Cesta, juez supremo de la colombofilia

 

 

Sin duda, el juez supremo en la selección de las palomas mensajeras es la cesta, lo demás lo da la genética. La cesta es implacable, no parece tener piedad con los palomares y las palomas desde los primeros entrenamientos, sean estos o estas extraordinarias o no. La cesta no le perdona ni siquiera a los crack, los bala, los fondistas o gran fondistas su falta de forma, los yerros que tuvimos con ellos durante el año, los malos tratamientos a los que los sometimos, sean estos preventivos o no; la alimentación desbalanceada, la muda, los malos encestes o los errores del comboyero.

Lo peor, la cesta golpea y ni siquiera espera hasta el final de la temporada como, por lo general, lo hacen los colombófilos implacables en sus métodos de selección.

Siempre tratando de llevar lo mejor a la cesta cada colombófilo es un mundo aparte en la selección de sus palomas. Hay quienes, yo no me atrevo a hacerlo, seleccionan a la mano; otros, con la mirada, me gusta no me gusta, tiene la cabeza muy grande, el ala muy corta o muy larga; la quilla muy pronunciada, corta o tipo  espada; levanta mucho la cola, le falta equilibrio, no sabe dar el ala de manera correcta cuando la tomo en mi mano… Todo, absolutamente todo, decisiones subjetivas y carentes de valor científico.

Frente a lo anterior, vale recordar a los implacables críticos de nuestro gran campeón mundial de boxeo, Muhammad Ali (Cassius Clay), de quien siempre se decía que no sabía pelear, pero aquél que se le subía al ring lo tiraba a la lona, a veces con una velocidad tan fulminante frente a los que sí sabían pFelear, que no los dejaba pasar del primer asalto.

Respetando toda suerte de criterios, algo en común tienen los conceptos que he leído y escuchado de algunos de los grandes maestros de la colombofilia mundial. “El verdadero valor de una paloma extraordinaria es algo invisible”. Por ello, el reto para el colombófilo es pasarse la vida tratando de descubrirlo.

Inteligencia e instinto que la hacen coger la dirección correcta; mordiente, que la lleva a lanzarse con fuerza y entusiasmo hacia su palomar, sin que nada la detenga: lluvia, aves de rapiña, sed, cansancio, horas en el aire… No importa que tan fea o esqueletuda sea la paloma, si está dotada de esa fuerza invisible, bienvenida sea.

“No importa que el gato sea blanco o negro; mientras pueda cazar ratones, es un buen gato, Deng Xiaoping, discurso de 1962, líder vietnamita que en pleno siglo XX expulsó de su país, dos intervenciones militares, de los dos más grandes ejércitos de la tierra: Francia y EE. UU.

Luego de visitar numerosos colombófilos y observar la forma, la muda, el color del ojo, tamaño, plumaje, fisonomía muscular de sus palomas campeonas, en mi humilde concepto, he llegado, una y otra vez, a la misma conclusión: es imposible hallar un tipo específico de paloma campeona. Hay campeones que parecen pájaros y una vez entra uno a su palomar enloquecen tratando de escapar, otros, por el contrario, son tan absolutamente mansos que parecen decirle a uno, cójame que necesito de sus caricias.

Cuántos años pasó en su extraordinaria vida colombófila, nuestro gran maestro Carlos Márquez Prats, tratando de lograr algo tan perfecto como su inolvidable Micky Mouse, lo quiso tanto, lo admiró tanto, que ni siquiera pudo desprenderse de él después de la muerte. Dicen quienes conocieron al maestro, que después de muerto, lo congeló y lo guardó por siempre. Una vez Márquez se nos adelantó en esta carrera por la vida, el gran Micky salió del congelador y lo pusieron dentro del ataúd para que acompañara a su dueño en la eternidad y así cumplir con uno de sus últimos deseos.

No es de extrañar que muchas palomas campeonas hayan sido sacrificadas por sus propietarios sin darles siquiera la oportunidad de probar que son buenas. Nunca sacrifique un pichón sin antes volarlo y dejarlo que él le pruebe su valía. Si lo sacó es porque está convencido de que sus padres son extraordinarios, de lo contrario, usted está perdiendo su tiempo si pone a reproducir palomas en las que no cree.

Claro, hay casos excepcionales relacionados, sobre todo, con enfermedades o deformaciones severas, en las que a la paloma es mejor regalarla o sacarla del palomar porque sin duda, esa difícilmente hará algo.

Nunca saque una paloma si la muda no le va a coincidir con la temporada de vuelo. Es la única fórmula que conozco para mantener la muda en plena forma. Lo otro son fantasías de colombófilo: anticípese a la muda arrancando novena y décima, que faltan dos meses para empezar la temporada; queme con un fósforo la décima o noventa porque se le va a caer para el concurso de gran fondo, coja papel de lija y suavemente lime el final del raquis para que atrase la muda, métale la pluma en agua caliente para que no le duela, cómprese una droga importada de China o Europa… Si saca los pichones en el tiempo que es, de acuerdo con el calendario que año tras año fija su club, siempre tendrá a sus palomas, salvo en contadas excepciones, con la pluma perfecta para el concurso perfecto.

En todo hay excepciones: conozco palomas que una vez mudan la décima pluma, así sea en vareo, aprovechan el primer techo que encuentran por el sufrimiento que representa la muda para descansar allí y evadir el vareo. A otros, no parece importarles su situación, e incluso logran carreras extraordinarias, el año de su muda, claro que al siguiente, así lo he analizado ese palomo, por lo general, desaparece en los primeros concursos.

Para rematar, dicen quienes conocieron al histórico Óscar Catrysse, que de manera asombrosa, sin coger una paloma en su mano, sabía si era buena o no, si estaba preparada o no para su bueno. Aseguran este ser maravilloso de la colombofilia belga practicaba la Etomología o comportamiento animal, probando que con mucho estudio y observación, puede detectarse los más ocultos secretos de la fortaleza y el comportamiento animal. De las palomas Catrysse, la literatura belga aseguraba que mientras el resto de los palomares iban a pie, los Catrysse siempre viajaban en coche.

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