La Anunciación. Carlos Correa

En 2003 fui invitada por el IDEA, Instituto para el Desarrollo de Antioquia para liderar el proyecto -Artes Plásticas en Antioquia-. Asumí la Curaduría General y la Coordinación Académica y Cultural de un proyecto sin precedentes que dió cuenta de la Historia del Arte en Antioquia. El resultado fue -una construcción colectiva- para narrar, cronológicamente diez mil años de arte en Antioquia. Invité a un grupo de académicos, docentes, investigadores que trabajaron con compromiso para entregar un producto multimedial al finalizar 2005. Paralelamente tuve la dirección y curaduría de la serie de televisión -Íconos-que recogía toda la investigación de la multimedia y más adelante (2006-2007) compartí muchos apartes de la misma en mi programa de radio Ciudad Solar.

A partir de hoy les compartiré el capítulo de Análisis Formal que fue uno de los objetivos principales que tuve con el el proyecto: cómo enseñar a entender y a asimilar las constituyentes de la imágen, base de la propuesta pedagógica que desde hace diez años desarrollo en mi trabajo como docente.    

  

 

 

 

 

 

  

 

CARLOS CORREA

Medellín, Antioquia, Colombia, 7 enero 1912 – Medellín, Antioquia, Colombia, 23 agosto 1985. Pintor, grabador y escritor.

A la edad de trece años ingresó al Instituto de Bellas Artes de Medellín para estudiar canto, pero, en 1926, un año después, pasa a la Escuela de Arte y se matricula en el curso de Dibujo. En este período también recibió clases con Humberto Chaves y Luis Eduardo Vieco. Poco después, tuvo como profesores a varios extranjeros que el Instituto contrató a fines de la década del 20: el belga Georges Brasseur, el inglés Jack Scott Neville y el alemán Kurt Lahs.
Al parecer, las múltiples orientaciones de sus maestros causaron confusión al joven Correa, quien decidió retirarse del Instituto; de inmediato se vinculó a un taller de fotografía, donde trabajó como retocador de negativos en el estudio de Rafael Mesa. No obstante, en 1930 regresó al Instituto de Bellas Artes de Medellín, en el momento en el que Pedro Nel Gómez, recién llegado de Europa, recibió la dirección de la institución. Por estos años se dedicó a estudiar Anatomía, en la Escuela de Medicina de la Universidad de Antioquia.

En 1933 dio por terminados sus estudios; continuó su formación de manera autodidacta. Posteriormente, entre 1936 y 1938, ejerció la docencia en el Instituto Central Femenino de Medellín, hoy CEFA.
Desde los inicios de su carrera, el artista se comprometió con su particular visión del mundo y del arte; su trayectoria estuvo llena de polémicas y confrontaciones con diversos sectores, debido a un tenaz temperamento y a una producción comprometida con la interpretación de las contradicciones mentales y sociales de la Colombia de la época.

Su primera exposición, presentada en Medellín en 1936, fue una verdadera provocación para los ciudadanos: en la prensa anunció que la muestra sería “un reto a las fosilizadas formas del arte, que hasta el presente aquí han imperado”, y se calificó como el continuador de “la revolución artística iniciada por Ricardo y Pedro Nel Gómez”; finalmente invitó a los antioqueños a lo que sería una “compensación estética al vivir político comercial de este pueblo”.
Este carácter combativo se había manifestado en el grupo de obras que siguió a su etapa naturalista. Después de dedicarse al paisaje, al bodegón y a los retratos, Correa se consagró a una pintura de denuncia social, acorde con los principios estéticos que le presentó Pedro Nel y que animaba el arte nacionalista de los países latinoamericanos en la época. Ejecutó óleos como La Marcha del Hambre, La Huelga en Barranca y Maquinismo. A estos temas le siguieron una serie de Maternidades y Entierros, piezas dedicadas a las fuerzas biológicas, símbolos de la vida y de la muerte.
Después de visitar a Ecuador durante algunos meses, Correa se radicó en Bogotá, donde presentó una muestra en la Sociedad Colombiana de Ingenieros en 1938, año del Cuarto Centenario de fundación de la ciudad; a esta exposición llevó las obras presentadas en Medellín dos años antes, y ante el fracaso que representó la muestra en Bogotá, el artista decidió destruir parte de la producción hecha hasta el momento.
Dos años después, en 1940, volvió a exponer en la capital, esta vez en las Galerías de Arte Nacional, evento que precedió el conocido el incidente que desató una de las más importantes obras de Carlos Correa, La Anunciación. Este cuadro fue presentado al II Salón Anual de Artistas Colombianos, en 1941; en él, una mujer desnuda embarazada está tendida delante de un vitral que representa al Ángel y a la Virgen en el momento en el que el primero le anuncia que será la madre de Jesús.
La obra fue aceptada en el concurso, pero el Ministro de Educación la rechazó, debido a las protestas que podría desatar su inclusión en el evento; al año siguiente se presentó en la siguiente versión del Salón, bajo el título Desnudo; aunque recibió el Primer Premio, el nuevo Ministro anuló el fallo, confirmando la fuerte polémica que se había formado: el sector tradicionalista, con la Iglesia a la cabeza, consideró la obra como una ofensa a uno de los dogmas más importantes del catolicismo.
Los defensores de Correa y su Anunciación, por su parte, argumentaron, entre otras cosas, que esta pintura era un homenaje a la maternidad, que su composición equilibrada era un aspecto notable desde el punto de vista artístico, al igual que su colorido, y que el arte moderno está más allá de las consideraciones morales. Entre otros, los críticos que favorecieron la obra de Correa estuvieron Jorge Gaitán Durán y Walter Engel, lúcidos conocedores y árbitros quizá apasionados pero comprensivos de la intención del cuadro.
Después de este suceso Correa participó en el I Salón de Acuarelistas Colombianos, en 1942, donde ganó el primer premio, el cual le permitió radicarse algunos meses en San Agustín, Huila. Allí se dedicó al estudio de las esculturas monumentales de aquella cultura prehispánica, a las cuales se dirigió en busca de referentes para configurar un arte americanista.
En 1944 volvió a exponer, invitado por el Ministerio de Educación Nacional; esta muestra incluyó obras que sobrevivieron a previas “purgas”, y las que desarrolló a partir de su visita a San Agustín. De estas mismas características fueron las siguientes exposiciones, llevadas a cabo en Medellín, en el Museo de Zea, hoy Museo de Antioquia, en 1946, y en Popayán y Cali, en la Universidad del Cauca, y en el Conservatorio de Música, respectivamente, en 1948.
Para esta época, su mentor, el galerista y escritor Juan Fride, había publicado el texto El Pintor Colombiano Carlos Correa (1945), donde hizo un recorrido por su obra y un atento análisis a las características plásticas y estéticas de su producción, especialmente la de ese momento. Quizá por este mismo año, ilustró algunos versos de Gonzalo Buenaventura y Carlos Delgado Nieto, en el libro llamado 18 poemas.
A pesar de las disputas ocasionadas por La Anunciación, y por otras obras de desnudos y contenido social, Correa hizo parte del grupo de artistas modernos que fueron presentados ese mismo año en el Salón de los 26, el cual reunió a los más destacados del momento. Después de otras muestras en Cali, Medellín y Bogotá, el alcance de su obra le permitió participar de nuevo en el VIII Salón de Artistas Colombianos, en 1950, y presentarse en la Bienal de Madrid de 1951.
Al año siguiente, volvió al Salón Nacional, y ganó el primer premio en el II Salón de Pintura de Tejicóndor, con la obra Bachué, hoy en el Museo de Antioquia. Para esta época ya era Director de la Escuela Departamental de Pintura del Valle del Cauca, en cuya capital se había radicado desde 1949; Correa estuvo en el cargo durante dos períodos: desde 1945 hasta 1950 y desde 1955 al 58.
En esta institución tampoco faltaron posiciones encontradas entre Correa y sus colegas; se sabe que la joven artista Lucy Tejada, receptiva a la tendencia abstraccionista, presentó su renuncia a su cargo como profesora pues difería ante la estética figurativa americanista del Director de la Escuela. Esta misma oposición enfrentó a Carlos Correa con Marta Traba,la crítica de arte que impulsó el movimiento internacional en Colombia a partir de los años 50.
A pesar de la crítica desfavorable a Correa y su generación, de parte de Traba e intelectuales defensores del arte moderno de corte internacional, aquél continuó mostrando su trabajo en importantes salas de exposición. En la Galería de Arte Nacional, en Medellín, hizo una muestra en 1953, seguida de otras en 1957, en la Galería El Callejón y en 1963 en la Galería de Arte Moderno, ambas en Bogotá.
Este último año también hizo parte del grupo de artistas escogidos para la muestra El Siglo XX y la Pintura en Colombia, y se presentó nuevamente en el XV Salón de Artistas Colombianos. Estas muestras estuvieron precedidas de exposiciones en Cali, Popayán, Pasto, Neiva, Manizales, Medellín, Quito y Lima.
En 1967 se presentó en la Biblioteca Nacional, en Bogotá, su retrospectiva “40 Años de Pintura” presentada también en el Museo de Zea de Medellín este mismo año. Poco más de diez años después, en 1979, volvió a exponer en este Museo; donde exhibieron sus grabados de contenido político-social, y óleos como La Anunciación.
En la década de los setenta ya había renunciado a la pintura y a otras manifestaciones plásticas; Correa se dedicó entonces a escribir ensayos, novelas y poesía; el Archivo Histórico de Antioquia conserva varios borradores, a la espera de estudios críticos y publicaciones. Uno de esos textos, sus Conversaciones con Pedro Nel, fue publicado en la Colección de Autores Antioqueños en 1998; La Carta al Papa, controvertido escrito, que combina una posición irreverente frente a la Iglesia y una concepción casi esotérica de la historia, el presente y el futuro, también fue editado, en 1984.
Sus últimas creaciones con el color y la forma correspondieron a una versión libre del lenguaje del graffiti y de la estilización del dibujo infantil; su Cuaderno de niño reposa en el Museo de Arte Moderno de Medellín, y fue expuesto en la Biblioteca de la Universidad Pontificia Bolivariana en 1996.
En 1984, meses antes de su muerte, se presentó en Medellín una muestra pictórica patrocinada por Industria de Variedades Textiles S.A. Exposiciones póstumas dedicadas a la obra de Correa se han presentado en Medellín y Bogotá, destacándose las denominadas Obras Desconocidas (Museo de Antioquia, 1986), Exposición Alarcón-Correa (Casa de Antioquia, Bogotá, 1992), Lecciones de Identidad (Suramericana, 1994).
En 1994 y 1995, algunos de sus retratos hicieron parte de la exposición: 300 años del Retrato en Antioquia, realizada por el Museo de Antioquia.
Otra muestra suya fue Vida y Obra del Maestro Carlos Correa (Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe, 2001-2002.
Para este artista la pintura fue el recurso principal de creación plástica; tanto al óleo como a la acuarela, Correa demostró el dominio sobre estos procedimientos, y dejó constancia de sus recetas en su diario manuscrito. Al inicio de su carrera pintó sobre yute, debido a sus pocos recursos económicos y como un gesto de nobleza.
La acuarela fue su técnica preferida, adecuada para la representación de sus paisajes fantásticos, sus personajes místicos y sus irreverentes carnavales. Su paleta se destacó por la presencia de tonos fríos, azules, grises, verdes y negro, matizados por ocres apagados y carmines y violetas diluidos. Aunque no renunció al dibujo, Correa se expresó por medio de manchas y pinceladas gruesas, recursos heredados de Pedro Nel y aprovechados para la recreación de texturas y volúmenes.
Aunque muchos de sus proyectos fueron verdaderos bocetos para pinturas al fresco, no pudo convertirse en el muralista que soñara, dada la exclusividad de su maestro en el desempeño de esta técnica. No obstante, y en consonancia con su concepto social del arte, aprovechó el recurso del grabado para producir una serie de obras dedicadas a la denuncia social y a la sátira política.
Como lo aprendió de Pedro Nel Gómez, Correa se comprometió con la búsqueda de un lenguaje plástico propio, con la consolidación de un arte americano, arraigado en una identidad surgida en el pasado prehispánico y en el mestizaje, y distinguido por la reiteración de valores y antivalores de la sociedad moderna, y por la exaltación de la naturaleza, la vida y la muerte.

2 comments

  1. Katherine Mejía   •  

    Buenas Tardes, quisiera por este medio obtener información acerca de los salones de Pintura de Tejicóndor, en que fecha fueron realizados y quienes fueron los artistas premiados, pues es una información que no he podido rastrear y me interesa mucho el tema. Estaría muy agradecida de cualquier dato o información que me pudieran suministrar. Atentamente,
    Katherine Mejía Leal.

    • Letras   •     Autor

      Saludos Katherine, con gusto te puedo obsequiar la Historia del Arte en Antioquia, investigación que lideré para el IDEA. Es una multimedia que te servirá para tu consulta.
      Me puedes escribir a lucreciapiedrahita@gmail.com
      saludos

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