Volando los pichones

Nadie enviaría a una niño a correr la maratón. De suceder, la organización de la misma evitaría que el temprano atleta llegase a recorrer siquiera el primer kilómetro. No pasa esto en la colombofilia donde por millares, por afán de protagonismo, falta de conocimiento y observación de la capacidad real de las aves y demás aventurismos, se envían palomas en su primer año de vida a vencer en las grandes distancias.

Casi increíble, tal decisión no es solo asunto de principiantes. Colombófilos que llevan décadas y la vida misma en el deporte alado, a falta de grandes palomas frente a los grandes desafíos de final de la temporada llenan sus cestas y aparecen en los encestes con lo único que les queda de sus fracasos, los pichones.

Para esto, en nuestro medio no hay norma que lo prohíba, aunque sí discusiones todo el año en entre los aficionados y aún en los propios clubes. Son tan grandes las capacidades atléticas de las palomas que no falta el pichón, la excepción rompe la norma, que logra superar el reto invencible de su propietario. Y quizás con este triunfo pírrico o efímero lo lleve a condenar para siempre a todos sus futuros equipos.

De grandes colombófilos aprendí que nuestro deporte es asunto de paciencia y capacidad de hacerse a granes ejemplares si se quiere conquistar la cima. Mike Ganus, un afortunado protagonista en derbys mundiales, la primera vez que participó en la Carrera del Millón de Dólares sintió enorme frustración al ver el pobre resultado de sus competidores. No por ello renunció ni se dedicó a repetir el fracaso. “Esto no puede volvernos a pasar”, dijo a los organizadores del Derby, en una de sus conversaciones con ellos al final de la carrera. Qué hizo, gracias a su músculo financiero compró varias de las palomas que llegaron en la primera línea y de allí obtuvo ejemplares con los que luego se ha dado el lujo de ganar lo grande entre los grandes.

Para quien apenas llega a este deporte, existen varios métodos para brindarles a las palomas la posibilidad de hacerse protagonistas en las carreras. La primera: llevarlas paso a paso, como quien le enseña a caminar a un niño. En este método, deben familiarizarse con la cesta desde su segundo mes de vida, deben ver la misma como si se tratara de su propio casillero, saberse alimentar en ella y ante todo, comportarse en la misma con mansedumbre.

Segundo, jamás llevarla más allá de diez o veinte kilómetros en la primera suelta. No se trata de que las palomas le demuestren a usted lo “verracas que son”, eso no es profesional. Hay que darles aire, llevarlas acompañadas de adultos en esa primera suelta porque no se trata de una selección estilo derby. Luego de la segunda suelda de aprendizaje sí dejarla que se defienda por sus propios medios, ella sabrá ubicarse.

Tres, jamás meterlas a las carreras del club o la asociación sin uno o dos entrenamientos previos o dárselas de guapetón metiéndolas al tercer o cuarto entrenamiento del club, convencido que “ellas llegan”, así esto no funciona, aunque parezca asunto “normal”, “lógico” y “perfecto” en la mente del colombófilo.

Los pichones, de menos de cinco meses, no deben ir más allá de los 300 kilómetros, claro que esa no es su voluntad, es decisión de su propietario de enviarlo hasta que ya no retorne.

En esto hay cosas tan absurdas como los fracasados que guardan anillas de la temporada para al año siguiente “sacar adultos”, toda vez que los “adultos” de la temporada pasada, que seguramente también eran pichones casi todos o todos fracasaron, quizás por el mal manejo.

Quien haya leído la Historia de la Colombofilia Belga comprenderá cuál es, en una escala importante, los resultados de sus éxitos…: Saber llevar los pichones.

Hay otros métodos como el del estrés. Este implica coger los pichones y de primer envión llevarlos a los cien kilómetros y quedarse solo con los que pasen primeros por el filtro.

Conozco otros como soltarlos a los cincuenta y más kilómetros y una vez entre el diez por ciento de quienes fueron a la distancia se cierra el palomar y aquello que retorne después no es de mi palomar, si te he visto no te conozco. Y estoy hablando de colombófilos de la alta colombofilia.

Todo lo anterior tiene bases sólidas si además se eligió el tipo de reproductor ideal y se manejó a las palomas con total responsabilidad en asuntos de salud. Caballo enfermo no corre…

Más que la suerte de sus pichones en sus manos queda su futuro como colombófilo.

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