Crecer para distribuir o distribuir para crecer: el eterno dilema de la economía de mercado.

Julio 24 de 2017.

En Colombia se revivió un debate hace pocos meses, con un proyecto de ley que buscaba retornar el pago a los trabajadores, de una prima adicional cuando laboraran en horario nocturno, o sea, después de las seis de la tarde. Dicho recargo había existido hasta que Álvaro Uribe hiciera una reforma laboral en su primer período de gobierno (2002 – 2006).

Después de acaloradas discusiones se aprobó una fórmula cuasi-salomónica, que no satisface a los sindicatos ni a los gremios empresariales: pagar el recargo a partir de las 9pm.

La posición antagónica de trabajadores y empleadores sobre este tema, desnuda la histórica disputa entre “repartir para crecer o crecer para repartir”. Mientras los trabajadores consideran que la falta de una mejor remuneración desestimula la demanda doméstica y desacelera el crecimiento, para los gremios el sobrecosto laboral mengua la competitividad de las empresas colombianas.

Este es sólo un ejemplo de un debate centenario: ¿qué estimula más el crecimiento económico: reducir los costos de la producción –bajos salarios, bajos impuestos a la renta- o estimular el consumo con mejores salarios?

No vamos a resolver este dilema, pero sí deseamos ampliar los elementos de la discusión.

Para empezar, señalemos que hay dos pilares centrales en esta discusión. El primero consiste en reconocer que no siempre se puede aplicar una misma receta para optimizar el efecto. O sea, si una economía se halla desacelerada, como la colombiana en este 2017, las medidas a implementar no siempre tienen que ser las mismas. Así, en un país con una alta tasa de ahorro, incrementar el salario o bajar los impuestos al consumo puede traducirse en más ahorro con un bajo efecto sobre el crecimiento de la economía en el corto plazo. Pero, de igual manera, no hay evidencias empíricas de que una reducción en los costos laborales tenga que traducirse en una reducción de la tasa de desempleo.

El segundo pilar consiste en entender la economía como una dimensión del ser humano, pero no como la única. O sea, nuestras decisiones de producción, intercambio o consumo también se hallan delimitadas por nuestras creencias, valores, intereses sociales o por factores del entorno. Con este segundo elemento quiero destacar que las expectativas de comportamiento económico están marcadas por una multiplicidad de variables, sino, veamos:

¿Por qué si el Banco de La República ha bajado sus tasas de interés durante varios meses, esto no ha llegado a los consumidores finales? ¿Por qué los bancos aún no trasladan este beneficio a los usuarios?

¿Por qué si la economía está desacelerada y los salarios son bajos comparados con otras regiones, el consumo doméstico no se deprime en la misma magnitud? ¿Por qué las personas no reducen el consumo y el endeudamiento?

¿Por qué si el dólar se ha revaluado fuertemente con respecto al peso colombiano, la ecuación entre turismo al exterior y turismo receptivo no ha variado significativamente a favor de este último?

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Volviendo a la pregunta original: distribuir para crecer o crecer para distribuir, es claro que el dilema tiene componentes que se derivan de lo social, político, cultural, etc. Con esto quiero señalar que los gremios y los sindicatos, especialmente, centran sus discusiones en posiciones de intereses antagónicos pero desconociendo –o sea, negándose a comprender- los factores que explican los intereses y posturas de la contraparte. Eso hace que las discusiones sobre salarios, sobre impuestos o sobre gasto público terminen siendo círculos viciosos que nunca se traducen en acuerdos y que han traído como consecuencia la reproducción de un sistema económico subdesarrollado e inequitativo.

Con esta premisa no pretendo desconocer las relaciones dialécticas que caracterizan a las economías de mercado, sólo busco señalar que el subdesarrollo también se explica por decisiones basadas en fundamentos primarios que no reconocen la complejidad de la vida misma, de las relaciones sociales y de la economía en particular. Esto sin poner el acento en la falta de perspectivas de largo plazo a la hora de tomar decisiones económicas, las cuales son escasas en la mentalidad de los tomadores de decisiones económicas del país (gobierno, empresarios y sindicatos).

Lo anterior para concluir que aunque se ha probado en ciertos momentos históricos y lugares geográficos que distribuir mejor estimula el crecimiento, lo cierto es que Colombia se ha venido rezagando, ilusionada con un crónico pero precario crecimiento económico que no se distribuye equitativamente y que todo indica que no será sostenible hacia el futuro.

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¿Habrá TLC con Estados Unidos en este 2011?

En nuestro anterior informe (¿panacea o quimera?) tratamos de darle al TLC con Estados Unidos su verdadera dimensión, ya que se han creado demasiadas expectativas (positivas y negativas) alrededor de este acuerdo.

De igual manera, el gobierno colombiano le ha dado esta semana un nuevo énfasis al tema al entrar en una etapa que pareciera ser definitiva: o hay TLC este año o las negociaciones ya no van más es, más o menos, el mensaje del presidente Santos.

Por ello, es útil reflexionar sobre las posibilidades de que el Congreso de Estados Unidos se decida a votar el TLC y si éste tiene probabilidades serias de que sea aprobado. Así que, los puntos a tener en cuenta son los siguientes:

  • Hay más posibilidades de apoyo por parte de Republicanos que de Demócratas. Pero las dos Cámaras del congreso norteamericano están divididas: una la rigen los copartidarios de Obama y la otra sus rivales,
  • Existen sectores económicos en Estados Unidos que tienen gran interés en el Tratado. Las empresas norteamericanas que maquilan en Colombia, por ejemplo, y algunos agricultores exportadores que tendrían un mercado adicional,
  • Los temas sobre derechos humanos y protección a sindicalistas son más políticos que económicos. El partido Demócrata tiene una gran base sindical y lograr que los congresistas den voto favorable al TLC está cruzado por la aprobación del movimiento obrero norteamericano,
  • El electorado hispano ha crecido en Estados Unidos. El último censo coloca a los hispanos como la minoría más grande del país con una población cercana a los cincuenta millones. Sin embargo, Colombia tampoco es el tema principal de la comunidad hispana,
  • Se ha comprobado que gran parte del electorado norteamericano asocia a los TLC con pérdida de empleos, lo que hace que su percepción en épocas de recesión sea particularmente negativa (ver gráfico)
Según este estudio, realizado por NBC News y citado por Fedesarrollo, durante la crisis de 1999 y la desaceleración económica de 2007, los norteamericanos tenían una mirada muy negativa de los TLC.

Esta combinación de factores nos lleva a un pronóstico negativo aunque moderado. El equipo políitco de Obama acaba de anunciar su deseo de presentarse a la reelección presidencial. Esto indica que, de ahora en adelante, cada paso que dé el presidente norteamericano se hará con cálculo electoral. Entre los sindicalistas y un grueso grupo de congresistas demócratas, harán pensar mucho al gobierno antes de presentar el TLC a votación.

Pero, dos hechos comienzan a jugar a favor del TLC: el desempleo en Estados Unidos comienza a ceder aunque lentamente -ha bajado del 9%-, lo que puede ir suavizando la posición negativa de los electores; de otro lado, la actitud del actual gobierno de Colombia, menos conflictiva con las otras ramas del poder público, particularmente la justicia, genera una mejor imagen frente al tema de los derechos humanos, lo que puede incidir positivamente en la postura de líderes sindicales y políticos demócratas.

APENDICE: se abren las apuestas……..mi pronóstico es negativo, no habrá TLC durante este proceso electoral en Estados Unidos. Amanecerá y veremos.