El Centinela. Obra de Alejandro Jaime Carbonel. Por: Lucrecia Piedrahita

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Bordes / límites / desplazamientos. “Siempre hay algo que nos acontece”, afirma Jaques Derrida. El término acontecimiento hace referencia a un hecho o evento que sucede de manera repentina, genera consecuencias y desencadena otros sucesos. El acontecimiento acarrea quiebres, rupturas. Si lo que acontece está afuera, el individuo no puedo controlarlo y esto le genera zozobra, expectación. Podríamos tratar de ver lo que acontece en el acontecimiento como algo externo a mí  pero que me incita a –verlo venir-?

En la obra de (ajc) el elemento geográfico, el accidente, se torna en el laboratorio visual desde donde el artista irrumpe, accede, penetra ese sistema de paisaje connotado de significaciones políticas y estéticas: límite / territorio / borde, para producir un desplazamiento, para cargarlo de nuevos discursos al –penetrar- la frontera, al invadir, desde la imagen, a la geografía y al territorio del otro, manteniendo libre de manipulación el nombre “El Centinela” o “respetando lo intraducible”, en palabras de Jaques Derrida.

El título de la obra del artista mantiene –lo intraducible del acontecimiento-, “El Centinela”, además el artista “comienza de cero” (jd) al re-hacer un nuevo acontecimiento – la montaña intervenida- de nuevo. Tal vez para demostrar, en términos derrideanos, el valor del acontecimiento – de algo nuevo y ofrecer sorpresa-. Así entonces el artista otorga una –nueva singularidad- concepto indispensable en el ejercicio de la deconstrucción y elemento sine qua non de la autografía como lo señala el crítico de arte, Carlo Ragghianti,  “La firma es una norma estética y una ley moral del hacer humano. El autógrafo no consiente dudas, equívocos o arbitrios al espectador”.  

(Ajc) le otorgar a los ojos del otro (de lado y lado de la frontera, y de los ojos del espectador que mira la posibilidad de un por-venir.

En términos de la deconstrucción se abre espacio para que algo llegue – algo acontezca-. De esta manera se subraya, en términos derridenos la violencia, más no la mala violencia. Este acontecimiento que provoca (ajc) permite nueva visibilidad y visualidad para quien mira el cerro tutelar en la frontera y para quien mira, lee u observa la imagen visible, ya penetrada, ya recorrida de la cúpula del cerro.

El ejercicio de cortar el horizonte y dejarlo en el vacío es correspondiente del desplazamiento, del movimiento, así se abre otro horizonte (centinela) que permitirá hospedar a los tantos migrantes: “dar cabida, dejar lugar al otro” (jd), no significa “debo hacer un lugar para el otro” (jd).

Este doble horizonte que permite el artista significa “abrirse a lo que viene”, y en el ejercicio de intervenir el horizonte ya dado, de ex – cavarlo para eliminar toda posibilidad del tiempo pasado y abrirse a otro tiempo “el tiempo, siempre el tiempo” (jd), por desplazar el horizonte pero sin perder la relación con el entorno, se interviene la relación de llenos, abriendo espacio vacío para luego, mudar la segunda imagen del artista en donde el entorno se vacia y el Centinela mantiene su contenido geográfico para cerrar en la tercera imagen en donde el lleno de la cúpula de la montaña contiene un horizonte abierto, un paisaje transfigurado.

Espacio, territorio y poder se equilibran? Hay un nuevo  paisaje geográfico, histórico y social. 

II

Santiago Olmo define el paisaje como: “una metáfora ordenada por la mirada y la cultura de la tierra y del país.  Es un marco de naturaleza donde la mirada de la civilización ha proyectado sus deseos y sus fantasmas.  Es el espejo donde mira la civilización para identificarse o para diferenciarse”.  Podríamos hablar entonces de otra interpretación a partir de la obra de (ajc): las estéticas de la catástrofe. Etimológicamente catástrofe significa vuelco y las estéticas de la catástrofe son las relaciones –inmediatas- (en vivo y en directo), -actuales- que establecemos con nuestra propia realidad, con la cotidianidad poblada de –nubes de la angustia-, para citar al poeta Roberto Juarroz, a las que asistimos para –ver- un tsunami, terremoto, ataque terrorista o frontera entre países en donde se trans – forma y se de – vasta no sólo el tejido social, sino el entorno, el topos, el lugar, el territorio, el sitio, es decir el paisaje. Las estéticas de la catástrofe rompen, quiebra, -la incondicionalidad del orden-, orden entendido como verdad, como realidad, como racionalidad, como logos. El topos y el logos, subvertidos.

 No podemos olvidar que todos los sentidos participan en la apropiación de un paisaje, en este caso, “El Centinela” no olvida su entorno, el sonido del agua, las hojas de los árboles, el olor a río… la luz… el silencio….