En qué consiste la relación Comunicación-Educación

 

Laura Marcela Palacios Muñoz
Aprendiz de Comunicaciones
Prensa Escuela EL COLOMBIANO

Este video describe la relación Comunicación – Educación, desde el punto de vista académico. Ambas disciplinas se complementan para formar sujetos críticos, que encuentren en el debate la mejor forma de compartir conocimiento y de construir sociedades bajo la luz de la diversidad.

En solo unos minutos podrá comprender porqué esta relación se convierte en el alma de Prensa Escuela y en la razón de ser de los que ejercen la Comunicación y la Educación con compromiso social y criterio.

El corto audiovisual fue realizado por Laura Marcela Palacios Muñoz, aprendiz de Comunicaciones en Prensa Escuela EL COLOMBIANO y actual estudiante de Comunicación Social- Periodismo en la UPB.

 

Medios escolares, la memoria colectiva de la escuela

Compartimos un texto titulado: “Más que instrumentos, la memoria colectiva de la escuela” de Juan Carlos Ceballos Sepúlveda, docente investigador y quien fuera el coordinador del convenio entre Prensa Escuela y la Facultad de Comunicación Social-Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana durante varios años.

Juan Carlos, quien está terminando un Doctorado en Comunicación en la Universidad Nacional de La Plata, Argentina, escribió este artículo para la edición 73 de la revista digital Trampas de la Comunicación y la Cultura, la cual es coordinada por RIDOCOM, un grupo conformado por estudiantes latinoamericanos del Doctorado.Trampas

Para Prensa Escuela es una alegría muy grande seguir contando con el apoyo de Juan Carlos y con productos académicos suyos porque ofrecen una mirada analítica y crítica sobre la comunicación, la educación y los medios escolares “como espacios de construcción colectiva que posibiliten la formación de ciudadanos críticos, propositivos y comprometidos con la transformación social” (1).

Esperamos, como Juan Carlos, que este texto sirva a maestros y estudiantes para comprender el contexto y la necesidad de los medios escolares en las instituciones educativas.

Más que instrumentos, la memoria colectiva de la escuela

Sobre Juan Carlos Ceballos Sepúlveda

Comunicador social y periodista. Especialista en Periodismo Urbano por la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB) de Medellín. Periodista, docente e investigador en la Facultad de Comunicación Social-Periodismo de la UPB (Colombia) (2).

1 y 2: cita y resumen del currículo de Juan Carlos Ceballos Sepúlveda tomados del artículo de su autoría, incluido en el número 73 de la revista Trampas de la Comunicación y la Cultura, publicación de la Secretaría de Investigaciones Científicas y Posgrado de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina.

“La escuela del mundo al revés”

Valentina Bustamante Cruz
Estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la UPB

Este trabajo académico fue escrito para la clase de Comunicación y Educación que orienta el profesor Juan Carlos Ceballos Sepúlveda, basado en la lectura del artículo de opinión “La escuela del mundo al revés” de Oscar Henao Mejía,  publicado en El Colombiano, el viernes 14 de agosto en la página 4A.

El mundo de la vida y el mundo de la escuela

Cuando el autor afirma que su concepto de pedagogía lo distancia de la posición que establece el Ministerio de Educación acerca de la duración de las horas de clase, hace evidente su postura pedagógica-social frente a la educación. El Ministerio de Educación considera que la intensidad horaria de los alumnos dentro de las aulas de clase es lo primordial.

El autor afirma que tal enfoque se distancia de los objetivos fundamentales de la escolaridad, porque entonces se deja de lado el fondo: el sentido y la sustancia de la clase, para dar paso a la forma: el número de horas en que un alumno está sentado en el aula.

Para Oscar Henao debe primar la calidad sobre la cantidad. Así, pone en entre dicho el modelo pedagógico conductista que se ciñe a los objetivos, al ensayo-error y a la rigurosidad de los métodos por encima de los procesos, en el que se busca alcanzar unos resultados sin prestar atención al proceso pedagógico de los alumnos.

Prensa Escuela EL COLOMBIANO en la VI Parada Juvenil de la Lectura.  Tomada por: Andrés Mauricio García. Año: 2014

Prensa Escuela EL COLOMBIANO en la VI Parada Juvenil de la Lectura. Tomada por: Andrés Mauricio García. Año: 2014

El autor defiende que, en su experiencia escolar, recuerda con mucha más fidelidad aquellos aprendizajes que se dieron por fuera del salón de clase, en el que la vida y la academia se fusionaron para dar paso a un aprendizaje más lúdico y pedagógico.

De esta forma, nuevamente expone su inclinación por el modelo pedagógico-social que mezcla el mundo de la escuela con el de la vida y que busca desarrollar las personalidades de los alumnos en torno a las necesidades sociales, pues se conectan los contenidos con la vida.

Afirma que las experiencias pedagógicas exitosas demuestran que la dedicación a las clases no es de esencial importancia, que deben primar los espacios abiertos a la investigación y al diálogo, por encima de las rigurosidades metódicas.

La tradición disciplinar de la escuela no tiene cabida en estos nuevos métodos, que lo que buscan es una experiencia dotada de vida, de sentido de realidad y que promociona el encuentro con el otro y la libre expresión.

Hay entonces un cambio de paradigma que estriba sustancialmente desde el modelo pedagógico tradicional, estructurado sobre las bases del enciclopedismo, de la transmisión de información y del maestro como poseedor de la verdad hacia un modelo social que se estructura sobre las bases del descubrimiento y la experimentación, la construcción colectiva del conocimiento a partir del diálogo y el maestro como facilitador y acompañante del aprendizaje.

Henao Mejía afirma que la figura que dota al maestro sólo de facultades para dictar clases y no salir del aula, es lo que empobrece la práctica educativa. Es por esto que considera que la discusión de las horas de clase debe comprometer no solo un asunto de forma sino de fondo. No son cuántas horas están los alumnos en el salón de clase sino cómo están siendo aprovechadas esas horas.

imagen 2 artículo Educomunicación

Prensa Escuela EL COLOMBIANO en la Octava Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín. Tomada por: Andrés Mauricio García. Año: 2014

Lo que el autor defiende es la riqueza de las enseñanzas adquiridas por fuera del aula de clase: en los descansos, en las horas lúdicas, en los encuentros sociales.

Esto también debe tenerse en cuenta al tratar de imponer métodos rigurosos que reduzcan la creación y construcción colectiva del conocimiento.

Estudiamos en comunidad, porque es deber de la escuela y de los colegios enseñar a los seres humanos a desenvolverse en presencia de otros individuos.

En este sentido la escuela continúa tomando bases del modelo pedagógico desarrollista, en el que se necesita una participación activa de los profesores y los alumnos, quienes deben interactuar para crear, criticar y reflexionar en torno al conocimiento.

Las clases magistrales, en silencio y estrictamente individualizadas, no colaboran al desarrollo de este objetivo primigenio de los colegios.

El sentido de la escuela no debe entonces reducirse a los trabajos dentro de las aulas, sino ampliar los horizontes prácticos, para así, ampliar los horizontes conceptuales de los estudiantes, sólo así permite crecer en aprendizaje y en sociedad.

El conocimiento es ahora la materia prima que el medio exige de los nuevos profesionales. Por esto, es deber de la escuela enseñar, no a seguir instrucciones (modelo conductista) sino a pensar (modelo desarrollista).

La formación integral de un hombre que construya su propia vida, reflexione su entorno y su naturaleza, debe ser el principal objetivo de las estrategias pedagógicas en estos nuevos tiempos.

La escuela debe ayudar a la formación de individuos propositivos, que estén en capacidad de afrontar nuevos retos y abrir su mente a nuevas experiencias.

Calvin y el conflicto escolar

 

Juan Carlos Ceballos Sepúlveda
Periodista 

Docente Facultad de Comunicación Social-Periodismo. Universidad Pontificia Bolivariana

Le sucede a Calvin con Moe, lo mismo que les pasa a muchos niños y jóvenes en las instituciones educativas: en algún momento tienen que enfrentar una pelea o un conflicto.

En el caso de Calvin ve que Moe tiene su camión y quiere recuperarlo, pero sabe que aquel gigantón no se lo devolverá y lo retará a pelear. A pesar de ello, Calvin habla con Moe y le dice que le devuelva el camión, pero sólo recibe el reto de la pelea. Calvin se retira.

Este caso sucedió en las tiras cómicas de Calvin y Hobbes que publica todos los días el periódico EL COLOMBIANO y es algo similar a lo que pasa en las escuelas y colegios. Es común que algunos estudiantes reten a otros a pelear.

Es famosa aquella frase de “a la salida nos vemos”, que propone aquel que tiene más fuerza, sobre quien no le gusta arreglar sus problemas “a punta de golpes”. Sin embargo, no aceptar la confrontación es sinónimo de cobardía y corre el riesgo de ser llamado “gallina” o “miedoso” por los compañeros.

El conflicto escolar tiene muchas manifestaciones. Resolver los problemas a puño limpio es una de ellas y ahora está de “moda” que los estudiantes “cazan” sus peleas por Internet, se citan en un lugar donde acuden otros estudiantes a ver como dos de sus compañeros se “muelen” a golpes, patadas y jaladas de pelo.

Creen ellos que es la manera de solucionar sus diferencias.

Por eso Calvin se lamenta con Hobbes, su mejor amigo – un tigre de trapo-. “Así que Moe me robó mi camión, y cuando le pedí que me lo devolviera, Moe quería pelear, yo no quería pelear, así que me alejé y se lo quedó”.

Más adelante Calvin reflexiona: “por qué a algunos no les importa qué está bien o qué está mal? ¿por qué no tratan de ser amables unos con otros?”.

En la comuna noroccidental,  los directivos de una institución educativa propusieron a sus estudiantes y profesores resolver sus conflictos con la palabra. Era común ver a los niños “buscando” pelea porque “me miró feo” o “porque me dijo esto y lo otro”.

Cuando los profesores veían estas actitudes inmediatamente intercedían y les pedían a los niños que hablaran, luego hacían pequeños pactos de no agresión. Era la manera de mermarle importancia a la violencia y generar la cultura de la palabra para solucionar sus diferencias, pequeñas o grandes.

Hobbes le dice a Calvin: “el problema de la gentes es que sólo son humanos”. Puede que tenga razón, porque muchas veces los humanos creen que los problemas se resuelven a la fuerza y es algo que prevalece en la sociedad: “lo que hace falta es la mano dura”.

Sin embargo, también se equivoca el amigo felpudo, porque el ser humano es el único dotado de la palabra y en este caso la palabra sirve para resolver los problemas de manera civilizada.

Ese es el camino más complicado, por eso, la actitud de Calvin es valiente cuando opta por alejarse y no pelear. Si bien se lamenta porque no logra persuadir a su compañero de no irse a golpes, se vuelve todo un reto: darle sentido a la palabra.

Es una tarea en la cual se debe insistir: tener la palabra como alternativa,  como herramienta y como argumento para resolver los conflictos. Duele menos y da más tranquilidad, sobre todo en el alma.

La resistencia

Juan Carlos Ceballos Sepúlveda
Periodista 

Docente Facultad de Comunicación Social -Periodismo. Universidad Pontificia Bolivariana

A propósito de Tres artículos, dos géneros y una preocupación verdadera, escrito por Clara Tamayo el martes 2 de septiembre.

Usted se sube en un bus al medio día y escucha a un locutor de la radio conversando sobre “intimidades” con otras personas, eso sí, con un toque de picante para que el tema sea llamativo; llega a la casa y en la televisión están “las noticias del entretenimiento”, como para olvidar la cruda realidad nacional, luego entra en Internet a buscar sus amigos con quienes “habla” en el chat sobre cualquier asunto que no sea “aburrido” y en el celular recibe una que otra llamada, y su buzón se llena de datos de la bolsa, del estado del tiempo y hasta del horóscopo del día.

Ilustración Sttock tomada del portal web de El Colombiano

Ilustración Sttock. Tomada del portal web de El Colombiano

Ante el cúmulo de datos que recibe una persona en el trascurso del día, algunos estudiosos de la comunicación plantean una pregunta: ¿Para que le sirve al ser humano tener tanta información disponible?

En la prehistoria, la información fue fundamental porque posibilitó a ese ser primigenio aprender a sobrevivir y transmitir el conocimiento adquirido de generación en generación. Hoy, la información abunda.

Llega por todos los medios, los tradicionales y los que están incorporados en las tecnologías: los wikis, los twitters, la web 2.0, los podcasts, entre otros.

En ese afán por el “entretenimiento” la información perdió su valor. Es un producto que se vende en una foto, es el estereotipo de belleza representado en una figura delgada al extremo.

Es llevar el tema de la política al ámbito del chisme; en el medio regional y nacional son cada vez más los casos: “La campana”, ” La Cosa Política “, “El Código…” El bombardeo informativo es tan tenaz que uno se confunde, ¿qué hacer con tanto chisme, tanto rumor, tanta publicidad, tanto fútbol, tanto de tanto tan liviano?

Hace un siglo cuando surgían los medios tradicionales, la información se consideraba un bien público. Se decía que el ciudadano tenía derecho a acceder a ella para comprender lo que sucede en la sociedad y autogobernarse, para exigir a sus dirigentes una adecuada gestión y hacer oír sus voces.

Ahora, son pocos los medios comprometidos en difundir la información con responsabilidad. En la actualidad la información es un producto y su valor se determina según el “raiting” de sintonía.

Imagen prediseñada tomada de http://bio-est.blogspot.com/2013/01/m...

Imagen prediseñada tomada de http://bio-est.blogspot.com/2013/01/m…

¿Qué hacer ante este panorama?

1. Los medios de comunicación y los periodistas deben tener en cuenta que los llamados ‘públicos’, a quienes llegan con sus mensajes, son seres inteligentes y seleccionan los informes que les despierte un interés general y que les sirva para tomar sus propias decisiones. Por eso, escogen los medios que más les aporten a su formación como personas.

2. Los ciudadanos deben solicitar abiertamente a los medios de comunicación información de utilidad, es decir, informes completos y bien elaborados (buen periodismo) que les brinden herramientas para participar en la construcción de la sociedad, que les ayuden a comprender lo que sucede en su país, en su región, en la ciudad y en su barrio.

Los medios de comunicación son en cierta medida el punto de encuentro de los ciudadanos.

3. Los maestros deben llevar los medios de comunicación a la escuela. Hablar con sus estudiantes de las noticias que se publican, de la telenovela que vieron, del “reality show”, de la publicidad, y analizar con ellos qué les aporta a su formación como personas.

4. Una vez analizado esto, si tienen medios de comunicación escolar deben comprometerse por ofrecer información de utilidad, tanto para la comunidad educativa, como para el contexto social en donde tiene incidencia.

Así se benefician todos: directivas, profesores, estudiantes, padres de familia, líderes comunitarios, entre otros.

En definitiva, entre todos deberíamos generar una resistencia para rescatar el valor de la información como derecho. La información no puede ser vista como un producto que se consume y se vende.

Es un bien público y es un valor necesario para la consolidación de sociedades democráticas.

Y si estos sencillos planteamientos resultan difíciles, pues por lo menos intentemos otra resistencia: apagar la radio, apagar la televisión, apagar el computador, cerrar las páginas de los periódicos, si no encontramos información que nos ayude a ser mejores ciudadanos.

Buda explotó por vergüenza, yo exploté por maestro

 

José Cano
Coordinador de Prácticas

Facultad de Educación-Universidad Pontificia Bolivariana

Después de ver con mis estudiantes de Práctica Docente de la Facultad de Educación de la UPB  la película “Buda explotó por vergüenza” de la directora Hana Makhmalbaf, quedé convencido de que todos los profesores, sin importar el nivel en el que trabajen,  deberían verla, pues hay allí una mirada diferente de la escuela; es el otro lado de la moneda.

La película no está hecha en torno al profesor, como ocurre con una gran cantidad de películas que abordan el tema de la escuela,  sino en torno al estudiante y su llegada a ella.

Baktay no suelta su cuaderno y tampoco nos suelta el alma.

Baktay no suelta su cuaderno y tampoco nos suelta el alma.

En la medida en que iban pasando las imágenes y los minutos, las preguntas empezaron a llenar mi cabeza.

Me acordé de Clara Tamayo y de su pregunta favorita: ¿Qué pasaría si…?,¿Qué pasaría si yo fuera alguno de esos maestros que aparecen allí?, ¿Qué sé de los estudiantes que se sientan en mi clase?, ¿Se parece mi actitud a la de los maestros de la película preocupados por las normas y las formas más que por el estudiante, por el aprendizaje?, ¿Cuál es la realidad que enseño a mis estudiantes?, ¿Cómo enseñar Lengua y no enseñar vida?… Y terminada la película yo exploté por maestro, no pude quedarme callado. 

Ésas fueron algunas de mis preguntas, se las planteé a mis estudiantes  y les propuse que hicieran un texto en el que respondieran cómo enfrentarían ellos las dificultades que allí se evidencian, pero desde el punto de vista del estudiante, no desde el profesor.

Aunque, finalmente, no pude evitar preguntarles qué harían en el lugar de la profesora de la película, pues son estudiantes de licenciatura y por allí hay que trabajar en el proceso de formación.

Tengo que reconocer que lo primero que hay que analizar es la situación política, económica y social que rodea la película, pero también conozco escuelas en nuestro medio que están rodeadas de circunstancias semejantes o peores.

Así que nos quedó una gran pregunta por la sociedad que se muestra, pero sobre todo por nuestros estudiantes.

Aún siguen sonando en mi cabeza expresiones de la película tales como: “No me han enseñado nada, he aprendido sola”. “Baktay, muérete, si no te mueres, no serás libre”. “No me gusta jugar a la guerra”.

Estas expresiones de unos niños, que viven en medio de un conflicto que no los considera como niños, son desgarradoras, pero me pusieron en conexión con mi realidad, con mi sociedad, con mi escuela, con mi papel de maestro formador de formadores.

Los invito para que la vean y para que se pregunten, o para que respondan lo que yo pregunto.

Imagen tomada del portal www.uhu.es

Imagen tomada del portal www.uhu.es

Sobre la película: ‘Buda explotó de vergüenza’ (Buda az sharm foru rikht)
Dirección: Hana Makhmalbaf.
Países: Irán y Francia.
Año: 2007.
Duración: 81 min.
Género: Drama.
Interpretación: Nikbakht Noruz (Baktay), Abdolali Hoseinali (chico talibán), Abbas Alijome (Abbas).
Guión: Marziyeh Meshkini.

La cinta que fue Premio Especial del Jurado en San Sebastián es una coproducción iraní-francesa que dirigió Hana Makhmalbaf, una iraní de tan solo 18 años. Buda explotó de vergüenza describe la vida de la gente que vivía bajo la célebre estatua de Buda y que fue destruida por los talibanes.

La protagonista de la historia de Baktay, una niña de seis años, a la que uno de sus vecinos contagió el deseo de ir a la escuela para aprender a leer y escribir. El primer obstáculo que debe salvar para hacer realidad su sueño, es conseguir lápiz y cuaderno.

El ambiente de la escuela está influenciado por la convulsionada vida política y religiosa del país. Baktay durante el recreo se convierte en la víctima de un grupo de niños, que en vez de jugar a los policías y ladrones, lo hacen a los talibanes y a las mujeres con burka que son lapidadas por pintarse los labios.

¿Será Baktay capaz de superar los ataques de sus compañeros para poder hacer realidad su sueño de leer y escribir?

Información tomada de EL COLOMBIANO, Marzo 26 de 2009.