Medellín, ciudad nombrada

El director de cine neoyorkino, Woody Allen, dijo en una ocasión: “por supuesto que existe un mundo invisible.  El problema es ¿a qué distancia queda del centro y hasta cuándo está abierto?”.

  

 
Recorrer la ciudad, sus espacios, su arquitectura. Observar la gente que la habita. Hablar y cuestionar los lugares para el arte y la cultura, descubrir nuevos paisajes y trabajar porque nuestra mirada sea cada vez más conciente y selectiva son algunos de los puntos sobre los que conversaré y debatiré desde Letras anónimas.   
 
La reflexión por la ciudad como centro urbano, como zona de vivencias y divergencias. Como centro político, como suma de opuestos y como mapa para leer el pulso de los múltiples mundos interiores, será tema de encuentro desde este espacio que hoy se abre para intercambiar opiniones y comunicarnos con quienes recorren la ciudad, la viven, la aman y la padecen. Ese es mi propósito: hacer etnografía urbana. Bienvenidos. 
 

La ciudad es la creación más importante del hombre. Es un  ámbito de comunicación fundamental para entender los problemas que nos plantea la contemporaneidad. Es  un objeto de interpretación, lugar de la diversidad, del encuentro entre el espacio público y el espacio privado; es un fenómeno espacial donde interactúan los sujetos de una colectividad, que tienen como funciones conocer y reconocer su espacio, palparlo como territorio, como sitio comunicacional, como escenario pluralista, como lugar de sueños, posibilidades y frustraciones.
 
Así mismo hablaré del concepto de espacio público y las posibilidades que abre a nuevos canales comunicacionales entre todos los actores sociales de la colectividad. El espacio público permite que se conciban otras formas de pensamiento y se re-valore la concepción del hombre y su entorno. “Parafraseando a Castoriadis en su visión de lo social: la ciudad es lo que somos todos y lo que no es nadie, lo que jamás está ausente y casi jamás presente como tal, un no-ser más real que todo ser, aquello en lo cual estamos sumergidos, pero que jamás podemos aprehender en “persona”. es una dimensión indefinida, incluso si está cerrada en cada instante; una estructura definida y al mismo tiempo cambiante, una articulación objetivable de categorías de individuos y aquello que, más allá de todas las articulaciones, sostiene su unidad. Es lo que no puede presentarse más que en y por la institución, pero que siempre es infinitamente más que institución, pues la fundamenta, crea, mantiene en existencia, altera y destruye.
 
La ciudad es una creación muy particular: es una creación de creaciones que configura una forma espacial trabajada, construida y reconstruida a través del tiempo. En cuanto creación no es visible sabemos de ella a través de una forma fragmentada, pero nunca en su totalidad como significación imaginaria: emerge, va saliendo del habitar producido por el hombre en un momento histórico de su desarrollo, en lo más profundo y escondido de su ser. Se manifiesta siempre semioculta, sumergida, sólo sale a la superficie a través de la fragmentación de su existencia: casas, calles, redes de servicios, infraestructuras y todo aquello que desde siempre le ha dado significado al hecho constructivo, la construcción de espacios materiales y espirituales: la arquitectura”. [1]             
 
En la ciudad surge un paisaje de visión caleidoscópica, múltiple, fracturada y expansible que se integra o, más bien, hace parte de lo urbano. La cartografía es mutable y sirve de contexto para describir la ciudad como una conjunción de espacios cerrados, abiertos, inconclusos, insinuados, de ambientes presentes en la memoria, de lugares de paso, de interiores brutales.
 
 Los habitantes de la ciudad tienen las calles por sueños y por dramas, por desencuentros y por hallazgos. El hombre del espacio urbano está constantemente subvirtiendo, contemplando, aprehendiendo lo que le falta y pensando lo que le sobra como afirma Lefebvre: “las personas se representan a sí mismas a través de aquello de lo que carecen o creen carecer”.

 

 

        

    

 

[1] Giraldo, Fabio; Viviescas Fernando, Pensar la Ciudad, Bogotá,
TM Editores, 1998, p. 9,10; ibid: Castoriadis, Cornelius,
Los dominios del hombre: Las encrucijadas del laberinto. 1989.