Vero Astronauta, o la historia de una viajera de hojalata

El Sol, captado con un telescopio Celestron y un filtro de la misma casa fabricante. Toda una experiencia.

El Sol, captado con un telescopio Celestron y un filtro de la misma casa fabricante. Toda una experiencia. Foto: Juan Pablo Ramírez

 Fugaz, como una estrella
 anduvo un camino
 sin rumbo fijo
 con ansias dulces
 de alcanzar a esas
 sus amigas distantes
 en el mismo cielo estrellado
 que noche a noche
 quiso apreciar
 aunque sus ojos durmieran
 y el sueño debiera esperar.

Hola Galileanos!!

Esta es la primera vez que les escribo una entrada con inicio sentimental o, cuando menos, haciendo el mejor esfuerzo porque así lo parezca.

En este post les voy a contar la historia de Vero Astronauta, una kombi Volkswagen que me acompañó apenas un par de veces a cumplir un sueño, de tantos que llenan el inventario, en estas lides geniales de acercarse al cielo y disfrutarlo cada noche, una y otra vez, como si se tratara de la primera experiencia de vida al telescopio.

Y, bueno, al llegar a este punto se preguntarán ustedes ¿Cómo que la historia de un carro, en el Blog de Astronomía? Paciencia, amigos! Ya verán que no estoy tan perdido como parece.

Un poquito de necesaria historia automotriz
A mediados de la década de 1960, y hasta 1979, Volkswagen fabricó uno de sus modelos más icónicos: la kombi tipo T2 en su versión cámper, o de viajes para hacer camping. Y digo icónico porque, si bien, todas las kombi se volvieron atractivas y deseadas, la versión de viaje fue menos conocida en nuestro medio y casi todas terminaron sus días destruidas, transformadas en carros de comidas o en vitrinas ambulantes.

Para los fanáticos de este tipo de carros, como yo, verlas en la calles con tales adaptaciones o destrozos a cuestas es más que doloroso, por lo que ver alguna en buen estado alegra el espíritu automotriz y pone a hervir las ideas y los sueños de lo que podríamos hacer a bordo de uno de estos vehículos.

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Aquí ven a Vero Astronauta, en una de sus mejores poses. Observatorio Astronómico del Recinto de Quirama. !Genial!

Y entonces, llegó Vero
En tanto los asuntos automotrices los traduce y expone mejor que yo mi gran amigo Juan Guillermo Moreno en Blogaraje, cerremos el tema anterior y pasemos al que puso en mi escena la historia que ahora les relato en esta entrada. Unos 15 años atrás, más o menos, un amigo y yo hallamos una de aquellas kombi de camping en un parqueadero de la ciudad. Era un encanto a los ojos, atractiva, linda, muy sexy ella, y de inmediato llovieron las típicas preguntas: ¿la venderán? ¿quién será el dueño? ¿hace cuánto la tendrán aquí? Y bueno, sumen las que se imaginen.

Luego de ese día, y cada cierto tiempo, pasábamos revista por el sitio aquel con la meta de verla de nuevo. A veces estaba, muchas tantas no, hasta que por años perdimos la pista y jamás tuvimos noticia alguna de aquella traga maluca.

Un día, con todo el asombro del mundo, !la volví a ver! Ante mi estaba ella, !la misma! En un sótano, muy bien conservada y con todo su sex appeal a flor de lata. Preguntas más, explicaciones de menos, los muchos años de ausencia habían terminado y de nuevo reventaron las ideas y los sueños en el baulito este de la imaginación, con un ingrediente aún más demoledor: !Me la vendían!

Por cosas del camino, de la vida y de los milagros en los que creo, la cámper llegó a mi parqueadero por una curiosa cadena de causalidades, en medio de un proyecto que contemplaba, como no, la observación del cielo. Muchos de aquellos años de anhelos y paciente ilusión me hicieron darle un nombre al imaginado juguete. Ella sería La Astronauta, y en tanto Verónica fue por años quien la tuvo entre sus manos, la kombi terminó con el nombre compuesto que da vida a la entrada de este Post.

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Aquí ven cómo los sueños se hacen realidad, cuando menos por un rato.

El Sol, gran afortunado
Entrados en aquello de vivir el sueño, de sentirlo real y tangible, me hice a un filtro solar Celestron NextStar 130 SLT destinado a un telescopio automático de 5 pulgadas de diámetro, ideal para quienes hacemos observación aficionada. A bordo de Vero Astronauta viajamos algunos kilómetros para disfrutar de una observación fantástica, aún para los más incrédulos. El Sol, entonces, fue el objetivo enfocado en el ocular del telescopio, y aunque las fotos no quedaron tan fenomenales como me las hubiera imaginado, cuando menos alguna quedó sirviendo para evidenciar el show de una bellísima tarde dominical.

Y, entonces, ¿por qué la nostalgia?
Pues porque, como muchas veces pasa, tocó despertar del sueño. Un día, como en los cuentos de hadas, llegó al castillo encantado el rey de aquella comarca y regresó a sus establos el bello corcel que andaba por fuera. En otras palabras, a Vero Astronauta le agarró la media noche y debió regresar al buen resguardo de su fiel y amoroso padre y compañero de luchas o, en este caso, de viajes. Así, un día de aquellos, de tantos, o de los otros, la fantasía rodante partió a vivir nuevas experiencias lejos de aquellos sueños y anhelos de años y años de tanta imaginación y astronómicas ideas.

Y así, como el galán que corteja a la dama preciosa e inalcanzable, confío verla de nuevo desde alguna ventana, radiante y graciosa, como siempre, ojalá de camino a una nueva experiencia de observación del cielo, de la luna, de un eclipse o de una nueva experiencia solar. Finalmente, cuando los sueños habitan en la mente, siempre corren el riesgo de hacerse realidad.

Soy Juan Pablo Ramírez, un apasionado de la ciencia y la tecnología, en especial del mundo en crecimiento de Internet. Hace años, desde cuando era muy niño, tengo en la mente el instante en el que mi papá me llevó a conocer el Planetario de Medellín. Con apenas un año de funcionamiento, y en quinto grado de primaria, recuerdo una mañana de domingo en la que pude disfrutar de una proyección que aún hoy se proyecta para los niños de Medellín: "La luna visita al sastre", y que toca el tema de las fases del satélite natural de la Tierra. Con base en las fases de la luna, y con la experiencia inolvidable del paso del cometa Halley, mi pasión por el cielo y por la astronomía tuvo un espacio idóneo para crecer y fortalecerse. Hoy con ustedes, los amigos del Blog Galileanos, puedo darle rienda suelta al sueño de conformar una gran comunidad de observadores del cielo en la Medellín que habitamos y que tanto queremos. Sque su telescopio, sus binoculares o simplemente sus ojos!! La noche nos espera llenos de atractivos únicos, de historias y mitologías inolvidables, que poco a poco y con paso firme, se quedan grabadas para siempre en la memoria y en los mejores recuerdos. Este Blog es tan suyo como la luna y las estrellas, así que adelante!! Úselo y disfrute del mundo que nos rodea!!

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