Colombia internacional: ¿mito o realidad?

Hace dos décadas Colombia dio inicio a su “Apertura Económica”. Después de 20 años, hay suficientes argumentos para preguntarnos hacia dónde nos ha llevado esta “internacionalización” de la economía colombiana.

Hay razones para preocuparse. La apuesta de nuestra internacionalización se apoya en doctrinas que predican: apertura de nuevos mercados, generación de valor agregado, innovación y desarrollo. Pero hoy, la economía colombiana sigue enfrentando retos fundamentales que fueron planteados a finales del siglo pasado. Veamos:

  1. Diversificación de oferta exportadora.

Según estas cifras de DANE y DIAN, citadas por el Ministerio de Hacienda, las exportaciones manufactureras colombianas han tenido un mal desempeño desde mediados de 2008. Según estos datos, sólo en el primer semestre de 2010, las exportaciones manufactureras habrían caído casi 8%. Y la explicación es  muy simple: caída en las exportaciones a Venezuela.

                                       Gráfico diseñado por Minhacienda

En otras palabras, exceptuando el mercado venezolano, Colombia le exporta al mundo, fundamentalmente, materias primas. O sea, que en 20 años no hemos logrado una verdadera diversificación de nuestra oferta exportadora y, por ello, una crisis binacional se traduce en caídas tan representativas.

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Salarios altos o salarios bajos

Es común escuchar decir que China es competitiva porque tiene salarios muy bajos y que eso es lo que hace que se destruyan empleos en el resto del mundo. Esto es parcialmente cierto. Según el South China Morning Post, el salario mínimo de las provincias costeras de China y de Beijing estaría entre 90 y 100 euros aproximadamente para el año 2010.

Evidentemente, si comparamos este salario con los, aproximadamente, 200 euros de los colombianos en la actualidad, entonces nos encontraríamos en una clara desventaja. Pero, quiero traer a colación dos ejemplos para desvirtuar parcialmente este argumento. El salario mínimo en Cuba puede estar cercano a los 15 dólares mensuales, o sea, unas seis veces menos que China. Pero, hasta ahora no he oído decir que la economía cubana es más competitiva que la del país asiático.

Otro caso podría ser el de Estados Unidos, país donde un trabajador raso puede estar cobrando unos 8 ó 10 dólares por hora de trabajo, lo que se puede traducir en aproximadamente 1300 – 1600 dólares al mes, para una jornada de tiempo completo. Sin embargo, tampoco se puede decir que la economía colombiana es más competitiva porque los salarios son más bajos que los de Norteamérica.

Entonces, ¿dónde está la explicación de este tema? El punto central es que no podemos analizar los valores absolutos de los salarios, sino los relativos. En otras palabras, lo importante no es saber cuántas unidades de dinero recibe un trabajador, sino cuanto valor produce una unidad de salario. En otras palabras: ¿con un dólar de salario cuánto produce un gringo, un chino, un cubano o un colombiano? Y ahí si podríamos saber en qué país los costos laborales son más bajos.

Venezuela: incómodo pero necesario vecino.

Principales exportadores

No quiero hablar de política. Quiero hacer unos comentarios argumentados sobre las relaciones económicas de Colombia con Venezuela. Es necesario reflexionar sobre la importancia del mercado venezolano para la economía colombiana.

Cuando estudias el comercio exterior te das cuenta que se señala a los países del Norte  como los grandes mercados de las naciones en vía de desarrollo. Por eso, Estados Unidos, La Unión Europea y Japón se han convertido en los principales objetivos de las exportaciones de América Latina, Asia y África. Bueno, ahora China se erige como el nuevo gran mercado.

Sin embargo, todos estos mercados tienen en común que son nuestros compradores de productos genéricos, la mayoría fundamentales para el desarrollo de sus economías industrializadas: combustibles y materias primas de origen vegetal, mineral y animal. Digamos que son productos “básicos” y que, por ende, difícilmente los dejarán de comprar.

Caso contrario es lo que sucede con Venezuela. Para Colombia, los patriotas no sólo significan el segundo comprador de nuestras exportaciones, sino que eran (antes de la crisis) nuestro principal consumidor de bienes manufacturados (ver gráfico de Fedesarrollo).

Fuente: Fedesarrollo. Según este gráfico, antes de que Venezuela anunciara su salida de la CAN, la expansión de la economía colombiana, y particularmente de sus exportaciones manufactureras, se explicaría por el peso del mercado venezolano. Por ejemplo: el 20% de las exportaciones a Venezuela eran vehículos, a la vez que el 80% de los vehículos que exportaba Colombia al mundo iban dirigidos al mercado venezolano. Con las confecciones pasaba algo similar: 16% de las ventas a Venezuela eran confecciones a la vez que este país era el receptor del 50% de las confecciones que Colombia exportaba. Definitivamente Venezuela es un mercado estratégico para la economía colombiana.

En pocas palabras, Venezuela nos compraba valor agregado, o sea, productos procesados que tienen un mayor precio en el mercado, que ocupan más mano de obra y, por ende, generan más riqueza. Si miramos los mercados mundiales, notaremos que la mayor parte del comercio mundial se da entre las economías industrializadas (ver mapa del Sciences Po). Y esto no es gratuito. El comercio mundial creciente es el de productos de alto valor agregado, por ende es el de productos que se hacen con avances de ciencia, tecnología e innovación.

Fuente: Instituto de Ciencias Políticas de París – Sciences Po- El mapa muestra los 10 mayores flujos comerciales del mundo, destacándose que los primeros nueve se realizan entre Europa, Norteamérica y el Este Asiático. Sólo sobresalen, en el 10º puesto, las exportaciones de América Latina hacia Norteamérica.

Lo anterior explica que sean Europa, Norteamérica y el Este Asiático los principales exportadores del mundo. Por lo tanto, ante la crisis de relaciones con Venezuela, que ha traído como consecuencia la caída en las exportaciones al vecino país, la compensación que se ha logrado por el aumento de los ingresos por las ventas de petróleo, carbón, ferroníquel y otros commodities hacia Europa, Estados Unidos y China, no es equivalente, cualitativamente, a la pérdida del mercado venezolano.

En conclusión, la decisión del nuevo gobierno colombiano de tratar de mejorar las relaciones con Venezuela, la cual ha sido muy polémica desde el plano político, tiene asidero en la lógica económica: tener reglas claras con el vecino país para seguirle exportando e, incluso, tratar de preservar las preferencias arancelas de la CAN, -organización a la que éste país renunció-, debe ser un objetivo de las autoridades políticas y económicas colombianas, de cara a la recuperación de la economía y el empleo.

¿Se puede avanzar con la locomotora apagada?

El título de este artículo tiene una explicación muy sencilla: América Latina parece avanzar hacia la recuperación económica, pero Estados Unidos y Europa tienen economías deprimidas. ¿Es esto sostenible?

Después de la recesión viene la fase de recuperación económica. Y, eso es lo que hemos estado esperando desde mediados del 2009, luego de que las economías norteamericana y europea se desaceleraran a mediados de 2007 y se hundieran en una profunda crisis agudizada por la explosión de la burbuja de las subprime.

Pero las noticias que llegan del Norte no son muy alentadoras. Todo indica que el tibio proceso de recuperación económica comienza a enfriarse. ¿Qué es lo que pasa en el mundo que no permite que la economía mundial sane las heridas de esta profunda crisis?

Para empezar, digamos que el remedio, veces, es peor que la enfermedad: cuando los gobiernos de Bush y Obama en Estados Unidos, lo mismo que sus homólogos de Europa, detectaron la crisis, salieron al rescate de sectores y empresas que consideraban estratégicos para su economía.

La inyección de capitales a las automotrices y a la banca fue una receta que abrió otra herida, la del déficit fiscal. En consecuencia, será difícil mantener una senda de crecimiento con el boquete que se ha abierto en el camino.

Hace pocos días se celebró en Wyoming, Estados Unidos, el Simposio Anual de Política Económica Jackson Hole, al que asisten los banqueros centrales de casi todo el mundo. Y, de dicho evento, salió un halo de incertidumbre: parece que las autoridades económicas no ven recetas claras para empujar de manera definitiva la economía mundial hacia una sostenida y sostenible senda de crecimiento.

El caso es que los banqueros centrales de Europa y Norteamérica no ven claro el panorama: no hay mucho margen de maniobra con las tasas de interés, que ya han bajado bastante, y con el hueco fiscal no hay mucho que esperar en materia de gasto público.

Entonces, toman fuerza los pronósticos de una segunda recesión en menos de tres años. Y América Latina no es ajena a esta realidad. Si Estados Unidos y la Unión Europea no se recuperan, las correas de transmisión nos conectarán a la crisis: menos remesas desde España y Norteamérica, menos inversiones extranjeras y menos exportaciones hacia estos mercados.

¿Qué hacer para que el dólar suba?

Foto Cortesía

A comienzos de 2002, el precio del dólar superaba los 2.300 pesos; con la coyuntura electoral del momento, la incertidumbre por el proceso de paz con las Farc y un creciente mercado especulativo de divisas, el precio de la moneda norteamericana llegó a alcanzar los 2960 pesos en el segundo semestre del mismo año.

Sin embargo, superada la zozobra del caldeado ambiente político, la divisa comenzó un vertiginoso descenso que la coloca en la actualidad por debajo de los 2000 pesos. En consecuencia hoy hablamos de una crisis de revaluación que afecta a los exportadores, al turismo receptivo y al productor nacional que enfrenta una fuerte competencia extranjera, al aprovecharse de la fortaleza de nuestra moneda.

Esta situación, que se ha vuelto crónica (8 años de ininterrumpida revaluación) genera varias preguntas que amerita discutir:

¿Debe el Banco de la República tomar medidas más agresivas para frenar la revaluación o esperar y permitir la autorregulación del mercado?

¿Sería sano para la economía colombiana que se colocaran barreras a las entradas de capitales de corto plazo (los llamados capitales golondrina)?

¿Se debe tomar alguna otra medida?