La preparación para los concursos

De regreso a casa

De regreso a casa

Una de las preguntas más recurrentes para quien apenas se está estrenando como colombófilo, o los neófitos que poco o nada saben de palomas mensajeras es: ¿Cómo vuelo mis palomas para destacarme en los concursos?, o ¿qué debo hacer para que mis palomas respondan y se destaquen?La colombofilia y sus concursos no dejan de ser una caja de sorpresas. Si bien hay varios métodos para extraer los máximos resultados de las palomas en competencia, dar en el blanco, en muchos casos es casi una lotería.

De todas formas, lo ideal es que si enviamos una palomas a una carrera esta debe tener una tarea específica que cumplir en la misma. Por lo tanto, considero que ninguna paloma puede ir a la cesta a ver qué pasa con ella.

Hay tres métodos básicos para concursar: uno, al natural; dos, viudez; tres, celibato. Con todos tres conozco historias fabulosas. No obstante, por más de dos siglos, ha sido común escuchar entre los  grandes maestros que los mejores resultados se logran con machos en viudez y súper bien entrenados en ese sistema. De todas formas cada colombófilo es un mundo aparte y se las arregla para poner y mantener a sus palomas funcionando como un relojito.

A veces, se logran triunfos extraordinarias con nuestra favorita y otras veces palomas que son enviadas a grandes distancias, sin mayor esperanza, casi para que paguen la comida del año, aparecen venciendo a todos nuestros ases y al colombófilo mismo.

 

Vuelo al natural

Se trata de tener todas las palomas, machos y hembras, juntas durante todo el año. Aunque este sistema lo practica la mayoría de los aficionados, muchas veces por falta de espacio para separar las palomas por sexos o de tiempo para dedicarles, es raro encontrarse con alguno de los consagrados de la colombofilia trabajando en el mismo.

En este método, los aficionados ni siquiera tienen cuadro reproductor y su descendencia la logran de las mismas palomas que van a los concursos.

Para que este tipo de palomares den resultados todas las parejas tienen su propio nido y el colombófilo debe tener conocimiento absoluto de cada una de sus parejas. Se logra creándole una ficha a cada pareja y tener claridad meridiana sobre el calendario de concursos.

Para el primer concurso ponen todos los nidos ocho días antes del mismo. A ese concurso se van los machos en celo, es decir, cuando están detrás de su hembra, acosándola para obligarla a permanecer en el nido. Es el momento ideal para ganar con los machos. Una vez la hembra pone sus huevos, al segundo concurso se van macho y hembra, igual sucede con el tercer concurso. En este, con huevos de quince días, la hembra, por lo general, logra sus mejores presentaciones.

Para evitar el nacimiento de pichones, los huevos son remplazados por huevos artificiales, sean estos de yeso, cemento blanco, plástico u otro material. Las palomas incuban hasta los 20 o 21 días los huevos artificiales antes de abandonarlos y volverán a tener una nueva postura, en promedio, diez días después.

Aunque el método parece simple no deja de tener sus complicaciones. A veces hay hembras que tardan más del tiempo planeado por el colombófilo para poner, lo que la puede dejar por fuera uno o dos concursos. Dos, siempre habrá machos incomodando al resto del palomar.

Si una paloma se retrasa tres o cuatro días al regresar su compañera habrá abandonado los huevos y seguramente la perderá pues ya está con otras pareja.

Para empezar a concursar al natural todas las parejas deben estar sincronidos meses antes de que comience la temporada de vuelo todas las parejas deben estar sincronizadas. Al final de la temporada, en los concursos más exigentes, se dejará que cada pareja tengan un par de pichones para fortalecer su vínculo, reparar las pérdidas y darle paso a la generación que remplazará las pérdidas.

 

Viudez

La viudez, por lo general, se practica con machos. No obstante, hay también quienes vuelan hembras en viudez con excelentes resultados. La viudez es tan compleja y demanda tanto trabajo, que incluso hay cursos para manejar tal sistema, que pueden tardar hasta dos años para que el aficionado conozca y domine todos los detalles.

En síntesis, son machos que tienen su propio nidal, en el que siempre permanecen solos, son alimentados en el mismo y motivados una y otra vez por el colombófilo para que lo defiendan con fiereza. A los cinco o seis días después de que el futuro macho sale del huevo, su entrenador o propietario lo está acariciando, tocándole la cabecita, hecho al que el pichón responde lanzando picotazos o amenazando con sus alas para alejar al intruso.

Frente al entrenamiento del viudo hay toda suerte de metodologías. Hay quienes los entrenan para ser viudos desde el primer años, otros desde los 18 meses, mientras que otros dicen que ningún animal con menos de dos años está en plena condición para responder a las exigencias de tal sistema, el más feroz y salvaje de todos, según algunos expertos; el mejor y más perfecto, dicen quienes lo defienden.

En este tipo de sistemas las hembras, si se va a concursar con machos, no son ni siquiera decorativas y terminan abandonas por meses, sin variar siquiera, antes de aparearlas. Igual sucede con los machos si quien practica la viudez se la juega con hembras. En esto no puede haber medias tintas.

La viudez es asunto de jubilados o colombófilos con suficientes recursos para pagar un entrenador, toda vez que hay que estar pendientes todo el tiempo de los viudos para alimentarlos, motivarlos, llevarles la hembra algunas horas, sacárselas, dejar que incuben un huevo, ayudarles con la alimentación del pichón hasta los catorce días o más, antes de volver a dejar al macho solo y listo para las carreras.

Los viudos son demasiado inquietos y territoriales, se pelean todo el tiempo entre ellos, hacerlos volar exige de máximo conocimiento de su entrenador y hasta en el vareo hacen lo que les viene en gana si no los controlan como debe ser con la bandera y la alimentación.

El día del concurso también hay que contar con tiempo de sobra para el enceste, toda vez que un enceste correcto lleva, mínimo, entre cinco y diez minutos por macho. En la mañana el entrenador debe quitarle el taquito de madera en el que él se posa, ponerle su nido o si el nido ha estado dentro del nidal boca abajo, en la casilla que le corresponde a la hembra, entonces voltearlo y abrirle esa casilla para que el macho ingrese a la misma y empiece a llamar la hembra,  convencido de que horas más tarde atenderá a su llamado.

Luego hay que coger hembra por hembra y llevarla hasta donde está el viudo esperándola. Hay quienes dejan que se aparéen unos minutos, otros ni siquiera se los permite.

Hay variantes como encestar el macho unos minutos, en cestas especiales, con casilleros para cada macho, luego dejarlo salir y cuando salte a su nido, encontrará la hembra con otro macho, pero no los dejarán pelar, simplemente lo vuelven a encestar y lo envían al concurso.

Al liberarlo tendría dos razones de peso para retornar, expulsar al intruso de su nido, que le está robando el amor de su pareja y así ganarse sus favores.

La clave está en entrenar los machos para que una vez ingresen a la cesta  entiendan que al retornar tendrán a su compañera o compañero esperándolas. Si se meten varios viudos en una cesta sin separadores especiales, las batallas que se arman dentro de las mismas son campales. De ahí la importancia de los casilleros especiales para que reposen y luego los juntes, pero ya en el carro que los llevará al concurso.

Con los machos este sistema funciona a la perfección, con las hembras no tanto porque cualquier paso en falso o yerro del colombófilo, la hembra le descubre el juego y no le funciona, ni en ese concurso ni en el resto…

Luego hablamos del celibato…

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