Incertidumbre cambiaria y escalada inflacionaria, ¿qué esperar?

Por: Giovanny Cardona Montoya (abril 10 de 2016)

 

¿Qué ha pasado?

Tal vez la última vez que el ambiente económico global fue relativamente tranquilo y con bajos niveles de incertidumbre fue el que se vivió entre 2004 y la crisis inmobiliaria de las subprime entre 2007 y 2008. Sin embargo, y aunque los países industrializados aún no emergen plenamente de la crisis, la economía colombiana -al igual que muchas emergentes- se recuperó desde 2009 y los indicadores del ambiente económico se mantuvieron saludables: baja inflación, tasa de cambio sin sobresaltos y desempleo a la baja. Pero a partir del segundo semestre de 2014 el ambiente se ensombreció.

 

¿Cuál es la coyuntura?

La coyuntura que angustia a las empresas colombianas se deriva de la fuerte caída en los precios del petróleo, el acelerado alza de la tasa de cambio y la gradual y escalonada inflación. Estas tres variables se relacionan entre sí: el bajo precio del petróleo afecta nuestra balanza comercial y reduce la entrada de Inversión Extranjera Directa -IED-, lo que ha elevado el precio del dólar, encareciendo las importaciones. La devaluación del peso eleva los costos de los insumos y demás bienes importados, lo que, aunado al fenómeno del Niño, trae más inflación.

La incertidumbre que presenta la economía colombiana se acompasa de una débil recuperación de la economía global. Europa lentamente sale de su crisis, pero sus indicadores apenas sirven para devolver una pequeña porción de los empleos perdidos desde 2008. Si bien Norteamérica muestra una economía más saludable, algunos indicadores aún no generan confianza. Adicionalmente, Japón parece haberse acostumbrado a un crecimiento precario y China sigue su tendencia de desaceleración económica. Esta situación hace prever que el mercado mundial no será el gran jalonador de nuestro crecimiento económico.

 

¿Qué esperar?

Más que un pronóstico, me propongo hacer una sugerencia: seamos prudentes con las predicciones de corto y mediano plazo. En otras palabras, no sugiero marcados optimismos, sino, ubicarnos en escenarios que se aproximen poco al ideal. Tengo dos razones para ello:

1. La economía global no parece tener bases para lograr una recuperación acelerada. Al contrario, parece que China enfrenta problemas que no podrá solucionar sin la implementación de ajustes, los cuales se relacionan fundamentalmente con la dinámica de su mercado doméstico. Tantos años de éxito inevitablemente se traducen en un crecimiento del consumo doméstico, con los consabidos riesgos de inflación y revaluación. Mientras China no enfrie su recalentado mercado, los precios de los no tranzables (vivienda y servicios personales) se alejarán de los de los bienes comercializables, provocando una crisis estructural.

Los demás países emergentes, artífices de la recuperación desde 2009, no parecen tener un mejor ambiente: México, Brasil y sus vecinos latinoamericanos se desaceleran o están en recesión. Igualmente, Europa enfrenta problemas en su modelo de integración, los cuales, aunados al tema migratorio -exacerbado por la guerra de Siria- y a las preocupaciones por el terrorismo fundamentalista, no parecen hacerle fácil el camino hacia una sólida recuperación económica.

2. La inflación en Colombia. Tengo varios argumentos para pensar que en 2016 y al menos en parte de 2017, este indicador seguirá dando dolores de cabeza. Para empezar, los desajustes climáticos no son un fenómeno coyuntural; a las sequias les siguen los temporales invernales, y el ciclo vuelve a empezar. En otras palabras, si la inflación está asociada a las cosechas, entonces, estamos condenados a periódicos ciclos inflacionarios derivados de la crisis global medioambiental.

El calentamiento globla es un fenómeno estructural y no coyuntural. Las convenciiones de Kyoto sobre calentamiento global, y ahora el Acuerdo de París, son una clara evidencia de que el desorden climático es permanente. Ahora tendremos que aprender a convivir con comportamientos impredecibles de las cosechas. Así que, si nos preocupa el fenómeno del Niño como gestor de inflación, mejor nos vamos acostumbrando.

El calentamiento globla es un fenómeno estructural y no coyuntural. Las convenciiones de Kyoto sobre calentamiento global, y ahora el Acuerdo de París, son una clara evidencia de que el desorden climático es permanente. Ahora tendremos que aprender a convivir con comportamientos impredecibles de las cosechas. Así que, si nos preocupa el fenómeno del Niño como gestor de inflación, mejor nos vamos acostumbrando.

El otro tema que está provocando inflación es el alza en los tipos de cambio. Colombia es un país que importa una amplia gama de bienes de consumo, incluso de alimentos. Bajo estas circunstancias, actualmente se están negociando las compras del segundo semestre y de la temporada navideña, lo que indica que, al margen de la evolución de la tasa de cambio en el segundo semestre, el efecto inflacionario de este dólar de más de tres mil pesos ya se hace inevitable para 2016.

Entonces, de mediano plazo la pregunta es ¿bajará el precio del dólar a finales del año?

La respuesta depende de dos factores fundamentales, el precio de los combustibles en el mercado mundial y las políticas monetarias de la FED. Con respecto a este segundo argumento no hay certezas. Después de varios años de aplicar políticas expansivas, la FED ha dejado de estimular el crecimiento económico. Elevar las tasas de interés puede ser un vehículo que mantenga una tendencia del dólar hacia la revaluación.

El otro argumento, el del precio del petróleo es más complejo aún; todo indica que su caída se explica por una combinación de razones objetivas (desaceleración económica global) y subjetivas (geopolítica y especulación en los mercados de futuros).  Si nos centramos en los argumentos objetivos, el precio del combustible parace haber encontrado piso, prueba de ello son los acuerdos que se están dando por parte productores para evitar más caídas. Ya el mercado cambiario ha empezado a reaccionar, lo que también se refleja en un dólar de 3 mil pesos, en lugar de 3.300 pesos, como estuvo hace unos meses.

Pero, lo más difícil de predecir son los comportamientos geopolíticos de los Estados y las reacciones especulativas de los mercados. La crisis de relaciones de Estados Unidos con Venezuela y Rusia benefician un petróleo a la baja; pero, los grandes productores de petróleo no convencional (en Estados Unidos principalmente) salen afectados con este combustible tan barato que hace inviables las inversiones en la nueva tecnología del fracking.

 

Conclusiones:

Probablemente el petróleo encontró su piso y el precio del dólar ya baja de su techo…pero esto no es seguro; hay demasiadas variables en juego, y no todas son de racionalidad económica.

En síntesis, invito a que nos movamos en escenarios no muy optimistas, que no finquemos nuestras expectativas en la recuperación de las variables críticas: inflación, tasas de interés o tipos de cambio; sino que construyamos presupuestos y planes de mediano plazo con base en esfuerzos propios dirigidos a la innovación, los nuevos proyectos, mayores eficiencias, alianzas estratégicas con proveedores domésticos y extranjeros y búsqueda de nuevos mercados.

 

 

 

 

 

 

Economía 2016: razones para el pesimismo.

 

Septiembre 28 de 2015

 

Autor: Giovanny Cardona Montoya

El contexto:

La economía colombiana, al igual que la de varios países exportadores de commodities de la minería, está viviendo un viacrucis por cuenta de la estrepitosa caida en los precios internacionales, particularmente de los combustibles fósiles.

Sin embargo, esta caída no es la única mala noticia. Europa, economía que se recupera muy lentamente de una larga recesión, ahora vive una crisis social nacida de las entrañas del conflicto sirio, la cual seguramente pasará factura a las finanzas públicas y a la confianza de los inversionistas.

Adicionalmente, China continúa su proceso de desaceleración económica, el cual seguramente sólo se detendrá con cambios estructurales, los cuales no se darán en el corto plazo. El coloso asiático ha sembrado un mercado doméstico, el cual ahora florece con espinas inflacionarias, las cuales no dejarán de provocar incertidumbre hasta que la producción de bienes y servicios no transables no se adecue a los reclamos de la creciente demanda.

Adicional a Europa, Japón sigue estancado y el crecimiento norteamericano es frágil. De hecho, a pesar de su debilidad, seguramente antes de que termine este 2015 la FED subirá sus tipos de interés, enviando una señal de que se acabó la época de estimular el crecimiento a través de medidas monetarias. La fiesta se habrá acabado, a pesar de que aún los invitados no han celebrado suficiente.

¿Cuál es la situación de la economía colombiana?

Pero no sólo las grandes economías industrializadas y China andan en un proceso de desaceleración económica. El escenario también es negativo para Brasil y para otras economías que son muy sensibles a nuestros intereses: México y Ecuador. La situación de esta última nación es particularmente crítica, ya que no sólo sufre las consecuencias de un petróleo barato, sino que, además, no tiene moneda propia para devaluar, por lo tanto, las demás industrias no se benefician de un tipo de cambio que reduzca importaciones o compense la rentabilidades de otros bienes exportables (banano, por ejemplo).

En consecuencia, las exportaciones colombianas caen drásticamente (los ingresos por la venta al exterior de combustibles, representan alrededor del 70% del total) y las finanzas públicas se contraen. Lo anterior conlleva pérdida de dinamismo en el mercado doméstico, particularmente por el ajuste que tiene que hacer el gobierno. Pero, si bien en la coyuntura éstas son las señales más críticas, en el fondo el problema es más estructural.

La devaluación del peso, que ha sido bastante drástica (60%, nominalmente hablando), debería ser el vehículo para un ajuste-precio que se tradujera en más exportaciones y menos importaciones. Pero esto no se sucede si no hay condiciones.

Algunos exportadores se beneficiarán -los caficultores, los floricultores, los bananeros, principalmente-. El margen de ganancia crecerá para ellos, pero su participación en los mercados no aumentará, por lo menos en el corto plazo. De un lado, porque otros países exportadores también tienen devaluación y, del otro, porque son mercados saturados o porque nuestras empresas no tienen la capacidad de aumentar la oferta en el corto  .Un ejemplo claro es la forma como Colombia ha ido perdiendo participación en el mercado mundial de café -desplazado por Vietnam e Indonesia-, a la vez que Brasil ha seguido consolidando su liderazgo en esta industria. Esta tendencia no es fácil de romper.

La otra cara de la moneda son las importaciones. Para el ajuste adecuado estás no están cayendo al ritmo necesario, y la razón es muy sencilla: necesitamos importar aquello que no producimos y este país cada vez tiene una oferta nacional menos diversificada. Importamos todo tipo de bienes de consumo, a la vez que la industria manufacturera y las pocas exportaciones con valor agregado tienen un alto componente de insumo importado.

En síntesis, no habrá un suficiente ajuste-precio en el corto plazo y, por lo tanto, el equilibrio tendrá que darse a través de la renta: gasto público, empleo y salarios. En consecuencia, el crecimiento económico, desde las variables domésticas, seguirá desacelerado. Este año creceremos más cerca del 2% que del 3% y las expectativas para 2016 son inciertas.

Adicionalmente, este mes de septiembre, el Banco de la República ha subido los tipos de interés un cuarto de punto, lo que indica que hay nubarrones de inflación en el corto plazo. O sea, la economía desacelerada y el banco central aplicando medidas de contracción. ¿Puede haber peor escenario?

¿Cuál puede ser la ruptura de corto plazo?

La tendencia de desaceleración (con riesgos de recesión), sólo se podrá romper en el corto plazo si los precios de petróleo se recuperan. ¿Esto de qué depende? Si miramos el mercado objetivo, no habrá recuperación de precios con la tendencia recesiva de las economías industrializadas y emergentes. Con un crecimiento tan frágil, la demanda de combustible no crecerá. Si pensamos en otros factores, entonces, habrá que esperar si la OPEP reacciona, lo que depende de factores geopolíticos o de la evolución de las exploraciones de combustibles no convencionales (fracking).

¿Cuál puede ser la ruptura de largo plazo?

Colombia tiene que revisar su modelo de desarrollo. Nuestra capacidad de responder y adecuarnos a crisis cíclicas y estructurales de la economía global no puede depender de la tasa de cambio o de la firma de uno u otro TLC. Este país tiene que recomponer el camino, reduciendo la dependencia de las exportaciones de petróleo y de las importaciones de bienes de consumo.

Para hacerlo, es necesario tomar las decisiones correctas, a nivel de Estado, con la participación de gremios y la Academia para que se fortalezcan, el sector rural, la agroindustria y la industria manufacturera. Se deben hacer las obras de infraestructura, invertir en I+D+i, elevar la calidad educativa, formar ingenieros, formalizar el empleo y fortalecer el sistema de salud. La competitividad se logra con una industria productiva y de calidad.

El postconflicto tiene que ser algo más que tierra para el campesino. Hay que modernizar el aparato productivo y hacer viable la vida empresarial en el campo y la ciudad.

 

 

 

 

 

El dólar comienza a zigzaguear: ¿hacia dónde va?

 

Por: Giovanny Cardona Montoya

¡Como si fuera ayer!

Quienes vivimos parte de nuestra vida en una Colombia anterior a la apertura económica, que ya lleva un cuarto de siglo, recordamos el estatuto cambiario 444 de 1967. Este, que rigió hasta 1991, nos acostumbró al crawling peg que hacía que el peso se devaluara gradual y nominalmente alrededor de las tendencias inflacionarias. Pero, esos ya parecen tiempos muy remotos.

Lo que ha pasado después de las leyes 7a y 9a de 1991, ha sido muy diferente. Particularmente desde 2002, cuando el dólar llegó a tocar el listón de los 3 mil pesos, comenzó un proceso de revaluaciones, nominales y reales, que con escasas excepciones nos acompañó hasta 2014.

(Nota aclaratoria: la revaluación nominal se evidencia cuando el precio del dólar ha bajado, y la real cuando el precio del dólar se mantuvo bajo a pesar de que nuestra inflación era más alta que la de nuestros mercados principales: Estados Unidos y Unión Europea).

¿De qué dependerá el precio del dólar en el futuro cercano?

Desde el segundo semestre de 2014 el precio del dólar ha venido en alza, lo que en principio se explica por la caída en los ingresos de exportaciones por cuenta de los bajos precios internacionales del petróleo. Sin embargo, para pronosticar el valor futuro de la divisa, no es suficiente este indicador. Veamos:

1. Factores económicos que bajan el precio del petróleo.

Sobre este punto ya hemos hablado varias veces en este blog (1) (2). La crisis de 2008 aún deja secuelas; mientras Europa no consolide su recuperación y Japón continúe estancado, los mercados emergentes no pueden asegurar en el largo plazo un ritmo acelerado de la locomotora de la economía mundial.

El caso más evidente es China, que ha venido enfriando sus calderas, instalándose en unas tasas de crecimiento cercanas al 7%, muy por debajo de sus históricas del 10-11%. Este ritmo lento, acompañado de un mayor autoabastecimiento norteamericano y de exploraciones de combustibles no convencionales por la técnica de fracking, cambia la ecuación del mercado de petróleo, conllevando una relativa sobreoferta y una consecuente caída en el precio.

2. Factores geopolíticos que afectan el precio del petróleo.

Por más que se hable de incremento en el autoabastecimiento norteamericano y de la desaceleración del la economía china, es evidente que la caída en los precios del petróleo ha sucedido muy rápido: más de 50% en unos cuantos meses. La velocidad y la profundidad de la caída dan pie a suponer que algo de geopolítica y de especulación bursátil hay en esta dinámica.

En los últimos años se han agudizado las relaciones conflictivas de Estados Unidos con Irán, Rusia y Venezuela. En el caso de Irán, Arabia Saudita es un aliado estratégico de las potencias nucleares de Occidente, ya que quiere frenar la expansión chiita en el Medio Oriente; con respecto a Rusia, la Unión Europea también es incondicional, ya que está en juego el posible acuerdo comercial con Ucrania.

Estos tres países tienen un patrón común: grandes reservas de hidrocarburos y una alta dependencia de la exportación de los mismos. Ello permite lanzar la hipótesis de que los bajos precios del petróleo pueden responder a una estrategia consciente de Occidente y de Arabia Saudita para ahogar o, al menos, presionar, a sus gobiernos.

En el caso de Rusia, el tema tiene que ver con el futuro de la unidad de Ucrania; en el de Irán están en juego, su programa nuclear y su influencia teocrática sobre movimientos fundamentalistas de la región; ello explicaría la actitud reacia de Arabia Saudita a reducir la producción de la OPEP para detener la caída en el precio. Con Venezuela el conflicto se deriva del modelo económico antineoliberal del chavismo.

En consecuencia, es posible que el acuerdo nuclear al que están llegando las potencias occidentales e Irán, y el nuevo escenario que se genera en América con el ingreso de Cuba al sistema interamericano, acompasado de un discurso menos rígido de Estados Unidos hacia Venezuela, pueden ser factores que inclinen levemente la balanza hacia una recuperación del los precios del petróleo. Quedaría pendiente la evolución de los sucesos en Ucrania.

3. La balanza de pagos colombiana y el mercado de capitales.

El vaso conductor más claro que nos trae de los escenarios mundiales a la devaluación del peso, es el comportamiento de la balanza de pagos. El primer indicador es la caída en los flujos de ingresos corrientes por la alta dependencia de las exportaciones petroleras. La segunda fuente de devaluación podría ser la reducción de inversión extranjera directa (IED), desmotivada por los mismos argumentos: no es rentable invertir en exploración y explotación de un petróleo que se vende a tan bajo precio. La IED llega a Colombia fundamentalmente a esta industria.

Adicionalmente, la cuenta corriente de la balanza de pagos colombiana tiene un componente deficitario muy fuerte, el de servicios factoriales. Desde la crisis de 2008, esta cuenta ha agudizado su déficit, ya que las grandes firmas europeas y norteamericanas trajeron sus capitales a los mercados emergentes para seguir generando ganancias, pero éstas se repatrian a sus matrices para sostenerlas.

En consecuencia, si en el corto plazo no se consolida la llegada de IED, ya sea para obras de infraestructura o por la privatización del algunas empresas, si no se diversifica la oferta exportadora -lo que dificilmente sucederá en el corto plazo- y si las multinacionales no desaceleran su proceso de repatriación de utilidades, el dólar se mantendrá costoso en el mercado colombiano.

Sin embargo, hay una variable adicional que no se puede descuidar: la tasa de interés. Tanto en Estados Unidos como en Colombia se tiene en la mira este indicador. La Reserva Federal ha dejado de estimular su economía norteamericana con tasas de interés bajas y hay ciertos indicios de que en el segundo semestre comenzará a elevarlas para controlar el consumo.

El caso es que en Colombia, la situación monetaria también se halla tensa por las mismas razones. La fuerte devaluación, algunos problemas climáticos que afectan la agricultura y los paros de transportadores, tienen a la inflación de 12 meses por encima de la meta establecida. Es probable que el Banco de La República en el segundo semestre también se anime por una medida en esta dirección.

La evolución de las tasas de interés no sólo alteraría las decisiones de inversión y de consumo, sino que, además, provocaría migraciones de capitales golondrina en una u otra dirección: Norte o Sur.

Reflexión final:

La mayoría de analistas considera que el mercado de combustibles ya tocó fondo, por lo tanto, el precio del dólar habría encontrado su techo de corto plazo (2600-2650 pesos); adicionalmente, nadie pronostica una fuerte recuperación del precio del petróleo, de ahí que se considera que la divisa hallará su equilibrio el resto de año entre 2250 y 2500.

Sin embargo, las variables económicas y políticas señaladas aún no son claramente predecibles, por lo tanto, pronosticar el precio del dólar más allá de un par de meses, no parece ser muy viable. La geopolítica y las tasas de interés mandarán señales en los próximos meses; tal vez, entonces, podramos enunciar una hipótesis de tipo de cambio hacia finales del año y el año 2016.

 

 

 

¿Es justo el salario mínimo de los trabajadores colombianos?

El salario mínimo es devengado por un porcentaje importante de la población trabajadora colombiana (aproximadamente, 50%), de ahí que el incremento del mismo sea de verdadero interés nacional.

No hay que hacer una encuesta para saber que gran parte de la población considera que el salario mínimo es injusto e insuficiente. Sin embargo, nos proponemos en el artículo de hoy explicar algunas píldoras para entender la dimensión y complejidad del tema.

Primera referencia. La teoría económica.

En teoría económica hay dos grandes paradigmas para entender la relación entre el trabajo y la remuneración del mismo. Si nos apoyáramos en la teoría objetiva del valor (Smith, Ricardo, Marx), entonces, quedaría muy claro que el salario es una remuneración injusta, puesto que es el trabajo el que genera los valores, o sea, los bienes se miden por la cantidad de trabajo que se necesita para producirlos.

Ahora, si buscamos la teoría subjetiva (Marshall, Senior y otros neoclásicos), la remuneración debe ser proporcional al sacrificio. Así, el empresario arriesga su capital al invertirlo y por ello debe recibir una remuneración (ganancias), pero el trabajador sacrifica su tiempo de ocio y por ello espera obtener una compensación.

Si tenemos en cuenta que la canasta familiar cuesta aproximadamente dos salarios mínimos, entonces, se puede cuestionar la justicia del salario mínimo. O sea, el sacrificio que el trabajador hace, renunciar a su tiempo de ocio, no se compensa con los bienes y servicios mínimos necesarios para su subsistencia (en otras palabras, para la reproducción de su capacidad de trabajar)

Por último, hay que reconocer el peso del salario en el comportamiento de la demanda agregada, por ende, en la inflación.  La demanda agregada se compone del consumo de las familias, de la inversión de las empresas, del gasto del gobierno y de la acumulación de divisas. El mayor componente de la demanda agregada es el consumo de los hogares, por ende, incrementar los salarios indiscriminadamente puede disparar la inflación, afectando el conjunto de la economía y robándose parte del poder adquisitivo que se gana con el aumento de los salarios. En otras palabras, la situación actual de salario mínimo (muy bajo para las necesidades básicas de un trabajador) no se puede resolver de un plumazo, sino que requiere de cambios más estructurales en nuestro modelo de desarrollo económico.

Con este último párrafo queriamos señalar que aunque el salario mínimo de Colombia es injusto, su incremento en términos reales depende de varios factores:

1. El incremento de la productividad del trabajo, para que el aumento del ingreso se compense con una reducción en los costos de producción via mayores eficiencias; ello controla la inflación que se come el poder adquisitivo.

El incremento de la productividad en el trabajo está asociado a las innovaciones tecnológicas, a la cualificación de los trabajadores, a las mejores prácticas de gestión y de producción, a la buena salud y alimentación de los trabajadores; lo mismo que a la eficiencia del transporte y a la seguridad en las ciudades, ya que estos últimos les afectan fisica y emocionalmente.

2. Una relación más justa entre el capital y el trabajo. Colombia tiene antecedentes de una distribución muy inequitativa del ingreso, mientras esto siga así, nunca habrá salarios nominalmente más altos, ni una redistribución más justa del ingreso que pueda elevar el poder adquisitivo del salario: escuelas públicas de calidad, hospitales públicos eficientes, recreación gratuita, etc.

En síntesis, sólo una mayor productividad del trabajo, en una sociedad que redistribuya mejor el ingreso, puede hacer que, efectivamente, en el largo plazo, los trabajadores mejoren su calidad de vida a través de remuneraciones justas.

Segunda Referencia ¿Dónde está el salario mínimo más alto de América Latina?

Analizar el salario mínimo nominal, medido en una moneda de referencia, el USD en este caso, sirve para conocer el costo comparativo del trabajo en los diferentes países, pero no permite diferenciar el poder adquisitivo, ya que no se conocen las tasas de inflación de cada país, especialmente las referentes a los bienes no tranzables (no comercializables como la vivienda o los servicios personales), ni los subsidios que recibe la población.

Un ejemplo de la complejidad de esta medición, es la volatilidad de las tasas de cambio. Recordemos que en el último semestre de 2014, el dólar fluctuó de COP 1800 a COP 2300, lo que significa una devaluación nominal de más del 25%. En consecuencia, el salario mínimo en Colombia habría pasado de USD350 a menos de USD 300, sólo consecuencia de la devaluación nominal.

El salario mínimo más alto de la región es el de Argentina, rondando los USD 700, mientras que el más bajo es el de Bolivia, el cual, aunque se incrementó 280% en los últimos 10 años, apenas alcanza los USD207.

Por último, las negociaciones del salario mínimo son un tema de gran importancia, no sólo porque cobijan a un porcentaje elevado de la población, sino porque éste termina sirviendo de referencia para muchas decisiones comerciales (precios, tarifas, incrementos de otros salarios, etc.). Sin embargo, hay que reconocer que el tema es complejo, un incremento irresponsable puede traer una escalada alcista de precios que afecte al conjunto de la economía, incluido el poder adquisitivo del salario. Pero, la evidente inequidad reflejada en el salario mínimo, es un argumento sólido para mantener un debate abierto sobre la remuneración justa de los trabajadores y la redistribución de la riqueza a través de los impuestos y el gasto público.

Colombia 2015: incertidumbre en el frente económico.

Por Giovanny Cardona Montoya (diciembre 21 de 2014)

Cómo cierra el año 2014

Si nos comparamos con la región, Colombia va muy bien; si lo hacemos con el mundo, vamos “super”; y si miramos nuestra historia, el año 2014 “pasa raspando”.

Aunque el segundo semestre ha traído zozobra, hay que recordar cuatro cosas: 1) el desempleo está por debajo del 10%; 2) el Banco de La República no modificó las tasas de interés en las últimas reuniones de su Junta; 3) la inflación se mantiene controlada y; 4) el PIB viene creciendo de manera más o menos sostenida a pesar de la frágil recuperación de Estados Unidos y Europa y la desaceleración de China.

Sin embargo, si aceptamos que el petróleo es un referente clave para monitorear la economía colombiana, entonces no todo fue color de rosa en este 2014. El año no empezó bien para Ecopetrol, empresa que ha visto reducir sus reservas de crudo a 6,6 años; este hecho, aunado a debates relacionados sus refinerías y bajos resultados en las exploraciones y a la caída en los precios internacionales del crudo, ha derrumbado el precio de la acción a niveles insospechados.

¿Qué nos depara el año 2015?

  1. El tema principal de corto plazo es el relacionado con los precios internacionales del crudo. La recuperación del mismo depende de diversos factores: las decisiones de la OPEP, el ambiente geopolítico en el medio oriente y el crecimiento económico de Europa, Norteamérica y China. En el plano interno, el cambio de timonel (Javier Gutiérrez abandona la empresa) podrá dar luces sobre el Norte que guiará a la empresa en materia de exploraciones, incluido el tema del fracking. De esto depende que Ecopetrol mejore su nivel de reservas y recupere el valor de la acción en el mediano plazo.
  2. Si los precios internacionales siguen a la baja, se desestimularía la inversión extranjera para exploraciones (cuenta de capitales) y caerían los ingresos por exportaciones (balanza comercial). En consecuencia, se resentirían la balanza de pagos y las finanzas públicas, lo que haría pensar que la actual reforma tributaria tendría que ser complementada en 2016.
  3. Adicionalmente está el tema de la tasa de cambio. En este último año el dólar ha subido una pendiente inesperada. Que la tasa de cambio se mantenga alta depende especialmente del mercado internacional petrolero. Si el precio se mantiene muy bajo y las inversiones caen, el dólar se mantendrá alto, de lo contrario, la divisa podría volver a niveles cercanos a los 2000 COP.
  4. Con la decisión de Junta del Banco de La República (este viernes 19 de diciembre), manteniendo las tasas de interés estables y frenando las compras de divisas, las señales se aclaran bastante: no hay preocupaciones mayores en el frente inflacionario y se espera que el dólar se mantenga relativamente alto, por lo menos en los primeros meses del año. Ello indica que el mercado interno está asegurado, o sea, el consumo de los hogares y la dinámica de la construcción (obras civiles y vivienda) pueden ser las principales razones para mantener una meta de crecimiento del PIB superior al 4% para el próximo año.
  5. El dólar revaluado puede darle una mano a otros exportadores, como por ejemplo los confeccionistas, los bananeros y los cafeteros, además de dar algo de respiro a la pyme que no resiste la competencia externa.

En síntesis, 2015 es un año que nace con muchas incertidumbres debido a la alta dependencia de la industria de hidrocarburos. Sin embargo, la tarea para los empresarios para este nuevo año es trabajar con optimismo, aprovechar el buen escenario del mercado interno y monitorear muy de cerca el mercado mundial de combustibles y la evolución de la tasa de cambio.

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