Un país que exporta hidrocarburos y “personas” para comprar productos chinos.

Agosto 21 de 2017.

Aunque la balanza de pagos es el espejo en el que podemos ver las relaciones de un país con el resto del mundo, aquella también se puede utilizar para observar algunos de los hilos conductores de la dinámica económica doméstica.

1. EL CONCEPTO.

La balanza de pagos tiene dos grandes componentes, la cuenta corriente y la cuenta de capitales. El primer componente evidencia las operaciones de compra-venta internacionales de un país. Sin embargo, dicho componente no sólo incluye las mercancías, sino también los servicios y los pagos que se realizan por los factores de producción. Así, los intereses que se pagan por la deuda internacional y las utilidades que repatrian las empresas multinacionales se consideran compensaciones al capital, por lo tanto aparecen en la cuenta corriente. Pero, y de modo más sorprendente, debemos señalar que las remesas que envían los compatriotras que abandonan el país por diversas razones, también se reportan en la cuenta corriente, como una especie de pago por la exportación de la mano de obra.

El segundo componente, la cuenta de capitales, contabiliza los ingresos y salidas internacionales de capital, ya sean en forma de deuda externa o de inversiones extranjeras. En esta cuenta se incluyen los capitales de corto plazo y de largo plazo.

2. COLOMBIA OPTIMISTA

A lo largo de las últimas dos décadas, la balanza comercial (componente de la cuenta corriente que registra las importaciones y exportaciones de bienes) ha reflejado un comportamiento poco alarmante. No se han presentado déficits notorios, incluso en algunos años se ha tenido superávit comercial.

De igual manera, la cuenta de capitales evidencia que el país a lo largo de dos decenios ha atraído  Inversión Extranjera Directa y créditos de largo plazo. Este tipo de capitales tienden a ser productivos, relacionados con el desarrollo de empresas y obras de infraestructura, no dedicados a financiar el consumo.

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Hasta aquí, estas dos evidencias muestran un país optimista con una relación positiva con el resto del mundo: no hay exceso de importaciones y el país es atractivo para los inversionistas extranjeros.

3. COLOMBIA AMARGA.

Si bien la balanza comercial de Colombia no presenta síntomas críticos en el largo plazo (no se presenta un crónico, estructural o profundo déficti comercial), la cuenta corriente sí es deficitaria, de manera profunda y crónica. Aunque la relación entre exportaciones e importaciones de mercancías es estable, el país tiene un crónico déficit en cuenta corriente, el cual se explica por la salida de divisas en forma de utilidades repatriadas (las empresas extranjeras se llevan las ganancias) o de pago de intereses de la deuda externa.

Este déficit no es de mayor envergadura gracias a que los casi dos millones de colombianos que han salido del país buscando mejores oportunidades, envian remesas que son más importantes que el valor total de las exportaciones de café. Aunque las remesas se han reducido con la crisis económica de España y la desaceleración de la economía de Estados Unidos, su peso sigue siendo muy relevante.

Aunque la cuenta de capitales también se ha visto favorable en las últimas décadas, en realidad hemos venido incubando una crisis. La mayor parte de las inversiones extranjeras que llegan al país vienen para la industria minera, particularmente hidrocarburos, lo que explica su sensible descenso desde que los precios internacionales del petróleo se vinieron al piso en 2014.

El tema es que las evidencias empíricas señalan que nuestra economía no es atractiva para los inversionistas extranjeros, excepto en la minería, la banca o el comercio. O sea, ni el agro, ni la industria manufacturera son destinos significativos de los inversionistas extranjeros. Durante varios artículos hemos señalado la importancia de innovar y agregar valor a nuestros productos y para ello sería de mucha utilidad la transferencia de know how por parte de las empresas extranjeras. Pero eso no está sucediendo.

juan valdez

4. A MANERA DE CONCLUSIÓN.

La balanza de pagos no sólo es una herramienta para conocer las relaciones económicas internacionales de un país. Con los datos que se pueden leer en la información que aporta el Banco de La República, se ratifican varios hechos que dan a entender la crisis estructural de la economía colombiana:

– dependemos de las exportaciones de hidrocarburos, a pesar de que no tenemos reservas de petróleo a largo plazo. La importancia del café y otros productos de agroindustria ha caído significativamente. Ni qué hablar de otros sectores de la industria manufacturera.

– atraemos inversiones extranjeras pero fundamentalmente para la exploración y explotación de hidrocarburos y la venta de empresas en el sector financiero, comercio y telecomunicaciones. Pero no llegan capitales para modernizar la industria manufacturera o el agro. Adicionalmente, la repatriación de utilidades evidencia que los países industrializados no están interesados en reinvertir sus utilidades en el país.

– las remesas de colombianos que se han ído del país financian una parte importante del déficit en cuenta corriente.

O sea, estamos vendiendo nuestras empresas, explotando el subsuelo y exportando mano de obra para financiar nuestro tren de consumo.

Frente a la recesión: innovar. Frente al subdesarrollo: innovar.

Agosto 14 de 2017.

 

Hace pocos días un colega, Luis Fermando Montoya, me entrevistó para el canal de su empresa de consultoría y preguntó, como es recurrente en estos dias en las reuniones gremiales y universitarias, acerca de la preocupación de los empresarios con respecto al ambiente económico de este año.

En una corta respuesta de 10 minutos (ver video:   https://www.youtube.com/watch?v=9wR1Gt2N2B4&feature=youtu.be) me salí de la cuestión inicial, los temas de coyuntura, y le hice un planteamiento dual en el que le expuse mis argumentos para entender las raíces de la actual desaceleración económica y le expliqué por qué la salida a los empresarios era “tomar más riesgos en función de la inversión”. O sea, no esconderse en refugios (oro, bonos, propiedad raíz, dólares), sino, todo lo contrario, sembrar semillas para el futuro.

1. La incertidumbre de corto plazo no se puede detener, pero hay un problema mayor.

En la primera parte del video señalo que la coyuntura política, cargada de incertidumbre, permanecerá hasta las elecciones del próximo año. Y sólo si hay un claro vencedor en las elecciones al Congreso y presidenciales (los del No o los del Si al proceso de paz), el escenario político volverá a mandar señales de tranquilidad. Si esto no sucede, la zozobra se extenderá por más tiempo. Doy por descontado que la implementación de ciertos acuerdos, relacionados particularmente con la reparación de víctimas, el agro y la erradicación de cultivos, ya de por sí traeran vientos muy positivos a los inversionistas.

Sin embargo, reitero en mi exposición que el problema no es la actual desaceleración económica, ni siquiera la caída de los precios del petróleo desde 2014, sino la desindustrialización provocada con la liberalización económica hace ya más de cinco lustros. La apertura económica implementada en Colombia no se parece mucho al modelo a seguir: el de los tigres asiáticos.

2. ¿Qué hacer?

El mensaje que propongo a los empresarios es no centrarse en la coyuntura de desaceleración e incertidumbre. Temo que los empresarios sigan concentrados en los factores cortoplacistas y que no estén viendo los factores de cambio de esta globalización de la sociedad del conocimiento: las cadenas globales de valor y la innovación como eje de la competitividad en los mercados internacionales.

Como le indicaba a Luis Fernando en el video, nuestros empresarios no pueden seguir atados a que la tasa de interés baje un punto o que se genere algún beneficio fiscal (son bienvenidos, claro está) porque esos son solo paliativos frente a la realidad de que nuestro aparato productivo ha reducido el grado de sofisticación de los productos (de esto puede dar cuenta el Consejo Nacional de Competitividad, a través de sus informes anuales).

sofisticacion de exportaciones emergentes y Colombia

El reto del gobierno, de los empresarios y gremios, al igual que de las instituciones educativas y centros de investigación, es redefinir nuestros procesos empresariales y volcar los recursos hacia la innovación, los desarrollos y la transferencia tecnológica.

En síntesis, lo que quiero señalar es que no podemos seguir buscando la calentura en las sábanas; con un aparato productivo más diversificado y tecnológicamente desarrollado, la caída del precio del petróleo sería algo marginal. El problema es estructural, no coyuntural.

Pero, a la vez, sugiero: a grandes males, grandes soluciones. Este es un país que puede convertirse en un jugador importante en los mercados mundiales agroindustriales, tanto alimentos como biocombustibles; al igual que en otras áreas de la biotecnología (farmacéutica, cosmetología, etc.). Tenemos una de las mayores biodiversidades del planeta y una extensión rural no cultivada inequiparable.

Pero enfatizo en la tesis de la biotecnología y la agroindustria, porque este país no puede volver de la minería a la agricultura extensiva y sin agregación de valor. Innovación es el nombre del juego.

Seguramente también hay potencial en el sector servicios (el extendido auge de la construcción ha generado capacidades en materia de diseños y otros ámbitos ingenieriles y de arquitectura), a la vez que la tradición de industrias como la de textiles y confecciones o la de marroquinería no se puede desdeñar. Pero el reto es el mismo: diversificar y agregar valor.

 

Para los detalles, sugiero que vean el video completo. https://www.youtube.com/watch?v=9wR1Gt2N2B4&feature=youtu.be

Colombia: un país que no ve a lo lejos.

Algo no anda bien en el Contrato Social de este país pseudo-petrolero, otrora llamado cafetero. Somos en muchos sentidos una de las economías con mayor potencial del mundo: uno de los 35 países más grandes del planeta, un puesto similar ocupamos en población y en valor del PIB. Adicionalmente, tenemos una de las mayores biodiversidades del planeta, algo que hoy es mucho más valorado que décadas atrás. Tenemos una posición estratégica envidiable (eso lo sabemos desde la escuela primaria). Y sin embargo, ni en indicadores de bienestar, ni de equidad o distribución de riqueza, ni en competitividad, avanzamos en la dirección correcta: o nos estancamos o caminamos hacia atrás.

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Para ser más gráficos, veamos tres ejemplos:

– Eramos una economía agroindustrial, aprovechábamos nuestra dotación de recursos renovables (de origen animal y vegetal). Ahora somos mineros, sin reservas a largo plazo y encasillados en una economía menos amigable con el medio ambiente.

– El PIB colombiano ha crecido si se le compara con el vecindario. En dos décadas hemos pasado de ser una 5a o 6a economía de América Latina, ahora le peleamos el 4o lugar a Argentina. Sin embargo, seguimos ocupando uno de los últimos lugares en el Indice Global de Competitividad y en distribución de riqueza (equidad).

– Tenemos, según diversas fuentes, la segunda mayor riqueza en biodiversidad del planeta; sin embargo, tenemos ciudades altamente contaminadas, una minería descontrolada (léase: contaminante) y no tenemos una fuerte industria de productos limpios (biocombustibles, orgánicos, etc.)

¿Qué estamos haciendo para avanzar?

Aplicamos paños de agua tibia; mercamos pa´l día, apagamos incendios. O sea, nos negamos a definir un proyecto país. Simplemente atendemos las urgencias. Veamos:

– Cada gobierno se propone hacer una reforma tributaria estructural…pero al final sólo se aprueba una nueva lista de impuestos, enredada con excepciones que dan gusto a grupos de poder limitados, lo que sólo subsana las finanzas públicas de corto plazo, nada mas;

– El país necesita una mayor educación con calidad. Entonces, de un plumazo creamos programas educativos, nos llenamos de bachilleres, de profesionales y de magisters, aumentamos la cobertura educativa, pero con los mismos recursos. Al final, tenemos más graduados pero sin la capacidad creativa e innovadora para generar más riqueza o mayor bienestar. Ahora los desempleados están mejor cualificados.

– Nuevamente, de un plumazo, se decide crear un sistema universal de salud. Ya la atención médica es un derecho del 100% de la población. Pero, como los recursos son los mismos, entonces la calidad del servicio desmejora. Tienes derecho a los medicamentos…pero no se sabe cuándo; no se sabe si te llegarán tarde.

– Y la lista es interminable. Se han creado instrumentos e incentivos para la investigación científica. Colciencias y Publindex ofrecen puntos para medir el avance de la ciencia. Pero, en este país del Sagrado Corazón, sabemos “hacerle la comba al palo”; ya hay investigadores expertos en hacer puntos, así no estén haciendo ningún aporte a las necesidades de la sociedad, del ambiente o de la economía. Simplemente hacen puntos y, por ende, hacen plata.

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¿Dónde está el problema?

Entre nuestras organizaciones sociales, políticas y económicas se han puesto de acuerdo para conservar el statu-quo. En cada proceso electoral, en cada convocatoria de una licitación, en cada proyecto de  ley, en cada reforma tributaria, se “llevan propuestas de cambio“, pero terminamos asegurándonos que nada cambie.

No hay vocación de país, no hay visión de futuro.

Colombia, en cabeza de sus diversas élites (políticas, económicas, sociales, culturales y académicas), las cuales reunen a líderes de derecha y de izquierda, a gamonales de las regiones y a caciques bogotanos; a líderes gremiales y sindicales; al igual que a los supuestos voceros de la diversidad de razas que enriquece este caleidoscopio étnico, ha logrado dar vueltas a lo largo de las décadas, como en un remolino; produciendo la sensación de que avanza, aunque realmente se asfixia -en el mejor de los casos sólo se marea-…

…pero no avanza.

 

 

Economía colombiana: el problema no es el bajo crecimento del PIB, es el subdesarrollo.

No estamos en recesión, es el subdesarrollo nuestro verdadero problema.

Hace un par de años, con la caída de los precios internacionales del petróleo y otros commodities, las finanzas públicas y los indicadores que miden la producción colombiana, PIB y exportaciones, entraron en crisis y reaparecieron los megáfonos que alertaban una posible recesión.

Algo bueno le encuentro a los anuncios de crisis de la economía colombiana en las últimas décadas, puesto que sirven para recordar lo frágil que es nuestro aparato productivo.

El siglo XX fue el de la industrialización para Colombia; con un modelo proteccionista en boga nacieron y se consolidaron muchas de las grandes manufactureras de este país: textileras, confeccionistas, locerías, productores de alimentos, ensambladores, etc. Gracias a este proceso, el país incrementó el autoabastecimiento de bienes manufacturados; a la vez que las exportaciones de café se acompañaron de productos manufacturados de mediana y baja complejidad tecnológica.

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Sin embargo, lo que sucedió desde finales del siglo XX ha sido todo lo contrario: Colombia se ha convertido  en un país importador, altamente dependiente de bienes manufacturados en el exterior. En el último decenio este país se ha venido desindustrializando de manera alarmante. Desde hace 10 años el Consejo Nacional de Competitividad viene monitoreando el desempeño de la economía colombiana y particularmente señala cómo se viene reduciendo el Valor Agregado Nacional de las exportaciones a lo largo de las años.

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El hecho es que después de un cuarto de siglo de Apertura Económica, proceso sugerido para  elevar la competitividad de la economía colombiana, la realidad es que los cambios que se han vivido se pueden sintetizar:

– los consumidores colombianos han ampliado el menú de oportunidades, incrementándose la oferta de bienes y servicios de calidad semejante a la de mercados internacionales;

– la minería se ha expandido, convirtiéndose en la principal fuente de divisas por balanza comercial;

– la esfera de servicios se ha modernizado, especialmente en el ámbito de las TIC.

Sin embargo, el llamado proceso de internacionalización de la economía colombiana deja dos grandes lastres que evidencian que el tren del Desarrollo Económico, en el cual embarcaron los tigres asiáticos (Corea, Taiwán, Singapur, etc.) y algunas naciones de otras latitudes (Sudáfrica, Brasil, Turquía, China, India), ha partido sin nosotros:

la industria manufacturera y la agricultura han contraido su participación en el PIB y en las exportaciones. El país importa un alto porcentaje del valor de las manufacturas y de los alimentos que consume;

– la distribución de la riqueza se ha consolidado como una de las menos equitativas del planeta: cada vez un número más pequeño de millonarios posee una mayor porción de la riqueza del país, mientras el porcentaje que pertenece a los segmentos de la población más pobre ha disminuido.

En síntesis, el problema de Colombia no es la caída en los precios de los combustibles; no es la desaceleración económica la que nos debe preocupar, sino el modelo de desarrollo que siembra inequidad y pocas posibilidades de que se incremente la riqueza de modo sostenido.

¿Dónde está la base de nuestro subdesarrollo?

El desarrollo económico sostenible de este siglo XXI se apoya en tres pilares:

crecimiento sostenible a lo largo del tiempo;

– preservación del entorno natural y cultural;

– generación de oportunidades para una distribución de beneficios que reconozca las necesidades de toda la población.

En Colombia no sucede ninguna de estas tres condiciones. Si bien Colombia ha vivido pocas experiencias de recesión, técnicamente hablando, la verdad es que raras veces el PIB se expande a tasas significativas. Sin embargo, lo más notorio es que no se crece de manera sostenida y que dicho crecimiento se apoya en gran medida en una minería insostenible.

Y con el tema de la minería se evidencia nuestra segunda ausencia: un entorno preservado y sostenible a largo plazo. Hemos dejado de ser una economía agroindustrial para convertirnos en extractores de minerales e hidrocarburos. El deterioro del medio ambiente como consecuencia de una minería  expansiva y la falta de reservas confirmadas de petróleo, hacen insostenible nuestro modelo económico.

La consecuencia de todo esto es una sociedad injusta, con élites privilegiadas que quieren vivir como en Europa, mientras millones de familias viven como en el país más subdesarrollado del planeta. .

Hay que revisar el Modelo de Desarrollo.

Creo que le hemos dado muchas vueltas al tema. Durante más de 25 años hemos estado esperando los milagros de la inversión extranjera, de los TLC, del mercado sin controles, de las privatizaciones, de la apertura económica. Los ajustes derivados de reformas fiscales, reformas laborales, reformas a la seguridad social y demás reformas han sido paños de agua tibia que no ponen el acento en el problema central: ¿cuál futuro país deseamos construir? Para ello, es necesario repensar algunos temas estratégicos:

– tomar decisiones de fondo en lo referente a la educación, la investigación y la innovación. El actual  sistema educativo no garantiza que los futuros bachilleres y profesionales sean “ciudadanos” e “innovadores”. La ampliación de cobertura no ha sido suficiente. Hay que revisar el tema y tomar decisiones radicales;

– tomar decisiones sobre la necesidad de desarrollar lo rural, la agricultura, la agroindustria y la economía ambiental. No sólo se trata del post-conflicto y el regreso de los campesinos al campo; no sólo se trata de que tenemos un gran potencial para autoabastecernos de alimentos y de otras materias primas de origen vegetal o animal; se trata del hecho que el futuro del planeta depende en gran medida de agua y vegetaciones que existen en pocos países, incluído Colombia. Hacemos parte de la solución al desarrollo sostenible global;

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– tomar decisiones sobre lo que significa la integración regional o global. Somos un país “pasivo” sin identidad en los escenarios internacionales. Dependemos de lo que deciden las grandes potencias y los mercados emergentes. Colombia es una de las 35 economías más grandes del planeta (territorio, población y PIB), ese tamaño le genera derechos y deberes frente a la comunidad internacional. Tenemos un enorme potencial en el vecindario, con países grandes y economías significativas, con culturas cercanas que podrían facilitar el intercambio y la integración. Pero para eso hay que romper ciertos paradigmas que sólo nos permiten mirar hacia el Norte.

Podríamos complementar la lista: faltan ingenieros, falta estimular las artes y las ciencias sociales y humanas, hay que resover el problema de la infraestructura, la calidad de la salud, la óptima atención a la primera infancia, etc. Pero  más que una lista, lo que el país necesita es reconocer que somos una economía subdesarrollada, no somos un “mercado emergente” y debemos dejar de mirar nuestros problemas sociales y económicos como retos de corto plazo.

Hace 27 años, el entonces presidente de la Apertura Económica nos anunció: “Bienvenidos al Futuro”…y el futuro llegó. Volvámos a intentarlo. No más pañitos de agua tibia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Crisis económica: mirar a largo plazo ¡he ahí la cuestión!

Abril 3 de 2016,

Autor: Giovanny Cardona Montoya.

 

La actual crisis que vive la economía colombiana, derivada de un cuarto de siglo de abandono al sector manufacturero y a la agricultura, es una buena excusa para señalar la importancia de mirar la competitividad más allá de las materias primas y de la tasa de cambio.

De hecho, y como una ratificación de que no estamos “descubriendo el agua tibia”, hace poco un colega me recordaba que Michael Porter -quien pinceló estrategias para la competitividad de Colombia hace unos 20 años-, habría dicho que ojalá Colombia no encontrara más petroleo. Creo que esta afirmación no requiere más explicaciones.

 

Desde mediados del siglo XX se ha evidenciado que la agregación de valor es la principal fuente de riqueza de los exportadores ¿En qué estábamos pensando los colombianos?

Desde mediados del siglo XX se ha evidenciado que la agregación de valor es la principal fuente de riqueza de los exportadores ¿En qué estábamos pensando los colombianos?

 

Ver el futuro, ver a lo lejos.

Colombia tiene un reto rezagado que depende tres variables: productividad, calidad y agregación de valor. Este reto involucra a toda una sociedad, empezando por su sistema educativo, continuando con el aparato gubernamental y terminando con las empresas y los gremios. Para afrontar este reto hay que romper con ciertas tradiciones que nos atan al pasado: la visión de corto plazo de unos espíritus reactivos y el miedo al cambio son dos de ellas.

Si nos concentramos en el Estado, entonces, necesitamos -valga la redundancia- políticas de Estado. A este país lo están matando el cortoplacismo y el gobiernismo. Nadie ve que para que nos vaya bien en las pruebas PISA, por poner solo un ejemplo, es necesario pensar en los niños del pre-escolar, no en los chicos que ya están en 9o grado. ahí ya no hay mucho que hacer. Y no es que haya que abandonar a los estudiantes adolescentes, sólo lo digo porque aquí vivimos otro síndrome: el de los gobiernos mediáticos.

El problema de Colombia no son las pruebas PISA, no. El problema es que nuestros estudiantes tienen serios problemas de lecto-escritura, de pensamiento matemático, de análisis, de síntesis, de abstracción, de dominio de otras lenguas y culturas, entre otros. Pero, como las pruebas PISA son las que mojan tinta y se comentan en las redes sociales, entonces, nuestros gobiernos se preocupan por ver cómo mejoran su imagen en Facebook, no como le dan Norte a esta nación.

Pero en las empresas la situación no es diferente: la tan aclamada VISION permanece engomada en las paredes de las oficinas y reluce en todas las páginas web, pero al mismo tiempo todo el talento humano de la organización anda ocupado resolviendo los problemas de la quincena, del trimestre o, a lo sumo, del año. Nadie tiene tiempo para pensar en el futuro.

 

Educación miope

Al sistema escolar no le va mejor: tenemos currículos que tratan de transmitir información, que forman personas para recordar datos, que desarrollan habilidades que hoy realizan las máquinas y que, peor aún, no motivan a los estudiantes para que deseen aprender.

Para no quedarnos en generalidades, está claro que necesitamos profesionales que tengan competencias lecto-escritoras en más de un idioma (o al menos en el nuestro), que tengan pensamiento matemático, autónomo y crítico y que sean creativos. Si hacemos eso, seguro nuestro aparato productivo daría un salto. Pero seguimos enseñando matemáticas de tal modo que los estudiantes las odien, los tenemos repitiendo textos en blanco y negro que están publicados por todas partes, y seguimos dándoles semestres y semestres de gramática de inglés, lo que hace que sepan repetir verbos regulares e irregulares, pero no construyan una sola frase.

Una última evidencia involucra al MEN y a las instituciones educativas. Hemos dividido la educación en presencial y virtual, !qué locura! Hace poco me di cuenta que hay Universidades que ofrecen educación a distancia tradicional y, entonces, se les diferencia de la educación virtual. No me imagino la educación a distancia sin computadores, sin informática y sin Internet. Bueno, tal vez, una educación a distancia para comunidades indígenas pueda justificarse, pero de resto ¡imposible!

Pero el punto no es ese, el punto es que la educación presencial tiene que ser mixta, requiere de la virtualidad. La educación virtual no tiene futuro como modalidad, mejor dicho, la educación fundamentalente presencial debe desaparecer. No me malinterpreten, realmente lo que quiero decir es que la educación centrada en un profesor que sabe no tiene presentación en el mundo de hoy, lleno de información y experiencias para los estudiantes, incluso desde antes que se matriculen.

Hoy la educación debe enriquecerse con metodologías y tecnologías que fortalezcan la relación entre autoaprendizaje (el estudiante enfrentándose al conocimiento de la web) y el aprendizaje colaborativo (interacción con el profesor, con los colegas, con los empresarios, etc.), conectando el aula -si es que la hay- con el ciber-espacio y con los espacios cotidianos de nuestros  estudiantes (las calles, el hogar, las empresas, etc.)

Este país tiene muchos problemas, pero uno de los más evidentes es que no nos atrevemos a ver más allá de la quincena; nuestro gobierno, nuestras empresas y nuestras escuelas tienden a venerar el pasado y a ver el futuro muy pero muy cercano.