George Fabry, un siglo en la cúspide

 

Palomas línea Fabry, palomar Cesar Parra, Medellín.  Foto Cortesía Bety Parra

Palomas línea Fabry, palomar Cesar Parra, Medellín.
Foto Cortesía Bety Parra

 

En la ruta de los grandes colombófilos, al menos, de aquellos que universalizaron sus nombres y sembraron las bases de colonias históricas, siempre habrá que tener presente al extraordinario colombicultor de la ciudad belga de Lieja, George Fabry, padre de Víctor Fabry, quien heredó sus palomas y la grandeza con la que su progenitor las cultivaba.

Como entretenimiento para quienes la colombofilia es una pasión vale destacar que cuando George Fabry decidió ser colombófilo lo hizo para estar en la cumbre, incluso más allá de su muerte y lo logró.

Dicen quienes conocen o han investigado su historia que comenzó en este deporte en 1913, luego de adquirir un par de palomas de Hasennes, sin duda uno de los mejores de la gran colombofilia belga.

El viejo Fabry sabía a qué le apostaba en un mundo donde se llevan las cestas llenas a los concursos y se regresa a casa con ellas vacías, con la esperanza de volverlas a llenar con el retorno de los ases. No obstante, son pocos los que cumplen este sueño.
Los Fabry, compitiendo contra unos 4000 colombófilos y cientos de miles de palomas en las carreras, lograron numerosos campeonatos y carreras nacionales, incluyendo el famoso Nacional de Angulema, en el que levantaron la medalla de oro por la mayor cantidad de premios con 12 palomas marcadas.

No obstante, su gesta colombófila, al igual que el resto de la colombofilia europea, se vio duramente golpeada por dos guerras mundiales. La crueldad y destrucción de las confrontaciones bélicas no tiene límites. En la Segunda Guerra Mundial, luego de que las tropas alemanas invadieran Bélgica masacrando pueblos enteros, arrasando con los palomares y saqueando lo mejor, muchas de las Fabry terminaron en Alemania, donde algunas incluso fueron sacrificadas o destruidas.

 

Volver de las cenizas

Como todo gran hombre, terminada la guerra, que dejó a su país arrasado, hambriento y casi sin esperanzas de volver a levantarse, y buena parte de la colombofilia en idénticas circunstancias, el amor por sus palomas llevó a Fabry a rescatar algunas de sus palomas enviadas a Alemania. Luego se reforzó con varios ejemplares de Bricoux y dos hembras de Vanbruaene y De Scheemaecker. A su cuadro colombófilo le dio pinceladas de lujo al comprar algunas de las palomas de su propia línea, hecho que le permitió reconstruir su estándar y mantener su fenotipo.

Así despegó un nuevo periodo de gloria para Fabry y la colombofilia mundial porque sus palomas eran adquiridas en uno y otro continente, con resultados sorprendentes. A Colombia, desde los años 60, gracias al interés y esfuerzos de algunos entusiastas colombófilos que se daban el lujo de visitar las mejores colonias europeas, entraron varias palomas de Fabry, Sion, Bricoux, Janssen, Catrysse, Horemans y Stichelbaut, entre otras.

Los resultados de los Fabry, sin duda, fueron extraordinarios y sus cruces siguen dando excelentes resultados entre quienes los han sabido cultivar.

Terminada la Segunda Guerra Mundial las palomas Fabry volvieron a llenar las páginas de la historia y las publicaciones colombófilas europeas. En 1947 el mundo colombófilo conoció de ejemplares como la fabulosa “Heroína”, voladora y reproductora extraordinaria.

En su palmarés aparece su primer lugar del nacional de San Vicente, sobre una distancia de 945 kilómetros en una condiciones climáticas atroces. Esta hembra era abuela de “Porthos”, paloma ganadora de dos millones de francos belgas en dos años de carreras. Además dio el “mitad Fabry”, de los hermanos Janssen, quienes adquirieron una paloma de Fabry para fortalecer su ya histórica estirpe, en un hecho que llamó a atención colombófila europea, pues los Janssen difícilmente introducían palomas de otros palomares al suyo. Sobre “mitad Fabry” también se han dado sus banquetes literarios los periodistas especializados en colombofilia.

Ni hablar de Fangio, una paloma que no parecía tener rival en ninguna distancia, velocidad, medio fondo, fondo y gran fondo. En cuatro años concursando reportó a su palomar premios por un millón de francos belgas. El famoso Moucheté, de 1960, fue otro campeón de todas las distancias, quebrando el mito aquel, con el que los aficionados, en discusiones bizantinas, pasan sus días tratando de descubrir palomas de velocidad, fondo y medio fondo. Moucheté además era ejemplar excepcional a la vista, de un estándar impecable y una fuerza física sorprendente.

No se puede hablar de los Fabry sin mencionar el “Mosquito”, sin lugar a dudas, el mejor de Fabry de largas distancias en la década de los años 1960. Se le llegó a catalogar como una de las mejores palomas de Bélgica en el día, pues, pese a los grandes kilometrajes a que era enviado, no lo cogía la noche volando. El Mosquito levantó tres oros en los concursos nacionales belgas.

 

Mucho de qué hablar

Siguiendo las rutas literarias de los reporteros de su época, que llenaban páginas y páginas de periódicos, revistas, folletines y otros documentos especializados, algunos con tirajes de más de 200 mil ejemplares para varios países europeos, descubre uno a un Georges Fabry como un ser paciente, estudioso, concentrado en los detalles, conocedor de todo el linaje de cada uno de sus ejemplares y, sobre todo, un aficionado que sabía meterle fuerza y viveza a su colonia.

Su rutina era una hora de vareo en la mañana y otra en la tarde. La dieta era normal: 20 por ciento de trigo, 50 de cebada por ciento, 10 por ciento de los guisantes, maíz y 20 por ciento en el invierno. En verano daba 23 por ciento de trigo, 30 por ciento de maíz, 30 por ciento de los guisantes, 10 por ciento de mijo y 5 por ciento de semillas de girasol. En las carreras suministraba 15 por ciento de trigo, 40 por ciento de maíz, 30 por ciento de guisantes, 10 por ciento de mijo, 5 por ciento de semillas de girasol, un poco de cáñamo días antes de una carrera. En las mudas recibían 15 por ciento cebada, 25 por ciento de maíz, 25 por ciento de trigo, 5 por ciento de semillas de girasol, 5 por ciento de cáñamo, y 25 por ciento de guisantes. Era enemigo de la sobre alimentación o subalimentación. Siempre sus aves se veían con apetito.
Para mantener su palomar siempre en la cima le daba un alto valor a la aireación del mismo, el impacto de los rayos solares sobre sus palomas y la limpieza diaria, dos veces al día, mañana y tarde, jugaba a la viudez con yearlings y adultas, volaba sus pichones hasta los 250 kilómetros y se daba el lujo de esperar, hasta el comienzo de las carreras, para empezar a darles plena forma a sus viudos.
Un siglo en la cúspide

Los Fabry se extendieron por todo el siglo XX y sus palomas lograron grandes reconocimientos en toda Europa, por supuesto que en Bélgica; Estados Unidos, Canadá, Suramérica, Australia, Gran Bretaña, Japón y Sudáfrica.

Donde llegaba un Fabry casi que el triunfo estaba asegurados, si el dueño de la colonia realmente sabía alimentar las palomas, seleccionarlas y llevarlas a las grandes carreras. No podemos olvidar que la paloma aporta el 50 %, en casi todos los casos y el colombófilo el otro 50 % del triunfo. La colombofilia va más allá de comprar la mejor comida y sentarse a esperar.

Los alemanes, donde las Fabry se hicieron muy populares, acudían en masa, dispuestos a dar fortunas por sus ejemplares. En 1976, 500 aficionados alemanes occidentales acudieron a una subasta para tratar de hacerse a una de 60 palomas Fabry en venta.

Si bien lograba grandes cantidades de dinero con las ventas de sus palomas, se le reconocía como a un hombre de gran generosidad con aquellos que no tenían como comprarle una gran paloma y les obsequiaba algunas de sus aves y huevos.

En 1972 murió George Fabry, pero sus palomas hacen que su nombre se inmortalice

Stichelbaut, una línea que no suelta la gloria

 

Paloma línea Stichelbaut, paloma que llegó a Medellín procedente de un palomar argentino. Son sus propietarios Mónica y Walther López, Palomar Viajeros, de Girardota. Foto Cortesía Walther López

Paloma línea Stichelbaut, ejemplar que llegó a Medellín procedente de un palomar argentino. Son sus propietarios Mónica y Walther López, Palomar Viajeros, de Girardota.
Foto Cortesía Walther López

 

 

Para quien acaba de llegar al maravilloso mundo de la colombofilia o así lleve años en ella se encontrará con personajes que, aunque hoy son leyenda, difícilmente comprenderá por qué se habla de los mismos como si estuvieran vivos y siguen derrotando competidores en las grandes gestas del deporte alado.

De hecho en uno y otro palomar sobresaliente, en los grandes escenarios de discusión de nuestro deporte, en las redes sociales, a diario saltan nombres de personajes que nacieron hace dos siglos o muy a comienzos del siglo pasado, cuyas palomas se rematan a precios de oro, que llenaron con páginas de gloria las carreras colombófilas y que dieron formas a unas líneas genéticas, orgullo para aquellos que sueñan con ser protagonista en estos  tiempos de tecnologías.

Uno de esos personajes es el inolvidable Alois Stichelbaut, baluarte de la colombofilia belga desde la segunda década del 1900 y cuya estirpe mensajera continúa en la cima de los máximos acontecimientos colombófilos. Contar en nuestro palomares, quizás sí, quizás no, así sea de nombre, con una de sus palomas nos da lustre de grandeza.

Dice, con total razón, el magistral Jules Gallez, en su obra la Paloma Belga de Carreras, que incluso a más de cien años de la muerte de algunos de los maestros que hicieron grande la colombofilia belga, puede hallarse el sello de sus palomas en las actuales competidoras.

De Stichelbaut afirma que jamás una raza de palomas como las suya estuvo tanto tiempo en la cúspide. “Este es un hecho fácilmente explicable puesto que, después de la muerte de Alois Sichelbaut, muchos grandes campeones belgas y extranjeros alcanzaron y alcanzan maravillosos resultados con esta prominente estirpe, especialmente cuando se emplea entre los 500 y los 1.100 kilómetros”.

Sitchelbaut era una de esas personas a las que no les gusta llamar la atención ni animar con más gloria la gloria de sus propias palomas. En la colombofilia nació grande. En 1922 adquirió dos palomas del colombófilo Alfons Derumeaux, quien fue su amigo y leyenda en la colombofilia del Viejo Continente. De hecho, el palomar de Derumeaux, residente en Lauwe, la misma ciudad que habitó Stichelbaut, además fue la base de otros extraordinarios colombófilos belgas como los hermanos Vanhees, Vereecke, Descamps Van-Hasten, Desmet Marcel, y Bostyn Leo, entre otros.

Otro impulso a la naciente estrella colombófila se lo dio su tío Camilo Cristiaens, quien le obsequió una paloma descendiente del famoso volador “Bordeaux”, de Armando Declercq.

Stichelbaut fue un aficionado de pocas palomas, lo suyo no era sumar y sumar palomas, una aspiración, que aunque respetable, pocas veces conduce a algo que valga la pena. La clave de Stichelbaut era agregarle a sus palomas métodos para hacerlas cada vez más fuertes, disciplinadas, valientes y resistentes. En esto era estricto, no admitía debilidad alguna.

Esa era su disciplina, sabía y era consciente de que una sola pareja extraordinaria, resultaba suficiente para crear un universo, como lo es el sol para llenar de vida al planeta tierra y mantener sobre su órbita, sin ninguna posibilidad de escape, de al menos ocho planetas más, con sus respectivas lunas.

 

Más poder

Solo en 1927, ya en cumbre de la colombofilia en un país donde había que hacerse notar entre millones de palomas en carreras y cientos de miles de aficionados, introdujo a su colonia, de alguna manera, para catapultarse en la gloria, varios ejemplares del campeón de Amberes, otro de los centros de la colombofilia belga, Lagae-Blondeel, dice la leyenda, procedentes del palomar de A. Vandecandelare.

Las palomas de Lagae-Blondeel se caracterizaban por ser en su mayoría azules y negros, y demostraban un definido reflejo broncíneo en su plumaje.

En 1933, gracias al famoso volador de Bordeaux consolidó su poder como volador al cruzar algunas de sus palomas con las del palomar originario del Bordeaux Declercq. Desde 1922 hasta más allá de la gran guerra, pero con especial protagonismo en la década de los años 30 y 40, las palomas de Stichelbaut aparecían entre las imbatibles en todas las distancias. Su gloria era indiscutible en carreras de 180 kilómetros, 500 km, 800 y el temible, pero soñado gran fondo.

En las carreras Stichelbaut sabía que la gloria la daba la calidad y no la cantidad. Por eso, siempre enviaba lo mejor a las competencias. Ni en ello, pese a las palomas de miedo con las que contaba, solo se jugaba con unas pocas. Con ello era suficiente para doblegar a otros maestros, que sabían de palomas, que manejaban sus propios métodos, que trataban de no dar paso en falso, y al resto de la nube colombófila, que envía millones de aves a las carreras a ver qué pasa.

En un principio Stichelbaut voló en posición de nido, luego perfeccionó otros sistemas como la viudez, que era empleado a fondo por otros grandes competidores de su época como el doctor Bricoux, Caramín, Vander Espt, Devriendt, Tremmer, entre otros muchos otros maestros, que conocían a fondo el método de viudez y le sacaban así el máximo provecho a sus palomas.

Dice Jules Gallez, como centro de muchas de sus investigaciones sobre el origen y el desarrollo de la estirpe Stichelbaut que si bien este apareó sus palomas con ejemplares de otras líneas magníficas como la suya, “en nuestros registros encontramos mencionados solo tres machos, lo que nos induce a creer que el mejor stock de las hembras de Stichelbaut estaba constituido por sus mejores voladoras, entre ellas Het Oude Bordeauxtje, en cuyo palmarés, entre 1932 y 1936, aparece con registro extraordinario de grandes premios, volando contra miles de palomas. Esta paloma fue a su vez madre y abuela de muchos de los animales de primera clase de su palomar, así como para otros aficionados que tuvieron descendientes de la misma, como Jules Matton, Domien Van Wonterghem, Mauricio Themsche y la lista sigue.

Otra gran hembra, De Goede Bleken, ganador de 25 premios en distintas distancias, logrando 15 posiciones entre las diez primeras. En dos oportunidades logró el título de “Campeón de Larga Distancia en Flandes Oeste”.

“El Buen Oscuro”, quien como volador entre 1936 y 1938 conquistó 19 grandes premios, también en todas las distancias.

Y la “De Opgeblanzen”, quien compitió entre 1936 y 1939, con resultados indiscutibles en todas las distancias.

No puede hablarse de Stichelbaut sin mencionar a su famoso “Opgeblazen”, el “Inflado”, un macho rodado claro, el cual en una carrera desde Tours, regresó a su palomar triunfador y con el cuello absoltamente inflado, tanto que hubo que pincharlo con un alfiler, debidamente desinfectado, para bajarle la supuesta hinchazón, pero carrera tras carrera, conquistando triunfo tras triunfo, el palomo llegaba en idénticas circunstancias. Dice Gallez que posiblemente, de no haber estallado la gran guerra, el “Inflado” hubiese alcanzado sitial de honor en el museo de la colombofilia mundial. En el año en mención se clasificó desde Angoulume en los puestos 1, 2, 3, 4, 6, 10 y 25. “Obviamente, un animal de tamaña calidad tenía razones de sobra para mostrarse sobreinflado después de tales resultados”, puntualiza Gallez en su perfín sobre el palomar Stichelbaut.

Su raza, su estirpe y grandeza como persona y colombófilo hace que se siga y seguramente se seguirá hablando de Stichelbaut como un hombre a seguir.

La colombofilia antioqueña de las últimas décadas del siglo pasado escribió muchas de sus páginas y con palomas procedentes o de la línea de Stichelbaut. Hoy, sobre todo, gracias a los derby e importaciones, algunos aficionados cuentan con palomas procedentes de tan magistral colombófilo. Entre otros, el Palomar Viajeros, de Mónica y Walther López, cuentan con un bello ejemplar procedente de un palomar argentino, que tiene en su base varias palomas de esa línea, importadas desde palomares belgas, que conservan y, de alguna manera, llevan a la inmortalidad colombófila al gran campeón Stichelbaut.

Dr. Bricoux, una leyenda de la colombofilia belga

Paloma línea  Bricoux, cuyos padres fueron importados desde España por los hermanos Otálvaro. La paloma fue volada en el pasado derby de Bogotá. Foto Cortesía Elbert Otálvaro

Paloma línea Arturo Bricoux, cuyos padres fueron importados desde España por los hermanos Otálvaro. La paloma fue volada en el pasado derby de Bogotá. Foto Cortesía Elbert Otálvaro

 

 

Distintos estudiosos de la paloma belga de carreras se refieren al colombófilo, Arturo Bricoux, de la hermosa e histórica ciudad de Jolimont, como el maestro de maestros en el inigualable mundo de la colombofilia belga. Una nación de 30.528 kilómetros cuadrados, casi la mitad de Antioquia, pero que en sus mejores tiempos llegó a contar con más de 200.000 colombófilos y diez millones de palomas en carreras.

A Bricoux, algunas de cuyas palomas fortalecieron algunos de los palomares antioqueños, sobre todo rojos extraordinarios, en la década de los 30 del siglo pasado, se le denominada dentro y fuera de su país, como el “mejor colombicultor de todos los tiempos”.

De él se dice en uno de los tomos del libro La Paloma Belga de Carreras, textos maravillosos que todo colombófilo debe leer y reeler, que mientras estuvo en competencia nadie lo superó en la crianza de palomas. El Dr Bricoux, sin duda, fue un colombófilo extraordinario.

Excelente recordar esto, sobre todo para quienes aún tienen algunas palomas de su procedencia. Su palmarés entre 1919 y 1939 fue sencillamente extraordinario, mirar su cuadro de  honor era incluso un orgullo, así no se fuera propietario de ninguna de sus palomas.

El Dr Bricoux, como todo el mundo le decía, era ante todo un caballero. No obstante, entre 1930 y 1939 sus triunfos resultaban tan avasalladores contra miles y miles de palomas en el medio, fondo y gran fondo, que quienes competían contra él, afirmaban que dopaba sus palomas. Con una Bricoux en competencia casi que se sabía, sin mayores dudas, cuál sería la primera en la carrera.

Dicen que el Dr Bricoux sonreía cuando le preguntaban por la forma casi mágica como manejaba su palomar.

No podía ser otra la suerte de un maestro que construyó su colonia con extraordinarias bases. Fueron sus palomas iniciales las extraordinarias Beeckeman, a las que luego agregó ejemplares de la línea Cellier, otro belga asombroso.

Luego introdujo a su colonia las Baclene, del bello poblado de Walcourt y las Rousseau, de Jempe. El acero de su palomar lo terminó de pulir introduciendo además algunos ejemplares que intercambió con el gran campeón francés, Pablo Sion.

Del Dr Bricoux se sostiene que manejaba la consanguinidad. Su método magistral, como el de muchos otros grandes, era la paciencia. Se declaraba enemigo acérrimo de los concursos de pichones y jamás enviaba una paloma de menos de un año a las carreras. Después de los dos años, jugaba sus palomas en el sistema de viudez. Algunos que lo conocieron y tuvieron el privilegio de conocer sus principales métodos para alcanzar los primeros puestos, dicen que eran un colombófilo consagrado a la viudez. Esa era la llave que le abría la puerta de sus triunfos, claro, viudez con palomas extraordinarias y debidamente preparadas.

No obstante sus grandes conocimientos, su forma de alimentar era absolutamente simple, pocas veces utilizaba más de cuatro o cinco granos en sus mezclas, siempre guardando proporciones de dietas, de acuerdo con el momento de su colonia.

Aunque muchas cosas se hablaban de él, lo único cierto era que no tenía secretos y lo que sabía lo compartía con quienes tenían el privilegio de hablar con él.

Jamás dudó en que la cesta era el juez supremo de sus palomas. La belleza no tenía para él nada que ver con el valor real de una paloma.

Se centraba en las palomas fuertes y musculosas y de plumajes de gran suavidad y blandura. Decía que una paloma de larga distancia debía tener sus plumas secundarias bien desarrolladas.

Lo suyo era la larga distancia, en eso se especializó y eso aconsejaba a los jóvenes que lo visitaban. Durante más de 20 años, hasta que estalló la Segunda Guerra Mundial, el Dr Bricoux fue un colombófilo insuperable. Su final como colombófilo no pudo ser más triste, aterrorizado, como otros millones de personas en Europa, abandonó su palomar y todos sus bienes, de manera precipitada. Semanas después regresó y se encontró con el desastre. El ejército francés había sacrificado una a una todas sus palomas. Eran demasiado valiosas para que pudieran caer en manos enemigas.

No obstante la desgracia, en momentos tan difíciles como los que le tocó vivir, cobran inmenso valor los grandes y verdaderos amigos. Los suyos fueron Néstor Tremery y Arturo Camerín, ambos belgas, que le ofrecieron sus palomares como si fuesen su propia sala de cría, hecho que le permitió, en buena parte, reconstruir su sitial de honor en la colombofilia. La sangre de su palomar, si es manejada por manos maestras, siguen siendo lujo en las grandes competencias.

Semiviudez

Paloma perteneciente al palomar de Rubén Eugeni, de Morelos, México, ganadora del Pool designado de 200 km, sexto lugar en la carrera, contra 4000 ejemplares

Paloma perteneciente al palomar de Rubén Eugeni, de Morelos, México, ganadora del Pool designado de 200 km, sexto lugar en la carrera, contra 4000 ejemplares

Es consenso entre los grandes maestros de la colombofilia que los máximos resultados en las carreras se logran con equipos de machos viudos, trabajados, con historia y bien entrenados. Pero tampoco puede desconocerse las gestas históricas realizadas por hembras en viudez, en posición de nido o con pichones de dos o tres días. Continuar leyendo

Colonias en la cumbre

Paloma Hermanos Otálvaro, línea Terremoto. Paloma considerada de "vieja estirpe". Foto cortesía Elver Otálvaro

Paloma Hermanos Otálvaro, línea Terremoto. Paloma considerada de “vieja estirpe”. Foto cortesía Elbert Otálvaro

Cualquier colombófilo, gracias a una buena paloma, puede ganarse un concurso de vez en cuando. Pero la mayoría de las veces no es el aficionado el triunfador, es la paloma la que le da prueba de su valor, tenacidad y arrojo para imponerse frente a cientos o miles de competidoras, sin importar la distancia, el estado del tiempo o la calidad de sus rivales. Continuar leyendo

Salud, la campeona de todas las distancias

Paloma línea Juan Sepúlveda, socio AMA, con gran trayectoria y excelentes resultados en la colombofilia antioqueña.

Paloma línea Juan Sepúlveda, socio AMA, con gran trayectoria y excelentes resultados en la colombofilia antioqueña.

 

La buena salud es la piedra angular de todo buen palomar. En ella se fundamentan la calidad, belleza, estética, la forma y el estándar de la colonia y el palomar mismo. Si no hay salud, si no se es riguroso en alcanzarla y mantenerla durante todo el año, los 365 días, difícilmente nuestras palomas se destacarán.

De nada valen las medicinas si nuestro trabajo no es riguroso para mantener las instalaciones blindadas de toda plaga y enfermedad. No hay que ser un sabio para afirmar que el éxito radica en la prevención y unas normas claras y planificadas para mantener la colonia libre de enfermedades.

Si se es disciplinado en la higiene y control de bichos internos y externos difícilmente nuestras palomas enfermarán.

En distintos manuales europeos y americanos, la regla preventiva de oro es la vacunación para viruela y la paramixovirus, una de las pestes más fatales en las colonias.

No obstante, en nuestro medio la casi totalidad de los colombófilos no vacuna. Consultados sobre la no existencia de estas vacunas específicas para palomas en el país, la respuesta desde las autoridades sanitarias es que tales males no existen o no se han manifestado al punto de ser consideradas epidemias. Por lo tanto, es más el riesgo que se corre vacunando que no vacunando, máximo si no lo hace todo el mundo.

Quienes han logrado vacunar sus palomas con sepas específicas es porque han traído la vacuna de contrabando de Europa, hecho grave porque tal actitud puede resultar un tiro de gracia para el propio paloar, que al año siguiente lo logra conseguir la droga específica y todos los que no lograron vacunar porque carecen de la misma.

 

Tórtolas y moscas

El primer agente conspirador contra la salud de nuestras palomas son las aves silvestres y las palomas comunes que se pegan a las bandadas y terminan en las colonias con sus cargas de moscas y otros bichos, muchos de los cuales se alimentan de la sangre, la misma que llevan de una paloma a otro.

A estas les siguen los granos contaminados, no aptos para el consumo humano o animal; el agua, los parásitos externos y, en temporada de vuelo, la cesta, una de las peores plagas de la colombofilia.

Hay quienes aseguran que de las cestas, las palomas se traen el 90 por ciento de sus problemas de salud, por eso, es bien importante que el carro en el que se transporten o las cestas mismas, sean lavadas y desinfectadas luego de cada entrenamiento o concurso.

Frente a las tórtolas, otros pájaros y ratas hay que blindarse protegiendo el palomar con mallas pequeñas que les impidan el paso. Si entran por la trampera, la recomendación es no dejarlas volver a salir porque si se les libera, más tardan en estar en la calle que en regresar, con graves consecuencias. Palomar con ratas, no es palomar, así de simple.

Es muy duro tener que sacrificar un ave que entra a nuestro palomar, pero, vaya uno a saber, con una que entre y se tome confianza en la colonia, en pocos días resulta uno con más pájaros que palomas dentro de las jaulas. A una tórtola hay que hacerle un escándalo similar al que se le hace a un ratón dentro de nuestra propia casa. Hay que coger escoba, gritar, despertar a los vecinos, mover camas y solo tranquilizarse cuando estemos seguros que el bicho abandonó nuestra casa.

Si alguien quiere alimentar las tórtolas y otros pájaros, bien puede hacerlo en un lugar donde no tengan contacto con las palomas.

El agua debe ser fresca, cambiarse todos los días, tratar siempre de administrarla teniendo  uo o dos bebederos de repuesto, para que mientras uno esté en uso los otros estén secos o con algún agente desinfectante.

En esto hay grandes diferencias. Hay quienes aseguran que los recipientes para agua jamás deben lavarse con jabón u otros químicos, que es suficiente una o dos veces a la semana someterlos a una desinfección con agua hervida.

Lo mío es el jabón, una caneca, de 20 litros, con agua, a la cual le echo 20 centímetros de límpido, introduzco los beberos en la misma  y luego enjuago, no sin antes darle una pasada con jabón para lavar platos.

Regla de oro, que por ninguna circunstancia las palomas tengan fuentes alternas para beber diferentes a las de sus recipientes. En este sentido, hay que estar alertas con aguas estancadas, desagües, canoas o bajantes que se inundan. Esto incluso se paga en los propios concursos, cuando la paloma retorna a su colonia y en vez de entrar a la misma sacia su sed donde el vecino o el agua estancada que ella sabe la está esperando.

La comida, no importa si se compra para una semana o para un mes, siempre debe estar en un lugar fresco, debidamente protegida de roedores, cucarachas y otras plagas. Cuando la rata no logra penetrar a la caneca, si haya un huequito en la misma, por ahí arroja su orín para mantener su registro y alertar a otras de su misma calaña sobre la presencia de buena comida para darse el banquete en las horas o noche siguiente.

Los granos siempre deben ser de la mejor calidad y en estos no puede ahorrarse.

Las fumigaciones en el palomar deben ser periódicas, al menos, una cada dos meses. Ideal barrer el piso, al menos una vez a la semana, arrojando cal viva sobre la palomina antes de pasarle el raspador y la escoba. Ojo que los hongos son fatales y pocos palomares los detectan a tiempo.

Es muy importante que en las reuniones de los colombófilos, quien tenga algún problema lo reporte. De guardar silencio puede terminar sacrificando su colonia y llevar el mal al resto de palomares. De hablar, siempre habrá quien conozca el tratamiento específico o conozca el profesional o laboratorio idóneo para superar el mal.

 

Laboratorios

Antes de administrar cualquier tipo de droga a las palomas, es ideal enviar una muestra de palomilla al laboratorio. Si la situación es crítica, debemos llevar la paloma para un examen de sangre o un raspado. Si se nos muere, lo ideal es llevarla al laboratorio para que, a través de una necropsia un profesional certifique con exactitud la causa de la muerte y el tipo de droga que debe emplearse para acabar el mal.

En nuestro medio es común la automedicación. Si las palomas sobreviven es gracia a su propia resistencia y pese a la intervención del colombófilo. Qué tal un colombófilo interviniendo quirúrgicamente a una paloma, utilizando cuchillas y otros elementos sin mayor asepsia y luego sacar pecho diciendo que salvó a su paloma. Esto es una locura. Como lo es darles drogas por si mañana se enferman.

Con tratamientos naturales preventivos hay colonias que pasan años sin que nada las afecte.

Lo más común en todos los palomares son la coccidia, vermes o gusanos helmintos y las trichomonas, cualquier laboratorio, puede detectarlas y decirnos con exactitud su nivel de complejidad y el tipo de drogas a utilizar. Un tratamiento incompleto sobre estas enfermedades o cualquier otra, multiplica los males.

Cada vez que se haga un tratamiento para una enfermedad específica debemos lavar todo el palomar con un desinfectante, ojalá y cal viva, lo otro es curar la paloma pero dejar viva la fuente de intoxicación. En esto no puede fallarse, como tampoco en el suministro de antibióticos a ojímetro o porque me los recomendaron.

Para rematar, la mejor droga es un aseo perfecto de todos los recipientes y lugares donde se mantienen la mayor parte del día nuestras palomas.IMG-20170903-WA0025

Línea de palomas Juan Sepúlveda, colombófilo antioqueño, con décadas de trabajo permanente. Hoy socio del AMA.

Línea de palomas Juan Sepúlveda, colombófilo antioqueño, con décadas de trabajo permanente. Hoy socio del AMA.

Nobleza y grandeza de los hermanos Janssen

 

Si algún palomar ha sido sitio de peregrinación del mundo colombófilo es el de los hermanos Janssen, en Schoolstraat, en Arendonk, Bélgica.

Los más consagrados cronistas de la colombofilia mundial afirman que la raza que hizo grande a los Janssen siempre se ha mantenido pura. Su celo era tal para mantener intacta su estirpe colombófila que difícilmente introducían una paloma de otro palomar.

Aunque resulte una paradoja, no fueron la propia familia Janssen la que hizo grande a sus palomas en las largas distancias. Su historia en la fama mundial se las dieron cientos de palomares holandeses, belgas y alemanes, que levantaron las máximas copas de las carreras del Viejo Continente con ejemplares adquiridos en su palomar de Arendonk.

De los Janssen se dice que eran personas en extremo sencillas, que hablaban con todo el mundo de palomas y que no parecían tener secretos para mantener a sus ejemplares siempre con una salud de hierro, alas flexibles, plumaje suave y músculos redondos.

Hoy, incluso 130 años después de que Henri, padre de los Janssen adquirió sus primeras palomas, cualquier palomar que cuente con un Janssen entre su cría, lo exhibe como si fuera producto del mundo actual, dominado por todo tipo de tecnologías.

Contrario a la inmensa mayoría de los aficionados europeos, que veían en la viudez el sistema más extraordinario para llevar a las palomas a su máximo rendimiento en cualquier tipo de concurso, velocidad, fondo, medio fondo o gran fondo, los Janssen, hasta 1949, cuando murió su padre, jamás emplearon tal sistema, aunque las palomas que ellos vendían a otros palomares se convertían en verdaderas máquinas de la viudez por sus extraordinarios resultados. El viejo Henri calificaba la viudez como un método antinatural.

Los hermanos fueron nueve, siete hombres y dos mujeres. De los hombres seis casi que nacieron colombófilos desde la cuna. El séptimo jamás se interesó por las palomas. Una de las hermanas dicen las historias se quedó vistiendo santos o cuidando a sus hermanos y la segunda, como para no perder la costumbre, se casó con un colombófilo, amigo de la familia, que tuvo su propia colonia Janssen.

El palomar, como la mayoría de los grandes palomares belgas, fue objetivo militar por parte de las tropas alemanas. En la Primera Guerra Mundial, Henri se las arregló como pudo para ocultar a sus mejores parejas durante los años que duró la confrontación.

Al final de la Segunda Guerra Mundial lograron salvar 42 palomas que ocultaron en sótanos y otros escondrijos para evitar que cayeran en manos de los alemanes.

Sobre los Janssen y sus triunfos maravillosos cada palomar,  hoy son miles en el mundo, cuenta su propia historia. En todo el siglo pasado no faltaron las historias, algunas que parecen fantásticas de esta estirpe asombrosa. Pero como en todo, hay superhistorias, que están por encima de las historias.

En el caso de los Janssen aparece la del mega Oude Merckx, en honor al gran campeón mundial de ciclismo, paisano suyo, Eddy Merckx, considerado el mejor ciclista de todos los tiempos. Su ambición por los triunfos era tal que se le llamaba Caníbal, El Ogro de Tervueren o el Monstruo Belga.

Los cronistas coinciden que la paloma Merckx es probablemente la más conocida de la colonia de los Janssen en toda Europa e incluso en otros continentes.

A lo largo de su carrera ganó 21 premios compitiendo contra miles de palomas. Puede ser una paradoja, pero Merkx tiene su origen en una paloma obsequiada a los hermanos por el gran colombófilo Víctor Fabry, también belga, cuyos ejemplares se caracterizaban por un pedigree y resultados casi increíbles.

Merckx no solo fue un gran atleta, también fue un gran reproductor.

La historia de los Janssen, así está consignada en distintos documentos, revistas, libros sobre la colombofilia belga y hoy en portales de internet, tuvo su origen en 1872, año de nacimiento de Henri Jannsen. En 1886 ya tenía su palomar constituido, al parecer, mucho antes de que llegaran sus hijos Fons, Frans, Jef, Vic, Irma, Adriaan, Charel, Marie y Louis.

Henri fue uno de los fundadores del club de Arendonk, su amor y dedicación por las palomas, como ya se mencionó, la compartieron sus hijos desde su más temprana infancia, una veces arreglando el palomar, otras acompañando a su padre en los vuelos de entrenamiento, pendientes del reloj o de las largas horas de espera de los concursos.

Cuando se habla de los Janssen, una dinastía de oro, muchos aficionados que asocian los grandes palomares con grandes fortunas, salen sorprendidos al visitar la casa de los Janssen. Se habla de ella como una humilde vivienda, sin lujos, construida antes de la Segunda Guerra Mundial en una Europa donde lo único que abundaba era la escasez.

El palomar es incluso tan modesto como la propia casa y nada tiene que ver con los santuarios que hoy se exhiben en las revistas famosas que llegan de Europa, Estados Unidos y Asia. Allí nada es caro o innecesario, lo que sí hay por todos lados es un profundo amor y respeto por las palomas mensajeras.

La unión, clave del éxito colombófilo

Registro de premiación temporada 2017 del AMA, en la finca del señor Julio Vélez. Izq-derecha, Rafael Isaza González, Willian Ochoa, Jaime Osorio,  Jorge Gutiérrez y Apolinar Pérez, más que colombófilos grandes amigos gracia a su jobie por las palomas.

Registro de premiación temporada 2017 del AMA, en la finca del señor Julio Vélez. Izq-derecha, Rafael Isaza González, Willian Ochoa, Jaime Osorio, Jorge Gutiérrez y Apolinar Pérez, más que colombófilos grandes amigos gracia a su jobie por las palomas.

¿Qué puede decirse de la paloma mensajera que no se haya dicho o publicado? Con absoluta certeza: nada, pero lo más paradójico, siempre habrá discursos, lecturas y enseñanzas infinitas al respecto. Continuar leyendo