Nobleza y grandeza de los hermanos Janssen

 

Si algún palomar ha sido sitio de peregrinación del mundo colombófilo es el de los hermanos Janssen, en Schoolstraat, en Arendonk, Bélgica.

Los mas consagrados cronistas de la colombofilia mundial afirman que la raza que hizo grande a los Janssen siempre se ha mantenido pura. Su celo era tal para mantener intacta su estirpe colombófila que difícilmente introducían una paloma de otro palomar.

Aunque resulte una paradoja, no fueron la propia familia Janssen la que hizo grande a sus palomas en las largas distancias. Su historia en la fama mundial se las dieron cientos de palomares holandeses, belgas y alemanes, que levantaron las máximas copas de las carreras del Viejo Continente con ejemplares adquiridos en su palomar de Arendonk.

De los Janssen se dice que eran personas en extremo sencillas, que hablaban con todo el mundo de palomas y que no parecían tener secretos para mantener a sus ejemplares siempre con una salud de hierro, alas flexibles, plumaje suave y músculos redondos.

Hoy, incluso 130 años después de que Henri, padre de los Janssen adquirió sus primeras palomas, cualquier palomar que cuente con un Janssen entre su cría, lo exhibe como si fuera producto del mundo actual, dominado por todo tipo de tecnologías.

Contrario a la inmensa mayoría de los aficionados europeos, que veían en la viudez el sistema más extraordinario para llevar a las palomas a su máximo rendimiento en cualquier tipo de concurso, velocidad, fondo, medio fondo o gran fondo, los Janssen, hasta 1949, cuando murió su padre, jamás emplearon tal sistema, aunque las palomas que ellos vendían a otros palomares se convertían en verdaderas máquinas de la viudez por sus extraordinarios resultados. El viejo Henri calificaba la viudez como un método antinatural.

Los hermanos fueron nueve, siete hombres y dos mujeres. De los hombres seis casi que nacieron colombófilos desde la cuna. El séptimo jamás se interesó por las palomas. Una de las hermanas dicen las historias se quedó vistiendo santos o cuidando a sus hermanos y la segunda, como para no perder la costumbre, se casó con un colombófilo, amigo de la familia, que tuvo su propia colonia Janssen.

El palomar, como la mayoría de los grandes palomares belgas, fue objetivo militar por parte de las tropas alemanas. En la Primera Guerra Mundial, Henri se las arregló como pudo para ocultar a sus mejores parejas durante los años que duró la confrontación.

Al final de la Segunda Guerra Mundial lograron salvar 42 palomas que ocultaron en sótanos y otros escondrijos para evitar que cayeran en manos de los alemanes.

Sobre los Janssen y sus triunfos maravillosos cada palomar,  hoy son miles en el mundo, cuenta su propia historia. En todo el siglo pasado no faltaron las historias, algunas que parecen fantásticas de esta estirpe asombrosa. Pero como en todo, hay superhistorias, que están por encima de las historias.

En el caso de los Janssen aparece la del mega Oude Merckx, en honor al gran campeón mundial de ciclismo, paisano suyo, Eddy Merckx, considerado el mejor ciclista de todos los tiempos. Su ambición por los triunfos era tal que se le llamaba Caníbal, El Ogro de Tervueren o el Monstruo Belga.

Los cronistas coinciden que la paloma Merckx es probablemente la más conocida de la colonia de los Janssen en toda Europa e incluso en otros continentes.

A lo largo de su carrera ganó 21 premios compitiendo contra miles de palomas. Puede ser una paradoja, pero Merkx tiene su origen en una paloma obsequiada a los hermanos por el gran colombófilo Víctor Fabry, también belga, cuyos ejemplares se caracterizaban por un pedigree y resultados casi increíbles.

Merckx no solo fue un gran atleta, también fue un gran reproductor.

La historia de los Janssen, así está consignada en distintos documentos, revistas, libros sobre la colombofilia belga y hoy en portales de internet, tuvo su origen en 1872, año de nacimiento de Henri Jannsen. En 1886 ya tenía su palomar constituido, al parecer, mucho antes de que llegaran sus hijos Fons, Frans, Jef, Vic, Irma, Adriaan, Charel, Marie y Louis.

Henri fue uno de los fundadores del club de Arendonk, su amor y dedicación por las palomas, como ya se mencionó, la compartieron sus hijos desde su más temprana infancia, una veces arreglando el palomar, otras acompañando a su padre en los vuelos de entrenamiento, pendientes del reloj o de las largas horas de espera de los concursos.

Cuando se habla de los Janssen, una dinastía de oro, muchos aficionados que asocian los grandes palomares con grandes fortunas, salen sorprendidos al visitar la casa de los Janssen. Se habla de ella como una humilde vivienda, sin lujos, construida antes de la Segunda Guerra Mundial en una Europa donde lo único que abundaba era la escasez.

El palomar es incluso tan modesto como la propia casa y nada tiene que ver con los santuarios que hoy se exhiben en las revistas famosas que llegan de Europa, Estados Unidos y Asia. Allí nada es caro o innecesario, lo que sí hay por todos lados es un profundo amor y respeto por las palomas mensajeras.