¿Funciona la Web Política? Entrevista al mexicano Alonso Cedeño

Hablamos de web política con el mexicano Alonso Cedeño, fundador y director de Estrategia En Línea. Un experto en manejo de crisis, planes de continuidad de negocio y operaciones gubernamentales, comunicación estratégica y nuevas tecnologías.

Esto fue lo que nos contó:

Miguel Jaramillo: Actualmente se habla mucho de la web política. En América Latina, los políticos tienden a  circunscribirla a la actualización permanente de sus redes sociales y a una página web con un vaciado de información.

Alonso Cedeño: La web política no es sólo redes sociales. Se debe tener una visión integral de ecosistema digital. Desde la página web, relación con medios sociales.

Twitter y Facebook  y las demás redes sociales son la punta del iceberg. Lo que todo el mundo ve y en lo que todo el mundo se fija. Debajo de estas están las nuevas tecnologías utilizadas para la comunicación política, para las campañas digitales y el gobierno digital, mensajes de texto, SMS, correos electrónicos.  Si bien todo esto sirve para la percepción y para la detección de la simpatía, falta la tierra, la parte de movilización digital, la persuasión y la conversión a un voto físico.

M.J: Las redes sociales también son tierra. Para muchos son sólo aire?

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¿Qué es una Política Pública?

Es un ejercicio realmente ciudadano y de participación. Es imposible construirla con la influencia económica del Estado, pues sus orígenes parten desde una problemática colectiva que es identificada y frente a la cual unos actores se movilizan realmente sin apoyo de publicidad, eventos, recursos o inversión pública; sino desde el propio valor civil. Estos actores que no pueden ser empleados ni contratistas públicos, definen un mapa de actores de la política pública, esos que se encuentran en una arena de acción para resolver. Se generan tensiones y debates que no tienen fin y el tema se incorpora con naturalidad en la agenda pública.

Las Políticas Públicas  se pueden entender como el ámbito privilegiado de realización del “pacto” entre Estado y sociedad. Leer texto básico de los expertos Domingo Ruiz y Carlos Cárdenas

No es política pública un acuerdo, ordenanza o ley; lo es la voluntad colectiva frente a los problemas.

NO es política pública un evento donde se impone la agenda y si incluye solo a los actores que a uno le provocan. Lo es cuando cualquiera es “dueño”

NO es política pública cuando hay protagonistas, en una verdadera política pública es la comunidad y las soluciones los verdaderos protagonistas

No confundamos negocios, intereses personales o egocentrismos con Política Pública

Una buena, legítima y valiosa política pública la defienden y la mantienen en el tiempo los mismos ciudadanos y no el dinero oficial.

¿Qué pierde la política con la Guerra Sucia?

Cortesía: Angelescartoon.com

Cortesía: Angelescartoon.com

 

 

Los últimos comicios en varios países de Latinoamérica se han caracterizado por prácticas de propaganda en clave de guerra sucia y propaganda negra donde no se respetan las normas mínimas de competencia entre varios aspirantes a tomar decisiones trascendentales para nuestras naciones, y como diría Esquilo de Eleusis “la primera víctima es la verdad” en medio del fuego cruzado, o en este caso -diría yo- en medio del nubarrón de insultos y ataques rastreros, el tiempo se agota para dar una mirada más seria a los problemas y las propuestas y finalmente los electores llegan a las urnas más motivados por el odio o el miedo que por la conciencia.

Hablamos de propaganda cuando nos referimos a contenidos altamente emocionales que se roban el alma y emociones de un perceptor; hablamos de propaganda negra o campaña negra, cuando se sacan a la luz pública atributos reales pero no ponderables o inapropiados de una persona que está en la contienda política, con el objetivo de desacreditarla en imagen, reputación y por ende respuesta emocional de voto. Hablamos de propaganda sucia, cuando sale a la luz pública información falsa, tendenciosa o descontextualizada que hace tangible los delitos de injuria y-o calumnia sobre una persona, pero en todos los casos hay dificultades en la judicialización de posibles denuncias, pues estas herramientas se utilizan desde medios indeterminados, estafetas anónimos o por medio de canales no identificables.

Asesores políticos y consultores hoy trabajamos con los candidatos, sus campañas y fortalezas, pero también ejecutamos labores de bench marking que suponen conocer muy bien al o los rivales que se enfrentan y poder capitalizar sus vacíos y falencias en favor de los atributos y fortalezas del potencial servidor público que tratamos de impulsar en una decisión de voto individual y colectiva. Sería imposible asesorar a un candidato sin conocer a fondo y cómo fruto de una investigación juiciosa, metódica y sin intereses distintos – al menos en mi caso- al de lograr el objetivo para el que se es contratado: Ganar las elecciones!

Cosa bien distinta es acudir a la propaganda negra o a la propaganda sucia. La pregunta clave que deberíamos hacernos en caso de conocer detalles de una información REAL de nuestro rival es: ¿Qué tanta incidencia en la incompetencia de nuestro rival para ejercer el cargo público al cual aspira, tiene esa información que vamos a dar a conocer sobre éste? Se parte de que el filtro de la VERDAD ya está transpasado y desde un criterio de alerta para los ciudadanos, podríamos poner en las arenas de la opinión, una información que puede ser trascendental sobre ciertas debilidades de nuestro contendor, que – SIN VIOLAR SU INTEGRIDAD PERSONAL, FAMILIAR O PRIVADA- sean de vital importancia para la decisión del elector, pues finalmente la determinación ciudadana debería permitir la total claridad sobre la naturaleza, origen, decisiones, relaciones, intereses, objetivos y CIERTOS aspectos de la vida e idoneidad de quien se arriesga a lanzarse a esta lides.

En un evento que estuve hace unas semanas en México un conocido consultor político internacional hacía una pregunta y él mismo la respondía, sin que nadie pudiera negar la validez de este juicio: ¿Quiere conocer sus más oscuros secretos? Pues conviértase en candidato, y se va a dar cuenta que se los van a sacar todos, incluso los que usted o sus amigos más íntimos no conocen.

El verdadero problema de la Guerra Sucia no puede ser la susceptibilidad del político, sino la irrelevancia de ciertos temas que se convierten en munición de las campañas sucias y dispersan la mirada, ocupan el tiempo de medios y debates, obnubilan la comunicación de las campañas y convierten el diálogo de los temas públicos de un territorio, en un simple juego de buenos y malos; negros y blancos; donde no cabe el discernimiento en tonos de gris, pues ni siquiera hay información suficiente para poderlo tener. Allí, en medio del lodazal, no cabe el sano abstencionismo o el voto en blanco, pues los bandos se convierten en hordas medievales que van a salvar, un país, una ciudad o una región con su voto, pero muy poco conocen la forma cómo ese caudillo emocional que es víctima y victimario a la vez, va a atender los problemas que al lunes siguiente seguirán siendo el talón de Aquiles de su vida cotidiana… y de nuevo se repite el ciclo ¿o el circo?.

¿Qué le queda a la clase política después de este tipo de confrontaciones? En América Latina solo un promedio del 28% de los ciudadanos consultados por el prestigioso estudio LatinBarómetro, expresa interés en la política y un 90% dice que nunca participaría con una firma, la presencia en un evento o incluso y trabajar para un partido, 3 prácticas tradicionales que no excluyen las demás, pero que constituyen frentes donde tradicionalmente se vincula el ciudadano de “a pie” con la política. Estas cifras hablan de un desinterés, a lo cual se suma que un 75% de los entrevistados latinoamericanos, casi nunca habla con familiares y-o amigos sobre política, comprendida esta desde la óptica electoral, aunque yo si creo que la política en tanto dinámica gubernamental o institucional, es motivo constante de conversación en muchos círculos de confianza en nuestros países, influenciados quizás por el bombardeo de información gubernamental en los medios masivos, debido a la publicidad de Estado que abunda en ellos.

Mis preguntas son: ¿Hasta dónde las prácticas de la propaganda sucia, atentan contra el deseo de los ciudadanos de hablar, participar o intervenir en política? ¿Qué porcentaje de la población siente fatiga y prefiere ceder a una mala negociación en procesos electorales por cuenta del abstencionismo o de un mal voto, debido al hartazgo con la clase política y sus dinámicas que ahora no solo se usan en elecciones, sino en el legislativo, en los medios de comunicación, en reuniones sociales, en debates públicos, en la discusión de temas centrales?

Al final de ciertas campañas, me parece ver a algunos candidatos como boxeadores ensangrentados que han recibido heridas que se prolongan a lo largo de los gobiernos, rencores irreconciliables que impiden construir las soluciones con aquellos que han sido vencidos en las urnas. También me parece que las manos y el voto de muchos ciudadanos llevan ese mismo tinto rojizo que impregna el voto de la ceguera típica de quien toma decisiones movido por el odio.

¿Qué tenemos que hacer los ciudadanos para que las próximas campañas pueden ser diferentes?