Dar para recibir.

celebrate-2953720_960_720Yo creo que, dentro de la mezcla de emociones asociadas con la navidad, en mi baúl de los recuerdos infantiles, encuentro en mi memoria aquellos, asociados con la familia y el ambiente alegre decembrino, pues todo se disponía para las festividades de fin de año.
La primera fecha emocionante era el siete de diciembre con la ceremonia de la luz, indicador inequívoco de que la navidad había llegado. Cada hogar vecino se esmeraba en ofrecer arreglos e instalaciones multicolores. En mi casa el pino que decorábamos, por su olor característico, dejaba huellas de memoria olfativa navideña, lo que permitía asociar la época. Las luces que pendían de cada árbol, se programaban con movimientos rápidos y vibrantes y que por supuesto, para un niño como yo, era la oportunidad maravillosa, para volar con la imaginación desde el asombro y quedarse extasiado observando la creatividad de los dueño de casa, en las ventanas, balcones y fachadas, de una ciudad como Medellín, que por aquellos años, ya lucía en sus calles y avenidas, su famoso alumbrado público navideño, que se completaba con faroles y velitas formando corredores fascinantes de luz que serpenteaban por doquier.
La segunda fecha clave era el dieciséis de diciembre, el comienzo de la novena de aguinaldos. Mi padre construía un pesebre maravilloso, que representaba la ciudad de Belén y que era una verdadera obra de ingeniería. En la noche se rezaba la novena, cantando villancicos en compañía de familiares y amigos que se reunían especialmente para la ocasión, y se ofrecían manjares propios de la época como la natilla y el buñuelo, preparados por mi madre, con experticia y dedicación.
El veinticuatro estaba rodeado de expectativa y emoción. La llegada del recién nacido venía acompañada de regalos. Era obligatorio esperar hasta las doce de la noche, para saber si el pobre niño, había comprado el encargo sin equivocarse. Y más temprano las tías intercambiaban obsequios de diferente tamaño y empaque, lo que hacía que la fecha por la misma expectativa, fuera inolvidable.
El treinta y uno de diciembre marcaba el final, no solo de las festividades, sino del año y del ciclo. En medio de abrazos, risas y llantos los adultos deseaban el feliz año y los niños aún despiertos por la música bailable y por el desfile variopinto de máscaras, gorros, y pitos, salíamos detrás de nuestros padres, con algunas moneditas en los bolsillos, a darle la vuelta a la manzana, con maletas alegóricas, representando el viaje soñado, merced a la creencia mágica del agüero de turno, que repetíamos como una tradición.
Yo creo que hay que dar para recibir, y no puedo negar que mi recuerdo de la navidad es hermoso porque independiente de las limitaciones económicas, estuvo llena de regalos espirituales y emocionales. Se que la arquitectura del recuerdo es fundamental para determinar la manera como se percibe la navidad. Para algunos, el síndrome del villancico está lleno de recuerdos tristes, para otros es la mejor época del año. Para mí, es un maravillo mes, para dar y recibir.

Promesas para cumplir.

hug-2734958_960_720Yo creo que, al finalizar un período, siempre es bueno hacer balance para aprender de los propios aciertos y errores.
En este año que pasó descubrí… que fui más perceptivo e intuitivo, y que al momento de vivir disfruté de lo que me rodeaba y acontecía. Sin embargo, también me di cuenta de que sucedieron eventos confrontadores asociados con el valor de la vida, y el significado de la muerte y otros tantos acontecimientos maravillosos en donde pude tomar conciencia de la finitud de mi vida, para no volver a cometer el error de dejarla pasar, sin hacerme cargo de ella.
A pesar de que al principio del año se hacen promesas que no se cumplen, tales como este año si voy a ahorrar, voy a ir al gimnasio, voy a organizar mi presupuesto económico, si tengo claro que para este año me comprometo conmigo mismo y de manera pública, para obligarme al cumplimiento de dichas promesas… y las escribo en presente, para lograr la acción operativa desde hoy mismo.
A partir de hoy, comienzo el día aprovechando el tiempo, para hacer las tareas pendientes, en orden de prioridad, importancia y urgencia, ahora mismo, para lograr más objetivos desde la eficiencia.
Estoy cumpliendo lo que anoto en mi libreta de tareas y que he titulado “voy a hacer hoy”.
He decidido no quejarme, para en su lugar, agradecer cada situación que me sucede, y entenderla no sólo como un momento para el aprendizaje, sino como una bendición, pues creo que “no hay mal que, por bien, no venga”. Además, porque se que la queja es una forma de autocompasión que ya no quiero para mí.
Estoy organizando mis espacios de habitación y mis sitios de trabajo para de esta manera ganar tiempo, lograr descanso corporal y visual, así como economía de recursos, energía y eficacia en la ejecución.
Estoy ocupándome de los asuntos, cuando es el momento, aquí y ahora, en vez de “pre-ocuparme” y mirar el futuro en forma catastrófica.
Estoy utilizando adecuadamente la palabra NO. Por respeto a mi mismo, para garantizar el uso de mi libre albedrío y para evitar el juego de complacer a los demás por aquello de la compra de aprobación a muy alto precio.
Estoy perdonándome y perdonando a otros, para no guardar rencor y de esta forma liberar la carga emocional de culpa, que tanto daño me hace.
Estoy diciendo con todo respeto, lo que tengo que decir, a quien se lo deba decir y en el momento que deba hacerlo para quedar en paz conmigo mismo.
Estoy cuidando mi salud y mi cuerpo visitando al médico periódicamente.
Estoy vigilando mi flujo de caja y garantizando ingresos con diversas actividades remuneradas para cubrir el estilo de vida que me gusta llevar y poderlo disfrutar en la etapa de la vejez.
Estoy viajando más frecuentemente, para seguir ampliando mis horizontes de pensamiento y de experiencias.
Estoy leyendo aquellos textos y autores que he dejado durmiendo en la biblioteca por mucho tiempo, y que ahora les doy vida, para alimentar la fuente que me permite escribir y publicar.
Estoy estresándome menos por tonterías.
Estoy amando incondicionalmente…para estar en armonía con el universo.
Estoy enojándome poco… pues he descubierto que la ira…no lleva a ninguna meta, salvo el desahogo temporal y situacional.
En resumen, estoy logrando muchas cosas, haciéndome cargo aquí y ahora, para no caer en la trampa de hacer promesas hacia el futuro, porque se que si las dejo para mañana, no las voy a cumplir.

Comunic…Arte.

workplace-1245776_960_720Yo creo que la comunicación es un arte.
Y la certeza proviene de la experiencia cotidiana, cuando al momento de comunicarme, encuentro situaciones tan diversas, como las maneras individuales que cada uno tiene de interpretar lo que digo.
Tal vez porque escuchamos desde lo que queremos oír. O leemos evitando encontrar ese texto que contradice nuestras creencias y por supuesto, desbarata de un tajo, el falso andamiaje que hemos construido, desde la comodidad de nuestro estilo de pensamiento, para que se acomode en todo a nuestro ideario.
Lo que quiero decir es que, si bien es cierto se debe procurar llegar al interlocutor, lo mejor posible para evitar malentendidos, también es cierto que el interlocutor desde su mapa representacional, decodifica la información y la distorsiona gracias al miedo, la ideología, la programación educativa preexistente o por su manera original de interpretar el mundo, lo que hace más complejo el proceso de entendimiento entre las partes.
En síntesis, creo que la comunicación es un arte, porque no solo se trata de transmitir una idea lo más clara y precisa posible, sino porque debe lograr que ésta llegue a tantos interlocutores que, por sus diversas formas de pensar y entender, terminan destruyendo la idea inicial para acomodarla a sus respectivos parámetros cognitivos.
Se trata además de considerar al otro como un interlocutor válido y valioso. Desde el respeto absoluto por su manera de pensar o creer, sin que esto impida llegar a los acuerdos necesarios para la adecuada convivencia que se logran precisamente gracias a la comunicación.
También se que la comunicación es poder, y que las palabras pueden sanar o enfermar a una persona, a la pareja, a la familia, a la sociedad, a una organización o un país entero, y que por lo tanto debo ser cuidadoso en lo que digo, cómo lo digo, cuando lo digo, a quien se lo digo y en donde lo digo.
Y reconozco además la importancia de saber decir las cosas, porque hace más daño, en el momento de la comunicación, cómo lo digo, que lo que digo.
Entonces insisto en la comunicación como arte, o específicamente como una habilidad especial, porque requiere bastante reflexión antes de expresar ideas o conceptos a otros, así como estar preparado para las reacciones lógicas como resultado de nuestro pronunciamiento.
Así como me doy cuenta de la sabiduría especial que me regala la prudencia, que va llegando con los años y que dormita en el silencio, cuando se callarme y evito decir cosas que, pueden hacer mucho daño a los demás.

Al caminar juntos…como pareja.

clogs-2947980_960_720Yo creo que ser pareja significa, entre otras muchas cosas, salir del egoísmo, para permitirme compartir. Y este salto ya es difícil cuando he vivido desde la auto-referencia, sin darme cuenta de la existencia del otro, desde su singularidad y su manera propia de ver el mundo.
Caminar de la mano con esa otra persona, representa ir hacia la misma meta. No puedo pretender continuar el camino pensando en un objetivo propio, ahora se trata de unir esfuerzos para lograr un destino común. El panorama cambia radicalmente: se establece relación con una nueva familia, surgen preguntas en torno a los hijos, se planean viajes, inversiones, descanso, estudios, compras, y todo esto no puede partir de una necesidad individual, sino del análisis cuidadoso de un presupuesto económico que, por aquello de la sociedad conyugal, es sensible a cualquier mal movimiento.
El buen manejo de la economía, se hace decisivo para la estabilidad emocional de la pareja. El ingreso y flujo de caja, quien lo creyera, es un elemento clave en la felicidad de los enamorados que, al vivir bajo un mismo techo, tienen responsabilidades administrativas y, por lo tanto, cada inversión o gasto que se haga afecta el presupuesto familiar.

La vida con otro, nos invita a tomar conciencia de que no estamos solos. Dado que cualquier decisión que tomemos beneficiará o afectará la pareja.
Por ello, al momento de casarme, debo pensar sin la emoción y el entusiasmo del enamoramiento, para aterrizar en la realidad del manejo de la economía, que no tiene corazón, y de esta forma, balancear el presupuesto familiar como prioridad, y dejar en un último plano las búsquedas individuales, porque de lo contrario no debería casarme. A menos que la situación económica de ambos lo permita y facilite proyectos individuales.
Así, el matrimonio, como en los cuentos de hadas, sólo es posible con príncipes acaudalados. En la realidad del siglo 21, decidir la convivencia, debe pasar por los extractos bancarios, pues al fin y al cabo el “amor con hambre no existe” y menos aun cuando los acreedores duermen en la cama nupcial…y sería mejor garantizar primero la estabilidad económica, antes de jugar la aventura del “escape nocturno”, y empezar de cero económicamente, que suena romántico, pero poco práctico para un proyecto matrimonial.
A veces por estar enamorados, no pensamos con cabeza fría. Aquí ya el tema no es sexual, afectivo, social o emocional. El “mariposeo” inicial, debe darle paso a la realidad concreta de vivir en compañía, para construir una vida en pareja. La comunicación afectiva, efectiva y asertiva son parte fundamental del entendimiento desde el respeto y la consideración del otro como un interlocutor válido.
Yo creo que la idea es tomar conciencia de que cuando me comprometo a vivir en pareja -más allá del amor- lo fundamental es la capacidad para caminar juntos y estar dispuestos a dejar de pensar en solitario, para hacerlo en compañía y construir un proyecto de vida en común desde el amor, pero principalmente desde la responsabilidad por el compromiso adquirido.

El sagrado arte de vivir.

Yo creo que, al preguntarme sobre el sagrado arte de vivir retomo las palabras del escritor español Jose María de Pereda, - “La experiencia no consiste en lo que se ha vivido, sino en lo que se ha reflexionado”-, y entonces evoco la manera como he vivido.
Dice el refranero popular que: “más sabe el diablo por viejo, que por diablo” y me pregunto: ¿qué tan viejo soy?… ¿merced a mis reflexiones?, o por las “diabluras” que he hecho y que de algunas me arrepiento, o por lo que he dejado de hacer debido a la prudencia que va regalando estos años recorridos.
De nada vale haber cumplido muchos calendarios, si no he hecho una reflexión profunda del sagrado arte de vivir en cada momento existido. Así como descubro que la vida no tiene sentido sino viene acompañada de aprendizajes significativos.
De otro lado, llego a la conclusión, de que mi vida tiene sentido si tengo un para qué, siguiendo las líneas de pensamiento de Nietzsche o Viktor Frankl.
¿Para qué me caso? ¿Para qué estudio? ¿Para qué trabajo? ¿Para qué gano dinero? ¿Para qué ahorro? ¿Para qué invierto en este proyecto en particular? ¿Para qué peleo? ¿Para qué tengo un hijo? ¿Para qué escribo este blog?
Cada pregunta vital, me permite pensar la vida. Sin embargo, a veces paso el tiempo pensando… sin atreverme a vivir.
Al llegar cada 9 de noviembre, esto representa para mí, el fin de un ciclo vital y el comienzo de otra maravillosa oportunidad, para desde el asombro, por aquello de la incertidumbre, iniciar la posible corrección, de lo que aún me falta por hacer.
Soy el arquitecto de mi vida…y esa construcción a veces dubitativa, está llena del temor y de esperanza de lo que está por venir en parte, por el juego del destino, en parte consecuencia lógica de lo que he cultivado.
Soy la consecuencia de mis decisiones, así como de la posibilidad de aprender de mis errores.
Y tengo la certeza de que cada amanecer trae la posibilidad de un nuevo comienzo, cuando desde la fe, emprendo el camino de mi proyecto de vida. Y este proyecto, se me presenta como un lienzo en blanco que solo yo puedo pintar.
Doy gracias a la vida, por las posibilidades infinitas en el campo de todas las posibilidades, y le doy gracias, por mostrarme que el sagrado arte de vivir trae preguntas mayores: ¿Qué es vivir? y ¿Cómo estoy viviendo? Y que de mi depende, la manera como voy respondiendo.

Sincericidio…o el arte de decir y enfrentar la verdad.

black-2597198_960_720Yo creo que no hay nada tan difícil como cometer “sincericidio”; algo así como producir la muerte al ego, la vanidad y la esperanza, propia y ajena por decir la verdad.
Cuentan que una vez una persona amante de la verdad, se encontraba de paseo recorriendo un importante centro comercial. Realmente, sólo tenía la intención de disfrutar de las vitrinas, sin entrar en los almacenes, deporte visual predilecto de aquellos que, de manera auto-torturadora, quedan muy antojados, pero no tienen poder adquisitivo…y si lo tuvieran -luego de una profunda reflexión- se dan cuenta de que sin ese producto pueden vivir…pero con la nostalgia de lo no acumulado.
Lo interesante de este cuento, es que la persona en cuestión se queda perpleja observando el aviso de un elegante almacén que dice: La Verità: Vendemos Verdad Absoluta.
Sin dudarlo un momento, y siendo amante de la verdad como lo era, se adentró en el lujoso almacén para consultar sobre el producto ofrecido. El dependiente la miró con una extraña curiosidad y respondió amablemente a la pregunta: -Si señora, tenemos verdad a medias y verdad absoluta. – ¿Cuál es la diferencia? -insistió la recién llegada- y el asesor comercial con una sonrisa más irónica que considerada, le dice: el “valor de la misma”.
Ok quiero verdad absoluta. -manifiesta con actitud resuelta la clienta. -Muy bien, para clientes tan especiales como usted, la verdad absoluta la encuentra en nuestro segundo piso.
El local va cambiando de atmósfera, si el primer piso se ve elegante, este segundo es sofisticado y lujoso. Incluso el encargado parece más un diplomático de carrera que un vendedor de almacén.
– Madame, me han dicho que usted busca verdad absoluta…antes de llevarla, ¿quiere ver el precio? Pregunta el encargado, para evitar el incómodo momento que genera dicho conocimiento.
Por supuesto que sí, responde muy dispuesta a pagarlo. Sin embargo, al mostrarle la etiqueta…retroceden todas sus intenciones.
Yo creo que como en el caso de esa señora, el precio de la verdad absoluta es muy alto y no estamos preparados para pagarlo.
Ya que significa enfrentar la verdad que per se, tiene altos costos; entre ellos sacrificar el orgullo y el ego, la vanidad y el amor propio, que se protegen con aquellas mentiras que mantienen una percepción falsa de nosotros mismos frente a los demás.
Creamos un mundo ficticio, un juego de la imagen retocada, como ocurre con las egotecas de las redes sociales, pues solo subimos la foto que se puede mostrar.
Inventamos un mundo de fantasías, para silenciar nuestra conciencia y de esta forma anestesiarnos, dado el miedo que causa nuestra propia sombra.
Yo creo que me falta coraje para cometer sincericidio, es decir para enfrentarme a mis sombras… sin embargo, tengo la sospecha de que, si digo mi verdad…comenzaré o a ser valorado por lo que realmente soy y no por la manera como los demás desean verme, desde su idealidad, que en el fondo representa la forma como yo quiero que los demás me vean.
Como quien dice, el problema está claro, el sincericidio primero lo debo cometer conmigo.

Realmente…¿qué me estresa?

girl-2696947_960_720Yo creo que el estrés que siento es proporcional a mi personalidad. Y esto lo digo porque en el momento de evaluar qué me estresa, descubro que es todo aquello que no puedo controlar. Entonces debe ser que tengo una personalidad controladora.
Hace muchos años atrás, me encontraba en un taller para el manejo del estrés. Me inscribí en él, pensado en resolver algunos conflictos de salud asociados con la garganta y mi voz, por la actividad como conferenciante y profesor universitario. La fonoaudióloga que me trató en ese momento me recomendó que luego de descartar un problema gástrico, me cuestionara como psicólogo, la posible asociación entre el poder de la seducción de la voz, -y la necesidad de castigarme, o censurarme produciendo una disfonía-. Entendí que era una forma de estar en silencio para evitar “decir algo”, que por lo penoso… dejó muda la garganta.
Además, identifiqué finalmente, que estaba muy estresado, no sólo por la falta de técnica vocal, sino por el excesivo trabajo con la voz. Entonces terminé haciendo psicoterapia, curso de técnica vocal, taller para el manejo y control del estrés, así como visita a un maestro para aprender a meditar.
En ese momento confirmé que el proceso estresor tenía una relación directa con mi tipo de personalidad y con mi manera de pensar. El facilitador del taller explicaba en forma jocosa, que los individuos de Personalidad A son: Acelerados, Ansiosos, Angustiados, Apurados, “Aprioristas”, Agoreros, Anticipados.
Decidí entonces disminuirle ritmo a mi vida, darle un giro a mi forma de pensar y reaccionar, porque fue claro que, si cambiaba mi manera de pensar, cambiaba mi manera de actuar.
Todo esto ofreció como resultado, un cambio de perspectiva. Debido a la relación que existe entre el estrés y el estilo de vida laboral y la personalidad perfeccionista e insatisfecha con sus propios logros. Una típica estructura de personalidad que tiene como base un programa mental que dice: “puedo dar más”.
También entendí que, si no tengo capacidad de adaptación, aquello que huela a cambio o novedad, puede estresarme mucho.
Y si no tengo el control, sobre personas, situaciones, circunstancias, y fenómenos físicos y climatológicos, al menos si puedo buscar estrategias como un buen paraguas, abrigos, o la meditación profunda para ayudar a controlar la mente y lo que pienso.
También sé que lo que representa una amenaza, estresa sobre la faz de la tierra (desde tiempos inmemorables) a toda criatura animal.
Sin embargo, el proceso estresor es tan individual y único como cada persona. Es decir, lo que a mí me estresa, puede no estresar a otras personas.

Me pregunto: ¿Realmente qué me estresa?

Tengo dos posibles respuestas:Me estresa lo que yo elijo como estímulo estresor, y por lo tanto lo evalúo como tal, o me estresa lo que me dijeron “debería ser estresante” y en consecuencia me estreso como respuesta a ese condicionamiento.

Si bien es cierto, el mundo de hoy es muy estresante, también es cierto que puedo utilizar una gran cantidad de estrategias para disminuir el impacto del proceso estresor.

Entonces desde ese momento, elegí evaluar distinto los estresores… para darme cuenta de que no vale la pena estresarme por ciertas cosas…y que me estoy perdiendo el placer de vivir aquí y ahora…por estar pendiente de anticipaciones innecesarias,- de un futuro hipotéticamente catastrófico- que posiblemente no llegará.