¿Hasta dónde quiere llegar con sus palomas?

 

Estampas colombófilas

Estampas colombófilas

Quienes la han vivido, luego trabajar duro y durante años para ello, no puede haber satisfacción más grande en la colombofilia que recibir una paloma en una carrera de gran fondo. Sí es la primera: maravilloso. En ese instante se coloniza todo un sueño. Sí ya todo el mundo marcó y aparece la nuestra como la última, toda angustia, frustración y tristeza desaparecen para acariciar, contemplar y admirar a nuestra paloma.

De todas formas, antes de que ello suceda, han pasado, como mínimo, doce horas explorando el cielo a la espera de que en el mismo se dibuje un puntico oscuro, una suerte de estrella fugaz o la flecha que se lanzó desde 800, 900, 1000 y más kilómetros y que ahora impactará en nuestro palomar.

Para la mayoría de los colombófilos antioqueños el gran fondo es la copa máxima. Sin embargo, hay razones poderosas que nos alejan del mismo. Cada quien tiene su argumento para trabajar por él o renunciar al mismo, todas muy respetables. De todas formas se trata de  dedicar tres o cuatro años a una o un grupo de palomas para llevarlas a las largas distancias con posibilidades de éxito.

Hacia el sur nuestro máximo punto de vuelo, históricamente, ha sido Quito, a 760 km de distancia en línea recta desde Medellín, y hacia el norte, el Cabo de la Vela, en la alta Guajira, hoy todo un espejismo, porque los fracasos en la conquista de esta ruta para quienes creen que hay rutas mejores en las que sí ganarán, nos llevan a retroceder. Insisto, asunto y decisión que respeto.

Vale resaltar que en el camino a la conquista del gran fondo del norte se han logrado vuelos extraordinarios, como el que acaba de realizar el AMA, liberando las palomas desde Uribia, en la media Guajira, sobre una distancia de 780 km, cubiertos en 8 horas y 50 minutos y 25 palomas retornando el mismo día. Hecho extraordinario.

Este tipo de vuelos tiene tantos defensores como detractores. Hay quienes dicen que es someter las palomas a vuelos demasiado desgastantes y estresantes. Pretexto que deja muchos interrogantes abiertos, porque igual los fracasos para un alto número de colombófilos empieza en los entrenamientos mismos, cuando pierden muchos de sus pichones e incluso palomas con experiencia.

Por qué pasa esto. Aquí las justificaciones son múltiples. Desde mi punto de vista, este tipo de resultados, algo así como quemar el pan sin meterlo al horno, no es otra cosa que la prueba de los yerros que se cometieron durante la cría, alimentación, manejo y la sueltas mismas, entre otros factores, casi todos responsabilidad del colombófilo.

Este es un deporte que exige conocimiento, no puedo enviar mis palomas a la guerra sin armas y máxima dedicación. De hecho, no pocos lo consideran como un deporte para jubilados, desempleados o subsidiados. Los triunfos también son escasos para personas con excelentes palomares, enriquecidos con ejemplares traídos desde Europa o Norte América, con empleado propio y coche para los entrenamientos de rigor, antes de someterlos a las cestas del club.

Quien esté cerca de sus palomas, las conozca, tenga la capacidad de descubrir o llevarlas a una gran forma, haya calendarizado y planeado todo, seguramente le sonreirá la suerte. El ideal es trabajar unas competidoras que se acomoden a todo tipo de distancias: velocidad, medio fondo, fondo y gran fondo. Como experiencia propia, mi gran ganadora desde Quito, en el comienzo de las temporadas, tres consecutivas, que la llevé a esa distancia, con resultados insuperables, llegaba a Popayán clasificada entres las cinco mejores palomas en el ranquin de clasificación de la eficiencia ACA. Como la meta no era la eficiencia, no la volaba de Rosas, para dejarla oxigenar y tener más tiempo para analizarla a ella y el resto de palomas que enviaría al concurso final de Quito. Aunque pude volar en esos concursos diez o más palomas, siempre me la jugué por una o dos, aquellas que por la luz maravillosa de su pupila, fogosidad, temperatura del cuerpo, color de sus carnes, comportamiento dentro del palomar, defensa de su territorio en el mismo, confianza cuando la tomaba en mi mano para analizarla y sobre todo, cuando me miraba casi como para decirme a gritos yo soy la que voy a ganar, la llevaba a la cesta. Esta línea de palomas me acompaña desde 1978, gracias al apoyo del doctor Rafael Isaza, quien ese año, cuando aún yo era estudiante de bachillerato, sin ninguna posibilidad de tener una gran paloma, él me invitó a su casa y me obsequió cuatro ejemplares, hijos de palomas importadas desde Bélgica y Alemania. La estirpe la completé, con un segundo obsequio, en 1981, de don Rodrigo Jaramillo, de su línea Dourdan.

Para quienes quieren volar, de manera consciente, no para ver qué pasa, el gran fondo en nuestro medio, el método es simple: Si no las tiene, adquiera palomas en palomares con experiencia y grandes resultados en este tipo de distancias; jamás, por ninguna razón envíe palomas de menos de tres años, déles la posibilidad a sus grandes palomas de ser grandes o de lo contrario desaparecerán antes de que lo sean y luego no tengamos otra razón para justificar nuestro fracaso diciendo que eran malas palomas. Y, lo más importante, crea en sus palomas.

Repito, para mí, para que una paloma dé resultados en el gran fondo y los repita en años sucesivos déjela madurar, que ella le agradecerá y lo compensará con resultados espectaculares.

No todas las palomas maduran lo mismo. Por el afán de ganarse una copa o una mención más no se puede sacrificar el palomar completo antes del tercer año. No es posible enviar pichones al gran fondo y sentarse a esperarlos convencido de que retornarán. De pronto, regresa uno o dos y hasta ganan pero en lo sucesivo, no lo digo yo, lo dicen los grandes maestros: en el primer año ese animal se escurrió, sacrificando así un ejemplar que pudo tener grandes triunfos hasta los ocho o los nueve años, volando de distancias de 700 y más kilómetros.

Es común encontrarse con palomares que en su equipo de vuelo no tienen una sola paloma que pase de los cuatro años de edad y que brille. Peor aún, encontrarse colombófilos comprando anillas viejas para “sacar adultos”, todo un autogol o un autoengaño colombófilo, porque no es al club o la asociación a la que se engaña, todo mentiroso se cree sus propias mentiras.

Si aquello que se buscan son triunfos inmediatos, entonces, la colombofilia no es el proyecto. Esta exige compromiso, conocimiento, planeación, chispa para ver en las palomas lo que pocos ven y paciencia, muchísima paciencia.

Si a uno solo de mis amigos colombófilos esta experiencia le sirve de algo, me doy por bien servido. Usted decide hasta dónde quiere llegar con sus palomas.

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