La sorpresa Olímpica, visitas y experiencias significativas

Gricel Costa Castaño
Guía del programa de Visitantes
Prensa Escuela El Colombiano

Era una mañana de agosto, me dirigía a El Colombiano con la expectativa de cómo transcurriría la mañana y pensaba en el grupo que iba a guiar. Como sabía que eran niños, repasaba una vez más los contenidos para que la experiencia de visita fuera significativa para ellos. En ese momento no tenía idea de que esa mañana sería poco común, pues al llegar al lugar me encontré con un ambiente de alegría, casi festivo, inusual de un lunes a las 9:00 a.m.
La mayoría de empleados miraban insistentemente hacia la puerta como esperando algo, no me atreví a preguntar, parecía una imprudencia de mi parte.

Mi compañero y yo iniciamos la visita a las 10:00 a.m. con los niños del Ferrini Bilingüe de Robledo grado tercero y cuarto, los saludamos, les hicimos las recomendaciones para ingresar y conformamos dos grupos, diez se irían con mi compañero y los otros diez conmigo. Dimos inicio a la visita, les mostramos las primeras máquinas que imprimieron El Colombiano en 1912 con la explicación de cómo funcionaron en su época.

En un momento, mi compañero se acerca y me dice en voz baja: “Quedémonos otro rato aquí, vienen dos deportistas reconocidos”, inmediatamente esbocé una sonrisa, sabía que iba a ser grato el encuentro, sin embargo no les comenté nada, quería que fuera una sorpresa. Continué haciendo preguntas a los niños sobre la máquina, alargando la conversación.

Los deportistas no se hicieron esperar mucho, luego de 5 minutos, a las 10:20 a.m. ingresaron para la alegría y la euforia de los presentes. La espera de los niños no fue en vano, al ver sus caritas de sorpresa frente a estos dos colombianos que hicieron vibrar a todo un país con disciplina, entrega, esfuerzo y amor.
A decir verdad, no pensé que fuera a pasar de la lejanía de la televisión a tener a dos de sus protagonistas a pocos metros de mí y poder presenciar la ternura, humanidad y sencillez de ‘talla mundial’ de Mariana Pajón, medalla de oro en BMX y Yuberjén Martinez medalla de plata en BOXEO categoría minimosca de los Juegos Olímpicos de Río 2016, quienes visitaron y recorrieron las instalaciones de la Casa Editorial El Colombiano el 29 de agosto, mientras eran aclamados por los empleados y los niños visitantes quienes con sus aplausos, abrazos y gritos les dieron la bienvenida. Todas estas personas les expresaban su gratitud por poner, una vez más, el nombre de Colombia en alto.

Los campeones compartieron con los niños sin dejar ni un solo instante la sonrisa que los caracteriza; a todos les permitieron fotografías, tomarlos de la mano o unirse en fraternales abrazos. Mariana y Yuberjén nos demostraron la calidad humana de los deportistas que nos representan; ellos nos recordaron que para obtener sus logros necesitaron de esfuerzo, disciplina y dedicación, que la humildad es el estuche más valioso de sus medallas, que la mejor curva de una mujer es la sonrisa y que los mejores golpes son los abrazos.

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En la foto: Gricel Costa y Yuberjén Martínez medalla de plata BOXEO Juegos Olímpicos 2016. Ph: Andrés Mateo Pérez Taborda – Instalaciones EL COLOMBIANO.

Los talentos del Colegio Palermo de San José

Carolina Correa Cano
Aprendiz de Comunicaciones
Prensa Escuela EL COLOMBIANO

Cada mes, jóvenes de diversos grados del Colegio Palermo de San José, realizan un magazine audiovisual en el que destacan eventos institucionales de su comunidad académica. 

Este medio de comunicación es para las estudiantes un espacio de intercambio en el que se relacionan tanto con los docentes como con el personal del área de comunicaciones. Además, les brinda la oportunidad de explorar el mundo virtual y de crear contenidos pensados para la web.

Aquí podrá encontrar las últimas ediciones de este magazine, que las alumnas publican periódicamente en el canal de Youtube de la institución.

Igualmente en este video podrá conocer cómo es el proceso de creación de este magazine desde la visión de las estudiantes:

Ese espíritu comunicativo del Colegio Palermo de San José se evidencia en publicación de la revista Ciudad Palermo, desde el año 2005. Las estudiantes asumen el rol de periodistas para proponer temas, investigarlos y publicarlos.

El Colombiano recibió la visita de 10 estudiantes que, gracias a su participación en la revista institucional, quisieron saciar su curiosidad sobre el proceso de impresión de un medio de comunicación como nuestro periódico.

Prensa Escuela acompañó esta visita, en la que las jóvenes compartieron sus experiencias como reporteras de la vida escolar. Los talentos de sus compañeras, por ejemplo, fueron los temas destacados en la última edición de la revista:

Lo invitamos a conocer los ejemplares anteriores de la revista Ciudad Palermo, y a ver en esta experiencia escolar un espacio de integración, de diálogo y de trabajo colectivo que desde Prensa Escuela destacamos.

Publicamos, además, su testimonio luego de visitar las instalaciones de El Colombiano y conocer el proceso para la producción de nuestro periódico:

Experiencia del Colegio Palermo de San José

Andrea Álvarez Gómez
Coordinadora de comunicaciones y mercadeo
Colegio Palermo de San José

Dentro de las actividades planeadas para el año teníamos programa la visita al periódico El Colombiano. Allí las estudiantes pondrían a prueba los conocimientos adquiridos durante el proceso que han adelantado en el Comité de Comunicaciones del Colegio. Había mucha ilusión porque visitaríamos un medio de información, ¡y no cualquier medio!, estamos hablando de uno de los diarios más reconocidos del país y líder en Antioquia.

Realmente conocer más de cerca el mundo que se esconde detrás del medio impreso es gratificante, pues muchas veces, como lectores, no nos damos cuenta de la magia que hay detrás, desde la preproducción hasta la impresión o la publicación en las plataformas digitales. Y ni qué decir del trabajo periodístico tan impecable con contenidos de gran actualidad y calidad para la comunidad lectora.

Y no podemos dejar de hablar del programa Prensa Escuela, una iniciativa de  apoyo a la educación, el cual está diseñado para afianzar todo este proceso comunicativo, donde la comunicación, la lectura y la utilización de la prensa como recurso didáctico han permitido que el periódico sea una herramienta para “desarrollar en las personas un espíritu crítico y observador, propiciar la lectura con criterio y la escritura con responsabilidad, así como fomentar el interés por reconocer los contextos de las comunidades para construir lazos de solidaridad y respeto en una propuesta que valora la diversidad” como se expresa en la propuesta planteada dentro del programa Prensa Escuela.Prensa Escuela

Es por eso que en la charla que recibimos con la comunicadora social Clara Tamayo, por cierto muy amena, se enfatizó y dejó clara la importancia de la Comunicación–Educación, pues hoy ambas se alían para consolidar una formación de identidades, con la integración de los más jóvenes al contexto social y con la transmisión de los saberes: funciones atribuidas en la educación; aporte significativo para este proceso de formación que llevamos en el comité de comunicaciones del colegio y del cual no nos podemos desprender.

En la charla recibimos “truquitos” que nos ayudan a complementar nuestro trabajo con los medios escolares, muy especialmente en la revista donde podemos aplicar los diferentes géneros periodísticos.

“Me he sentido muy feliz y afortunada porque al pertenecer al comité de comunicaciones del Colegio Palermo de San José, recibimos tantos beneficios como aprender, relacionarnos en diferentes escenarios y, en esta ocasión, visitar “El Colombiano”, donde pude conocer más acerca de él y disfruté mucho de mi visita”. Melissa López Saldarriaga con una gran sonrisa en su rostro, manifiesta que dentro de todas las actividades desarrolladas en la jornada, el recorrido fue uno de sus favoritos. “Primero, me hicieron sentir acogida, pude entender muchas cosas acerca de la comunicación social, también nos dieron consejos para realizar crónicas; nos explicaron las funciones y cómo eran las maquinarias antiguas que se utilizaban para hacer copias del periódico, además de enseñarnos y presentarnos las funciones de los trabajadores en su respectivo escenario; y por último pudimos ver el increíble proceso de la impresión del periódico”.

Juanita Zapata Zuluaga, también nos cuenta su experiencia con mucho entusiasmo. “Debo empezar diciendo que desde que fue planeada esta visita, tenía muchas expectativas y preguntas, las cuales deseaba realizarle a las personas que nos acompañarían en esta jornada. La acogida del personal es muy agradable, en la primera hora que pasamos con la comunicadora Clara Tamayo, pude resolver varias inquietudes y recibir consejos para fortalecernos como comité de comunicaciones. En el recorrido por toda la sede pudimos aprender todo lo que se tiene en cuenta para la producción no solo del periódico el Colombiano, sino de otras revistas como Paladares, Propiedades, Viernes, ¿Que me pongo?, entre otras. En realidad fue una experiencia muy significativa, interesante y entretenedora, se cumplieron a cabalidad todas mis expectativas”.

Por su parte, Juliana López Saldarriaga, con su gran espíritu emprendedor y soñador, deja en evidencia el grato sabor que le deja esta experiencia: “al ser parte del comité de comunicaciones de mi colegio, tuve una gran experiencia, debido a que se planeó esta salida para reforzar nuestros conocimientos, y yo en mi opinión digo: ¡misión cumplida!. Desde que entré, mi sonrisa no desaparecía, porque es una gran oportunidad para mí de aprender cosas nuevas. Empezando con una amable bienvenida que me hace sentir confianza y finalizando con una nueva etapa en mi vida, ¿qué es?: el amor por lo que hago con respecto a la comunicación. Yo en realidad agradezco a El Colombiano por permitir este encuentro y por darme una experiencia inolvidable”.

Sara Hernández Sánchez con esa sonrisa nerviosa que la caracteriza, nos dice que “realmente se les nota el esfuerzo y empeño que le ponen a cada encuentro que se realiza. También quiero dar las gracias por la invitación, fue una experiencia realmente enriquecedora y gratificante”. La guía también fue vital dentro de este proceso, con su amabilidad “nos explicó cómo empezó el periódico hace 100 años, con cuales máquinas se hacía, cuantas páginas tenía, cuantos ejemplares se imprimían, también nos mostró el área de redacción y diseño, y por último, cómo se imprime cada ejemplar que llega día a día a nuestra puerta”.

Y reconociendo que ser periodista es una tarea grande, poniéndola en relación con la medicina como nos expresaba Clara Tamayo, esta experiencia también permitió afianzar esos gustos por el periodismo. “Pensé que sería un viaje más y otra experiencia cualquiera, pero no, en este lugar se encuentra mucha información importante para aprender de nuestros medios de comunicación”, anota a esta experiencia Isabella Calderón Maya.

“¡Pues sí!, todo lo que esperábamos se cumplió”. Y finalizando con las palabras de Valentina Jurado Ortíz, corroboramos nuevamente que las expectativas se cumplieron satisfactoriamente, mil gracias al Periódico El Colombiano.

La prensa es un mundo interdisciplinario

Prensa Escuela

Carolina Correa Cano
Aprendiz de Comunicaciones
Prensa Escuela EL COLOMBIANO

Como Ícaro, aquel personaje de la mitología griega que hizo todo lo posible por volar,  los miembros del proyecto Ícaro de Medellín dieron alas a sus sueños de llegar a ser periodistas.

Prensa EscuelaEl Colombiano recibió el 8 de julio la visita de 32 jóvenes de los jóvenes que participan en este proyecto liderado por la Secretaría de la Juventud y operado por la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Antioquia, cuyo objetivo es dar elementos a jóvenes que viven en entornos vulnerables para construir su proyecto de vida.

En esta ocasión, tres profesionales de El Colombiano fueron los encargados de despertar aún más en ellos el interés por contar historias humanas: Diana Carolina Jiménez, periodista que cubre contenidos internacionales; Mateo Isaza, periodista del .COM y Emmanuel Zerbos, reportero gráfico. Después de su recorrido por las instalaciones de El Colombiano, conversaron con ellos.

Prensa Escuela

Desde su experiencia, Diana Carolina los aconsejó a emprender el camino de conocerse a ellos mismos: “Descubran qué es lo que les gusta y háganlo. Dejen que las historias aceleren su corazón y conéctense con el mundo”.

Enlace a un fragmento de la charla de Diana Carolina:

Asimismo, mostraron interés por los productos audiovisuales que Mateo Isaza ha realizado como redactor del .COM de El Colombiano. Él les explicó lo interesante de contar un hecho de distintas maneras y de combinar varias pasiones como la fotografía, la producción audiovisual y el uso de las redes sociales cuando se realiza periodismo multiplataforma.

Como ejemplo, compartió un video de Mayerli Saigama, una bicicrosista originaria de la etnia Emberá-Chamí, que tuvo la oportunidad de conocer a Mariana Pajón:

A su vez, el fotógrafo Emmanuel Zerbos, dio a conocer su historia de vida alrededor de las cámaras. Los retratos, que son su pasión, le dieron la oportunidad de narrar a los jóvenes las aventuras que vivió cuando partió de su natal Argentina a trabajar en Medellín.

Aquí encontrará la historia que Emmanuel contó a los asistentes sobre sus inicios en la fotografía:

Igualmente, Jorge Mario Álvarez (coordinador de comunicaciones del proyecto Ícaro) resaltó la importancia de que los jóvenes conozcan de primera mano estas experiencias profesionales, de manera que miren con claridad su horizonte vocacional.

Desde su perspectiva, Mariana Ramírez, asistente, compartió sus apreciaciones después de descubrir las distintas actividades que se realizan dentro de un medio de comunicación: “Aprendí que El Colombiano no es solo para periodistas, sino que es interdisciplinar”.

Este es su testimonio:

A continuación verá los registros fotográficos correspondientes a esta visita:


Nota: La fotografía que encabeza esta publicación pertenece a Cristian Zapata, del proyecto Ícaro.

Capacitados para servir

Danielle Navarro Bohórquez  
Guía del Programa de Visitantes Conozcamos EL COLOMBIANO 

Prensa Escuela EL COLOMBIANO

Ya voy a ajustar un año de ser guía en el programa de visitantes “Conozcamos El Colombiano” y aún siento el mismo susto que tuve la primera vez que hice un recorrido. El pasado jueves 18 de marzo, además de ese “susto”, me sentía enferma, tenía escalofrío, mareo y un leve resfriado, pues había llovido por esos días y la noche anterior me había mojado mucho.

Para ese jueves tenía programado un recorrido a las dos de la tarde. Siempre suelo preguntar qué tipo de grupo es con el fin de saber qué parte del guion debo estudiar más o cómo debo preparar la visita; sin embargo, esa vez no tenía la menor idea de quiénes serían los visitantes.

Durante la mañana estuve tratando de comunicarme con Mónica, la coordinadora del programa de Visitantes, con el fin de pedirle un reemplazo para ese día; realmente me sentía indispuesta.

No pude contactarla y tampoco logré convencer a ninguno de los otros guías de que me reemplazara, por lo tanto, a la una de la tarde tomé el bus desde la Universidad EAFIT para ir a El Colombiano.

A esa hora normalmente no vienen colegios. No vienen niños, ni jóvenes adolescentes. No, esa es la hora favorita de los universitarios. Debo confesar que estos son los grupos que más me producen ese “susto”, en especial los de carreras de Ingeniería, porque suelen preguntar tecnicismos de máquinas y energía que desconozco.

Pero ese día, a las dos de la tarde, no venía precisamente un grupo de estudiantes interesados en asuntos técnicos de las máquinas, ni en las políticas de calidad de la empresa, ni en cuánta energía consumen la Manroland y la Goss Metro Liner, ni en por qué la rotativa está ubicada de esa manera y no de otra, ni en cuántos periódicos salen con cada rollo de una tonelada de papel.

No. Ese día, un poco pasada la hora acordada, un grupo de aproximadamente veinte personas de ojos rasgados y cabello muy liso se asomó a las instalaciones del Grupo Editorial El Colombiano: eran jóvenes de la Fundación Luisa Fernanda para niños con Síndrome de Down.

Puede parecer forzado y exagerado lo que voy a decir a continuación, pero no miento: realmente, el malestar que tenía se me quitó y una inmensa alegría reemplazó esa incómoda sensación que pensé que me iba a impedir disfrutar el recorrido.

Con quien primero sentí empatía fue con Melisa, una mujer hermosa, hermosa,hermosa, quien desde que dijimos que separaríamos el grupo en dos –uno con la guía Laura García, el otro conmigo- dijo que quería estar en el mío. Su piel, muy blanca; su cabello, negro y muy liso, de apariencia tan suave como la de una seda. Tenía unos ojos rasgados y coquetos que a veces miraban perdidos a ninguna parte, pero siempre con una sonrisa suspicaz, de esas que esbozamos las mujeres cuando tenemos un propósito en la mente.

Blog Prensa Escuela

Foto tomada por: Laura Marcela Palacios Muñoz

Melisa me presentó a su novio, Daniel, un joven también de piel muy blanca que contrastaba con su cabello negro, tan liso y suave como el de su novia. Sus anteojos negros y de marco grueso cubrían un poco sus ojos también rasgados, y su sonrisa, como la de Melisa, también tenía vestigios de una sutil coquetería.

Los dos me cogieron la mano y caminamos con el resto del grupo hacia el Linotipo, esa primera máquina, enorme, con la cual hace 103 años se construían los textos que se publicaban en el periódico.

Diez jóvenes de la Fundación Luisa Fernanda iban conmigo. Recuerdo mucho a Laura, con su mirada perdida; a Frank, con su distracción permanente; a Diego, con su atención y concentración constantes; y a una pequeña, de quien no recuerdo su nombre, que todo el recorrido me cogió la mano y me miraba atenta, muy atenta, y respondía acertadamente a algunas de las preguntas que les hacía a todos.

Empecé a contarles la historia y todos me miraban como si estuvieran muy interesados. Repetimos juntos varias veces la palabra Lino-tipo, con varios acentos, entonaciones y separaciones de sílabas, de manera que ellos pudieran recordarlo. Sin embargo, cuando pasamos a la prensa, esa palabra “linotipo” que suele ser tan difícil de aprender para gran parte de los grupos, efectivamente, se les había olvidado. La repetimos de nuevo: “Lino – tipo”, y lo mismo con “pren-sa”. Así, muy despacio, por sílabas y con algo de música.

Yo les hablaba y les hablaba; ellos me miraban y me miraban. A cualquier pregunta que les hacía me respondían “sííí”, con un acento prolongado, o simplemente guardaban silencio.

Ante esta última expresión me di cuenta de que debía cambiar la manera de contarles esta historia. Me acordé de Deisy Barbosa y de María Cristina Muñoz, quienes nos capacitaron para orientar visitas de personas con algún tipo de discapacidad.

Todos los guías estamos capacitados para prestar este servicio, no obstante, ese día pensé que más bien son ellos quienes nos lo ofrecen a nosotros: terapias de alegría, de risa y un fuerte entrenamiento de la paciencia. En mi caso particular, la terapia fue tan efectiva que por una hora y media el malestar de la gripa que me estaba dando desapareció por completo.

Para explicarles lo que sucede en la sala de redacción, hicimos de cuenta que Melissa coordinaba las revistas; Diego, la sección de deportes; Laura, la de Tendencias, y así, entre todos, “construimos el periódico”.

Cuando entramos a la zona de producción, la rotativa Goss Metro Liner estaba funcionando. Ellos miraban atentos mientras yo les contaba historias que se perdían en medio del ruido de esta zona. Luego hablamos sobre las tintas, les conté que antes, hace 103 años, en el periódico solo podían verse letras negras, y que ahora, para poder ver todos los colores del mundo en el papel, combinábamos el amarillo, el azul, el rojo y el negro.

Entonces, ¿para qué creen que sirve la tinta? —Les pregunté.

Todos me miraban fijamente esperando a que yo respondiera, pero ninguno decía nada.

Entonces, ¿para qué creen que sirve la tinta? —Les pregunté de nuevo.

Silencio, silencio, silencio. Silencio en medio del ruido de las máquinas. Era como si las historias que les contaba fueran solo ondas acústicas que rebotaban en sus oídos. Hasta que de pronto, la joven que nunca me soltó la mano dijo, casi entre dientes y sin mirar a nadie: “color”.

¿Cómo dijiste? —Le pregunté entusiasmada.

¡Color! Dijo ella con un poco más de volumen.

¡Color! Eso es, le dije, y ella se emocionó por haber sido la única que había respondido.

Por un momento me llegué a sentir discapacitada para guiar la visita. Sentía que hablaba enredado, que no me hacía entender y que no estaba preparada para dirigirme a un público tan exigente. Sentía que eran ellos quienes me estaban dando una lección, como dije ahora: “terapias de alegría, de risa y un fuerte entrenamiento de la paciencia”.

El Síndrome de Down resulta de una combinación cromosómica distinta de la nuestra, generalmente, cuando hay una copia extra del cromosoma 21. Causa problemas con la formación del cuerpo y el cerebro, y es por esta razón que las personas con Síndrome de Down presentan una discapacidad intelectual que hace lento su aprendizaje.

El pasado sábado 21 de marzo se celebró el 10º aniversario del Día Mundial del Síndrome de Down. El tema de este año: «Mis oportunidades, mis opciones. Disfrutar de plena igualdad de derechos y el papel de las familias».

Creo que la visita de la Fundación Luisa Fernanda al Periódico El Colombiano fue una especie de celebración por este día, puesto que es una linda oportunidad para ellos de vivir experiencias ajenas a lo cotidiano.

El recorrido fue muy corto y la experiencia muy grande. Aún guardo en mi mente la sonrisa de Melisa, el rostro de Daniel, la mirada perdida de Laura, la distracción permanente de Frank, la concentración y atención de Diego y la mano cariñosa de esa chica morena que no quiso soltar la mía.

Cuando los niños de la Fundación Luisa Fernanda partieron, volví a sentir el malestar de la gripa; sin embargo, me acompañaba una sensación de inmensa alegría.

Había una vez…un dinosaurio en El Colombiano

Blog Prensa Escuela

 

Laura Marcela Palacios Muñoz
Aprendiz de Comunicaciones
Prensa Escuela EL COLOMBIANO

La visita del dinosaurio fue el día jueves 26 de marzo en las instalaciones de El Colombiano

La visita del dinosaurio fue el día jueves 26 de marzo en las instalaciones de El Colombiano

Era hora de viajar a través del tiempo; todos volarían 65 millones de años atrás para dejarse atrapar por la magia de una criatura con pasos de gigante y mirada de fuego, dientes afilados y piel de hierro.

Después de abrocharse sus cinturones, visitantes y empleados de El Colombiano emprendieron vuelo. Pocos minutos bastaron para ver la cola de este reptil que anunciaba una aventura histórica sin fin.

Espectadores llenos de asombro y empleados que, haciendo una pausa, empezaron a disparar sus cámaras a distancia. Un espacio compartido, un dinosaurio que generaba sonrisas y una visita que rompía con el jueves de rutina.Blog Prensa Escuela

Ahí estaba aquella criatura majestuosa que, del pasado, les recordaba la magia de un sueño olvidado. Como todos los días, EL COLOMBIANO estaba muy bien acompañado, un grupo de niños anunciaba su llegada, mientras todos esperaban con ansias lo que les esperaba.

¡Un dinosaurio, un dinosaurio!, los niños gritaban, al tiempo, que su asombro los asustaba. Tranquilos, que el no les hace nada, les decía su maestra mientras se sonrojaba.

Con gestos de ternura, el dinosaurio los cautivaba, y los pequeños más confianza le tomaban. Les presento a Ruperto –desde mercadeo se escuchaba- se trataba del compañero Álvaro Tabares, que había bautizado así a esta creatura inimaginada.

Foto tomada del sitio: parqueexplora.org

Foto tomada del sitio: parqueexplora.org

 

Un besito para Ruperto, decían los niños al tiempo, todo, mientras que el Parque Explora mostraba el plan que para la ciudad preparaba. “Vive los dinosaurios” era la gran sorpresa que se presentaba y que a todos, expectativa generaba.

Y ahora…¡un abrazo para Ruperto!, a los niños de transición, de la I.E. Alberto Díaz, se les escuchaba. Con tristeza de decir adiós se alejaban, mientras sus miradas permanecían contagiadas. Este grupo de visitantes al periódico, no quería que su experiencia acabara.

Encontrarse a este dinosaurio en EL Colombiano fue para ellos toda una sorpresa, jamás imaginaron viajar al pasado con tal proeza.

La hora del regreso llegaba y el presente por ellos esperaba. ¡Hasta pronto, Ruperto!, en coro gritaban. Los empleados a sus puestos regresaban, mientras los niños sus huellas dejaban… 

El niño que hizo reír a la redacción de EL COLOMBIANO

Sala de redacción EL COLOMBIANO

 

Estefanía Alzate Arenas
Estudiante de Letras: Filología Hispánica
Octavo semestre 
Universidad de Antioquia 
Guía del Programa de visitantes “Conozcamos EL COLOMBIANO”

Un recorrido no es llegar a El Colombiano a trabajar, un recorrido es aprender, conocer, indagar y llevarse de cada visita una anécdota que se recordará siempre; unas más significativas que otras por los personajes que llegan, pero siempre habrá algo que recordar.

Un grupo de Boy Scouts llegó al periódico el sábado 19 de julio de 2014 en un calor de medio día, portaban sus uniformes azules de franjas amarillas,  y dispuestos a obtener una información que resolviera todas sus inquietudes sobre las publicaciones de El Colombiano mientras recorrieron las instalaciones.

El grupo estaba conformado por niños y adultos y las preguntas eran variadas según la edad, sin embargo, uno de ellos causó la risa de todos los presentes y de los periodistas que alcanzaron a escuchar su comentario. 

En los recorridos se nombran las zonas donde se distribuye el periódico Gente, una de ellas es el barrio Belén de Medellín. Ante esto, un niño que hacía parte del grupo de visitantes dijo con simpatía y seriedad: “¡Pues claro!, Belén, en donde nació el niño Jesús”.  

Fue un comentario inocente que no solo quedó en mi recuerdo, sino en el de sus compañeros de mayor edad, pues aún al finalizar el recorrido, quedaban risas de su singular comentario.

EL COLOMBIANO tiene su homólogo en Canadá

Y es que a El Colombiano no solo llegan personas de la Ciudad sino también extranjeros, en otra ocasión un grupo de estudiantes de Canadá de Maestría en cultura llegaron al periódico, unos incluso sin saber español. Sin embargo, sus compañeros más extrovertidos se arriesgaron a servir de traductores entre ellos y nosotros.

Todo era una novedad y las comparaciones no se hicieron esperar, pues nuestro amable traductor, para explicar de una manera más amable y amena, explicaba todo lo que tenía nuestro periódico relacionando los detalles con algunos de los diarios que ellos frecuentan allá.

Las diferencias no son muchas, tanto El Colombiano como Gente y Q’hubo tienen su homólogos en Canadá.

A EL COLOMBIANO le debo mi interés por el periodismo

 

Laura García Guerra
Estudiante de Comunicación Social
Sexto semestre
Fundación Universitaria Luis Amigó 
Guía del Programa de visitantes Conozcamos EL COLOMBIANO

Laur García Guerra, guía del programa de visitantes Conozcamos EL COLOMBIANO

Laura García Guerra, guía del programa de visitantes Conozcamos EL COLOMBIANO

¿Por qué estudiar Comunicación?, esta es la pregunta más frecuente que las personas realizan, en mi caso la respuesta va acompañada de una visita, una guía y un nuevo conocimiento en la niñez al lado de EL COLOMBIANO.

Y todo gracias al colegio, a Prensa Escuela y a la exitosa visita al periódico. Así comienza toda mi historia y crece el interés por el periodismo y los medios de comunicación.

Como guía del programa de visitantes Conozcamos El Colombiano comienzo a disfrutar de las sensaciones que me transmite esta empresa,  una de ellas es la ansiedad por conocer el grupo que llega de visita.Me hace feliz transmitir conocimiento

Los nervios antes de comenzar se mezclan con la felicidad de enseñar cada parte de El Colombiano, pero al final del recorrido queda la satisfacción de que las personas se van agradecidas con el conocimiento que les brindé.

Es gratificante ver a los adultos mayores que se vuelven niños al sorprenderse con las instalaciones del periódico, con el funcionamiento de las máquinas y todo el proceso de producción detrás de las publicaciones de El Colombiano.

Las visitas con ellos se convertirán en recuerdos e historias que perdurarán en el tiempo.

Como guía busco dejar huellas en las personas, de la misma manera que las dejaron en mí cuando fui visitante hace algunos años. Además quiero que quienes nos visiten, sean niños o adultos, adquieran un mayor sentido de pertenencia por  EO COLOMBIANO como empresa informativa.

Relato de mi primer recorrido

Un amigo en el bolso

 

Por Daniela Navarro
Estudiante de Comunicación Social
Quinto semestre
EAFIT
Guía del Programa de visitantes “Conozcamos EL COLOMBIANO”

 

Amigo en el bolso

Ilustración: Camilo Sandoval

 Por una equivocación, el primer día llegué tarde, pero salí feliz, sobre todo al ver a los niños con su nuevo amigo en el bolso.

Cuando crucé el torniquete de la entrada a las instalaciones del periódico eran las 9:20 de la mañana. El grupo ya estaba sentado esperándome con el otro guía hacía casi una hora. Nos visitaban niños de segundo grado de la I.E. Paula Montal de Itagüí que, por alguna razón se confundieron, y llegaron una hora antes de lo previsto.

Ese día sería mi primera vez, a las 10:00 de la mañana según la programación, pero justo antes de las 9:00 recibí una llamada, urgente, en la que me pedían amablemente llegar antes, es decir, salir ya de mi casa. ¡Ya!

Como era mi primera vez, yo estaba lista desde mucho antes —afortunadamente—  pues confieso que le tengo un miedo terrible a llegar tarde a cualquier parte. Entonces, ese día, además del susto de la primera vez, mi temor a ser incumplida se materializó, dejó de ser una terrible fantasía que jamás quería vivir y, efectivamente, llegué tarde.

No tuve tiempo ni siquiera de tomarme los dos tintos anti-nervios, ni el agua que me recupera la voz que siempre se me va antes de empezar, ni de proclamarme el discurso tranquilizante de “te va a ir bien, tranquila”, ni de repasar el guion al menos dos vececitas antes de decirlo, ni de separar las secciones del periódico que me gustan para mostrarlas… de nada, no tuve tiempo de nada.

Empecé. Varias veces al principio —lo confieso— se me nubló la mente porque no sabía qué más decir. Acababa de empezar y sentía que mi intento de discurso didáctico se agotaba, que no tenía más información, y que de las casi cinco páginas que cuentan la historia de El Colombiano, solo me faltaba contar un centenar de datos históricos que para los niños serían irrelevantes.

Pero en uno de esos momentos de bloqueo mental combinado con una especie de ceguera blanca, me llegó una epifanía, y creo que esa fue la responsable de que este, mi primer recorrido, haya sido particularmente especial.

Al frente mío tenía 15 niños de no más de 10 años, con una enorme expectativa por escuchar todo lo que yo tenía para decirles y de conocer cómo funcionaba El Colombiano. Lo sentí porque todos me miraban fijamente con ojitos saltarines que no hablaban, pero que comunicaban su ansiedad de conocer sin necesidad de pronunciar una palabra.

Entonces, en uno de esos momentos en los que no supe qué más decir, se me ocurrió preguntarles: ¿ustedes alguna vez han metido a un amigo en el bolso?

Todos se rieron mucho, y fue en ese instante cuando la pared de hielo que existe inicialmente entre el guía y el grupo se rompió. Fue mágico: repentinamente, mi susto se espantó y la dinámica cambió completamente.

En serio, ¿alguna vez han metido a un amigo en el bolso? —repetí mi epifanía, que para ellos no era más que una pregunta chistosa. Les mostré la portada de la cartilla Las noticias… ¡todo un cuento!, que tantas veces leímos y preparamos en las capacitaciones para aprender a trabajar con grupos de niños, y en ella, efectivamente,  aparece la ilustración de una chica que guarda a un amigo en el bolso al que solo se le ven las piernas.

A ellos les causó gracia al principio, pero luego, cuando les conté que el periódico El Colombiano era un amigo que sabe muchas cosas y que además, “se puede guardar en el bolso”, a ellos les quedó sonando la idea, y pude comprobarlo al final del recorrido.

Muchas veces me pregunté cuál de los públicos podría ser el menos complicado, y siempre tuve la idea de que era el de los niños, por ser más ingenuos y tener menos experiencia sabrían menos y, por eso, me harían preguntas más sencillas.

Sin embargo, ese día caí en la cuenta de cómo había menospreciado la inteligencia, la sagacidad y la sabiduría que trae consigo la ingenuidad: ellos, con sus preguntas, inquietudes y aportes, crearon una atmósfera muy particular durante el recorrido e hicieron que este no fuera solo el primero, sino, hasta ahora, el más especial y, quizá, el que más recordaré.

La que más me sorprendió fue una de las niñas. Le gusta mucho leer el periódico y nos contaba a todos sobre algunas noticias que le habían llamado la atención en otras ocasiones.

Cuando llegamos al lugar donde trabajan los periodistas de La República, nos contó a todos que en un diario económico, evidentemente, podríamos encontrar información relacionada con el predial. Lo dijo con tanta naturalidad que me sorprendí muchísimo, en especial, porque la palabra “predial”, si mal no recuerdo, empezó a formar parte de mi vocabulario más o menos a los 18 años.

Las rotativas estaban funcionando. Eso para ellos —y en general para todos los visitantes— es un espectáculo. Aún recuerdo la mirada de todos suspendida, enfocada en la banda transportadora que, “como en una montaña rusa”, (tomo prestadas las palabras de uno de los niños), lleva todos los periódicos de una manera tan organizada.

Noticias todo un cuento

Camilo Sandoval

“Yo quiero trabajar aquí”, es la expresión de muchos cuando hacen el recorrido. Pero lo que más me gusta escuchar de parte de los niños es ¿cuándo podemos volver? O, ¿cuándo la volvemos a ver?

Es muy gratificante sentir que las personas se sienten acogidas, satisfechas y, sobre todo, que ese discurso tan bien redactado en un guion y que podría reposar en un anaquel o estar archivado en el computador, toma vida, y que de allí, todos los visitantes, algo se llevan.

Terminamos la visita y les entregué un periódico de cortesía junto a la cartilla Las noticias… ¡todo un cuento! Lo que más me conmovió —y le doy los créditos a eso que he bautizado como una epifanía— fue verlos a todos sentados, en el piso, guardando el periódico en el morral y diciéndome: “Daniela, mira, guardé mi amigo en el bolso”.

Todos querían hacerlo. Todos lo enrollaron como mostraba la cartilla y los que no eran capaces de hacerlo, me decían: Daniela, ¿por favor me ayudas a guardar a mi amigo en el bolso?

La imagen de esos niños con su “amigo en el bolso” me ocupó la mente gran parte del día, y mi ceguera ya no era blanca por el susto, sino colorida por la emoción y la alegría de darme cuenta de lo atentos que son los niños, de cómo nos escuchan a quienes ellos perciben como adultos, de cómo nos respetan, de cómo nos agradecen.

Y sobre todo, el mayor aprendizaje de ese día fue, o es, que debemos escucharlos a ellos, prestarles atención y, desde niños, tratarlos como sujetos inteligentes, propositivos y capaces.

Hasta el día de hoy esa imagen me persigue, y tal como termina la historia de la cartilla, terminó la historia de mi primer recorrido: un grupo de niños con un nuevo amigo en el bolso.

 

Escuela en casa

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Carolina Navarro Montoya
Aprendiz de Comunicaciones
Prensa Escuela EL COLOMBIANO

El pasado 11 de marzo, un grupo de niños con sus  padres visitaron las instalaciones del periódico para conocer cómo se hace EL COLOMBIANO.

El recorrido fue como cualquier otro, la diferencia la hacía un grupo de padres que educan a sus hijos en casa, con horarios estrictos, tareas y exigencias como en cualquier colegio.

Algunas familias  son extranjeras y por limitaciones del idioma han tenido que recurrir a esta opción educativa, pero otros son colombianos que encontraron en esta alternativa una forma de conjugar equilibradamente la vida familiar con la académica, dando como resultado estudiantes preparados para las pruebas de Estado y familias comprometidas con el  proceso de formación académica de sus hijos.

Este es el testimonio de una de las madres que visitaron EL COLOMBIANO, quien desde hace tres años vino de Estados Unidos por motivos laborales y ha decidido educar a sus dos hijos en su hogar. Ella  considera que ésta es una excelente alternativa y está feliz con los logros que ha alcanzado.

Prensa Escuela EL COLOMBIANO – Visita

En este enlace podrán ver las fotos de la visita.

Anécdotas del Programa de Visitantes Conozcamos EL COLOMBIANO 2012

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El Programa de Visitantes Conozcamos EL COLOMBIANO es uno de los componentes de Prensa Escuela que ofrece visitas guiadas por las instalaciones del Periódico para conocer cómo se hace este. En 2012 contamos con la visita de 8.902 personas.

Estas visitas son guiadas por estudiantes universitarios de diferentes carreras.

Lee algunas anécdotas de los recorridos del 2012:

“A uno de los recorridos vino Jerónimo, un niño de seis años que está en Transición en un colegio con énfasis en inglés, por eso él siempre me decía miss. Cuando pasamos por la máquina Ferag (que tiene como función distribuir los periódicos en montoncitos de 100 o 200 ejemplares), me preguntó: ‘Miss, miss, miss, ¿mi papi me puede comprar esa máquina para que  cuente todas mis hojitas?’ ”.

Leidy Jakeline Correa Mazo
Guía del Programa de Visitantes Conozcamos EL COLOMBIANO
Estudiante de Comunicación Social y Periodismo
Corporación Universitaria Lasallista


“Un niño con discapacidad visual llegó a la visita. Al principio yo no sabía cómo acercarme a él… era un reto para mí lograr que con palabras y analogías el niño creara en su mente un mundo similar al que sus demás compañeros veían. Su curiosidad por tocar para poder sentir e imaginar era grande, hacía preguntas, estaba pendiente y agudizaba su oído, tanto así que con sólo tocar un montacarga y hacerle una pequeña descripción, inmediatamente reconocía el pip pib de su sonido avisando la reversa. Era muy bonito ver cómo la profesora y los compañeros colaboraban para que él creara ese mundo y lograra ver lo mismo que nosotros”.

Estefanía Alzate Arenas
Guía del Programa de Visitantes Conozcamos EL COLOMBIANO
Estudiante de Letras: Filología Hispánica
Universidad de Antioquia


“Una de las más bellas experiencias en este año fue guiar por las instalaciones del Periódico a un grupo de personas con deficiencia auditiva. Al principio sentí pánico, no obstante que la intérprete me tranquilizó diciéndome que podía hablar como siempre: en mi tono y a mi velocidad, pasé una vergüenza cuando estábamos en Redacción… les dije que se acercaran porque yo debía hablar en un volumen más bajo para no interrumpir el trabajo de los periodistas cuando Sandra, la intérprete, estaba a cinco centímetros de mí. Al final, fue una experiencia maravillosa porque jamás me había sentido tan escuchado”.

Juan David Villa Rodríguez
Guía del Programa de Visitantes Conozcamos EL COLOMBIANO
Estudiante de Comunicación Social-Periodismo
Universidad Pontificia Bolivariana

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