Sobre la #Teleaburrición de Gobierno

Discarded television chassis in desert

La TV pública tradicional ya no es sinónimo de masificación y mucho menos la que se hace con bajo nivel de calidad, con personas sentadas en sillas, que hablan por turnos “cuando deja el jefe”  y con discursos construidos y distantes al ciudadano “de a pie” carentes de interés por lograr un importante alcance y con ello hacer más eficiente los limitados recursos públicos que salen del bolsillo de todos.


La democracia se fortalece cuando la agenda pública se pone en manos de los ciudadanos con Interacción real, diálogo y un amplio alcance y si comparamos la pobre TV pública y gubernamental que se hace actualmente en nuestro medio, con muchas y variadas herramientas y formatos modernos, más digitales, inteligentes, interactivos y con la inclusión tangible y efectiva (no de fachada) de los social media; este tipo de #Teleaburrición representa un detrimento al patrimonio público, por los elevados costos en relación con la  respuesta en cobertura, alcance o movilización efectiva de ciudadanos.

Es claro que si el ciudadano logra mirarse junto a su territorio,  por medio del espectro de la televisión pública y más la de gobierno, la cual debe llevar a un efectivo, no desde el shampoo o la propaganda para el dirigente sino desde la interacción real; cobra sentido hacer televisión pública de baja audiencia y se sustenta desde la identidad fortalecida o la cultura popular que se estimula. Pero hacer televisión con discurso, pose,  propaganda oficial y ciudadano cooptado para hablar bien de un Estado que no dialoga es antiético y patético.

Una emisión de un programa con un desplazamiento sencillo de la unidad móvil, equipo de transmisión, grabación y edición de dos pregrabados, honorarios para equipo de trabajo y operación, puede llegar por lo bajo a los 15 millones de pesos, si se hacen los tradicionales 40 programas del año, alcanza una inversión superior a $ 500.000.000/año una cifra que no se compensa con audiencias de 300 o 400 ciudadanos, muchos de ellos funcionarios públicos de la misma entidad que temen ser pillados “fuera de base” al día siguiente por no haber visto el programa institucional.

Ese mismo mensaje, con interacción, con lenguaje ciudadano, con visibilidad razonable para un funcionario, puede costar en las redes sociales 1 o 2 millones de pesos en publicidad semanal o se pueden hacer videos para plataformas móviles más breve con 1.5 millones de pesos también semanal, se pueden hacer publicaciones transmedia con una inversión que puede ser el 25% de lo que se está invirtiendo en esta #Teleaburrición de Gobierno.

Hoy el televidente no tiene dos o tres canales como en los años 80 cuando era novedoso llevar la televisión a ciertas periferias y desde el asfalto transmitir las sensaciones de los ciudadanos. Hoy esa tribuna se revaluó con los medios sociales, pues a través de un celular y una app de video como Periscope se logra mucha más audiencia e incluso diálogo efectivo con el gobernante sin necesidad de hacer una macro transmisión por el canal oficial con las 5 tradicionales sillas y poniendo un pregrabado cada 8 minutos. Y si la excusa es que así le gusta al jefe que es el político de turno, pues apague, póngase un cero como asesor, realizador o gerente de canal público y sigamos enladrillando con esa costosa e ineficaz #Teleaburrición de Gobierno.  www.marketingpoliticoygobierno.com

 

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