La ciencia es útil porque sí

Planetario de Medellín
Observatorio del Planetario de Medellín

Observatorio del Planetario de Medellín. 05 de junio de 2012

Danilo González Díaz*

gonzalez.diaz.danilo@gmail.com

¿Quién en su sano juicio duda hoy del sistema heliocéntrico? Debo confesar que me sorprende y emociona que un modelo tan poco intuitivo como el heliocéntrico pueda estar en la mente de todas las personas. Casi me parece normal que hace más de 400 años la gente no dudara de la quietud de la Tierra. La apropiación de la ciencia consiste en hacerla parte de la vida cotidiana sin tener que soportar la fatiga de hacerla. No se necesita ser un científico para conocer y vivir los resultados más relevantes de la ciencia, ni tampoco tomar un curso de matemáticas avanzadas para comprender que el mecanismo que hace girar a la Tierra alrededor del Sol es la gravedad -incluso cuando ni los científicos saben completamente qué es la gravedad-.

Vivimos en un mundo que no podría ser sin la ciencia. Nuestra vida cotidiana se ve influenciada  por tecnologías que dependen de la ciencia y que influyen desde actividades en nuestra vida privada hasta fenómenos de escala global. Cuán extraño le parecería a los antiguos hombres las telecomunicaciones actuales: el celular, la televisión, el internet. No hay que ir demasiado lejos en el tiempo para comprender el abrumador incremento en la tecnología. ¿Qué piensas que diría tu abuelo si te viera manipulando personajes de un videojuego sin controles? Todos los días hay nuevos avances en tecnología y se hacen nuevos descubrimientos en ciencia, pero vivimos sin preocuparnos de cómo funcionan la cosas, excepto, quizá, cuando empiezan a fallar.  El ejercicio de apropiarse de la ciencia y la tecnología está en ver los fenómenos que dan lugar en la olla a presión cuando se hace de comer, en las reacciones del cuerpo cuando nos infecta la gripa o en los televisores cuando sintonizamos un canal.

Existe una cantidad enorme de información que deriva de la investigación y del ingenio humanos. Decía hace un momento que no se necesita ser un científico para tener acceso a dicha información, pero sí hay un requisito mínimo: la curiosidad. Esto vale tanto para el entusiasta de la ciencia como para el divulgador. El divulgador de la ciencia tiene una labor bastante difícil, que consiste en presentar los conceptos, las cifras, los cálculos de la ciencia como algo muy cotidiano e intuitivo; en otras palabras, mostrarle al público no especializado que siempre ha convivido con los fenómenos que está explicando. Tiene la tarea de mostrar que la curiosidad no mata al gato, que abrir la caja mágica de Pandora no libera los demonios. Y no es una tarea fácil. Para divulgar ciencia hay que saber muy bien de lo que se está hablando. En caso contrario se puede caer con facilidad en imprecisiones y noticias falsas. El divulgador que se dedica a transcribir noticias, no puede detectar falsedades en sus fuentes y está abocado a repetirlas. Es común ver en revistas, diarios, radio y televisión errores cuando divulgan resultados científicos porque en sus equipos de trabajo no hay divulgadores competentes. Un divulgador debe partir de un ejercicio interior, responderse sinceramente si él mismo ha entendido el tema, luego tomar una pelota de fútbol y mirar en ella el problema cuántico que quiere explicar o el proceso que dio origen al universo.

En mi opinión –ahora opino de esta manera- el divulgador no debe considerar a su público como un conjunto de alumnos, es decir, no debe pretender enseñar. Me pregunto cuántas personas de las que vieron o leyeron la serie Cosmos: un viaje personal, del célebre divulgador norteamericano Carl Sagan, recuerdan con precisión al menos un diez por ciento de los temas que el Dr. Sagan expone. El divulgador seduce al público con fenómenos asombrosos que en un aula de clase parecerían fenómenos aburridos, les propone viajes excitantes a lugares cotidianos, pero no debe pretender inyectar su saber. Si su material es usado como consulta académica, bien sea venido el uso. Pero si se pretende ser usado como esparcimiento, también debe haber sitio para ello.

Sin embargo, ¿es el científico la persona adecuada para divulgar ciencia y tecnología? No siempre, pero opino que la divulgación debería ser una prioridad en los programas académicos. Infortunadamente las comunicaciones científicas están pensadas en la mayoría de los casos para ser entendidas por científicos. El resultado de este hermetismo desemboca en la ya obligada justificación que los estudiantes de ciencia deben hacer en las reuniones sociales cuando les preguntan para qué sirve lo que hacen. La ciencia es útil porque es obvio que es útil. Una sociedad que se haya apropiado de la ciencia y la tecnología no verá en los científicos personas extrañas ajenas a la sociedad, comprenderá su importancia, tomará conciencia del poder y las limitaciones de la ciencia, de los logros y las responsabilidades que conlleva una sociedad tecnológicamente avanzada.

 

*Físico de la Universidad de Antioquia y Profesional de divulgación en Astronomía – Planetario de Medellín.