Colonias en la cumbre

Paloma Hermanos Otálvaro, línea Terremoto. Paloma considerada de "vieja estirpe". Foto cortesía Elver Otálvaro

Paloma Hermanos Otálvaro, línea Terremoto. Paloma considerada de “vieja estirpe”. Foto cortesía Elbert Otálvaro

Cualquier colombófilo, gracias a una buena paloma, puede ganarse un concurso de vez en cuando. Pero la mayoría de las veces no es el aficionado el triunfador, es la paloma la que le da prueba de su valor, tenacidad y arrojo para imponerse frente a cientos o miles de competidoras, sin importar la distancia, el estado del tiempo o la calidad de sus rivales.

Pero qué lleva a determinados colombófilos a ser grandes dentro de esta afición. Sin duda, su capacidad de mantenerse él y sus palomas, por años y décadas, en la cumbre de la colombofilia.

Rara vez, quizás nunca, un gran campeón cambia de palomas como quien cambia de camisa. Lo suyo es el desarrollo de una estirpe que trabaja con esmero las 24 horas del día, los 365 días del año tratando de sacar siempre lo mejor.

El gran colombófilo siempre tiene algo que contar de sus propias palomas. Las conoce y trabaja con metodologías propias. Si decide introducir un nuevo ejemplar a su colonia lo hace cuando está absolutamente convencido de que vale la pena y sacará lo mejor de él.

En este deporte se han invertido y también perdido sumas extraordinarias adquiriendo lo mejor del lote local, nacional y mundial, porque hoy se puede ofertar por cualquier paloma sin importar el lugar donde se realice la subasta.

De todas formas, comprar súper palomas no equivale a que con ello se tendrán resultados superiores o siquiera iguales a aquello que se soñó con la compra. La clave, además de buenas palomas, está en el manejo que el aficionado pueda darles a las mismas.

Se compran las palomas pero no el colombófilo y éste, a los dos o tres años después de haber vendido lo mejor de lo mejor, vuelve a aparecer en la cumbre de las carreras con hijos, nietos o bisnietos de los campeones que vendió. Claro que no siempre sucede esto. Hay quienes se pasan el resto de vida tratando de volver a armar su palomar, luego de haber vendido sus mejores palomas.

En este deporte hay que tener, como mínimo, sentido común y no deslumbrarse por lo que se toca y se ve, porque a veces no se sabe lo que se toca ni lo que se ve. En la propia casa de un gran campeón ni siquiera este alcanza a descubrir qué hace extraordinarias a sus palomas. Tiene que llegar alguien de afuera y luego de observar a todos sus ejemplares hacerle un juicio sobre determinada paloma. Entonces, el propietario vuelve su mirada hacia ella, que quizás la tenía para descartarla y la convierte en la reina del palomar.

Cuántas palomas de gran valía se han perdido sin ni siquiera haberles dado una oportunidad. La llave de la felicidad en este deporte se llama la paciencia y ser capaz de ver en una paloma aquello que nadie ve. No son las “razas” nuevas las de la gloria. En mi humilde opinión, en colombofilia no hay razas nuevas, hay compras nuevas y estirpes de más de cien años que no se cansan de estar en la cúspide por estar siempre, de generación en generación, en manos de grandes colombófilos.

 

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