Políticas económicas: pifiados en Venezuela y en Colombia también

Foto: REUTERS/Marco Bello

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Por: Giovanny Cardona Montoya

Idea General:

En el corto plazo hay diversas medidas que ayudan a mantener estables los mercados (subir tasas de interés de referencia o reducir el gasto público, por ejemplo) o a impulsar un poco la curva de crecimiento del PIB (aumentar el gasto público o bajar aranceles).

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Crisis económica: mirar a largo plazo ¡he ahí la cuestión!

Abril 3 de 2016,

Autor: Giovanny Cardona Montoya.

 

La actual crisis que vive la economía colombiana, derivada de un cuarto de siglo de abandono al sector manufacturero y a la agricultura, es una buena excusa para señalar la importancia de mirar la competitividad más allá de las materias primas y de la tasa de cambio.

De hecho, y como una ratificación de que no estamos “descubriendo el agua tibia”, hace poco un colega me recordaba que Michael Porter -quien pinceló estrategias para la competitividad de Colombia hace unos 20 años-, habría dicho que ojalá Colombia no encontrara más petroleo. Creo que esta afirmación no requiere más explicaciones.

 

Desde mediados del siglo XX se ha evidenciado que la agregación de valor es la principal fuente de riqueza de los exportadores ¿En qué estábamos pensando los colombianos?

Desde mediados del siglo XX se ha evidenciado que la agregación de valor es la principal fuente de riqueza de los exportadores ¿En qué estábamos pensando los colombianos?

 

Ver el futuro, ver a lo lejos.

Colombia tiene un reto rezagado que depende tres variables: productividad, calidad y agregación de valor. Este reto involucra a toda una sociedad, empezando por su sistema educativo, continuando con el aparato gubernamental y terminando con las empresas y los gremios. Para afrontar este reto hay que romper con ciertas tradiciones que nos atan al pasado: la visión de corto plazo de unos espíritus reactivos y el miedo al cambio son dos de ellas.

Si nos concentramos en el Estado, entonces, necesitamos -valga la redundancia- políticas de Estado. A este país lo están matando el cortoplacismo y el gobiernismo. Nadie ve que para que nos vaya bien en las pruebas PISA, por poner solo un ejemplo, es necesario pensar en los niños del pre-escolar, no en los chicos que ya están en 9o grado. ahí ya no hay mucho que hacer. Y no es que haya que abandonar a los estudiantes adolescentes, sólo lo digo porque aquí vivimos otro síndrome: el de los gobiernos mediáticos.

El problema de Colombia no son las pruebas PISA, no. El problema es que nuestros estudiantes tienen serios problemas de lecto-escritura, de pensamiento matemático, de análisis, de síntesis, de abstracción, de dominio de otras lenguas y culturas, entre otros. Pero, como las pruebas PISA son las que mojan tinta y se comentan en las redes sociales, entonces, nuestros gobiernos se preocupan por ver cómo mejoran su imagen en Facebook, no como le dan Norte a esta nación.

Pero en las empresas la situación no es diferente: la tan aclamada VISION permanece engomada en las paredes de las oficinas y reluce en todas las páginas web, pero al mismo tiempo todo el talento humano de la organización anda ocupado resolviendo los problemas de la quincena, del trimestre o, a lo sumo, del año. Nadie tiene tiempo para pensar en el futuro.

 

Educación miope

Al sistema escolar no le va mejor: tenemos currículos que tratan de transmitir información, que forman personas para recordar datos, que desarrollan habilidades que hoy realizan las máquinas y que, peor aún, no motivan a los estudiantes para que deseen aprender.

Para no quedarnos en generalidades, está claro que necesitamos profesionales que tengan competencias lecto-escritoras en más de un idioma (o al menos en el nuestro), que tengan pensamiento matemático, autónomo y crítico y que sean creativos. Si hacemos eso, seguro nuestro aparato productivo daría un salto. Pero seguimos enseñando matemáticas de tal modo que los estudiantes las odien, los tenemos repitiendo textos en blanco y negro que están publicados por todas partes, y seguimos dándoles semestres y semestres de gramática de inglés, lo que hace que sepan repetir verbos regulares e irregulares, pero no construyan una sola frase.

Una última evidencia involucra al MEN y a las instituciones educativas. Hemos dividido la educación en presencial y virtual, !qué locura! Hace poco me di cuenta que hay Universidades que ofrecen educación a distancia tradicional y, entonces, se les diferencia de la educación virtual. No me imagino la educación a distancia sin computadores, sin informática y sin Internet. Bueno, tal vez, una educación a distancia para comunidades indígenas pueda justificarse, pero de resto ¡imposible!

Pero el punto no es ese, el punto es que la educación presencial tiene que ser mixta, requiere de la virtualidad. La educación virtual no tiene futuro como modalidad, mejor dicho, la educación fundamentalente presencial debe desaparecer. No me malinterpreten, realmente lo que quiero decir es que la educación centrada en un profesor que sabe no tiene presentación en el mundo de hoy, lleno de información y experiencias para los estudiantes, incluso desde antes que se matriculen.

Hoy la educación debe enriquecerse con metodologías y tecnologías que fortalezcan la relación entre autoaprendizaje (el estudiante enfrentándose al conocimiento de la web) y el aprendizaje colaborativo (interacción con el profesor, con los colegas, con los empresarios, etc.), conectando el aula -si es que la hay- con el ciber-espacio y con los espacios cotidianos de nuestros  estudiantes (las calles, el hogar, las empresas, etc.)

Este país tiene muchos problemas, pero uno de los más evidentes es que no nos atrevemos a ver más allá de la quincena; nuestro gobierno, nuestras empresas y nuestras escuelas tienden a venerar el pasado y a ver el futuro muy pero muy cercano.

 

Elecciones presidenciales: mi candidato es…

Estamos a pocas horas de la primera vuelta en las elecciones presidenciales en Colombia. El panorama, por lo menos desde la perspectiva de las encuestas, señala que no hay claridad sobre quien ganará los próximos comicios. ¿Estamos ante un momento democrático trascendental?

¿Qué es la democracia?

En ciencia política no hay un mensaje unívoco sobre el significado de democracia. Rousseau nos propone el “Contrato Social” como el acuerdo entre todos los ciudadanos, el cual se materializa con unas elecciones en las que develamos nuestra voluntad. Nuestros gobernantes estarían llamados a hacer realidad la voluntad popular, a representar nuestros intereses.

Pero, en este tema de la voluntad popular, J.A. Schumpeter hace una revelación significativa: ¿se puede reconocer la voluntad popular? ¿Es un objeto social identificable, definible, precisable? Imaginémos a un gobernante honesto tratando de sintetizar los intereses de campesinos y citadinos, de hombres y mujeres, de jóvenes y ancianos, de ricos y pobres. ¿Cómo construir una voluntad popular a partir de ello? Esto lo dice el autor sin hablar ya de los corruptos…

¿Estamos viviendo la fiesta de la democracia?

Volviendo al pensamiento schumpeteriano, éste nos presenta una definición crítica del significado de democracia. Para este autor austro-americano de mediados del siglo XX, la única democracia que existe es la parafernalia de las elecciones, las camisetas, los discursos, los debates. O sea, una democracia formal, porque el Contrato Social no existe. Para Schumpeter “la lucha de las élites por el voto de las masas” es la realidad. Elegimos a gobernantes que luego hacen “su propio plan de gobierno”, el cual puede parecerse a la voluntad popular o no. El resto es solo el “espectáculo de las campañas.”

Este “caudillismo competitivo” del que habla Schumpeter -la lucha de las élites por el voto de las masas- tiene una manifestación exacerbada en la actual contienda electoral en Colombia. Los colombianos asistimos a un show donde “pareciera un juego” adivinar si un video, prueba de un delito, es original o está manipulado; donde no sabemos si la mafia financió una campaña hace cuatro años, y el ungido ha vuelto al ruedo para hacerse reelegir.

La publicidad de estas campañas no tiene nada que ver con propuestas de gobierno para el futuro de nuestro país; lo más notorio es el manejo mediático de hechos que tienen un cariz jurídico. La labor investigativa y el escrutinio de posibles actos delictivos de algunos de los candidatos no se están desarrollando en la rama judicial del poder público, sino en la redes sociales.

Sin embargo, voy a votar…

Hechas estas apreciaciones, quiero develar mi voto para estas elecciones presidenciales 2014. Mi candidato(a) debe ser una persona que:

entienda que la educación es clave para la productividad. Debe saber que el reto educativo comienza en la primera infancia. Si queremos emprendedores, hay que educar al niño para que sea creativo, osado, con iniciativa, motivado. Necesitamos que los niños no le teman, si no, todo lo contrario, quieran a las matemáticas, a la física, a la química, a la biología. ¿Para qué? para que cuando crezcan, realmente se animen a innovar.

entienda que la educación no es sólo clave para la productividad. Que la educación es para la formación de ser. Este es un país con altos niveles de violencia e intolerancia. El preescolar, la escuela y las universidades deben crear espacios para que se estimule la tolerancia, el debate racional, respetuoso y crítico y para que se promuevan valores como la solidaridad y el compromiso con el medio ambiente.

entienda que si no se hace algo radical con el campo, el país no saldrá de sus mayores crisis. Si el campesino encuentra un ambiente propicio para producir y para vivir, entonces no migrará a la ciudad. Este campesino nos alimentará a los citadinos y cuidará el medio ambiente; nosotros le venderemos manufacturas y él no querrá migrar a las ciudades porque disfrutará de un hábitat que le da calidad de vida. La migración de campesinos pobres y desesperanzados afecta las finanzas públicas, el ordenamiento territorial y la convivencia.

entienda que los TLC no son panacea. Chile, Corea, Taiwan o Singapur son países relativamente exitosos y han firmado TLC. Pero su éxito combina estrategias de estímulo a la inversión productiva, a la infraestructura, a la educación, a la salud, etc. Estos son países que ofrecen seguridad jurídica a los empresarios y a los trabajadores, que estimulan el empleo formal y que guían con Gasto Público la inversión hacia sectores elegidos estratégicamente.

entienda que NADA DE LO ANTERIOR se hace en 4 años…ni en 8 años. Así que, más que invertir en políticas de corto plazo para hacerse reelegir o para inaugurar obras, lo que debe hacer es tomar decisiones DE ESTADO, que siembren semillas, aunque a él no le toque ver florecer sus maticas. Si queremos ser un país seguro, con calidad de vida y productividad, hay que tomar medidas que se deben sostener por décadas. No hay recetas secretas para volver industrializado un país minero como el nuestro, de la noche a la mañana…

..Hay que cultivar hoy EN EL CAMPO Y EN LA CIUDAD…para cosechar mañana un MEJOR PAÍS,

 

¿Parar está de moda?…No, es una válvula de escape de la sociedad.

Hoy no voy a recurrir a cifras para expresar mis ideas alrededor del tema de los paros en Colombia.

Hay una “ola” de paros en este país: paran los cafeteros, los productores de papa y los transportadores. Los mineros también se manifiestan y seguramente luego les seguirán maestros y otros actores de la economía y la sociedad de nuestro país.

Las redes sociales juegan un papel novedoso pero ambiguo en esta dinámica. Gracias a ellas, las convocatorias y solidaridades crecen, las personas se enteran y la manifestación social adquiere mayores dimensiones. Se podría decir que la plaza pública se democratiza porque la participación crece: en la calle unos cientos o miles de ciudadanos expresan abiertamente sus preocupaciones, solicitudes o,  incluso, exigencias; al mismo tiempo, en la web, decenas o cientos de miles se solidarizan con la causa.

Sin embargo, si bien crece la participación, al menos virtual, también es cierto que ésta se banaliza: muchos compatriotas tienen “totalmente claro” que la culpa es de este “gobierno incapaz”, al que le quedó grande el puesto; pero muchos de los mismos, semanas atrás, cuestionaban a los manifestantes porque eran “idiotas útiles” de las FARC y, tan sólo un año atrás, alababan el “imprescindible” TLC con Estados Unidos; el cual cuestionan hoy con indeclinable vehemencia, ya que “es el culpable de todas las desgracias de nuestros pobres campesinos.”

Ahora no voy a sentar cátedra para “demostrar nada“. Yo también me siento confundido ante la complejidad de la realidad que vivimos. Sin embargo, quiero refrescar la memoria y traer a colación algunos hechos de nuestra historia y algunas recetas de los textos de la teoría económica.

1. La crisis que provoca estas manifestaciones comenzó a incubarse hace un cuarto de siglo.

Pongamos las cosas en blanco y negro: la apertura económica iniciada en 1990 (aproximadamente) fue un cambio radical en nuestro  modelo económico. Los argumentos eran: competir, modernizarnos, crecer, dar mayor bienestar. ¿La receta?: abrir las puertas a la competencia externa y modernizar el aparato productivo; el orden de los factores no altera el resultado, eso se decía. ¿El modelo o ejemplo?: los tigres asiáticos.

Pero el orden de los factores sí altera el resultado; incluso, algo peor, si sólo se trabaja un factor (competencia externa) creyendo que el segundo se desarrolla por inercia (modernizar el aparato productivo), entonces, los resultados son lo que tenemos hoy: un país que sólo produce y exporta materias primas.

Sin embargo, recordemos que en medio de las dificultades del analfabetismo y el atraso tecnológico rural, un conflicto que nació a mediados del siglo XX y la falta de vías de comunicación para llevar los productos del campo a la ciudad, este país era autosuficiente en materia alimentaria: los campesinos colombianos daban de comer a los citadinos.

La calidad de vida del campesino era precaria, pero algunas empresas rurales y subsectores  se modernizaron: cafeteros, bananeros, floricultores, exportadores de papaya, maracuyá, granadilla, pitalla, lograron hacer del campo un buen negocio. Pero esto se acabó para la mayoría de ellos con el nuevo modelo económico.

Con la apertura económica sí llegó la competencia externa pero no se dio la modernización del sector rural. La explicación es muy simple y tiene dos componentes. El primero, el campo en los países industrializados y grandes mercados emergentes no es un sector de libre competencia. No, es un sector altamente protegido con subsidios, aranceles, contingentes y barreras técnicas.

El segundo componente tiene que ver con el modelo: los países asiáticos. El éxito de Corea, Taiwán o Singapur no radica en que sus economías fueron dejadas “al garete” para que el mercado las arreglara. No, en esos países las barreras aduaneras sí bajaron, pero el Estado siguió siendo un director de orquesta que con Gasto Público “inteligentemente direccionado” estimuló la educación, la investigación, la innovación y el emprendimiento -nada que ver con la rapiña por las regalías que administra Colciencias-.

En Colombia se ha delegado al sector privado y al mercado que direccionen la economía. Se privatizó la educación (sin subsidios) pero con ello sólo se logró más cobertura pero no con más calidad. Lo mismo pasa con la salud y las EPS. No hablemos de Colciencias o de los programas nacionales de emprendimiento empresarial, porque allí, ni siquiera cobertura se logra.

Durante más de medio siglo, este país vivió de los cafeteros; la industria del grano alimentó un modelo económico que dio origen a la incipiente economía manufacturera que tenemos: gaseosas, cervezas, textiles, confecciones, siderurgia, ensamblaje de vehículos, electrodomésticos. Si no fuera por la economía cafetera (hasta 1989), muchas empresas industriales ni siquiera existirían.

 

2. Los TLC son el postre de una amarga cena.

Los problemas de desindustrialización, minería informal o de altos costos del combustible, no nacieron con este gobierno, ni con los TLC. Sencillamente estamos viviendo la continuación de un modelo fallido (o de la ausencia de modelo).

Antes de la apertura exportábamos, en su orden: café, minería, confecciones y agroindustria; siendo los dos últimos, un tercio de nuestra balanza comercial. Hoy exportamos, en su orden: productos de minería, café, confecciones y algo de agroindustria, siendo los dos últimos, menos del 15% de las ventas al exterior. En otras palabras, hemos retrocedido en materia de sofisticación de nuestra capacidad productiva. Los TLC con Estados Unidos y Europa están en pañales, aún no hay nada de qué culparlos, son una simple continuación de un regionalismo abierto que nos tiene sumidos en el subdesarrollo: igual o peor que hace un cuarto de siglo.

3. ¿Reversar o seguir?

Ni reversar, ni seguir: corregir. Si las élites de este país (incluidos los industriales del campo y la ciudad) creen que el modelo aperturista es el camino, entonces hay que aplicar “correctivos fundamentales”. Hagamos lo que debimos comenzar a hacer hace 25 años:

Subsidiar la calidad educativa y la investigación. No sólo se trata de graduar más bachilleres, más tecnólogos, más técnicos o más magísteres: hay que tener una población con competencias en lectoescritura, lógica y pensamiento matemático, capacidad de análisis, de síntesis, de adaptación al cambio, y bilingue. No estoy diciendo nada nuevo, no me estoy inventando nada, pero no sigamos esperando que el libre mercado lo haga, no lo va a hacer. El libre mercado sólo pondrá más sillas y tableros en las aulas y profesores con salarios más precarios. Eso no es sinónimo de calidad educativa.

Formalizar el trabajo en el campo y la ciudad. Seguir creyendo que los bajos salarios nos van a hacer competitivos es una falacia centenaria. El texto de economía dice “salarios productivos”. No se trata de pagarle menos al trabajador, se trata de que el trabajador produzca más y de más calidad. Para eso, el trabajador tiene que estudiar, tiene que capacitarse.

- Subsidiar la innovación empresarial: las empresas necesitan apoyo -las del campo y las de la ciudad-. Los subsidios a los exportadores fueron perversos en su concepción, no estimulaban la productividad, la calidad o la eficiencia, sólo los volúmenes. Si una empresa va a investigar, que se le subsidie; si va a renovar equipos, que se le apoye; si va a capacitar su personal que se le financie. Punto.

Proteger el campo. No es casual que el tema en el que menos se avanza en las negociaciones de la OMC sea el agrario. Lo mismo pasa en los TLC, es el último tema que se cierra. Convirtamos el campo en una política de Estado, que si la seguridad va a seguir siendo prioritaria en la agenda de los gobiernos, entonces, que esa lista la encabece la seguridad alimentaria. Todo el mundo protege el campo, ¿nosotros por qué no?

No tomemos a la ligera las negociaciones con la guerrilla. Este no es un tema electoral, se trata de uno de los mayores karmas de la sociedad colombiana en medio siglo. Nadie mejor que los campesinos sabe lo que han significado estas décadas de guerra. No quiero banalizar el tema, pero los semáforos de las ciudades son una muestra representativa de lo que ha sufrido este  país, especialmente sus campesinos: desarraigo y miseria.

Negociar o  no negociar no puede ser un ejercicio de cálculo electoral.