Definitivamente ¿el problema soy yo o mi compañero?

adventure-1839147_960_720Yo creo que cuando tenemos conflictos con los compañeros de trabajo, la vida laboral se nos hace un mundo difícil, pues ahí el problema no es de tipo laboral, sino más bien de carácter personal.
Si bien es cierto tenemos talentos y habilidades para desempeñarnos técnicamente en el trabajo, también es cierto que no contamos con las herramientas suficientes para manejar y solucionar conflictos con nuestros compañeros de labor.
Aquí los asuntos principales gravitan en torno a la convivencia, la tolerancia, el respeto y sobre todo la responsabilidad, a la hora de enfrentar dicha,situación, desde el punto de vista actitudinal y sobre todo, en la manera como nos comunicamos, ya en forma afectiva, efectiva o asertiva.
Entrar en conflicto con el otro es muy fácil; sólo basta con tocar su orgullo o su ego, de la manera equivocada  y rápidamente te ganarás un enemigo para mucho rato. Del mismo modo, si tenemos la habilidad de tocar el Ego de ese compañero, en forma adecuada, tendremos un amigo incondicional y tal vez permanente, al interior de la organización donde laboramos. Lo mismo aplicaría para con los jefes y subalternos.
Los compañeros de trabajo son los hermanos de esa gran familia que se llama Empresa. Así, cuando convivimos con ellos, en algunos casos más de ocho horas, la tolerancia se pone a prueba, dado que una mala convivencia mata el amor. Y ella, debe ir acompañada del respeto y la responsabilidad en la comunicación verbal y no verbal, para cuidar lo que se dice y principalmente la manera cómo se dice, sobretodo: por teléfono, correo electrónico y redes sociales.
Recordemos que el Ego se alimenta de la energía del Deseo. Y por lo tanto, nos motivamos a partir de tres tipos de deseos básicos: Deseo de Poder, Deseo de Saber y deseo de Amar y ser amado. Si usted es un experto en el buen manejo de estos tres deseos, tan humanos…le auguro muchos éxitos en la convivencia, no solo laboral, pues sabrá cómo llegarle, a cada uno de sus compañeros, con regalos de poder, saber y amor.
Si el problema ya está en el terreno emocional, habrá que auto-revisarse, con plena conciencia, para determinar si lo que pasa, es que me estoy mirando en un espejo y lo que odio en mi compañero de trabajo…no es otra cosa que lo que no he resuelto o no tolero en mí mismo, entonces lo observo con enojo y frustración.
Yo creo que mi compañero de trabajo es un problema, cuando proyecto en él,  mi frustración, impotencia e inseguridad. Y se convierte de alguna manera en el Maestro que me está enseñando a conocerme, para encontrar las herramientas y de esta forma solucionar el conflicto primero desde mi…y luego… desde él.

Tu no eres mi felicidad

couple-2180533_1280Yo creo que es un error depositar en los demás, las razones de la felicidad. Pretender que nuestra felicidad se debe a la presencia de ese otro, sería como decir que: si “tu faltas”, mi felicidad se acaba; o no pude disfrutar del concierto de ayer, porque tú no estabas… o mi vida no tiene sentido porque tú no estás…aunque suenen románticas dichas expresiones.
Yo creo que tú no eres mi felicidad. Eres el objeto en el cual he depositado mi búsqueda de felicidad, como un espejo.
Más bien diría: -Yo me permito ser feliz a través de ti.Contigo o sin ti, la felicidad es mi conquista personal, propia, individual y no puedo responsabilizarte por mi infelicidad. En otras palabras, es un proceso subjetivo, donde cada quien, debe trabajar en lo suyo como, por ejemplo, la diferencia entre el Yo y el Ego.
El Yo ama al otro, como es, no pretende cambiarlo, respeta lo que es y permite la libre expresión de ese otro ser, sin sentir miedo. En tanto el Ego como su nombre lo dice, busca dominar y controlar al otro para su propio beneficio, limitando sus expresiones y obligándolo a actuar conforme a un libreto egoísta, que está cargado de miedo al abandono.
Amar es permitir que el otro sea, con otras palabras: dejarlo libre…para que, si el otro encuentra su felicidad en un lugar diferente, entonces como consecuencia de ese verdadero amor, permita su vuelo.
Pero como tenemos miedo a la soledad y al abandono, consideramos al otro como una posesión valiosa, entonces los celos se apoderan de nosotros y en cualquier lugar vemos enemigos codiciosos de lo que “yo tengo”. Lo protegemos a capa y espada, marcamos territorio y como animales en celo atacamos hasta la sombra.
Y creemos que la felicidad es el otro…cuando decimos: ”soy muy feliz porque te tengo”. Esta es una frase muy peligrosa…cuando la miramos con cuidado. Pues el otro, no se tiene…no es una posesión. -“Usted es mía”, diría el inseguro…sin contar con el deseo del otro, que bien podría respondernos…-Yo no soy suya…yo más bien… ¡me le presto a raticos!-.
Entonces yo creo que la felicidad soy yo…y que me siento muy agradecido, si tú decides acompañarme y permites que te acompañe durante un buen rato en este camino, mientras construimos nuestros respectivos proyectos de felicidad, sin posesiones, sin dominaciones… pero eso sí, con generosos préstamos.

¿Qué es un problema?

Yo creo que a la hora de evaluar lo que es un problema, es recomendable hacernos la pregunta desde el principio, para encontrar la diferencia entre lo que realmente es un problema y lo que para mi es un problema.
Recuerdo a mi madre, parafraseando un proverbio chino, cuando nos decía que “todo problema tiene solución, y que aquello que no tienen solución entonces no es un problema”. La sencillez y profundidad de estas palabras, cobran sentido al completarlas con esta otra afirmación: “todo tiene solución, menos la muerte” … aunque para algunos la muerte sea una solución en sí misma.
¿Entonces qué es un problema? Yo pienso que es aquella situación confrontadora, que permite al ser abordada adecuadamente, hallar la respuesta; o si no, pregúntale al matemático cuando trabaja con un problema y observarás cómo va en procura de la solución, de lo contrario no perdería tiempo con algo que no tiene cómo resolverse.
Existen muchas clases de problemas… económicos, políticos, psicológicos, morales, sentimentales, matemáticos, filosóficos y todos ellos, de alguna manera, nos ayudan a desarrollar nuestras habilidades para resolverlos, desde las inteligencias múltiples, ayudados por la creatividad y la capacidad para adaptarnos. Así se convierten en excelentes motivadores para investigar en el campo de todas las posibilidades y alcanzar la sabiduría en el sagrado arte de vivir.
Y en esa dinámica adaptativa, el problema es obligatorio para probar nuestra capacidad emocional, racional y operativa, dándole sentido a la existencia misma, pues nada más monótono que una vida sin problemas.
En el niño, el problema como tal, desarrolla su creatividad para encontrar recursos, y de esta forma resolver los pequeños y al mismo tiempo, grandes conflictos que le garantizan el aprendizaje, a su corta edad. En la adolescencia la problemática se torna más compleja debido a los cuestionamientos existenciales propios de esta etapa de la vida; y en los años posteriores, y aquí viene el misterio y la magia de la adultez, no hay realmente problema que no estemos en capacidad de enfrentar y resolver.
Ahora, porque definitivamente nada es al azar, a cada quien le llega el problema que necesita, en su debido momento, para aprender algo, de sí mismo y de la vida. Es decir, el Universo repite las lecciones…hasta que se aprenden. Esto explica porque los problemas se repiten, debido a que no hemos hecho el debido proceso de aprendizaje, ya por terquedad, por orgullo, por escasez de recursos cognitivos o porque no nos hemos permitido darnos cuenta de lo que está sucediendo y, en consecuencia, no podemos hacernos cargo.
Yo creo que los problemas vistos como oportunidades, son excelentes maestros. Y que cada quien alcanza la maestría, si está preparado para asumir el desafío de la situación problematizadora, como una magnífica oportunidad para demostrar de lo que somos capaces.

¿Qué me apasiona?

musician-2148871_960_720Yo creo que la pasión es el motor de la vida. Y que, definitivamente, uno de los descubrimientos más tenebrosos que hacemos, es constatar que nada nos apasiona… por lo tanto, concluyo: ¿para qué vivo?
Así la pregunta fundamental a la hora de evaluar nuestra existencia es: ¿qué me apasiona?... Para identificar luego, aquello por lo cual vale la pena vivir. Entonces, si la pasión es el motor, eso quiere decir que el deseo es, en última instancia, el directo encargado de darnos la suficiente energía para ir en pos de lo que queremos; pues en la vida es muy importante saber lo que queremos, para ir por ello y en ese propósito,la pasión y el deseo son obligatorios para lograr metas y objetivos.
Trabajar con pasión por aquello que queremos, es lo mejor que nos puede pasar. Desear intensamente algo para conseguirlo es la razón de la existencia. Levantarse diariamente con un propósito, nos da la motivación necesaria para darle sentido a la vida.
En otras palabras, estamos hablando del “sin sentido” que tiene la existencia, en sí misma, si no le encontramos horizontes. Cada minuto que pasa puede ser vacío, si no encontramos el propósito.
Por lo tanto ¿por qué no siento pasión? Porque desde niño me robaron toda posibilidad de soñar al confrontarme desde muy temprano con la realidad. Recordemos que el tiempo del niño es el tiempo para soñar. Porque como adolescente me cortaron las alas de la imaginación, donde era poderoso y capaz, para sumirme en la tristeza de la incomprensión y la soledad selectiva, merced al rechazo de quienes, por el contrario, deberían haberme acompañado, pese a mi rebeldía. Porque castigaron mi “niño interior”, obligándome a madurar y a comportarme como un hombre serio, antes de tiempo, afectando mi proyecto de felicidad.
En definitiva, me apasiono porque tengo sano y libre el “niño interior”, que todo lo puede, todo lo quiere, todo lo sabe y todo lo sueña y lo consigue para su propio deleite, y para enriquecer de sentido su propia vida, con la capacidad de disfrute y goce que todo niño posee.
Yo creo que lo que me apasiona es todo aquello que puedo y me permito disfrutar pues, al fin y al cabo, disfrutar es la consecuencia lógica de hacer las cosas… con pasión.

¿Qué tan bueno es tolerar?

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Yo creo que la tolerancia tiene límite sobre todo cuando ya están en juego otros factores como la dignidad y el amor propio.
Si la tolerancia es un valor, que nos lleva a la actitud que nos permite respetar opiniones, ideas, creencias, comportamientos y actitudes de los demás, aunque no coincidan con las nuestras, también es cierto que en determinados momentos no podemos permitir que afecten nuestra integridad física, mental o espiritual.
¿Qué tan bueno es tolerar?… la respuesta a esta pregunta puede tener múltiples lecturas y va en dirección al desarrollo de la capacidad de resistir o aguantar los impactos que causan los comportamientos, pensamientos y acciones de otros que, de alguna manera, van en contravía de nuestro propio parecer. Sin embargo, esto significa que es bueno para la convivencia, respetar las diferencias naturales y obligatorias que presentan los demás y que, de otro lado, nos lleva a revisar nuestro egoísmo, terquedad o punto de vista cerrado, cuando nos falta empatía y no nos ponemos en el lugar y en el derecho del otro.
Así mismo, cabe preguntarse, ¿qué sucede cuando lo que hace, dice o actúa el otro, atenta contra nuestro derecho? La sabiduría personal juega un papel importante en la manera cómo asumimos lo que hace el otro…es decir si lo vemos como un ataque o una excelente oportunidad para probar nuestra paciencia, al tiempo que relativizamos lo que consideramos nuestro derecho.
Además, porque también debemos reconocer que existen personas intolerantes que se quejan por todo, o creen que nadie puede pensar diferente a ellos y que corremos el riesgo de caer en el juego de las mutuas intolerancias.
Yo creo que tolerar hace parte de la inteligencia emocional y que con un buen discernimiento como el que nos brinda la sabiduría, nos damos cuenta cuándo es bueno o no hacerlo.

El camino de la iluminación

 

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Yo creo que la iluminación al estilo oriental, o la sabiduría como se diría en occidente, es un proceso que obedece más al sentido común que a la genialidad misma.

Iluminarse tiene la rapidez del darse cuenta…es un momento de claridad conceptual, que te permite ver más allá, aquello por lo que estás preguntando y que, de manera súbita, te regala la respuesta…aunque no realmente como la esperabas.

En el mundo budista Zen, el Koan es un problema paradójico presentado por el maestro a su discípulo para detener la mente cuando vaga y sobre todo para detener la palabrería; sin embargo, un Koan no puede ser comprendido a partir de los medios racionales únicamente, hay que sentirlo, incorporarlo, vivirlo como un todo.

En este orden de ideas, iluminarse con la ayuda de los koanes, puede llevar años, para los practicantes del Zen.

Para la muestra este precioso koan tomado del texto “Cada día es un buen día 101 historias famosas de la tradición Zen” recopilación de Paul Reps y Nyogen Sensaki y publicada por el grupo Editorial Norma, Bogotá 1999 pag 56:

“Cuando la monja Chiyono estudiaba Zen bajo la dirección de Bukko en Engaku, no pudo alcanzar los frutos de la meditación durante mucho tiempo.

Al fin una noche de luna llena, cuando estaba cargando agua en un viejo balde amarrado con bambú, el bambú se rompió y el balde se desfondó. ¡En ese momento Chiyono se iluminó!

En conmemoración escribió un poema:

De este modo y de aquel, traté de guardar el viejo balde.
Pues la cuerda estaba débil y a punto de romperse.
Hasta que al fin se desfondó.
Ya no hay agua en el balde.
Ya no hay luna en el agua”.

Yo creo que el camino de la iluminación comienza al descubrir cómo todo es ilusión perceptual y cómo el apego a este mundo ilusorio me hace sufrir. Cuando confirmo que el verdadero significado va más allá de la apariencia. Entonces debo aceptar que vivo en un mundo creado por el ego y que es necesario abrir la conciencia para darme cuenta y hacerme cargo…para entonces asumir la profundidad de mi vida desde el yo, como una responsabilidad que solo a mí me compete…sin temor a los fantasmas creados por las proyecciones de la sombra…pues al fin y al cabo, nadie puede vivir por mí, ni correr el riesgo de realizar mi proyecto de vida.

Lo que significa regalar

Yo creo que regalar tiene diferentes significados muy importantes. Al regalar, te donas o te entregas, precisamente a través de aquello que regalas, pues te haces presente en la vida y en el recuerdo de esa persona.

Sin embargo creo que hemos perdido la dimensión del acto de regalar, al dejarnos llevar por una sociedad consumista que mira el precio y la calidad del objeto material y olvida los significados psicológicos, espirituales y morales que tiene un regalo.

Cuando se va a regalar, se piensa en la persona, sus gustos, sus deseos, lo feliz que se va a sentir al recibir ese regalo. Al mismo tiempo, nuestro deseo consiste, en acercarnos lo más posible a la satisfacción de quien recibe.

Incluso se convierte en un honor el que esa persona, nos reciba el presente.

Precisamente se llama presente, porque me hago presente o hago sentir presente a esa persona en mi vida.

Yo creo que los regalos, no deben condicionarse. Pues deben nacer de la espontaneidad y del desprendimiento de quien dona.

Se da con alegría, se da sin esperar nada a cambio, se da si por el simple placer de dar. Porque además, lo importante está en el significado de lo que se regala. Al regalar, nos estamos proyectando…somos el regalo.

Debemos trascender los regalos materiales, pues yo creo que, son más importantes los regalos que damos desde el amor.

Regalar tiempo, regalar compañía, regalar un abrazo fuerte, una sonrisa honesta, regalar una palabra motivadora a tiempo, regalar un silencio respetuoso, es más valioso que regalar un carro, una casa, o un perfume costoso.

Regalar, espiritualmente hablando, trae beneficios. Esto se debe al movimiento energético que se produce en el universo al desprendernos de algo nuestro. Es más, debemos agradecer a quien nos recibe, porque de esa manera nos permite desprendernos y este vacío que se produce atrae hacia nosotros, dones.

Ahora, yo creo que, comprender a otro, es el regalo más bello y significativo que podemos darle. Entender sus motivos, comprender sus causas, ponerme en su lugar, para evitar egoísmos e injusticias así como regalarle la oportunidad de exponer sus tristezas y dolores y sobre todo, regalarle la libertad de elegir donde quiere estar y con quien, en ciertos momentos coyunturales de su vida.

Yo creo en la generosidad del amor. Yo creo en la madurez de la libertad de quien espera ser respetado en sus decisiones, así no se compartan…así como creo que hay maneras más hermosas y afectuosas de decirle a otro: me haces falta, sin necesidad de violentarlo, condicionarlo o castigarle con un regalo por ejemplo.

Por ello en esta próxima navidad, mis regalos no serán materiales. Me reuniré con todas mis familias, los abrazaré profundamente, celebraré con alegría si alguno de ellos hace mucho tiempo que no lo veo, porque vive lejos y me regala con su valiosa presencia. Miraré a los ojos a quienes amo y pediré y daré el regalo del perdón a quienes lo necesiten, pues tengo claro que nada compensa los años de compañía incondicional jamás condicionada y por supuesto, daré el regalo de la libertad y la comprensión cuando alguno de ellos, por el motivo que fuere, no pueda o no quiera acompañarnos, a celebrar el encuentro.