Economía colombiana: el problema no es el bajo crecimento del PIB, es el subdesarrollo.

No estamos en recesión, es el subdesarrollo nuestro verdadero problema.

Hace un par de años, con la caída de los precios internacionales del petróleo y otros commodities, las finanzas públicas y los indicadores que miden la producción colombiana, PIB y exportaciones, entraron en crisis y reaparecieron los megáfonos que alertaban una posible recesión.

Algo bueno le encuentro a los anuncios de crisis de la economía colombiana en las últimas décadas, puesto que sirven para recordar lo frágil que es nuestro aparato productivo.

El siglo XX fue el de la industrialización para Colombia; con un modelo proteccionista en boga nacieron y se consolidaron muchas de las grandes manufactureras de este país: textileras, confeccionistas, locerías, productores de alimentos, ensambladores, etc. Gracias a este proceso, el país incrementó el autoabastecimiento de bienes manufacturados; a la vez que las exportaciones de café se acompañaron de productos manufacturados de mediana y baja complejidad tecnológica.

cafe

Sin embargo, lo que sucedió desde finales del siglo XX ha sido todo lo contrario: Colombia se ha convertido  en un país importador, altamente dependiente de bienes manufacturados en el exterior. En el último decenio este país se ha venido desindustrializando de manera alarmante. Desde hace 10 años el Consejo Nacional de Competitividad viene monitoreando el desempeño de la economía colombiana y particularmente señala cómo se viene reduciendo el Valor Agregado Nacional de las exportaciones a lo largo de las años.

sofisticacion de exportaciones colombianas1

El hecho es que después de un cuarto de siglo de Apertura Económica, proceso sugerido para  elevar la competitividad de la economía colombiana, la realidad es que los cambios que se han vivido se pueden sintetizar:

– los consumidores colombianos han ampliado el menú de oportunidades, incrementándose la oferta de bienes y servicios de calidad semejante a la de mercados internacionales;

– la minería se ha expandido, convirtiéndose en la principal fuente de divisas por balanza comercial;

– la esfera de servicios se ha modernizado, especialmente en el ámbito de las TIC.

Sin embargo, el llamado proceso de internacionalización de la economía colombiana deja dos grandes lastres que evidencian que el tren del Desarrollo Económico, en el cual embarcaron los tigres asiáticos (Corea, Taiwán, Singapur, etc.) y algunas naciones de otras latitudes (Sudáfrica, Brasil, Turquía, China, India), ha partido sin nosotros:

la industria manufacturera y la agricultura han contraido su participación en el PIB y en las exportaciones. El país importa un alto porcentaje del valor de las manufacturas y de los alimentos que consume;

– la distribución de la riqueza se ha consolidado como una de las menos equitativas del planeta: cada vez un número más pequeño de millonarios posee una mayor porción de la riqueza del país, mientras el porcentaje que pertenece a los segmentos de la población más pobre ha disminuido.

En síntesis, el problema de Colombia no es la caída en los precios de los combustibles; no es la desaceleración económica la que nos debe preocupar, sino el modelo de desarrollo que siembra inequidad y pocas posibilidades de que se incremente la riqueza de modo sostenido.

¿Dónde está la base de nuestro subdesarrollo?

El desarrollo económico sostenible de este siglo XXI se apoya en tres pilares:

crecimiento sostenible a lo largo del tiempo;

– preservación del entorno natural y cultural;

– generación de oportunidades para una distribución de beneficios que reconozca las necesidades de toda la población.

En Colombia no sucede ninguna de estas tres condiciones. Si bien Colombia ha vivido pocas experiencias de recesión, técnicamente hablando, la verdad es que raras veces el PIB se expande a tasas significativas. Sin embargo, lo más notorio es que no se crece de manera sostenida y que dicho crecimiento se apoya en gran medida en una minería insostenible.

Y con el tema de la minería se evidencia nuestra segunda ausencia: un entorno preservado y sostenible a largo plazo. Hemos dejado de ser una economía agroindustrial para convertirnos en extractores de minerales e hidrocarburos. El deterioro del medio ambiente como consecuencia de una minería  expansiva y la falta de reservas confirmadas de petróleo, hacen insostenible nuestro modelo económico.

La consecuencia de todo esto es una sociedad injusta, con élites privilegiadas que quieren vivir como en Europa, mientras millones de familias viven como en el país más subdesarrollado del planeta. .

Hay que revisar el Modelo de Desarrollo.

Creo que le hemos dado muchas vueltas al tema. Durante más de 25 años hemos estado esperando los milagros de la inversión extranjera, de los TLC, del mercado sin controles, de las privatizaciones, de la apertura económica. Los ajustes derivados de reformas fiscales, reformas laborales, reformas a la seguridad social y demás reformas han sido paños de agua tibia que no ponen el acento en el problema central: ¿cuál futuro país deseamos construir? Para ello, es necesario repensar algunos temas estratégicos:

– tomar decisiones de fondo en lo referente a la educación, la investigación y la innovación. El actual  sistema educativo no garantiza que los futuros bachilleres y profesionales sean “ciudadanos” e “innovadores”. La ampliación de cobertura no ha sido suficiente. Hay que revisar el tema y tomar decisiones radicales;

– tomar decisiones sobre la necesidad de desarrollar lo rural, la agricultura, la agroindustria y la economía ambiental. No sólo se trata del post-conflicto y el regreso de los campesinos al campo; no sólo se trata de que tenemos un gran potencial para autoabastecernos de alimentos y de otras materias primas de origen vegetal o animal; se trata del hecho que el futuro del planeta depende en gran medida de agua y vegetaciones que existen en pocos países, incluído Colombia. Hacemos parte de la solución al desarrollo sostenible global;

agricultura sostenible

– tomar decisiones sobre lo que significa la integración regional o global. Somos un país “pasivo” sin identidad en los escenarios internacionales. Dependemos de lo que deciden las grandes potencias y los mercados emergentes. Colombia es una de las 35 economías más grandes del planeta (territorio, población y PIB), ese tamaño le genera derechos y deberes frente a la comunidad internacional. Tenemos un enorme potencial en el vecindario, con países grandes y economías significativas, con culturas cercanas que podrían facilitar el intercambio y la integración. Pero para eso hay que romper ciertos paradigmas que sólo nos permiten mirar hacia el Norte.

Podríamos complementar la lista: faltan ingenieros, falta estimular las artes y las ciencias sociales y humanas, hay que resover el problema de la infraestructura, la calidad de la salud, la óptima atención a la primera infancia, etc. Pero  más que una lista, lo que el país necesita es reconocer que somos una economía subdesarrollada, no somos un “mercado emergente” y debemos dejar de mirar nuestros problemas sociales y económicos como retos de corto plazo.

Hace 27 años, el entonces presidente de la Apertura Económica nos anunció: “Bienvenidos al Futuro”…y el futuro llegó. Volvámos a intentarlo. No más pañitos de agua tibia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Crisis económica: mirar a largo plazo ¡he ahí la cuestión!

Abril 3 de 2016,

Autor: Giovanny Cardona Montoya.

 

La actual crisis que vive la economía colombiana, derivada de un cuarto de siglo de abandono al sector manufacturero y a la agricultura, es una buena excusa para señalar la importancia de mirar la competitividad más allá de las materias primas y de la tasa de cambio.

De hecho, y como una ratificación de que no estamos “descubriendo el agua tibia”, hace poco un colega me recordaba que Michael Porter -quien pinceló estrategias para la competitividad de Colombia hace unos 20 años-, habría dicho que ojalá Colombia no encontrara más petroleo. Creo que esta afirmación no requiere más explicaciones.

 

Desde mediados del siglo XX se ha evidenciado que la agregación de valor es la principal fuente de riqueza de los exportadores ¿En qué estábamos pensando los colombianos?

Desde mediados del siglo XX se ha evidenciado que la agregación de valor es la principal fuente de riqueza de los exportadores ¿En qué estábamos pensando los colombianos?

 

Ver el futuro, ver a lo lejos.

Colombia tiene un reto rezagado que depende tres variables: productividad, calidad y agregación de valor. Este reto involucra a toda una sociedad, empezando por su sistema educativo, continuando con el aparato gubernamental y terminando con las empresas y los gremios. Para afrontar este reto hay que romper con ciertas tradiciones que nos atan al pasado: la visión de corto plazo de unos espíritus reactivos y el miedo al cambio son dos de ellas.

Si nos concentramos en el Estado, entonces, necesitamos -valga la redundancia- políticas de Estado. A este país lo están matando el cortoplacismo y el gobiernismo. Nadie ve que para que nos vaya bien en las pruebas PISA, por poner solo un ejemplo, es necesario pensar en los niños del pre-escolar, no en los chicos que ya están en 9o grado. ahí ya no hay mucho que hacer. Y no es que haya que abandonar a los estudiantes adolescentes, sólo lo digo porque aquí vivimos otro síndrome: el de los gobiernos mediáticos.

El problema de Colombia no son las pruebas PISA, no. El problema es que nuestros estudiantes tienen serios problemas de lecto-escritura, de pensamiento matemático, de análisis, de síntesis, de abstracción, de dominio de otras lenguas y culturas, entre otros. Pero, como las pruebas PISA son las que mojan tinta y se comentan en las redes sociales, entonces, nuestros gobiernos se preocupan por ver cómo mejoran su imagen en Facebook, no como le dan Norte a esta nación.

Pero en las empresas la situación no es diferente: la tan aclamada VISION permanece engomada en las paredes de las oficinas y reluce en todas las páginas web, pero al mismo tiempo todo el talento humano de la organización anda ocupado resolviendo los problemas de la quincena, del trimestre o, a lo sumo, del año. Nadie tiene tiempo para pensar en el futuro.

 

Educación miope

Al sistema escolar no le va mejor: tenemos currículos que tratan de transmitir información, que forman personas para recordar datos, que desarrollan habilidades que hoy realizan las máquinas y que, peor aún, no motivan a los estudiantes para que deseen aprender.

Para no quedarnos en generalidades, está claro que necesitamos profesionales que tengan competencias lecto-escritoras en más de un idioma (o al menos en el nuestro), que tengan pensamiento matemático, autónomo y crítico y que sean creativos. Si hacemos eso, seguro nuestro aparato productivo daría un salto. Pero seguimos enseñando matemáticas de tal modo que los estudiantes las odien, los tenemos repitiendo textos en blanco y negro que están publicados por todas partes, y seguimos dándoles semestres y semestres de gramática de inglés, lo que hace que sepan repetir verbos regulares e irregulares, pero no construyan una sola frase.

Una última evidencia involucra al MEN y a las instituciones educativas. Hemos dividido la educación en presencial y virtual, !qué locura! Hace poco me di cuenta que hay Universidades que ofrecen educación a distancia tradicional y, entonces, se les diferencia de la educación virtual. No me imagino la educación a distancia sin computadores, sin informática y sin Internet. Bueno, tal vez, una educación a distancia para comunidades indígenas pueda justificarse, pero de resto ¡imposible!

Pero el punto no es ese, el punto es que la educación presencial tiene que ser mixta, requiere de la virtualidad. La educación virtual no tiene futuro como modalidad, mejor dicho, la educación fundamentalente presencial debe desaparecer. No me malinterpreten, realmente lo que quiero decir es que la educación centrada en un profesor que sabe no tiene presentación en el mundo de hoy, lleno de información y experiencias para los estudiantes, incluso desde antes que se matriculen.

Hoy la educación debe enriquecerse con metodologías y tecnologías que fortalezcan la relación entre autoaprendizaje (el estudiante enfrentándose al conocimiento de la web) y el aprendizaje colaborativo (interacción con el profesor, con los colegas, con los empresarios, etc.), conectando el aula -si es que la hay- con el ciber-espacio y con los espacios cotidianos de nuestros  estudiantes (las calles, el hogar, las empresas, etc.)

Este país tiene muchos problemas, pero uno de los más evidentes es que no nos atrevemos a ver más allá de la quincena; nuestro gobierno, nuestras empresas y nuestras escuelas tienden a venerar el pasado y a ver el futuro muy pero muy cercano.

 

Colombia: una Economía Subdesarrollada con ropajes de Mercado Emergente.

Autor: Giovanny Cardona Montoya

Marzo 12 de 2016.

 

No porque las élites y medios de comunicación lo digan, y porque las mayorías nos lo hayamos creido, este país se ha convertido en una economía emergente. Si nos quitamos el velo de los ojos, sabremos que aún nos arropa el subdesarrollo de las décadas anteriores a la Apertura Económica.

¿Cuáles son las economías emergentes?

Antes de que se popularizara el término “economías o mercados emergentes”, ya eran reconocidos los “tigres y dragones asiáticos”; países del Este y Sudeste Asiático, otrora subdesarrollados, que con un conjunto de estrategias habrían acelerado sus procesos de industrialización, modernización de sus capacidades productivas y de reducción de la pobreza.

Países como Corea, Taiwan y Singapur se volvieron referentes para indicar que un país subdesarrollado podría agregar valor a sus mercancías, fortalecer sus capacidades de innovación y desarrollo, a la vez que generar más y mejor remunerados empleos. Con estos ejemplos, la teoría sobre la ventaja competitiva que se había impuesto en Europa, Norteamérica y Japón, se consolidaba como fuente de desarrollo económico, en lugar de los bicentenarios postulados de la ventaja comparativa de David Ricardo.

Con estos modelos, se abría la ilusión para las naciones subdesarrolladas, las cuales podían creer que sus economías alcanzarían los estándares de modernización y competitividad que las de los países industrializados.

Desde la década de 1980 se evidenció que algo pasaba en el Sudeste Asiático y que, a la par con China, el Oriente daba el salto hacia el primer mundo, el mundo desarrollado. Con el pasar de los años, y particularmente en el marco de un mundo menos proteccionista, otros países subdesarrollados como Brasil, Chile, Turquía, China o India, entran en el selecto grupo de Economías Emergentes. Con el nacer del siglo XXI, comienzan a descollar los BRICS y tras este grupo de punta, se señalan otros seguidores como los CIVETS, sigla en la que se recoge a nuestro país cafetero y petrolero.

Sin embargo, como sucede con todos los paradigmas -en la acepción de Kuhn-, la doctrina se vulgariza, y los teólogos pasan al cuarto de San Alejo, mientras los apóstoles más efusivos pero menos fundamentados se convierten en proclamadores de la verdad revelada: bienvenidos al futuro, al mundo desarrollado, a la OCDE. En otras palabras, más arengas que argumentos.

¿Qué es una economía emergente?

Voy a tomar posición y sobre estos argumentos voy a sustentar mi tesis sobre Colombia: un país que retorna al subdesarrollo.

Las economías emergentes tienen una característica externa, y es su fuerte y creciente conexión con los mercados globales. Ello explica que frecuentemente se les reconozcoa como aquellos que firman muchos TLC y que materializan una fuerte política aperturista. Es evidente que algo que caracteriza a Chile, Corea o Taiwán es la firma de acuerdos comerciales y el desmonte significativo de barreras al comercio, particularmente al de bienes manufacturados. Sin embargo, esta no es la característica más relevante.

Los países emergentes como China, India o Corea se caracterizan por un fuerte direccionamiento económico hacia la modernización de sus aparatos productivos. Las aperturas económicas y los estímulos a la inversión privada, doméstica y extranjera, se han enfocado hacia el fortalecimiento de ciertos sectores estratégicos, los cuales con apoyos en materia de ciencia, tecnología, educación y de políticas fiscales se han venido consolidando y modernizando. Los otrora productores de materias primas como Corea o China o el mismo Brasil, son ahora países productores de bienes de compleja composición tecnológica, con valor agregado.

Estos logros no han sido casuales, ni sólo resultado de decisiones empresariales. Las alianzas público-privadas y las políticas de Estado -o sea, de largo plazo- en materia de infraestructura, educación, ciencia, tecnología y empleo fueron fundamentales para que los Emergentes se pararan sobre los pedestales que hoy les conocemos. El resultado son naciones que agregan valor, que reducen la participación de los commodities en sus exportaciones, que modernizan su infraestructura, que atraen inversión, que desarrollan ciertas industrias estratégicas, que compiten con calidad, que, elevan la calidad  y cobertura educativa, que  generan empleos y reducen pobreza. Colombia no hace parte de este grupo.

El creciente y sólido comercio mundial se da entre países industrializados y nuevos emergentes, es un comercio de bienes manufacturados con alto valor agregado. Ahí no está Colombia.

El creciente y sólido comercio mundial se da entre países industrializados y nuevos emergentes, es un comercio de bienes manufacturados con alto valor agregado. Ahí no está Colombia.

Colombia: ¿por qué la confusión?

Somos un país subdesarrollado que confundió el camino en la década de 1990. ¿Qué hemos hecho?:

– apertura comercial, lo que controla la inflación y mejora las posibilidades de consumo de los colombianos con ingresos medios y altos;

– privatización de empresas, con la esperanza que en manos del sector privado sean más eficientes y competitivas. Pero el resultado ha sido la renuncia del monopolio del Estado para entrar en economías de competencia oligopólica entre grandes grupos concentradores de riqueza,

– elevar la inversión en educación, lo que ha ampliado la cobertura, pero aún deja mucho que desear en materia de calidad y pertinencia.

Pero hay cosas que los coreanos, los chinos o los brasileños han hecho y nosotros no. No tenemos políticas de Estado, no hay un Norte en materia de desarrollo industrial y, en cambio nos hemos convertido en exportadores de commodities no renovables. Las cifras son claras, hace 30 años, nuestras exportaciones estaban más diversificadas y tenian una participación importante de agricultura y agroindustria. En cambio, hace 18 meses, cuando comenzó la escandalosa caida de los precios de los combustibles, el petróleo y el carbón y el oro representaban 3/4 partes de la oferta exportable de este país.

Hemos pasado, en un cuarto de siglo, de ser agrícolas y agroindustriales, a ser mineros y altamente dependiente de importaciones de bienes procesados. ¡Bienvenidos de vuelta al subdesarrollo!

Hemos pasado, en un cuarto de siglo, de ser agrícolas y agroindustriales, a ser mineros y altamente dependiente de importaciones de bienes procesados. ¡Bienvenidos de vuelta al subdesarrollo!

Ahora que tenemos este par de gemelos, petróleo barato y dólar caro, nos hallamos en la encrucijada: ¿con qué vamos a financiar este tren de gasto de importaciones al que nos hemos acostumbrado desde finales del siglo XX?

Es increible, pero la actual coyuntura es altamente favorable para diversificar las exportaciones, pero no se puede. ¿Por qué? porque nuestras manufacturas tienen un alto componente de importaciones, por lo tanto no somos competitivos. Si a esto le agregamos la informalidad en el empleo, la baja calidad educativa y de salud, se hace evidente que no hay posibilidades, desde el desarrollo económico y de capacidades productivas, de aprovechar en el corto plazo las bondades de una tasa de cambio favorable a las exportaciones.

Por esto, porque no tenemos Norte, porque nos hemos desindustrializado, porque no hay políticas de Estado, sino apaga-incendios de gobierno, y porque dependemos de una minería insostenible y un abastecimiento de importaciones inviable, Colombia no es un Mercado Emergente, sino una economía que se sumerge: bienvenidos al pasado.

 

 

 

Economía 2016: razones para el pesimismo.

 

Septiembre 28 de 2015

 

Autor: Giovanny Cardona Montoya

El contexto:

La economía colombiana, al igual que la de varios países exportadores de commodities de la minería, está viviendo un viacrucis por cuenta de la estrepitosa caida en los precios internacionales, particularmente de los combustibles fósiles.

Sin embargo, esta caída no es la única mala noticia. Europa, economía que se recupera muy lentamente de una larga recesión, ahora vive una crisis social nacida de las entrañas del conflicto sirio, la cual seguramente pasará factura a las finanzas públicas y a la confianza de los inversionistas.

Adicionalmente, China continúa su proceso de desaceleración económica, el cual seguramente sólo se detendrá con cambios estructurales, los cuales no se darán en el corto plazo. El coloso asiático ha sembrado un mercado doméstico, el cual ahora florece con espinas inflacionarias, las cuales no dejarán de provocar incertidumbre hasta que la producción de bienes y servicios no transables no se adecue a los reclamos de la creciente demanda.

Adicional a Europa, Japón sigue estancado y el crecimiento norteamericano es frágil. De hecho, a pesar de su debilidad, seguramente antes de que termine este 2015 la FED subirá sus tipos de interés, enviando una señal de que se acabó la época de estimular el crecimiento a través de medidas monetarias. La fiesta se habrá acabado, a pesar de que aún los invitados no han celebrado suficiente.

¿Cuál es la situación de la economía colombiana?

Pero no sólo las grandes economías industrializadas y China andan en un proceso de desaceleración económica. El escenario también es negativo para Brasil y para otras economías que son muy sensibles a nuestros intereses: México y Ecuador. La situación de esta última nación es particularmente crítica, ya que no sólo sufre las consecuencias de un petróleo barato, sino que, además, no tiene moneda propia para devaluar, por lo tanto, las demás industrias no se benefician de un tipo de cambio que reduzca importaciones o compense la rentabilidades de otros bienes exportables (banano, por ejemplo).

En consecuencia, las exportaciones colombianas caen drásticamente (los ingresos por la venta al exterior de combustibles, representan alrededor del 70% del total) y las finanzas públicas se contraen. Lo anterior conlleva pérdida de dinamismo en el mercado doméstico, particularmente por el ajuste que tiene que hacer el gobierno. Pero, si bien en la coyuntura éstas son las señales más críticas, en el fondo el problema es más estructural.

La devaluación del peso, que ha sido bastante drástica (60%, nominalmente hablando), debería ser el vehículo para un ajuste-precio que se tradujera en más exportaciones y menos importaciones. Pero esto no se sucede si no hay condiciones.

Algunos exportadores se beneficiarán -los caficultores, los floricultores, los bananeros, principalmente-. El margen de ganancia crecerá para ellos, pero su participación en los mercados no aumentará, por lo menos en el corto plazo. De un lado, porque otros países exportadores también tienen devaluación y, del otro, porque son mercados saturados o porque nuestras empresas no tienen la capacidad de aumentar la oferta en el corto  .Un ejemplo claro es la forma como Colombia ha ido perdiendo participación en el mercado mundial de café -desplazado por Vietnam e Indonesia-, a la vez que Brasil ha seguido consolidando su liderazgo en esta industria. Esta tendencia no es fácil de romper.

La otra cara de la moneda son las importaciones. Para el ajuste adecuado estás no están cayendo al ritmo necesario, y la razón es muy sencilla: necesitamos importar aquello que no producimos y este país cada vez tiene una oferta nacional menos diversificada. Importamos todo tipo de bienes de consumo, a la vez que la industria manufacturera y las pocas exportaciones con valor agregado tienen un alto componente de insumo importado.

En síntesis, no habrá un suficiente ajuste-precio en el corto plazo y, por lo tanto, el equilibrio tendrá que darse a través de la renta: gasto público, empleo y salarios. En consecuencia, el crecimiento económico, desde las variables domésticas, seguirá desacelerado. Este año creceremos más cerca del 2% que del 3% y las expectativas para 2016 son inciertas.

Adicionalmente, este mes de septiembre, el Banco de la República ha subido los tipos de interés un cuarto de punto, lo que indica que hay nubarrones de inflación en el corto plazo. O sea, la economía desacelerada y el banco central aplicando medidas de contracción. ¿Puede haber peor escenario?

¿Cuál puede ser la ruptura de corto plazo?

La tendencia de desaceleración (con riesgos de recesión), sólo se podrá romper en el corto plazo si los precios de petróleo se recuperan. ¿Esto de qué depende? Si miramos el mercado objetivo, no habrá recuperación de precios con la tendencia recesiva de las economías industrializadas y emergentes. Con un crecimiento tan frágil, la demanda de combustible no crecerá. Si pensamos en otros factores, entonces, habrá que esperar si la OPEP reacciona, lo que depende de factores geopolíticos o de la evolución de las exploraciones de combustibles no convencionales (fracking).

¿Cuál puede ser la ruptura de largo plazo?

Colombia tiene que revisar su modelo de desarrollo. Nuestra capacidad de responder y adecuarnos a crisis cíclicas y estructurales de la economía global no puede depender de la tasa de cambio o de la firma de uno u otro TLC. Este país tiene que recomponer el camino, reduciendo la dependencia de las exportaciones de petróleo y de las importaciones de bienes de consumo.

Para hacerlo, es necesario tomar las decisiones correctas, a nivel de Estado, con la participación de gremios y la Academia para que se fortalezcan, el sector rural, la agroindustria y la industria manufacturera. Se deben hacer las obras de infraestructura, invertir en I+D+i, elevar la calidad educativa, formar ingenieros, formalizar el empleo y fortalecer el sistema de salud. La competitividad se logra con una industria productiva y de calidad.

El postconflicto tiene que ser algo más que tierra para el campesino. Hay que modernizar el aparato productivo y hacer viable la vida empresarial en el campo y la ciudad.

 

 

 

 

 

Colombia 2015: incertidumbre en el frente económico.

Por Giovanny Cardona Montoya (diciembre 21 de 2014)

Cómo cierra el año 2014

Si nos comparamos con la región, Colombia va muy bien; si lo hacemos con el mundo, vamos “super”; y si miramos nuestra historia, el año 2014 “pasa raspando”.

Aunque el segundo semestre ha traído zozobra, hay que recordar cuatro cosas: 1) el desempleo está por debajo del 10%; 2) el Banco de La República no modificó las tasas de interés en las últimas reuniones de su Junta; 3) la inflación se mantiene controlada y; 4) el PIB viene creciendo de manera más o menos sostenida a pesar de la frágil recuperación de Estados Unidos y Europa y la desaceleración de China.

Sin embargo, si aceptamos que el petróleo es un referente clave para monitorear la economía colombiana, entonces no todo fue color de rosa en este 2014. El año no empezó bien para Ecopetrol, empresa que ha visto reducir sus reservas de crudo a 6,6 años; este hecho, aunado a debates relacionados sus refinerías y bajos resultados en las exploraciones y a la caída en los precios internacionales del crudo, ha derrumbado el precio de la acción a niveles insospechados.

¿Qué nos depara el año 2015?

  1. El tema principal de corto plazo es el relacionado con los precios internacionales del crudo. La recuperación del mismo depende de diversos factores: las decisiones de la OPEP, el ambiente geopolítico en el medio oriente y el crecimiento económico de Europa, Norteamérica y China. En el plano interno, el cambio de timonel (Javier Gutiérrez abandona la empresa) podrá dar luces sobre el Norte que guiará a la empresa en materia de exploraciones, incluido el tema del fracking. De esto depende que Ecopetrol mejore su nivel de reservas y recupere el valor de la acción en el mediano plazo.
  2. Si los precios internacionales siguen a la baja, se desestimularía la inversión extranjera para exploraciones (cuenta de capitales) y caerían los ingresos por exportaciones (balanza comercial). En consecuencia, se resentirían la balanza de pagos y las finanzas públicas, lo que haría pensar que la actual reforma tributaria tendría que ser complementada en 2016.
  3. Adicionalmente está el tema de la tasa de cambio. En este último año el dólar ha subido una pendiente inesperada. Que la tasa de cambio se mantenga alta depende especialmente del mercado internacional petrolero. Si el precio se mantiene muy bajo y las inversiones caen, el dólar se mantendrá alto, de lo contrario, la divisa podría volver a niveles cercanos a los 2000 COP.
  4. Con la decisión de Junta del Banco de La República (este viernes 19 de diciembre), manteniendo las tasas de interés estables y frenando las compras de divisas, las señales se aclaran bastante: no hay preocupaciones mayores en el frente inflacionario y se espera que el dólar se mantenga relativamente alto, por lo menos en los primeros meses del año. Ello indica que el mercado interno está asegurado, o sea, el consumo de los hogares y la dinámica de la construcción (obras civiles y vivienda) pueden ser las principales razones para mantener una meta de crecimiento del PIB superior al 4% para el próximo año.
  5. El dólar revaluado puede darle una mano a otros exportadores, como por ejemplo los confeccionistas, los bananeros y los cafeteros, además de dar algo de respiro a la pyme que no resiste la competencia externa.

En síntesis, 2015 es un año que nace con muchas incertidumbres debido a la alta dependencia de la industria de hidrocarburos. Sin embargo, la tarea para los empresarios para este nuevo año es trabajar con optimismo, aprovechar el buen escenario del mercado interno y monitorear muy de cerca el mercado mundial de combustibles y la evolución de la tasa de cambio.

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