Stichelbaut, una línea que no suelta la gloria

 

Paloma línea Stichelbaut, paloma que llegó a Medellín procedente de un palomar argentino. Son sus propietarios Mónica y Walther López, Palomar Viajeros, de Girardota. Foto Cortesía Walther López

Paloma línea Stichelbaut, ejemplar que llegó a Medellín procedente de un palomar argentino. Son sus propietarios Mónica y Walther López, Palomar Viajeros, de Girardota.
Foto Cortesía Walther López

 

 

Para quien acaba de llegar al maravilloso mundo de la colombofilia o así lleve años en ella se encontrará con personajes que, aunque hoy son leyenda, difícilmente comprenderá por qué se habla de los mismos como si estuvieran vivos y siguen derrotando competidores en las grandes gestas del deporte alado.

De hecho en uno y otro palomar sobresaliente, en los grandes escenarios de discusión de nuestro deporte, en las redes sociales, a diario saltan nombres de personajes que nacieron hace dos siglos o muy a comienzos del siglo pasado, cuyas palomas se rematan a precios de oro, que llenaron con páginas de gloria las carreras colombófilas y que dieron formas a unas líneas genéticas, orgullo para aquellos que sueñan con ser protagonista en estos  tiempos de tecnologías.

Uno de esos personajes es el inolvidable Alois Stichelbaut, baluarte de la colombofilia belga desde la segunda década del 1900 y cuya estirpe mensajera continúa en la cima de los máximos acontecimientos colombófilos. Contar en nuestro palomares, quizás sí, quizás no, así sea de nombre, con una de sus palomas nos da lustre de grandeza.

Dice, con total razón, el magistral Jules Gallez, en su obra la Paloma Belga de Carreras, que incluso a más de cien años de la muerte de algunos de los maestros que hicieron grande la colombofilia belga, puede hallarse el sello de sus palomas en las actuales competidoras.

De Stichelbaut afirma que jamás una raza de palomas como las suya estuvo tanto tiempo en la cúspide. “Este es un hecho fácilmente explicable puesto que, después de la muerte de Alois Sichelbaut, muchos grandes campeones belgas y extranjeros alcanzaron y alcanzan maravillosos resultados con esta prominente estirpe, especialmente cuando se emplea entre los 500 y los 1.100 kilómetros”.

Sitchelbaut era una de esas personas a las que no les gusta llamar la atención ni animar con más gloria la gloria de sus propias palomas. En la colombofilia nació grande. En 1922 adquirió dos palomas del colombófilo Alfons Derumeaux, quien fue su amigo y leyenda en la colombofilia del Viejo Continente. De hecho, el palomar de Derumeaux, residente en Lauwe, la misma ciudad que habitó Stichelbaut, además fue la base de otros extraordinarios colombófilos belgas como los hermanos Vanhees, Vereecke, Descamps Van-Hasten, Desmet Marcel, y Bostyn Leo, entre otros.

Otro impulso a la naciente estrella colombófila se lo dio su tío Camilo Cristiaens, quien le obsequió una paloma descendiente del famoso volador “Bordeaux”, de Armando Declercq.

Stichelbaut fue un aficionado de pocas palomas, lo suyo no era sumar y sumar palomas, una aspiración, que aunque respetable, pocas veces conduce a algo que valga la pena. La clave de Stichelbaut era agregarle a sus palomas métodos para hacerlas cada vez más fuertes, disciplinadas, valientes y resistentes. En esto era estricto, no admitía debilidad alguna.

Esa era su disciplina, sabía y era consciente de que una sola pareja extraordinaria, resultaba suficiente para crear un universo, como lo es el sol para llenar de vida al planeta tierra y mantener sobre su órbita, sin ninguna posibilidad de escape, de al menos ocho planetas más, con sus respectivas lunas.

 

Más poder

Solo en 1927, ya en cumbre de la colombofilia en un país donde había que hacerse notar entre millones de palomas en carreras y cientos de miles de aficionados, introdujo a su colonia, de alguna manera, para catapultarse en la gloria, varios ejemplares del campeón de Amberes, otro de los centros de la colombofilia belga, Lagae-Blondeel, dice la leyenda, procedentes del palomar de A. Vandecandelare.

Las palomas de Lagae-Blondeel se caracterizaban por ser en su mayoría azules y negros, y demostraban un definido reflejo broncíneo en su plumaje.

En 1933, gracias al famoso volador de Bordeaux consolidó su poder como volador al cruzar algunas de sus palomas con las del palomar originario del Bordeaux Declercq. Desde 1922 hasta más allá de la gran guerra, pero con especial protagonismo en la década de los años 30 y 40, las palomas de Stichelbaut aparecían entre las imbatibles en todas las distancias. Su gloria era indiscutible en carreras de 180 kilómetros, 500 km, 800 y el temible, pero soñado gran fondo.

En las carreras Stichelbaut sabía que la gloria la daba la calidad y no la cantidad. Por eso, siempre enviaba lo mejor a las competencias. Ni en ello, pese a las palomas de miedo con las que contaba, solo se jugaba con unas pocas. Con ello era suficiente para doblegar a otros maestros, que sabían de palomas, que manejaban sus propios métodos, que trataban de no dar paso en falso, y al resto de la nube colombófila, que envía millones de aves a las carreras a ver qué pasa.

En un principio Stichelbaut voló en posición de nido, luego perfeccionó otros sistemas como la viudez, que era empleado a fondo por otros grandes competidores de su época como el doctor Bricoux, Caramín, Vander Espt, Devriendt, Tremmer, entre otros muchos otros maestros, que conocían a fondo el método de viudez y le sacaban así el máximo provecho a sus palomas.

Dice Jules Gallez, como centro de muchas de sus investigaciones sobre el origen y el desarrollo de la estirpe Stichelbaut que si bien este apareó sus palomas con ejemplares de otras líneas magníficas como la suya, “en nuestros registros encontramos mencionados solo tres machos, lo que nos induce a creer que el mejor stock de las hembras de Stichelbaut estaba constituido por sus mejores voladoras, entre ellas Het Oude Bordeauxtje, en cuyo palmarés, entre 1932 y 1936, aparece con registro extraordinario de grandes premios, volando contra miles de palomas. Esta paloma fue a su vez madre y abuela de muchos de los animales de primera clase de su palomar, así como para otros aficionados que tuvieron descendientes de la misma, como Jules Matton, Domien Van Wonterghem, Mauricio Themsche y la lista sigue.

Otra gran hembra, De Goede Bleken, ganador de 25 premios en distintas distancias, logrando 15 posiciones entre las diez primeras. En dos oportunidades logró el título de “Campeón de Larga Distancia en Flandes Oeste”.

“El Buen Oscuro”, quien como volador entre 1936 y 1938 conquistó 19 grandes premios, también en todas las distancias.

Y la “De Opgeblanzen”, quien compitió entre 1936 y 1939, con resultados indiscutibles en todas las distancias.

No puede hablarse de Stichelbaut sin mencionar a su famoso “Opgeblazen”, el “Inflado”, un macho rodado claro, el cual en una carrera desde Tours, regresó a su palomar triunfador y con el cuello absoltamente inflado, tanto que hubo que pincharlo con un alfiler, debidamente desinfectado, para bajarle la supuesta hinchazón, pero carrera tras carrera, conquistando triunfo tras triunfo, el palomo llegaba en idénticas circunstancias. Dice Gallez que posiblemente, de no haber estallado la gran guerra, el “Inflado” hubiese alcanzado sitial de honor en el museo de la colombofilia mundial. En el año en mención se clasificó desde Angoulume en los puestos 1, 2, 3, 4, 6, 10 y 25. “Obviamente, un animal de tamaña calidad tenía razones de sobra para mostrarse sobreinflado después de tales resultados”, puntualiza Gallez en su perfín sobre el palomar Stichelbaut.

Su raza, su estirpe y grandeza como persona y colombófilo hace que se siga y seguramente se seguirá hablando de Stichelbaut como un hombre a seguir.

La colombofilia antioqueña de las últimas décadas del siglo pasado escribió muchas de sus páginas y con palomas procedentes o de la línea de Stichelbaut. Hoy, sobre todo, gracias a los derby e importaciones, algunos aficionados cuentan con palomas procedentes de tan magistral colombófilo. Entre otros, el Palomar Viajeros, de Mónica y Walther López, cuentan con un bello ejemplar procedente de un palomar argentino, que tiene en su base varias palomas de esa línea, importadas desde palomares belgas, que conservan y, de alguna manera, llevan a la inmortalidad colombófila al gran campeón Stichelbaut.

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