“A veces me pregunto, ¿estoy en África?”

En el ecuador keniano. Foto: Cortesía Manuela Herrera

Voy a alimentar a mis mosquitos, me dijo Manuela Herrera luego de una larga conversación telefónica. Lo que no sabía era que se trataba de uno de esos sacrificios a los que muchos científicos se enfrentan en sus investigaciones: su brazo inmóvil sería el plato servido.

 

En el ecuador keniano. Foto: Cortesía Manuela Herrera

Mientras los ojos de la opinión pública alrededor del planeta están puestos en los tres grupos científicos que se disputan la primicia de una vacuna contra la malaria, con efectividad del 100% en humanos, en otros centros de investigación se llevan a cabo estudios paralelos, que sin ocupar primera plana, buscan soluciones alternativas a un flagelo que no ha resultado fácil de enfrentar y que cada año cobra la vida de medio millón de personas en el mundo.

En el ICIPE (International Centre of Insect Physiology and Ecology), ubicado en Mbita, Kenia a orillas del lago Victoria, Manuela Herrera, una bióloga colombiana, que nació en Urrao Antioquia, hace parte de un proyecto que busca entender el comportamiento de oviposición de los principales vectores de malaria en África. Como parte de su doctorado en Ciencia con énfasis en Medicina Tropical e Higiene, trabaja con un grupo de profesionales en el desarrollo de nuevas estrategias de control de la enfermedad que sean más amigables con el ambiente y con una viabilidad acorde a la ecología de los mosquitos, es decir, partiendo de entender cómo estos se relacionan con su entorno.

En ausencia de una vacuna, la prevención y control de ésta enfermedad se basan en el diagnóstico y tratamiento oportuno, y en el control de las poblaciones de mosquitos vectores. En este último aspecto las dos principales estrategias empleadas a nivel mundial para controlar la malaria están relacionadas con el uso de insecticidas: el rociamiento en las paredes de las casas y la implementación de toldillos impregnados, lo que previene que las personas sean picadas mientras duermen, sin embargo, estas técnicas deben ser revaluadas pues muchos mosquitos han creado resistencia y el efecto residual de las sustancias usadas, las hace altamente contaminantes.

Según la investigadora, cuando un mosquito hembra nos pica obtiene la sangre necesaria para el desarrollo de sus huevos, luego descansa dos días y se va en busca de un cuerpo de agua para ponerlos allí: “El viaje del mosquito hasta las personas ha sido muy bien estudiado, sabemos qué atrae a un mosquito hasta nosotros, cuál es su hora preferida para picar, si dentro de la casa o afuera. El otro viaje, que es fundamental también en su ciclo de vida y que es el que sucede justo después de habernos picado, ha sido muy poco estudiado”. Así como las madres humanas buscan el hospital con las mejores condiciones para dar a luz a sus hijos, los mosquitos hembra del género Anopheles, que son quienes pueden portar el parásito causante de la malaria, parecen seguir guías o claves para encontrar y seleccionar un sitio de cría adecuado: “Sabemos que hacen elecciones porque hay lugares que a nuestro juicio son similares, pero hay unos que tienen mosquitos, larvas de mosquitos y otros no”, agrega Manuela.

 

Trabajo de campo. Foto: Cortesía Manuela Herrera

Entonces, ¿qué es lo que hace que una hembra decida poner sus huevos en un cuerpo de agua y no en otro, cuando ambos parecen tener las mismas condiciones? Aunque podría parecer una pregunta simple, y en efecto ya ha sido revelada para otras especies de mosquitos como el Aedes aegypti transmisor del dengue, de quien se sabe adora las aguas estancadas, el Anopheles prefiere el agua limpia y rica en oxígeno, lo que hace que descifrar sus gustos sea una tarea compleja: “Es casi como buscar una aguja en un pajar, pero lo que hago es salir a campo y revisar muchos criaderos potenciales, algunos con larvas, otros sin ellas y comparar las poblaciones de bacterias y los químicos en ambos grupos”. Si Manuela y su grupo encuentran algún compuesto de interés, realizan ensayos controlados con mosquitos de laboratorio para corroborar que la sustancia tiene un impacto incluso cuando no está dentro del criadero.

La lista de chequeo es inmensa, además de los químicos y las bacterias presentes en el agua, deben analizar otros factores como la turbidez, el pH, la conductividad, la presencia de plantas y muchos otros que como en una orquesta y dependiendo de la obra a interpretar, pueden tener mayor o menor participación en lo que definiría las condiciones para que una hembra grávida se interese en poner sus huevos en dicho cuerpo de agua: “Si sabemos qué atrae al mosquito, podríamos emplear nuevos métodos de control, uno de ellos es el “Attract and Kill Strategy”, donde llamaríamos a las hembras a ovopositar en un lugar determinado que previamente haya sido tratado con algún larvicida de origen biológico como por ejemplo el BTI”.

África es el continente donde se hace investigación de punta en el tema de malaria, no obstante el 70% de los casos y muertes en el mundo ocurren en la región del sub sahara africano. En Colombia es también una de las enfermedades tropicales transmitidas por vectores con mayor impacto en la salud pública, sin embargo, aunque ambas especies de mosquito pertenecen al género anopheles, el gambiae, africano, ha estado adaptado a vivir con los humanos, se cría cerca de las casas y es portador principalmente del Plasmodium falciparum, parásito responsable de los casos de malaria más graves como la de tipo cerebral y otras que pueden ocasionar la muerte. Es por esto que allí la tasa de mortalidad es tan elevada, a diferencia de Colombia donde se presenta un alto número de personas enfermas, debido a que el parásito comúnmente transmitido es el Plasmodium vivax, un tipo que podría denominarse “menos peligroso”.

 

Experimentos en curso. Foto: Cortesía Manuela Herrera

Manuela cree firmemente en la globalización del conocimiento y que lo que hoy está aprendiendo a kilómetros de distancia, tendría grandes aplicaciones en el país, no sólo en el estudio de la ecología de las especies de mosquitos colombianas, sino en la incorporación de nuevos y mejores métodos de investigación: “En Colombia se hacen buenos trabajos pero indiscutiblemente nuestras escuelas están inmersas en otras dinámicas, generalmente es más importante la obtención de datos y el tiempo dedicado al análisis y a la discusión es reducido, por lo cual no se llega fácilmente a conclusiones de gran impacto”.

En un lugar en el que el trato hacia la mujer es altamente diferenciado, ser además la única mujer extranjera le ha representado grandes retos a esta investigadora colombiana, que dice aún no creer estar en un lugar tan sorprendente y de contrastes. Entre sus muchas anécdotas, cuenta que le ha sido difícil ver que las mujeres no montan en bicicleta, no beben cerveza y que no es común que silben, además las diferencias en el contacto físico entre las personas: “Aquí los hombres son los que se abrazan y se dan la mano, por ejemplo caminan cogidos de sus meñiques; entre mujeres no sucede igual y menos entre mujeres y hombres”. Dentro de toda esa interculturalidad y lo que en ocasiones extraña de su país, sobresale el amor que desde niña tuvo por la naturaleza y la pasión que le imprime a su rol de investigadora, que dista bastante de ser glamuroso o de escritorio y se asemeja más a una aventura creada por un niño, en la que inclusive, poner su brazo para que “sus hijos” los mosquitos se alimenten, se vuelve una situación secundaria: “Es un reto personal el estar avanzando y poder desarrollar mis ideas, se que requiere de grandes esfuerzos pero vale la pena, pues lograr el intercambio de conocimientos y opiniones con una comunidad especializada en el tema es bastante enriquecedor, no solo para mi como investigadora, sino para el proyecto y para cualquier lugar del mundo donde la enfermedad haga presencia como en nuestro país”.

Viajemos a los humedales registrados por Ramsar

Imagen: Instituto Von Humboldt

“El agua es el motor de la naturaleza”

Leonardo da Vinci

Imagen: Instituto Von Humboldt

Imagen: Instituto Von Humboldt

Cuando consultamos a algunas personas, incluyendo biólogos y algunos ambientalistas sobre el día internacional de los humedales, estos no tenían presente el 2 de febrero como una fecha para ensalzar. El Espectador en esta editorial lo plantea de manera cruda: ¿Tenemos algo que celebrar en Colombia?, y continúa, a pesar de hacerlo de manera tardía, Colombia se adhirió al acuerdo internacional Ramsar a través de la ley 357 de 1997; lo que al parecer da igual ya que las cifras de hectáreas menos de humedales en nuestro país son ridículas.

Gran parte de las amenazas que aquejan a los humedales están relacionadas con actividades humanas que han introducido cambios en la estructura o la función de dichos ecosistemas, y en nuestro país, aunque los humedales de importancia internacional se protegen en el Código minero, sabemos que ya no se definen humedales en esta categoría, lo cual deja al resto de estos ecosistemas en manos del Ministerio de minas supeditando, el convenio Ramsar a una política de gobierno local.

La importancia de estos ecosistemas no sólo juega un papel fundamental en el balance hídrico de una zona: en época de lluvias extremas controlan y previenen inundaciones mientras que en época de sequía funcionan como reservorios de agua y regulan la temperatura. Los humedales de agua dulce también son hogar para 100 mil especies de animales, de acuerdo con el Instituto Alexander Von Humboldt: ¿por qué son importantes los humedales?

Hoy, más que resaltar la fecha como un día para vanagloriarse de nuestros recursos naturales o por las 587 mil hectáreas designadas como humedales de importancia internacional Ramsar, queremos proponerles reflexionar sobre este tema a través de un viaje virtual a los sitios registrados por Ramsar en el mundo con Google Earth. En otros casos, la reflexión y acción de la comunidad ha sido vital para la conservación de algunos humedales del país.

Primero, si aún no lo tienes, descarga este software gratuito con el que podrás realizar viajes virtuales a cualquier lugar del mundo, e incluso visitar Marte y los cráteres de la Luna: http://www.google.com/intl/es/earth/index.html

Luego, descarga este archivo:

Humedales del mundo registrados en Ramsar con Google earth

Por último abre el archivo (automáticamente se abrirá con Google Earth) 

Cada icono verde indicará zona de humedal registrado por Ramsar y te dará información del lugar. Si quieres consultar la base de datos de este convenio puedes ingresar acá hacer clic en el enlace de más información para ir a un sitio web que te dará acceso a diferentes informes:

http://ramsar.wetlands.org/Database/Searchforsites/tabid/765/Default.aspx


Si en este sitio seleccionamos, por ejemplo, la vista general del lugar (Site overview), nos dará una serie de opciones entre las que podemos escoger los datos que necesitamos, divididos en geográficos, amenazas al humedal, datos físicos del ecosistema, cuestiones ecológicas y de conservación.