, ¿con cuáles marcianos he jugado?
!Pues con los del Atari! En la misma línea de que los humanos debemos ser capaces de identificar y destruir esas extrañas formas de vida extraterrestre, la legendaria casa de video juegos publicó uno de sus más exitosos títulos ochenteros, con el que aún hoy en día disfruto de algunas partidas. Los viejos marcianitos (Space Invaders), ordenados en filas y siempre atacando la superficie terrestre, hallaron su muerte y destrucción de las manos de miles de niños y jóvenes que pulsamos un botón rojo en la palanca del viejo joystick negro y cuadrado. Finalmente, hasta para ese tipo de juegos han servido las ideas de vida más allá de la atmósfera terrestre, y sin duda alguna seguirá funcionando del mismo modo, aunque la ciencia persevere en sus esfuerzos por exponer las demostraciones y verificaciones de sus hallazgos, cada día más frecuentes. Claro, nadie niega lo divertido de los video juegos, pero sí que caerá bien empaparse de nueva información sobre los fenómenos de nuestro universo, de aquellas potenciales nuevas condiciones de vida en cuerpos lejanos, y de la permanente ilusión de que más temprano que tarde tendremos que buscar nuevas casas para vivir. Entre tanto, cerremos esta entrada con la imperiosa necesidad de recordarnos la indispensable tarea de cuidar la Tierra que tenemos. Finalmente, pareciera que somos nosotros quienes nos empeñamos en destruir el planeta con toda la fuerza de nuestras capacidades, y de seguir así no dejaremos mucho que digamos a esos potenciales y peligrosos seres extraños que nos asechan desde sus potentes naves espaciales.

Soy Juan Pablo Ramírez, un apasionado de la ciencia y la tecnología, en especial del mundo en crecimiento de Internet. Hace años, desde cuando era muy niño, tengo en la mente el instante en el que mi papá me llevó a conocer el Planetario de Medellín. Con apenas un año de funcionamiento, y en quinto grado de primaria, recuerdo una mañana de domingo en la que pude disfrutar de una proyección que aún hoy se proyecta para los niños de Medellín: "La luna visita al sastre", y que toca el tema de las fases del satélite natural de la Tierra. Con base en las fases de la luna, y con la experiencia inolvidable del paso del cometa Halley, mi pasión por el cielo y por la astronomía tuvo un espacio idóneo para crecer y fortalecerse. Hoy con ustedes, los amigos del Blog Galileanos, puedo darle rienda suelta al sueño de conformar una gran comunidad de observadores del cielo en la Medellín que habitamos y que tanto queremos. Sque su telescopio, sus binoculares o simplemente sus ojos!! La noche nos espera llenos de atractivos únicos, de historias y mitologías inolvidables, que poco a poco y con paso firme, se quedan grabadas para siempre en la memoria y en los mejores recuerdos. Este Blog es tan suyo como la luna y las estrellas, así que adelante!! Úselo y disfrute del mundo que nos rodea!!

2 comments

  1. Jorge   •  

    Muy agradable tu escrito y de que existen ,existen,lo que no entiendo porque tan demorados para salir a la luz pública,o será que las intenciones no serán las mejores,amanecerá y veremos,un saludo.

  2. Juan Pablo Ramírez Juan Pablo Ramírez   •     Autor

    Hola Jorge! Gracias por escribir. Sobre tu pregunta, la cosa es que todavía no tenemos datos “verificables” en nuestro contexto, aunque sin duda alguna será un asunto de tiempo, y de prepararnos para entender un fenómeno natural que posiblemente transforme nuestra forma de concebir el mundo.
    Saludos!!

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