Sin título

Por PULSO VERDE
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Otro momento para mostrar la grandeza. Otro instante para reconocer la derrota, otro motivo para seguir alentando y cultivando la pasión y el amor por Atlético Nacional. ¡Perdimos! Y perdimos jugando. No perdimos por el árbitro, no perdimos “porque nos robaron” o perdimos mal.

Perdimos y punto. Vladimir Hernández la tuvo, también el infalible Dayro Moreno, lo mismo Gustavo Torres y por poco Gonzalo Castellani debuta con gol, pero no, no lo hizo. Lo del árbitro cada quien le encontrará su análisis ya con cabeza fría.

Es momento para respirar y mirar hacia adelante. ¿Impotencia por lo que pasó en la final de la Superliga? Claro que sí. Y es que desde cuándo al hincha le gusta perder y más contra un equipo al que teníamos acostumbrado ganarle en las definiciones: Copa Libertadores de 1989 en cuartos de final, la final de la Merconorte en el año 2000 y la final de la Copa Colombia 2013, solo por mencionar los momentos más significativos en la historia de los duelos entre verdes y azules.

Pasó en una final de Superliga y listo. Asumir y seguir con la vida. Pensar en que el futuro cercano será mejor y que hay con qué seguir nutriendo la historia de Atlético Nacional. Hay que levantar la cabeza y recobrar la confianza. Afuera los pañuelos, acá no hay mucho que llorar, un partido de ida y vuelta que ya se jugó. Seguimos con nuestros 28 títulos siendo el más ganador de Colombia. Punto.

Otro capítulo merece el exacerbado odio encontrado en la redes sociales y algunos micrófonos. Quizá nos lo hemos ganado con mérito por envidias, celos, y muchas veces, por merecimientos. Normal en este ambiente del fútbol. Dice que al árbol que da más frutos es al que más le lanzan piedras, quizá los que nos atacan ven en nosotros ese árbol.

Es odio de ellos hacia nosotros, odio encarnizado en el que no perdonan cualquier traspié. Tildar a una hinchada de “Barcrim” (barra criminal), como lo hizo el hincha-periodista Gabriel Meluk u otros tantos que se escudan detrás de un micrófono, pero que al final lo que hacen es llevar al plano de “guerra” esta clase de partidos.

Todo acto de violencia dentro y fuera de un estadio es reprochable venga de donde venga. Es malo que lo hagan hinchas, autoridades, jugadores, directivos, (como también es malo que lo haga ese periodista que parece va camino a convertirse en lo que tanto critica, un “barrabruto”). Todo camino que conduzca a la ofensa personal, visceral o privada es de condenar, pero incendiar sin principios, por cosas personales y sin medida situaciones también son actuaciones para debatir. No es queja, no es lloriqueo. Repetimos: tienen el derecho a la burla, pero a veces se pasa esa tal delgada línea de la que se habla en estos casos.

Queda abierto el camino. Reiteramos: perdimos una final y como tal hay que asumirla. Así como ya la han asumido ellos y nosotros en tantos partidos que nos hemos enfrentado. Todos tienen rabo de paja, títulos que adjudican a épocas oscuras en el fútbol colombiano, todos los equipos de nombre cargan un pasado sin resolver con esas épocas.

Finalmente en la historia quedará que un 7 de febrero de 2018 Millonarios ganó en el Atanasio Girardot, y también quedará para la historia que hasta el 7 de febrero de 2018, ATLÉTICO NACIONAL era y seguiría siendo el equipo más ganador, reconocido y grande de Colombia con 28 copas a cuestas, incluyendo dos Libertadores, que reposan en los espacios de nuestra vitrina, que en otras partes esperan algún día puedan ocupar con el trofeo.

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