Cierre y fin de la emoción

Bueno, mis queridos lectores, creo que llegó el momento de los adioses, triste para mí dejarlos, dejar de compartir esta ventanita de cotidianidades donde la pasábamos tan bien, donde nos reíamos de las mamás, de cómo somos, de nosotros mismos, donde supimos de grillas, de formas de conquista, de malos vecinos y de tantas cosas más.

Creo que este será el último post que ubicaré aquí para ustedes y es un final que ojalá no llegara por esa conexión tan especial que encontramos en el ciberespacio.

 No queda más que agradecerles por la compañía, por identificarse o no, por tomarse la molestia de comentar un artículo, de dejar una visión de lo que este humilde servidor, al otro lado de la pantalla, sugería.

De pronto se viene un libro con más historias para compartir y divertirnos, yo escribiéndolas y ustedes leyéndolas, de pronto abrimos una nueva ventana en la red, aún no lo sé, pero en todo caso estoy seguro que cuando uno se quiere encontrar, se encuentra. Así que de momento, les dejo este correo: masonicox@yahoo.com.ar y como diría terminator: “hasta la vista baby”.

El consolador

Ellas llegan a él cuando no hay más remedio y él siempre está ahí, dispuesto, presto, servicial. A veces hasta se enamoran de él o comienzan a desarrollar una especie de relación de fetiche, de usarlos cuando las relaciones y los hombres que les atraen simplemente las dejan botadas.
Su labor en muchos casos es eficaz, pero para ellas no es suficiente, por eso vuelven, y vuelven, y vuelven a caer en relaciones enfermas, para volver a su mejor amigo, el consolador.
Y es que no hay nada peor para un hombre que ser el consolador, el paño de lágrimas, el hombre al que su amiga no ve con cara de hombre sino de mejor amigo.
Muchos hemos pasado por ahí. Uno llega donde la niña con las mejores o peores intenciones y en ese cuento de tratar de conquistarla y comprenderla, termina como paño de lágrimas, como sicólogo y asesor de relaciones de garaje.
El consolador es el que se sabe todas las infidencias de la relación, todas las embarradas y las estrategias de ataque contra el otro género (hasta las ayuda a diseñar), es al que llaman emperradas llorando a la 1:00 de la mañana a decir que las dejaron botadas en un bar o en la puerta de la casa, es el que tiene que dar esperanzas cuando ya nada es posible y es el que tiene un vademécum de frases para las ocasiones en que alguien dice adiós, la liturgia de las despedidas, como diría Fito Páez.
“Tranquila que hay muchos hombres”, “la vida no se acaba ahí”, “vos valés mucho más, no te dejés achicopalar”, “ahora te tenés que preocupar por vos”, “no mija, él no le merece ni una lágrima”, son algunas de las frases del cajón del rompimiento, que sin uno darse cuenta termina diciendo como buen consolador, cuando debería ser una mujer la que se las dijera a la amiga.
Me supongo que puede ser por ese cambio de roles que se va dando en la sociedad o porque todavía hay hombres a los que ven con cara de mejor amigo y no de posible reemplazo para el que abandonó el barco.
Es ahí cuando recuerdo el chiste de la señora que va por la calle y se encuentra con otra que le dice:
- “Eh, querida, como estás de bien” y la otra le responde:
-“Claro, es que me quité 80 kilos de grasa”.
- ¿Como así, te hiciste la lipo?
- No boba, me separé.Lo curioso es que entre hombres el tema del amigo consolador como que no funciona. Una conversación de este talante entre tipos más o menos funciona así:
- Nacho, ¿por qué estás como aburrido?
- Ah, es que terminé con Ángela.
- Hummm, qué embarrada, parce, ¿y qué más, qué vas a hacer hoy?
En cambio la pobre pelada se lo cuenta a todo el que tenga ocasión de hacerlo y si lo ve a uno pagando en un kiosko de la universidad, ahí sí que es cierto que le saca toda la historia con pelos, señales, ropa, estado del tiempo, situación económica y alimentos ingeridos.
Lo triste es que para el consolador no hay recompensa, es un trabajo que a uno le cae del cielo y sin querer queriendo, porque si le interesa la niña, no hay nada mejor que meterla en cuidados intensivos y una cosa va llevando a la otra, claro que no falta esa vieja frase de que la cura es peor que la enfermedad.
Ellas son amigas del consolador, saben cuándo deben recurrir a él, lo tienen a la mano, lo usan y una vez obtienen lo que quieren lo dejan para irse con el chacho de turno. Esa es la triste vida, unos disfrutan lo que otros se demoraron reparando para ellos.

Diatriba contra los cubiertos de plástico

Yo no sé quién es el genio de los restaurantes que me pone a comer una punta de anca con los cubiertos de la Barbie.
¿Quién dijo que esos cubiertos blancos, insípidos, blandengues sirven para cortar la garra de una lechona o el chicharrón de una bandeja paisa?
¿Quién dijo que con un tenedor que rápidamente queda mueco se puede comer tranquilo, comer bien, comer?
Claro que de una salen los defensores de la sanidad a decir que es una forma higiénica para sitios de alta rotación, pero a ellos mismos los pongo a que se coman una sobrebarriga con esos cubiertos de juguete que sólo sirven para la torta negra de los matrimonios y para sacarle a uno más de una rabia y hasta sangre de un dedo.
Y es que con ellos se presentan casos como quedarse con un pedazo de tenedor en la boca o que con la fuerza que uno hace al trinchar se desnuque el aparato este, salgan volando gotas de grasa o partes de la ensalada y arme todo un bochinche en la mesa.
Para los usuarios de los restaurantes de supermercado o centro comercial, el tenedor de plástico es su mejor compañía para comerse desde un pescado hasta unos maicitos y no se imaginan las peleas internas que uno debe hacer para comer con esos utensilios.
Primero, como uno ya sabe, entonces comienza a partir despacio, con maña, como si efectivamente estuviera jugando a la Barbie y Ken le estuviera partiendo la carnita imaginaria a su rubia novia.
Pero efectivamente la cosa no opera mucho, entonces uno comienza a hacerle más y más presión y como sigue sin partir realmente uno se pega una “encarnizada” hasta que pasa lo que tiene que pasar. La carne es más fuerte y el tenedor, como Zidane en el Mundial, pierde la cabeza.
Por eso, antes de sentarme tomo dos o tres juegos de cubiertos, pero igual la rabiecita queda ahí, cuando hasta trinchando una papa el bendito tenedor no aguanta.
Como les decía, si mucho esos tenedores sirven para un salpicón, para un helado, para un postre, pero una carne bien dura, de esas que hay que contarle una historia triste para ver si se ablanda y uno partiéndola con cubiertos de plástico, le provoca a uno volver a eras pasadas y echarle mano.
Ahora, cuando el alimento es crocante, de esos que se parten sólo con el tenedor, es prácticamente imposible, “es que no aguanta, no aguanta”.
Todo eso hablando simplemente desde el plano de lo operativo, si nos vamos a la etiqueta ahí sí es como para salir corriendo, un matrimonio con cubiertos de plástico es más ordinario que  el clóset de Claudia de Colombia.
Una vez, hasta con una ensalada se le fue un diente al tenedor. El colmo de la debilidad. Y si es por higiene, me deja mucho qué pensar el señor del salpicón de carrito que le dice a uno cuando acaba: “échelo aquí”. A mí esas propuestas me las hacen muy poco y cuando me las hacen dudo (siendo uno bien mal pensado).
Entonces, después de haber perdido los dos primeros tenedores de plástico, llega el momento para el tercero en la fila y para cuidarlo y evitar levantarse por más, a uno le toca tomar el tenedor más abajo del mango, para evitar que pierda la cabeza y trinchar como si uno no supiera. He visto a más de uno en esas y realmente causa gracias, pero es a lo que toca recurrir.
Si algo está funcionando bien desde la Era del Metal, cuando ni siquiera nosotros éramos como somos, entonces por qué cambiar las cosas. La humanidad viene comiendo con utensilios metálicos desde hace mucho rato y por lo máximo que uno se queja es por el cuchillo amolado. No vengamos a cambiar las tradiciones que como buen carnívoro, nada mejor que meterle con toda la gana el tenedor y el cuchillo a un solomito, a una punta de anca o a un pollo a la plancha y sentir la firmeza del corte. Los de juguete, que se los dejen a los niños en su torta de Primera Comunión.

Encuesta Mazoblog pregunta…

¿Cómo se conquista hoy en día a una mujer?

Ya veíamos que las tácticas de cachoneo en el gran porcentaje son tácticas fallidas porque uno queda desplatado y sin nena. Entonces, cuáles son las formas de conquista actuales: la inteligencia, el buen humor ser bueno en la cama, tener plata, ser metrosexual, ser ciber sexual

Los escucho.