El reto de saber hacerse marketing a sí mismo

Hablar de marca poder es combinar muchos ingredientes en una receta que es distinta según la persona, organización, territorio que se quiera acompañar en la tarea de gestar un generar una huella clara, memorable y emocionante. Allí es donde juegan varias disciplinas en forma y fondo, pero hay tres de ellas en particular con una responsabilidad mayor, cuando nos referimos al proceso de investigación, gestación, implementación y posicionamiento en madurez de una marca poder. Estamos hablando de la Comunicación, el marketing y la publicidad.

Comunicación

Debemos entender por comunicación algo que va más allá de la mera trasmisión de información sobre algo o alguien, pues se trata de una mirada recortada y mínima sobre una ciencia que debe comprenderse para nuestro objetivo como una rama del conocimiento que estudia la persuasión desde y hacia los intereses de un emisor en dirección a un público que es prosumidor. Ya no contamos con receptores, pues las audiencias dejaron de ser sujetos pasivos que reciben sin chistar y hoy son co-creadores de sentido junto al emisor y más cuando hablamos de asuntos de interés colectivo como los liderazgos forjados desde y hacia la política.

La comunicación de marca poder apunta a persuadir como su principal objetivo, pero el empoderamiento no solo lo tiene el sujeto, territorio u organización que forja la marca poder, sino que se construye como ingrediente para persuadir a unas audiencias que entregan sentido al ayudar a crear y re-crear la esencia que persuade desde el objeto-sujeto. Un líder se conecta más con sus audiencias cuando tiene la capacidad de integrar a su discurso aquellos temas, palabras y urgencias que la comunidad, ávida de escucha y de correspondencia, pone en sus manos. Los grandes gobernantes dedican largas horas a estudiar el pensamiento, lenguaje, opiniones y diversas manifestaciones de sensibilidad de sus audiencias objetivas, a partir de un objetivo claro para el cual se utilizan estas técnicas de persuasión desde el interés, la motivación y la conexión sensorial de largo plazo.

Marketing

Comprendemos el marketing como esa ciencia que estudia las experiencias sensoriales de las audiencias a partir de un estímulo de comunicación en tanto es persuasiva como la asimilamos desde el concepto de marca-poder; con el propósito de estimular sensaciones de confianza, placer, satisfacción e inclinación a suplir una necesidad particular. Las marcas existen desde los sentidos de audiencias que las consumen de manera cotidiana y se acostumbran al estilo de relacionamiento que estas proponen. La marca no la propone el prosumidor como si podría ocurrir con la comunicación, en tanto dialogo. Las marcas logran imponerse para satisfacer necesidades a partir de imaginarios que logran los usuarios en relación con productos, servicios o personas que van asociadas a un vacío o necesidad puntual.

En el caso concreto de la marca-poder abordamos el estudio de la marca, como una ciencia que impacta de manera sostenible y sustentable en el tiempo, los cinco sentidos de los usuarios y genera una conexión partiendo de un imaginario de corto plazo, pasando por un imaginario sólido para llegar al forjamiento de una reputación tangible que se convierte en activo de la persona, causa, territorio u organización en la búsqueda de sus objetivos. Marca que empodera, marca que brinda el poder de movilizar, marca que se comunica desde el poder que tiene y ejerce.

Publicidad

Se trata de una rama de la comunicación que estudia la construcción de mensajes basados en las necesidades de las personas, a partir de las cuales se conectan modelos y estilos de vida que transitan como promesas que deben cumplirse para los consumidores. Si hablamos de marcas públicas en clave de líderes, gobiernos, territorios u organizaciones públicas, debemos entender la publicidad más allá del tradicional y manido soporte de lo mass mediático. Uno de los más dañinos efectos sobre la cultura ciudadana, la percepción y urgente apropiación de lo público como un asunto de todos, lo ha representado el trabajo de una publicidad que no conceptualiza y comprende lo público desde la ética y el sentido de comunidad.

Los afanes de ciertas agencias y publicistas por ganarse un premio, sobresalir o firmar más contratos ha igualado muchas veces la publicidad política de una campana, un programa público de inclusión social, a la promoción de una nueva salsa de cocina o una marca nueva de preservativo con sabores. La búsqueda de la atención a toda costa, a cualquier precio y de la conversión por encima de todo razonamiento ético y con responsabilidad social, ha conducido a la publicidad moderna desde y hacia lo público en América Latina, por senderos de involución y necesario cuestionamiento sobre la forma en la que se emiten mensajes con imágenes, textos y compromisos inviables o inconvenientes para una lectura de lo público desde y para la democracia, desde y para el bien común y no solo como un producto o servicio exclusivamente comercial.

La marca-poder demanda una publicidad infinitamente creativa, recursiva y que comprenda la función social de lo público, en la medida que los liderazgos organizacionales, individuales, territoriales o de un gobierno, representan compromisos tangibles y prácticos desde una tarea que se articula con la ciudadanía bajo paradigmas de bienestar siempre frágiles e incompletos, pues apenas luego de varios gobiernos o a lo largo de periodos muy largos de intervención entre gobernantes y gobernados, se puede hablar de una trasformación o del cumplimiento cabal de una promesa de venta, partiendo de que estamos hablando de gestión de lo humano, lo cual no ocurre con un desodorante, una camisa o un programa de televisión, productos frente a los cuales el consumidor espera una respuesta inmediata al compromiso hecho con base en la publicidad, también desde la ética y ciertos principios de moralidad universal.

En las 3 ramas o ciencias, como las pretenden llamar algunos, hoy hay un imperativo clave que es la pregunta por a la forma cómo el ambiente y el entorno digital, trasforma los usos, aplicaciones y necesidades de los usuarios prosumidores en clave de consumo de medios, consumo de mensajes, diseminación, validación e incluso las preguntas claves sobre la forma en al que podría cambiar nuestra vida cotidiana.

 

Hay una serie en la plataforma de streeming Netflix que ha generado gran revuelo sobre dichas trasformaciones. Con el nombre de Black Mirror, esta producción europea llama la atención sobre la forma cómo el desarrollo de diversas tecnologías entre ellas varias relacionadas con marketing, comunicación y publicidad, trasforman y trastocan la realidad cercana a personas comunes y corrientes como usted o como yo, y de que forma esas trasformaciones se convierten en referentes de no retorno en relación con la actualidad de nuestra propia existencia.

Miguel Jaramillo Luján

Videos de apoyo:

https://www.youtube.com/watch?v=AMIXjj2paXM

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