Ciencia contada por jóvenes de Medellín

Jóvenes participantes del proyecto DivulgaCiencia

“La mayoría de las ideas fundamentales de la ciencia son esencialmente sencillas y, por regla general, pueden ser expresadas en un lenguaje comprensible para todos”
Albert Einstein

Jóvenes participantes del proyecto DivulgaCiencia 2011, curso que actualmente se ofrece en la Biblioteca EPM, derivado del proyecto de grado en el que se construyó con ellos una propuesta que les permitiera abordar la divulgación y comunicación del conocimiento.

Ya que ayer Jaider Ochoa fue al café del Planetario de Medellín decidido a extraerme información sobre el trabajo que me permitió graduarme como Periodista, y además, Marcela Posada, luego de prestarlo en la Biblioteca de la Universidad de Antioquia, lo cargaba  en su mochila (¿casualidad?), he decidido compartirlo por este medio.

Esta propuesta recorrió caminos teóricos, no obstante la práctica la enriqueció de tal manera que aún se ofrece un curso de divulgación para jóvenes en las instalaciones de la Biblioteca EPM, y, muy importante, es un curso que se replantea semestre a semestre.

Bienvenidas las consultas, lecturas, críticas, aportes, intenciones de copia, copias… etc:

Propuesta pedagógica para promover procesos de divulgación social del conocimiento a través de herramientas periodísticas y algunas TIC en jóvenes investigadores en formación… ¡huh! ¡me agoté!

1. RESUMEN

2. PROPUESTA PEDAGÓGICA PARA PROMOVER PROCESOS DE DIVULGACIÓN SOCIAL DEL CONOCIMIENTO…

3. FUENTES CITADAS

De la pila de limón y otros intentos

Stand de un grupo de preescolar en la Feria CT+I
Stand de un grupo de preescolar en la Feria CT+I

Stand de un grupo de preescolar en la Feria CT+I

Haga el siguiente ejercicio: cierre los ojos y vuelva en el tiempo cuanto sea necesario para llegar al momento en que usted conoció las llamadas ferias de la ciencia, probablemente fue en su época de colegio, así que recuerde con calma y recorra el espacio, piense en lo que ve, visualice uno a uno los proyectos que usted o algunos de sus compañeros presentaba con orgullo y gracia. A continuación haga una lista con cada uno de ellos y métalos en una bolsa. Cuando le sea posible reúna algunos amigos de más o menos su edad y como en un juego de bingo lea cada uno en voz alta, verá como encajan a la perfección en la tabla de más de uno de los participantes.

En mi regresión llegué al año 1994. Mientras en el mundo se descubría una partícula subatómica, le daban nobel de paz a Yasir Arafat, morían personajes como  Kurt Cobain o Andrés Escobar, y nacían otros como Justin Bieber -tiene que haber de todo en el mundo-, en mi colegio se presentaban los megaproyectos: volcán en erupción, bazuca casera y camándula eléctrica. Quise cotejar mi experiencia con algunos amigos para saber si fui la única niña que vivió en el país del nunca jamás hagas algo interesante y me encontré con las ferias de antaño como un lugar común donde el método poco o nada importaba, los procesos de indagación parecían inexistentes y el análisis era apenas visible. No se contaba con un informe escrito que diera cuenta del trabajo realizado y que permitiera evaluar los fundamentos y el impacto de lo que se hacía, pero podían leerse entre líneas objetivos generales como adquirir una buena nota en ciencias y algunos específicos que se debatían entre responder a la confianza de los padres y ceder ante las presiones del profesor que aseguraba tener un radar para detectar niños con potencial. Era común encontrar cosas como la revisión de métodos anticonceptivos, el extintor casero, el sistema solar en icopor, la pila de limón, la germinación del frijol y otros un poco más avanzados como un brazo hidráulico, la granja integral y reducción de cabezas de pollo, donde intuitivamente se replicaban recetas de libros o ferias de años anteriores. Sí, yo fui una de las del volcán y puedo asegurar que lo que más disfrutaba eran los “algos” que devorábamos como zombies, mientras hacíamos la maqueta en la casa de un amiguito adinerado.

Niños y jóvenes incubando ideas

No se puede negar que siempre han existido casos excepcionales en los que surge una idea interesante e innovadora, gracias a esa genialidad que viene de fábrica con los niños y a la que poco le importa el contexto histórico. Desde hace 5 o 6 años, dicha particularidad se ha venido transformando en tendencia, muchos estudiantes de la ciudad de Medellín le apuestan a la investigación como caballito de batalla, generan preguntas, visualizan problemáticas y emprenden el camino en búsqueda de respuestas o al menos de más preguntas que les sirven de excusa para crecer de manera integral. Sabemos que el ser humano, como le sucede con la natación, nace con habilidades investigativas que se olvidan conforme avanza por las diferentes etapas de la educación tradicional y es por esto que iniciativas como la del programa Ondas de Colciencias, la Universidad de los Niños, Pequeños Científicos y Ciencia en la Escuela, le apuestan a la investigación como estrategia de aprendizaje brindando herramientas y espacios que propicien otras formas de acceder al conocimiento.

Pues bien, cada año cuando tengo el placer de ver a cientos de estos niños y jóvenes en las diferentes ferias de la ciudad, con sus caritas pintadas, vestidos llamativos, stands coloridos, prototipos y hasta dulces para lograr que el público se lleve algo más que conocimiento, reflexiono sobre el lugar que se les da en la sociedad, la manera como pueden llegar a ser subestimados y en como me hubiese gustado aprender a investigar en el colegio. A la vez, adquiero más razones para decirle a los que desdeñan de la juventud actual y dicen que “todo tiempo pasado fue mejor” que los niños y jóvenes no son culpables de las problemáticas sociales y que sus acusaciones rancias, sesgadas y carentes de argumentos solo empeoran la situación.

Creciendo y divulgando

Estos pequeños divulgadores de la ciencia cuyo estímulo principal radica en seducir a las personas con sus proyectos, no saben que también le otorgan a las ferias la validación como espacios que promueven la apropiación social de la ciencia, la tecnología y la innovación, concepto que aunque hace parte de una política publica nacional, paradójicamente pocos entienden y aplican. Puedo decir que conozco más de los temas que investigan los jóvenes en la ciudad que de lo que se hace en centros de investigación como la SIU de la Universidad de Antioquia y demás universidades líderes, en cuyos espacios de socialización, el lenguaje y los medios para comunicar las investigaciones resultan casi siempre en un juego en donde la mayor probabilidad de salir herido la tiene el espectador, al no comprender y reafirmar la ciencia como algo exclusivo de unos pocos. Que bueno sería ver a algún investigador principal explicándole a una abuelita que solo hizo hasta segundo de primaria sobre lo que trata su investigación, con la misma habilidad que lo hacen los niños y jóvenes investigadores de nuestras instituciones.

La feria de la ciencia pasó de ser el escenario y fin último de experimentos sacados del libro de química o física, para convertirse no sólo en la plataforma de grandes ideas sino en el reflejo de aprendizajes significativos que no culminan con la obtención de resultados; por el contrario plantea las bases de una estructura de pensamiento dinámico, crítico y libre, en la que los niños y jóvenes pueden elegir ser no solo adaptables a los cambios, sino generadores de soluciones y responsables de las dinámicas culturales que de allí se deriven.

Ahora podríamos preguntarnos ¿qué pasará con estos niños y jóvenes cuando sean adultos? ¿recordarán la validación, que sin saberlo, dan a la ciencia como derecho de todos? ¿continuarán aportando desde sus saberes para cerrar cada vez más la brecha entre ciencia y sociedad? mi hipótesis es que sí y estoy ansiosa por probarla.

Masajee su cerebro en el Coloquio de Astronomía

Coloquio Astronomía U de A - Explora

Imaginarse que Titán, una de las lunas (satélites) de Saturno tiene lagos de metano -una sustancia que en las condiciones de la Tierra estaría en estado gaseoso-  en su zona tropical, tal vez no sea una gran sorpresa para muchos: http://goo.gl/A9liZ

Pensar en la posible colisión de Andrómeda, nuestra galaxia vecina, con la Vía Láctea en aproximadamente tan solo 4 mil millones de años, puede no ser un motivo de preocupación urgente, pero es bueno preparase con tiempo: http://goo.gl/1sgz6

Un reality para ir a Marte en el 2023, con tiquete para una misión de ida sin regreso, probablemente pueda interesarle a más de uno que quiera darse unas vacaciones: http://goo.gl/NZUD1

Disfrutar de Time lapses con imágenes sorprendentes de auroras polares…

 

Seguir de cerca un día en la vida del Observatorio W. M. Keck…

 

Y Seguirle la pista a Venus en el tránsito que logró una interesante movilización social en Medellín, pueden ser algunos de los servicios de un verdadero spa del conocimiento.

Estas y otras aventuras, a la altura de las mejores películas de ciencia ficción, se viven cada viernes en el Coloquio de Astronomía U. De A. – Explora. Un espacio inexplorado por muchos y sorprendentemente atractivo para otros, donde con seguridad o al menos en mi caso, nunca se sale igual a como se entró. Es como la montaña rusa, ya sea que se te haga fácil o no, nunca te bajas como te subiste, al menos un poco despeinado.

Debo confesar que cuando me invitaron por primera vez al Coloquio de Astronomía, la imagen que se construyó en mi cabeza fue la de tres o cuatro personajes incomprendidos a los que denominamos ñoños, que probablemente no tienen otra cosa diferente que hacer un viernes en la noche. Pensé en qué ropa debía ponerme para mimetizarme entre el grupo y cómo adoptar una actitud intelectual para pasar desapercibida. Lentes, morral y algunos libros abrazados reforzarían la indumentaria, acompañados de otras estrategias básicas infalibles como sentarme en la última fila, esconderme tras el computador mientras juego Angry Birds y en caso de ser vista, asentir con la cabeza ante el discurso en chino que emitiera el sensei de ese grupo de iluminados. Pero eso sí, nunca, óigase bien, jamás osar levantar la mano para preguntar ante la más mínima presencia de duda (además porque seguro lo tendría que hacer todo el tiempo).

Y por último, en caso de emergencia, fingir demencia.

Esta descripción con un tinte de exageración, me es útil para decirles que tomar la decisión de traspasar la frontera imaginaria que creemos existe entre los gomosos de la ciencia (léase científicos, investigadores, aficionados y demás colados) y quienes caminamos desprevenidos de esos embrollos, puede resultar en una tarea titánica.

Como dijo el escritor argentino Domingo Faustino Sarmiento “La ignorancia es atrevida” y ante el temor de lo desconocido podemos en ocasiones armarnos de prejuicios, estereotipos e imaginarios que nos ayudan a tomar decisiones facilistas que logran hacernos perder de las maravillas de explorar pedacitos de universo.

Muchos son los personajes que nutren cada ocho días el coloquio y que distan mucho de parecer sacados de la película que me inventé inicialmente. Estudiantes de colegios y del pregrado de Astronomía, miembros de los diferentes clubes de la ciudad, aficionados y todo el que quiera asistir, hacen parte de la escena. Sin embargo, hay dos rostros que siempre se verán y aunque no precisamente podamos decir que sean la cara más linda del coloquio, si nos encantan con su pasión y creatividad a la hora de hablar de ciencia:

León Jaime Restrepo (@ljrq10) quien nos muestra semana a semana, una especie de Facebook solar con sus últimas actualizaciones de estado, que nos permite reconciliarnos con el astro rey y reconocer su verdadero rol, muchas veces reducido al de simple guía para saber qué zapatos usar, si empacar la sombrilla en el bolso o si el día será propicio para un exquisito bronceado de camionero.

Jorge Zuluaga (@zuluagajorge) por su parte, con su gran habilidad para divulgar la ciencia, realiza una estupenda selección y análisis de las noticias astronómicas más relevantes de la semana, invita a otros expertos y foguea a los chicos del pregrado de Astronomía, generando una atmósfera de confianza y respeto en la crisálida donde seguramente se gestarán los futuros científicos divulgadores.

Pues bien, lo mío con el coloquio fue amor a primera vista y aunque la relación ha sido algunas veces compleja, créanme que vale la pena pues en este espacio se vale equivocarse, se vale preguntar, se vale asombrarse.

 

Otras cositas para disfrutar

Coloquio de astronomía

http://coloquio-astronomia.wikispaces.com/

Astronomer’s Paradise

La ciencia es útil porque sí

Planetario de Medellín
Observatorio del Planetario de Medellín

Observatorio del Planetario de Medellín. 05 de junio de 2012

Danilo González Díaz*

gonzalez.diaz.danilo@gmail.com

¿Quién en su sano juicio duda hoy del sistema heliocéntrico? Debo confesar que me sorprende y emociona que un modelo tan poco intuitivo como el heliocéntrico pueda estar en la mente de todas las personas. Casi me parece normal que hace más de 400 años la gente no dudara de la quietud de la Tierra. La apropiación de la ciencia consiste en hacerla parte de la vida cotidiana sin tener que soportar la fatiga de hacerla. No se necesita ser un científico para conocer y vivir los resultados más relevantes de la ciencia, ni tampoco tomar un curso de matemáticas avanzadas para comprender que el mecanismo que hace girar a la Tierra alrededor del Sol es la gravedad -incluso cuando ni los científicos saben completamente qué es la gravedad-.

Vivimos en un mundo que no podría ser sin la ciencia. Nuestra vida cotidiana se ve influenciada  por tecnologías que dependen de la ciencia y que influyen desde actividades en nuestra vida privada hasta fenómenos de escala global. Cuán extraño le parecería a los antiguos hombres las telecomunicaciones actuales: el celular, la televisión, el internet. No hay que ir demasiado lejos en el tiempo para comprender el abrumador incremento en la tecnología. ¿Qué piensas que diría tu abuelo si te viera manipulando personajes de un videojuego sin controles? Todos los días hay nuevos avances en tecnología y se hacen nuevos descubrimientos en ciencia, pero vivimos sin preocuparnos de cómo funcionan la cosas, excepto, quizá, cuando empiezan a fallar.  El ejercicio de apropiarse de la ciencia y la tecnología está en ver los fenómenos que dan lugar en la olla a presión cuando se hace de comer, en las reacciones del cuerpo cuando nos infecta la gripa o en los televisores cuando sintonizamos un canal.

Existe una cantidad enorme de información que deriva de la investigación y del ingenio humanos. Decía hace un momento que no se necesita ser un científico para tener acceso a dicha información, pero sí hay un requisito mínimo: la curiosidad. Esto vale tanto para el entusiasta de la ciencia como para el divulgador. El divulgador de la ciencia tiene una labor bastante difícil, que consiste en presentar los conceptos, las cifras, los cálculos de la ciencia como algo muy cotidiano e intuitivo; en otras palabras, mostrarle al público no especializado que siempre ha convivido con los fenómenos que está explicando. Tiene la tarea de mostrar que la curiosidad no mata al gato, que abrir la caja mágica de Pandora no libera los demonios. Y no es una tarea fácil. Para divulgar ciencia hay que saber muy bien de lo que se está hablando. En caso contrario se puede caer con facilidad en imprecisiones y noticias falsas. El divulgador que se dedica a transcribir noticias, no puede detectar falsedades en sus fuentes y está abocado a repetirlas. Es común ver en revistas, diarios, radio y televisión errores cuando divulgan resultados científicos porque en sus equipos de trabajo no hay divulgadores competentes. Un divulgador debe partir de un ejercicio interior, responderse sinceramente si él mismo ha entendido el tema, luego tomar una pelota de fútbol y mirar en ella el problema cuántico que quiere explicar o el proceso que dio origen al universo.

En mi opinión –ahora opino de esta manera- el divulgador no debe considerar a su público como un conjunto de alumnos, es decir, no debe pretender enseñar. Me pregunto cuántas personas de las que vieron o leyeron la serie Cosmos: un viaje personal, del célebre divulgador norteamericano Carl Sagan, recuerdan con precisión al menos un diez por ciento de los temas que el Dr. Sagan expone. El divulgador seduce al público con fenómenos asombrosos que en un aula de clase parecerían fenómenos aburridos, les propone viajes excitantes a lugares cotidianos, pero no debe pretender inyectar su saber. Si su material es usado como consulta académica, bien sea venido el uso. Pero si se pretende ser usado como esparcimiento, también debe haber sitio para ello.

Sin embargo, ¿es el científico la persona adecuada para divulgar ciencia y tecnología? No siempre, pero opino que la divulgación debería ser una prioridad en los programas académicos. Infortunadamente las comunicaciones científicas están pensadas en la mayoría de los casos para ser entendidas por científicos. El resultado de este hermetismo desemboca en la ya obligada justificación que los estudiantes de ciencia deben hacer en las reuniones sociales cuando les preguntan para qué sirve lo que hacen. La ciencia es útil porque es obvio que es útil. Una sociedad que se haya apropiado de la ciencia y la tecnología no verá en los científicos personas extrañas ajenas a la sociedad, comprenderá su importancia, tomará conciencia del poder y las limitaciones de la ciencia, de los logros y las responsabilidades que conlleva una sociedad tecnológicamente avanzada.

 

*Físico de la Universidad de Antioquia y Profesional de divulgación en Astronomía – Planetario de Medellín.