Colciencias y Publindex: ¿miden lo que se debe medir?

Los hechos:

Colciencias funge como ente rector del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación -SNCTeI-. El nombre del sistema es bastante sugestivo ya que reconoce la relación entre la ciencia pura y dura y su aplicabilidad: las soluciones tecnológicas y las innovaciones.

El papel que juega Colciencias como eje articulador del SNCTeI no está exento de debates.

Durante los últimos años se cuestionaron los mecanismos para distribuir los recursos de las regalías del Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación del Sistema General de Regalías. Bajo la lupa de los más críticos siempre ha estado la politización en el manejo de dichos recursos.

De igual manera, por años se debatió cuál sería el modelo ideal de medición del desempeño de los grupos de investigación. El nuevo modelo comenzó a implementarse en 2013 y la desazón fue mayor cuando muchos grupos “élite” bajaron de categoría bajo los nuevos parámetros. Con el tiempo, las instituciones y sus grupos se han ído acomodando; pero aún persisten debates, entre otros el de las facultades de ciencias sociales y humanas que se consideran tratadas como “de segunda mano” con respecto a las investigaciones relacionadas con tecnología e innovación. Como se preguntaba un crítico que leí:  “¿Cuál es la relevancia de un estudio sobre la literatura colombiana del siglo xix? O, ¿por qué hay que apoyar una investigación sobre el impacto cultural del grafiti?”

Por último, Publindex hace tan sólo unas semanas reportó la evaluación de las revistas indexadas. El modelo de medición ha sufrido un cambio sustancial en el cual se incluye el índice H que se construye a partir del número de veces que los artículos publicados han sido citados en toda la web. Y ahí fue Troya nuevamente: casi el 60% de las revistas que habían sido indexadas en la medición pasada fueron descalificadas esta vez. O sea, de más de 500 revistas indexadas se pasó a poco más de 240.

 

Ideas para revisar los indicadores de medición.

1. Es evidente que las mediciones que se realizan están inspiradas (¿o más que eso?) por modelos extranjeros, particularmente de los países industrializados. O sea que el síndrome de la OCDE cruza directamente nuestro SCTeI.

Las dudas razonables tienen que ver con la pertinencia. Una cosa es que los países industrializados sean un referente y otra muy diferente es que se pueda copiar su modus vivendi. No se puede desconocer la importancia de la investigación para la competitividad, ni la importancia de investigaciones basadas en métodos cuantitativos. Pero eso no quita que un país como el nuestro -o el mundo loco de hoy- requiere de más humanismo y más estudios sociales: el post-conflicto no es un tema de cálculos suma cero, es un tema de repensar el modelo de convivencia social, política y económica. Esto sólo por poner un ejemplo.

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Por lo tanto, tiene validez el cuestionamiento a un sistema global que subvalora al método crítico o a los métodos cualitativos. En esa misma dirección es evidente que las publicaciones top, llámese Scopus o Isi (Web of Science), difícilmente aceptarán un artículo elaborado bajo estos métodos o que se ocupe de temas de interés “parroquial” (país, departamento, zona, etc.).

En otras palabras, no podemos confundir referentes con modelos a copiar. Nuestros investigadores deben preocuparse por los retos de nuestro país y la región, y necesitamos modelos de medición que valoren debidamente estos aportes.

2. A la hora de medir la labor investigativa en nuestro SCTeI, el reinado lo tienen los grupos de investigación y los papers. Y yo quiero sentar bases para un debate.

Un grupo de investigación estructura su trabajo en función de líneas, las cuales son permanentes y se dinamizan a través de los proyectos de investigación, los cuales son temporales. Como resultado de las investigaciones pueden obtenerse diversos productos: artículos científicos, libros, patentes, software, prototipos, diseños industriales, nuevos materiales académicos, diseños curriculares, etc.

Vamos por partes.

a. ¿Por qué no medir las líneas de investigación en lugar de los grupos? Una línea es una categoría duradera que da cuenta de intereses sentidos de un colectivo de investigadores. O sea, si una línea responde a una necesidad social o a un problema teórico concreto, entonces, lo importante sería ver cómo dicha línea madura y avanza en la generación de nuevo conocimiento en función del reto que se intenta abordar. Yo me imagino que buscar la vacuna contra la malaria es una “tremenda” línea de investigación del científico Patarroyo y su equipo de trabajo. Estoy seguro que lo más relevante de este grupo de trabajo no se mide por la cantidad de papers publicados, sino por el grado de avance de su investigación, el cual seguramente se evidencia a través de diversas productos. Esto me lleva a la segunda reflexión.

b. ¿Por qué los grupos de investigación les dan menos importancia a otros productos, resultado de los proyectos de investigación? No tienen nada de malo los artículos publicados en revistas científicas de alto perfil. El problema que se está evidenciando es que el número de papers publicados crece pero no sabemos cuál es el grado de madurez de las líneas de investigación. De hecho, ni el sistema invita, ni la realidad empírica muestra que los investigadores estén interesados en los demás productos que se pueden derivar de proyectos de investigación. O sea, pocos grupos de investigación desarrollan software, realizan consultorías empresariales, patentan innovaciones o evidencian su participación en la generación de políticas públicas, sólo por poner algunos ejemplos.

Ya lo planteaba en un artículo anterior, este sistema de medición está convirtiendo al SCTeI  en un círculo vicioso de “escribir para citar y citar para escribir“, algo muy lejano al propósito científico de “hacer la pregunta para buscar la solución“.

Comentario final.

Hace varios años lidero el grupo de investigación Organización y Gerencia, Orygen, clasificado en Colciencias. Como todos los grupos, con mis colegas se han logrado papers publicados en revistas indexadas. Pero lo que más orgulloso me pone es que muchos de aquellos se acompañan de software, consultorías, diseños industriales, casos de enseñanza y simuladores empresariales que llegan al aula de clase o se ponen al servicio de empresarios y emprendedores. No ha sido fácil mantener esta filosofía -ha sido costoso-, pero la universidad en la que trabajo (Ceipa Business School) es consciente de que se debe hacer investigación pertinente y de impacto.

Estoy seguro que hay otros grupos con una filosofía semejante, y probablemente con muy buenos resultados de impacto; sin embargo, ésta no es la constante. Creo que debemos avanzar en esta dirección.

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Neoliberalismo vs. Socialismo del Siglo XXI: la muerte de la integración económica latinoamericana.

Agosto 8 de 2017

 

Lo que significaba la Integración Regional Económica.

La historia de los procesos de integración regional se empezó a escribir en la década de 1950 cuando los europeos comenzaron a construir su “casa común” después de las grandes guerras del siglo XX. Ya desde 1960, Latinoamérica emulaba al viejo continente con la firma de ALALC. Sin embargo, la apertura de las economías latinoamericanas después de la crisis de la deuda externa en el decenio de 1980, trajo consigo una revisión de los modelos de desarrollo lo que se tradujo en una propuesta de Regionalismo Abierto que CEPAL trató de explicar como un proceso de integración que no se centraría en los beneficios fiscales (altos aranceles a terceros)  -tal y como fue el regionalismo de las décadas anteriores-.

La integración latinoamericana (1960-1990) se puede explicar de la siguiente manera:

– estimulaba la industria regional, manteniendo altas barreras a las importaciones de terceros países;

– se inspiraba en un pensamiento latinoamericanista, estructuralista y, hasta cierto punto, antiimperialista;

– se beneficiaba, desde la teoría ortodoxa de Viner, de los efectos de creación y desviación del comercio. (Cardona, 2017, p.agina 81).

Sin entrar en detalles del cambio, el hecho es que el Regionalismo Abierto que se erigió con el neoliberalismo y las aperturas económicas de la última década del siglo XX, se había entendido como un proceso en el que:

– se bajarían las barreras a terceros países y

– se atraería inversión extranjera para aprovechar su know how y desarrollos tecnológicos.

 

Lo que está pasando en realidad.

Tal y como lo explico en el libro que publiqué hace poco y que ya puede ser descargado totalmente gratis (La Organización Mundial de Comercio y los TLC: ¿reinventando el Sistema Mundial de Comercio), la realidad del supuesto Regionalismo Abierto dista mucho de los ideales de integración que se propuso América Latina en la segunda mitad del siglo pasado.

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1. No hay un propósito latinoamericanista.

En las décadas pasadas, de alguna manera, élites locales, sindicatos, partidos gobernantes y académicos promovian un modelo de desarrollo industrializador que se fundamentaba en el proteccionismo y la unidad latinoamericana como estrategia. A pesar de esporádicos desacuerdos, los países de la región ejecutaron políticas de sustitución de importaciones en mercados ampliados y de promoción de exportaciones, lo que se tradujo en un fortalecimiento de la agroindustria y de otros sectores de la industria manufacturera. Con ALALC-ALADI, MCCA y el Pacto Andino, principalmente, la región, aunque de modo desequilibrado, se modernizó y redujó su carácter de economías rurales monoexportadoras.

Hoy no sucede nada de eso. Los países se han dividido: gobiernos neoliberales y otros más enfocados en nacionalismos o en ideologías de izquierda (autodenominadas del Socialismo del Siglo XXI), se confrontan abiertamente en lo político y en lo económico. La partida parecen estarla ganando los neoliberales y la consecuencia está siendo la desintegración regional.

 

2. No hay una modernización del aparato productivo.

Con pocas excepciones, la economía latinoamericana ha retrocedido en términos de modernización, diversificación y sofisticación de sus aparatos productivos. Naciones que eran autosuficientes en materia de alimentos y diversas materias primas con desarrollo en algunos sectores de industria liviana  (Colombia, por ejemplo) se han ido transformando en proveedores de commodities de la minería, abandonando su incipiente sector manufacturero, deteriorando el medio ambiente y abandonando su seguridad alimentaria. Con la apertura económica los países de la región, con un par de excepciones (Brasil y México), se han convertido en importadores de todo tipo de manufacturas, se han desindustrializado y han abandonado el campo. Los consumidores de estos países acceden a productos de alta tecnología y están conectados con el mundo; sin embargo, la sostenibilidad de este estilo de vida es dudosa puesto que la minería es proveedora de bienes no renovables, a la vez que el deterioro ambiental producto de la misma, en muchos de los casos, es irreversible.

¿Por qué está pasando esto?

3. Hay más TLC pero menos integración.

La integración regional económica, en su acepción más simple, se entiende como un proceso gradual de unificación y homogeneización de los mercados, a través del incremento de la interdependencia comercial, tecnológica, financiera e, inclusive, cultural. Un ejemplo de esta interpretación es la Unión Europea, bloque que ha roto las fronteras nacionales para los movimientos de mercancías, de capitales, de servicios e, incluso, de mano de obra.

América Latina anda en otra dirección. Los acuerdos regionales se derrumban, se estancan o se desdeñan. ¿Quién se acuerda de la Comunidad Andina de Naciones y su proyecto de crear una Unión Aduanera? El Mercosur es un ping pong entre neoliberales y proteccionistas (desde moderados hasta los del socialismo del siglo XXI), el G3 se convirtió en G2 y de la ALADI ya nadie habla. Sólo hablamos de los TLC.

El tema no son los debates ideológicos de los gobiernos de las dos últimas décadas. La pregunta que nos hacemos es si América Latina piensa en la integración como una estrategia para el desarrollo. Todo indica que no. Lo que tenemos es una proliferación de TLC que no llevan en su interior el ADN de la integración sino que son vehículos para que las Cadenas Globales de Valor accedan a materias primas y coloquen sus productos terminados, sin mayores barreras, en nuestros mercados. Con excepción de México, Brasil y Chile, la región está ausente del potencial de desarrollo que ofrecen dichas cadenas Adicionalmente, tampoco estamos desarrollando estrategias alternativas, por ejemplo, clusters regionales o parques industriales para estimular nuestra industrialización, diversificación y sofisticación de la oferta exportadora.

El auge de TLC interregionales, tal y como pretendo demostrarlo en el libro, sirve para dinamizar el propósito de la OMC de un comercio más libre a nivel global, pero va en detrimento de los proyectos de desarrollo regional integrado, estrategia que en la actualidad les sería tan valiosa a naciones aún subdesarrolladas que dicen ser “mercados emergentes” pero que no lo son. Hay una gran brecha entre China, India o Corea, líderes de las economías emergentes, y lo que pasa en Colombia, Ecuador, Bolivia, Argentina, Perú o Venezuela.

Estas últimas no emergen…se sumergen.

 

 

 

Capitalismo Consciente: ¿utopía o realidad?

Desempolvando mis libros de estudiante universitario recordé el gran debate alrededor de la relación entre el bien colectivo y el lucro privado en una economía de mercado. Smith y Ricardo, hace ya un par de siglos, modelaron una teoría que explicaba cómo, en busca del beneficio privado, las personas terminaban generando bienestar colectivo. Contrario a lo anterior, Marx, apoyado en los mismos principios de la teoría objetiva del valor, elaboró sus tratados sacerca de la primacía del interés privado de los dueños de los empresas sobre las necesidades colectivas de los trabajadores.

Hoy, en pleno siglo XXI, y después de seis lustros de preeminencia del capitalismo neoliberal (antagónico de un mercado con mayor injerencia estatal como el sugerido por Keynes a mediados del siglo XX), me encuentro con esta idea de un “capitalismo consciente”, categoría que ha sido trabajada y posicionada por Raj Sisodia en la última década, especialmente.

Hace unos días, la Institución Universitaria CEIPA realizó el evento Be Conference, en el cual algunos teóricos como Sisodia, profesor de Babson College, y emprendedores como Xavier C. Alpasa (Filipinas), Juan Manuel Lopera, fundador de Aulas Amigas, o los fundadodores en Barcelona y Medellín de la Casa de Carlota, compartieron sus propias experiencias del Capitalismo Consciente.

Históricamente, en el debate entre el interés público y el privado en una economía de mercado, las posiciones se habían quedado en el antagonismo que señalábamos al inicio: de un lado, una postura positivista que ve en el lucro privado y el egoismo, el motor para desarrollar el bienestar colectivo; y del otro, un paradigma crítico que señala la contradicción dialéctica entre los intereses públicos y privados.

Al respecto, conceptualmente hablando, Raj Sisodia señala un nuevo camino -una tercera vía- más que para entender la economía de mercado, para desarrollar empresa. Su tesis se fundamenta en la idea que “los beneficios privados no se persiguen, sino que, sobrevienen”; la esencia de los negocios debe ser la generación de valor social, la ganancia privada es un derivado, en otras palabras, una consecuencia.

Digamos que el concepto en sí mismo no me sorprendió. En las dudas existenciales me he ido decantando por la convicción de que los seres humanos somos una mezcla de genética y medio ambiente;  por lo tanto, considero que nuestro transitar por la vida es una espiral en la que conviven y se confrontan, permanente y dialécticamente, nuestros intereses personales con la convicción de un deber ser mas solidario, o sea, un ser de naturaleza social.

Sin embargo, más allá de los discursos conceptuales, hubo experiencias que me sorprendieron muy gratamente en este evento de CEIPA business school.

La experiencia que más me llamó la atención fue la de La Casa de Carlota, una empresa que se dedica al diseño y al arte y que tiene entre su equipo de colaboradores a jóvenes con sindrome de down y autistas. Lo que hace la diferencia en esta experiencia es que no se recurre a la lástima como fuente de ingresos, sino al talento creativo (diferente) de sus empleados. O sea, ellos logran demostrar (con evidencias concretas) que la creatividad particular de los autistas y jóvenes con síndrome de down puede generar diseños y obras de arte apreciables por los consumidores, esto es, por el mercado.

La Casa de Carlota es un claro ejemplo de un Empresa B o B Corp -como llaman a estas empresas que ejercen un capitalismo consciente-; puesto que se ha dedicado a un propósito noble, integrar a la sociedad y dar oportunidad de desarrollo personal a jóvenes que bajo un paradigma conservador parecían condenados a ser tratados como “eternos niños” sin mayores posibilidades de realizarse en ámbitos académicos, intelectuales, laborales o artísticos. Los jóvenes de La Casa de Carlota son creativos, son artistas y son económicamente independientes.

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Otra experiencia llamativa es la de las Aulas Amigas de Juan Manuel Lopera, quien cree en los “maestros inspiradores” para motivar a los estudiantes en sus dinámicas de aprendizaje. Convertir el aula en espacio amigable y a la clase en una actividad dinámica y motivadora, son algunos de los propósitos de Juan Manuel, quien cuenta que su idea nace de una vivencia personal en la que encontró un maestro inspirador que lo alejó de posibles escenarios de violencia como los que se vivieron en varias regiones de Colombia, tres lustros atrás. TOMi es una creación tecnológica de esta empresa que está ayudando a maestros de América Latina a ser verdaderos inspiradores.

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Capitalismo Consciente: una categoría que invito a estudiar con más cuidado, una propuesta nueva que busca estimular un verdadero desarrollo sostenible.

 

 

 

Brexit: se derrumba el paradigma de la integración regional.

Giovanny Cardona Montoya

Junio 26 de 2016.

 

El año en que falleció Bela Balassa, economista húngaro egresado de Yale, comenzaba yo a “adoctrinar” a mis alumnos con las etapas de la integración económica, apoyado en los postulados de este célebre autor. Hoy, 25 años después, y en medio de su peor crisis, me mantengo firme en esta convicción: la integración regional es un modelo viable para lograr el desarrollo mancomunado de diversos pueblos.

Con los resultados del Brexit el pasado jueves (23 de junio), las bolsas de valores andan en pánico, a la vez que el lenguaje de los voceros de la UE hacia las autoridades del Reino Unido se percibe agresivo y un poco intimidante: “si se van a ir, deben hacerlo inmediatamente”. Pero, el Brexit no es algo aislado, sino que es la cereza que se derrite en el pastel de un modelo de integración que se desmorona desde hace un cuarto de siglo.

 

¿Cuál es el paradigma original?

Si lo repasamos desde una perspectiva teórica (Balassa), la integración regional comienza con la liberalización comercial (Zonas de Libre Comercio), luego llegaría la etapa de la creación de una única aduana regional (Unión Aduanera), lo que exige que los países miembros renuncien a esta función soberana. Posteriormente se desarrolla el Mercado Común,  permitiendo que los inversionistas y los trabajadores de la región puedan movilizarse con la tranquilidad legal de encontrarse en su mercado doméstico. Paralelo a estas etapas, se van unificando las políticas macroeconómicas y sectoriales: agropecuario, moneda única, impuestos unificados, infraestructura regional, sistema educativo, etc.

Este modelo se ha venido probando durante más de sesenta años en Europa, ya que, además de un mercado integrado de bienes y servicios, el continente se unificó para las inversiones y los trabajadores. Como complemento, se creó una política agropecuaria comunitaria, se coordinan políticas fiscales, se crea la Zona Euro (a la que no pertenecen todos los países de la UE)  y se desarrollan diversas políticas sectoriales de carácter supranacional. Como resultado de todo ésto, Europa se ha convertido en el ejemplo más  desarrollado de integración regional por sus resultados: 25% del comercio mundial es intraeuropeo y éste representa el 71% de las exportaciones de los países europeos. En términos de bienestar hay que reconocer que con su integración, el continente europeo reconstruyó su economía después de la segunda guerra mundial, se industrializó, desarrolló su economía rural y sacó de la pobreza a los países mediterraneos y a Irlanda. Europa para los europeos, diría yo, parodiando al expresidente Monroe de Estados Unidos.

Una Europa integrada, aunque con diferentes niveles de profundidad: no todos se vinculan a la Zona Euro.

Una Europa integrada, aunque con diferentes niveles de profundidad: no todos se vinculan a la Zona Euro.

Haciendo una lectura rápida, podemos reconocer que ASEAN en el sudeste asiático, ALALC-ALADI en América Latina son experiencias de integración inspiradas en el modelo europeo, aunque nunca llegaron a profundizarse, ni siquiera han logrado consolidar una Unión Aduanera (el primer nivel de supranacionalidad en el modelo de Balassa).

Sin embargo, la integración europea nació política, no económica; y es aquí donde el paradigma muestra su verdadera debilidad. Churchill llegó a considerar que sólo la creación de los Estados Unidos de Europa evitaría que el continente siguiera siendo un campo de guerra. Más comprometidos con esta idea, los “Padres Fundadores” -Monnet, Schuman, Adenauer y Bech- dieron pasos concretos para materializar la integración del continente.

Bech, entonces Primer Ministro de Luxemburgo, propuso el primer acuerdo el que consistió en la creación de la CECA, Comunidad Económica del Carbón y el Acero, para asegurar que ningún país tuviera pleno control sobre estas  materias primas, las cuales eran fundamentales para el desarrollo de la industria de armamentos de la  época. Era claro que Francia y Alemania, principalmente, se proponían crear un ambiente que inhibiera nuevas guerras en el continente, Benelux e Italia fueron socios comprometidos en este proyecto.

 

Crisis del paradigma.

El modelo de integración por etapas conlleva una gradual concertación de políticas e instituciones que se originan en la soberanía del Estado-nación. En la medida que se profundiza la integración  los compromisos pasan de intergubernamentales a supranacionales. En otras palabras, la integración regional nació como un modelo que reta a una tradición de varios siglos de unas relaciones internacionales y una soberanía, centradas en la supremacía de los Estados; la integración regional no sólo produce efectos económicos, también afecta la lógica de la política y las lealtades de los ciudadanos.

Así, la Unión Europea tiene una fuerte base política que se confirma con los Criterios de Copenhague de 1993, los cuales establecen que para ser miembro de la Unión Europea se debe ser un Estado democrático, donde impere la ley, los derechos humanos y se respeten las minorías. En este mismo contexto, el bloque europeo ha consolidado un régimen común de asilo, el cual se deriva de la convicción de unos derechos humanos realmente universales. Sin embargo, la realidad geopolítica que vive Europa, con un terrorismo fundamentalista que les persigue y una crisis humanitaria de inmigración  originiaria de Siria, han exhacerbado los espíritus nacionalistas de izquierda (obreros) y derecha (conservadores), que comienzan a ver en la Unión Europea el germen de la destrucción de un bienestar que, paradójicamente, la misma integración les ha proporcionado por décadas.

No sería extraño que detrás de Reino Unido se vengan intentos viables de separación en Grecia, Irlanda, Holanda e Italia. Incluso, la salida de Reino Unido de la Unión Europea puede motivar otro tipo de nacionalismos, como  el de los irlandeses del norte o los escoceses que son más proclives a la integración europea. La decisión tomada por los ingleses puede traerle a Londres nuevas consecuencias separatistas no esperadas.

Sin embargo, y esta es mi hipótesis, la crisis de este paradigma no nace con Brexit sino con el espíritu neoliberal que han adquirido los procesos de integración, desconociendo las dimensiones sociales y políticas de los mismos. Así, el proyecto de Constitución Europea fracasó a mediados de la década pasada ya que los conservadores lo vieron como una afrenta a la identidad nacional y los de izquierda como un instrumento demasiado neoliberal dedicado a la integración de flujos económicos y, de ningún modo, a la consolidación de dinámicas interculturales con impactos sociales.

De igual modo, a finales de los 80s, los países latinoamericanos renunciaron a un desarrollo socio-económico integrado a partir de la industrialización y la construcción de mercados ampliados, para aventurarse en la firma de TLC con Estados Unidos, Europa y este asiático  (supuesto Regionalismo Abierto). Así, los sueños de una Unión Aduanera del Mercosur o en la CAN se han diluido, y la integración no pasa de ser un proceso de liberalización del comercio. De hecho, aunque la crisis de la CAN se pueda explicar por las diferencias de modelo político de Ecuador y Bolivia con respecto al de Colombia y Perú, todo indica que la alternativa que eligió Colombia, Alianza del Pacífico,  tampoco va a trascender, porque es de carácter intergubernamental y, en consecuencia, los esfuerzos que se hagan para profundizar la integración estarán siempre sujetos a los vaivenes electorales de cada país. Sin supranacionalidad no hay una verdadera integración, y los TLC no buscan nada de esto, solo una apertura de mercados para el desarrollo de las cadenas globales de producción de bienes y servicios.

 

El supuesto Regionalismo Abierto pretende fortalecer la integración latinoamericana abriendo las fronteras a terceros países, a través de las aperturas económicas y los TLC, sin embargo, lo único evidente es que se ha detenido el proceso de industrialización en la mayoría de los países y se han congelado los tratados regionales como CAN y Mercosur.

El supuesto Regionalismo Abierto pretende fortalecer la integración latinoamericana abriendo las fronteras a terceros países, a través de las aperturas económicas y los TLC, sin embargo, lo único evidente es que se ha detenido el proceso de industrialización en la mayoría de los países y se han congelado los tratados regionales como CAN y Mercosur.

En lugar de conclusión.

La crisis del paradigma de la integración nace con el neoliberalismo que desestimó su carácter holístico (económico, político, social) y gradual (etapas de la integración) para convertirlo en un mero vehículo de liberalización comercial que dé respuesta a los interes de las compañías multinacionales. Sin embargo, en el caso de la Unión Europea, si se desea remozar el sueño de los padres de la integración y detener una posible desbandada, se hace necesario pensar en tres decisiones:

1. Crear un pleno Banco Central, para que la política monetaria no sea direccionada por las economías más fuertes, tal y como le tocó sufrir a Grecia en la reciente crisis, donde el interlocutor del gobierno helénico no estaba en Bruselas sino en Berlín;

2. Repensar el modelo de una Europa a diferentes  velocidades, ya que es evidente que hay países que frenan o desestimulan el proceso integrador (no sólo Reino Unido, también hay que pensar en Polonia, por ejemplo.); y

3. Retomar el espíritu holístico de la integración, de otro  modo, el miedo al desempleo local y al terrorismo, será caldo de cultivo para detener la integración de las personas, que no sólo representan el mercado laboral, sino que son la base de una real integración intercultural.

 

 

ICEM 2015: ¡any time, any place learning!

Octubre 12 de 2015

Autor: Giovanny Cardona Montoya

 

En Colombia, el debate sobre la calidad de la educación en modalidad virtual se halla abierto. Y es comprensible; el Internet y la informática son tecnologías en proceso de evolución. Adicionalmente hay duda ante la posible ausencia de modelos pedagógicos adecuados y de personal docente preparado para guiar la educación virtual.

Pero me salgo, esta vez, de este debate. Tengo claro que la educación tradicional (la llamada  presencial) tiene que evolucionar y la virtualización de las mediaciones educativas es un potencial que no se puede desaprovechar.

No tiene sentido que los profesores y los estudiantes se incomuniquen cuando se hallan fuera del aula de clases. No es eficiente un profesor que semestre tras semestre repite conferencias que podría grabar en videos y subir a la web. Como tampoco tiene sentido que el aula sea un espacio de transmisión de información a la que todos tienen acceso en Internet.

La realidad social, la de una sociedad del conocimiento, exige profesionales críticos, analíticos, reflexivos, creativos y prestos a tomar decisiones en ambientes inciertos. Este requerimiento no es adecuado para una educación anacrónica en la que el docente sigue siendo el protagonista y la transmisión de información aún es el eje principal.

La educación tradicional debe evolucionar y las mediaciones virtuales, además de la pedagogía de aprendizaje activo y aprendizaje por descubrimiento, tienen mucho que aportar a los nuevos retos de la educación: formar por competencias, formar ciudadanos de un mundo cambiante.

Es por lo anterior que la Institución Universitaria CEIPA realizó en Plaza Mayor, hace un par de semanas, ICEM 2015. Este evento, de gran trayectoria mundial, se realizó, después de 65 años, por primera vez en América.

Durante los dos días de debate y conferencias, expertos de Harvard, la NASA, Google, Apple, entre otros, presentaron diferentes posiciones y propuestas sobre la evolución y los retos de la educación, a partir de los desarrollos de la pedagogía y las mediaciones.

 Jaime Casap (Google), Mark West (Unesco), Diego Mazo (CEIPA) y William Rankin (Apple) reunidos en torno a la tecnología y educación.
 

Fue interesante encontrar propuestas tan diferentes como complementarias. Mientras Apple y Google abogan por romper un modelo educativo tradicional que se quedó en las necesidades de una sociedad industrial que ya no existe, profesores de la Universidad de La Guajira exponían experiencias de integración cultural, en las cuales los wayuus hacen uso de la tecnología para preservar y transferir valores ancestrales.

Otras experiencias interesantes fueron presentadas por la Facultad de Estudios Virtuales de la Universidad Militar Nueva Granada, al igual que los simuladores empresariales y la producción de materiales virtuales de CEIPA.

ICEM 2015 fue un nuevo éxito de Medellín, ciudad de eventos internacionales, y una gran oportunidad para reflexionar los retos de nuestro sistema educativo de cara al futuro.

 

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