Trump desata guerras comerciales: ¡crisis del Neoliberalismo Global!

Giovanny Cardona Montoya

Julio 8 de 2018.

Desde finales de la década de 1980, el liberalismo comercial se abrió camino como modelo de desarrollo económico. Después de décadas de proteccionismo keynesiano, las aperturas comerciales y las negociaciones de Tratados de Libre Comercio -TLC- se masificaron por todo el planeta. La consecuencia de esta nueva dinámica es la relajación de barreras no arancelarias y la reducción de aranceles, particularmente en el tráfico mundial de mercancías manufacturadas. Los colombianos podemos recordar cómo antes de 1991, la importación de vehículos estaba gravada con aranceles del 300% y unos años después la tasa de aduanera bajó al 35%. Continuar leyendo

Los TLC no tienen la culpa, pero tampoco son la solución.

Hoy voy a explicar de una manera muy didáctica un tema que se ha venido manejando de una manera “simplista”, conllevando un desconocimiento del problema de la desindustrialización de la economía colombiana y una ola de pueriles ilusiones sobre lo que los TLC harán por nuestra economía. Continuar leyendo

Donald: ¡No juegues con los TLC que te quemas!

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Giovanny Cardona Montoya (marzo 18 de 2018).

El  muy conservador gobierno de los Estados Unidos (Donald Trump) ha mostrado una posición poco neoliberal en materia de comercio exterior. Todo lo contrario, con las primeras medidas que ha tomado, ha abierto la puerta a guerras comerciales derivadas de una política neo-proteccionista. ¿Qué es lo que está en juego?

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Neoliberalismo vs. Socialismo del Siglo XXI: la muerte de la integración económica latinoamericana.

Agosto 8 de 2017

 

Lo que significaba la Integración Regional Económica.

La historia de los procesos de integración regional se empezó a escribir en la década de 1950 cuando los europeos comenzaron a construir su “casa común” después de las grandes guerras del siglo XX. Ya desde 1960, Latinoamérica emulaba al viejo continente con la firma de ALALC. Sin embargo, la apertura de las economías latinoamericanas después de la crisis de la deuda externa en el decenio de 1980, trajo consigo una revisión de los modelos de desarrollo lo que se tradujo en una propuesta de Regionalismo Abierto que CEPAL trató de explicar como un proceso de integración que no se centraría en los beneficios fiscales (altos aranceles a terceros)  -tal y como fue el regionalismo de las décadas anteriores-.

La integración latinoamericana (1960-1990) se puede explicar de la siguiente manera:

– estimulaba la industria regional, manteniendo altas barreras a las importaciones de terceros países;

– se inspiraba en un pensamiento latinoamericanista, estructuralista y, hasta cierto punto, antiimperialista;

– se beneficiaba, desde la teoría ortodoxa de Viner, de los efectos de creación y desviación del comercio. (Cardona, 2017, p.agina 81).

Sin entrar en detalles del cambio, el hecho es que el Regionalismo Abierto que se erigió con el neoliberalismo y las aperturas económicas de la última década del siglo XX, se había entendido como un proceso en el que:

– se bajarían las barreras a terceros países y

– se atraería inversión extranjera para aprovechar su know how y desarrollos tecnológicos.

 

Lo que está pasando en realidad.

Tal y como lo explico en el libro que publiqué hace poco y que ya puede ser descargado totalmente gratis (La Organización Mundial de Comercio y los TLC: ¿reinventando el Sistema Mundial de Comercio), la realidad del supuesto Regionalismo Abierto dista mucho de los ideales de integración que se propuso América Latina en la segunda mitad del siglo pasado.

libro OMC y TLC

1. No hay un propósito latinoamericanista.

En las décadas pasadas, de alguna manera, élites locales, sindicatos, partidos gobernantes y académicos promovian un modelo de desarrollo industrializador que se fundamentaba en el proteccionismo y la unidad latinoamericana como estrategia. A pesar de esporádicos desacuerdos, los países de la región ejecutaron políticas de sustitución de importaciones en mercados ampliados y de promoción de exportaciones, lo que se tradujo en un fortalecimiento de la agroindustria y de otros sectores de la industria manufacturera. Con ALALC-ALADI, MCCA y el Pacto Andino, principalmente, la región, aunque de modo desequilibrado, se modernizó y redujó su carácter de economías rurales monoexportadoras.

Hoy no sucede nada de eso. Los países se han dividido: gobiernos neoliberales y otros más enfocados en nacionalismos o en ideologías de izquierda (autodenominadas del Socialismo del Siglo XXI), se confrontan abiertamente en lo político y en lo económico. La partida parecen estarla ganando los neoliberales y la consecuencia está siendo la desintegración regional.

 

2. No hay una modernización del aparato productivo.

Con pocas excepciones, la economía latinoamericana ha retrocedido en términos de modernización, diversificación y sofisticación de sus aparatos productivos. Naciones que eran autosuficientes en materia de alimentos y diversas materias primas con desarrollo en algunos sectores de industria liviana  (Colombia, por ejemplo) se han ido transformando en proveedores de commodities de la minería, abandonando su incipiente sector manufacturero, deteriorando el medio ambiente y abandonando su seguridad alimentaria. Con la apertura económica los países de la región, con un par de excepciones (Brasil y México), se han convertido en importadores de todo tipo de manufacturas, se han desindustrializado y han abandonado el campo. Los consumidores de estos países acceden a productos de alta tecnología y están conectados con el mundo; sin embargo, la sostenibilidad de este estilo de vida es dudosa puesto que la minería es proveedora de bienes no renovables, a la vez que el deterioro ambiental producto de la misma, en muchos de los casos, es irreversible.

¿Por qué está pasando esto?

3. Hay más TLC pero menos integración.

La integración regional económica, en su acepción más simple, se entiende como un proceso gradual de unificación y homogeneización de los mercados, a través del incremento de la interdependencia comercial, tecnológica, financiera e, inclusive, cultural. Un ejemplo de esta interpretación es la Unión Europea, bloque que ha roto las fronteras nacionales para los movimientos de mercancías, de capitales, de servicios e, incluso, de mano de obra.

América Latina anda en otra dirección. Los acuerdos regionales se derrumban, se estancan o se desdeñan. ¿Quién se acuerda de la Comunidad Andina de Naciones y su proyecto de crear una Unión Aduanera? El Mercosur es un ping pong entre neoliberales y proteccionistas (desde moderados hasta los del socialismo del siglo XXI), el G3 se convirtió en G2 y de la ALADI ya nadie habla. Sólo hablamos de los TLC.

El tema no son los debates ideológicos de los gobiernos de las dos últimas décadas. La pregunta que nos hacemos es si América Latina piensa en la integración como una estrategia para el desarrollo. Todo indica que no. Lo que tenemos es una proliferación de TLC que no llevan en su interior el ADN de la integración sino que son vehículos para que las Cadenas Globales de Valor accedan a materias primas y coloquen sus productos terminados, sin mayores barreras, en nuestros mercados. Con excepción de México, Brasil y Chile, la región está ausente del potencial de desarrollo que ofrecen dichas cadenas Adicionalmente, tampoco estamos desarrollando estrategias alternativas, por ejemplo, clusters regionales o parques industriales para estimular nuestra industrialización, diversificación y sofisticación de la oferta exportadora.

El auge de TLC interregionales, tal y como pretendo demostrarlo en el libro, sirve para dinamizar el propósito de la OMC de un comercio más libre a nivel global, pero va en detrimento de los proyectos de desarrollo regional integrado, estrategia que en la actualidad les sería tan valiosa a naciones aún subdesarrolladas que dicen ser “mercados emergentes” pero que no lo son. Hay una gran brecha entre China, India o Corea, líderes de las economías emergentes, y lo que pasa en Colombia, Ecuador, Bolivia, Argentina, Perú o Venezuela.

Estas últimas no emergen…se sumergen.

 

 

 

Leer el entorno económico: reto de todo empresario,…especialmente en días de crisis.

Agosto 1 de 2017. (Este artículo cuenta con cuatro videos didácticos, cortos, de mi autoría, que ayudarán a la comprensión del tema en cuestión: el entorno económico de las empresas.)

 

1. El problema no es la desaceleración coyuntural, es la desindustrialización crónica.

En estos días tanto el FMI como el gobierno colombiano han movido a la baja sus expectativas de crecimiento económico. La incertidumbre se posa sobre el ambiente empresarial.

Por ello, no es coincidente que algunos colegas, consultores y emprendedores colocan en nuestra mesa de discusión, cada vez con más frecuencia, la pregunta ¿qué deben hacer los empresarios en este momento? Y mi respuesta es reiterativa: el problema de fondo no es la desaceleración del crecimiento, es algo más profundo; algo que se hizo evidente con la caída de los precios internacionales del petróleo hace tres años pero que comenzó hace un cuarto de siglo y que se llama “desindustrialización del aparato productivo colombiano”.

La apertura económica, iniciada en las postrimerías del gobierno de Virgilio Barco (1986-1990), se justificó como un cambio de modelo que nos llevaría a la modernización del aparato productivo. La realidad ha sido otra, apalancados en una economía cada vez más primaria (producción y exportación de hidrocarburos y otros minerales), el que se ha sofisticado es el consumo, con un comercio que nos abastece cada vez más con bienes importados. Nuestra capacidad de producir bienes está más subdesarrollada que en la década de 1980.

Por ello, me parece relevante voltear la pregunta y dejar de preguntarnos por una coyuntura como la actual, la de la desaceleración. El problema es el largo plazo, así que mi recomendación a los empresarios es que dejen de dejarse enceguecer por la cortina de humo del corto plazo y miren prospectivamente: ¿hacia donde va la economía en el futuro? ¿cuál quiero que sea mi empresa en el largo plazo? Así que la invitación es a centrarse en la innovación y el emprendimiento. Esta crisis, esta coyuntura negativa debe ser tomada como un punto de partida para re-crear nuestras empresas. Si nos quedamos esperando que baje “un poco” la tasa de interés o que el gobierno ofrezca algún subsidio, entonces seguiremos caminando de paliativo en paliativo hacia la derrota final.

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Para que la innovación y el emprendimiento tengan sentido, o sea, sean opciones reales de éxito, es necesario que los empresarios hagan una lectura prospectiva del entorno, en todas sus dimensiones, desde lo sectorial hasta lo global. La lectura prospectiva implica el análisis de factores de cambio (ver el corto video sobre tendencias y potencialidades) para visualizar los dinamizadores de las transformaciones a largo plazo. La coyuntura es un pequeño bucle en una espiral que va mucho más lejos. Así, por ejemplo, el largo plazo no son los computadores o los teléfonos inteligentes (coyuntura) sino la nanotecnología y la integración tecnológica.

 

2. Los círculos del entorno económico: de lo sectorial a lo global (ver video).

El entorno sectorial es el más cercano al empresario. Si éste no conoce las características de su mercado (oligopólico o de competencia monopólica, por ejemplo); si no reconoce el poder de negociación de sus proveedores o clientes, etc. entonces, difícilmente podrá desplegar estrategias pertinentes que le eleven la competitividad de largo plazo. En este contexto, la propuesta de Michael Porter, conocida como “las cinco fuerzas del mercado”, es una herramienta didáctica de diagnóstico del entorno, que puede ayudar a los empresarios a comprender mejor la industria en la que se mueve. Para mayor ilustración preparé este corto video sobre “las cinco fuerzas del mercado“.

El siguiente anillo es el de la macroeconomía. Lo que para las empresas son los productos, los trabajadores y los precios -individualmente hablando-, para la macroeconomía son la el PIB, el empleo y la inflación. Esta vertiente de la economía se ocupa de los agregados económicos y comprender su dinámica, la interdependencia de variables y las motivaciones y formas de intervención del Estado sobre aquellos, es una herramienta de diagnóstico externo que ayuda a los empresarios a advertir situaciones y a tomar medidas estratégicas de cara a los retos del futuro.

Ahora, las variables del entorno económico no se pueden entender por fuera del escenario internacional, incluso mundial. Las economías son interdependientes, se abastecen recíprocamente de bienes, servicios, capitales e, incluso, mano de obra. Por lo tanto, la inflación, el desempleo y el crecimiento del PIB no se pueden entender en una dimensión autárquica. Cada vez más somos una aldea global, nos guste o no nos guste. Para entender la lógica y compenentes del análisis macroeconómico he preparado este corto video. Y es en este contexto global, de interdependencia, que se deben analizar, por ejemplo, los acuerdos internacionales de comercio como los TLC. No se trata sólo de una lectura del convenio en sí mismo, sino de una comprension de las capacidades productivas y de los potenciales de mercado de los países con los que se firman los acuerdos.