El ciego y el despertar de la conciencia.

traffic-light-1024768_960_720Yo creo que siempre me ha generado curiosidad el hombre ciego que vende confites en la calle. Su sensibilidad y sus oídos están tan afinados que confía plenamente en ellos y de una manera temeraria se lanza al mundo para ofrecer su mercancía. Es un hombre mayor, robusto, se ve sano y lo más impresionante sereno. Cuando el semáforo está en rojo, se acerca cuidadosamente percibiendo el sonido del motor y el calor de cada carro.
Algunos conductores, con el argumento de la seguridad, ni siquiera bajan las ventanillas… quizá por temor. Otros más valientes, deslizan el vidrio decididos y solidarios, para comprarle algo, o para al menos comunicarle que, por hoy, no van a llevar sus productos.
Observo a este hombre caminando en la fila de los carros y nuevamente pienso en lo ciegos que somos. No vemos nada. Y lo que más o menos alcanzamos a percibir lo distorsionamos. Vemos sombras fraccionadas por el miedo y la ansiedad creadas por la culpa y la sensación de fracaso.
Se que el universo continuamente me ofrece maravillosas oportunidades para el despertar de la conciencia. Y ese despertar se da, cuando me doy cuenta de que estoy viviendo una vida de apariencia, una especie de obra teatral cuyo libreto no me pertenece.
Me pregunto: ¿Vivo para mí? ¿O para los demás?
Durante toda mi vida me enseñaron a mantener una imagen. Una especie de máscara que agradara a los demás, para obtener su aprobación. Entonces para lograr el cumplimiento de la tarea, estructuro una serie importante de culpas. Esto con el fin de frenar cualquier manifestación de originalidad que fuera perturbadora, retadora o destructora de lo establecido.
Todo aquel que se sale del libreto es peligroso, porque está agradándose, antes que agradar.
Despierto la conciencia cuando me permito ver más allá de lo aparente. Ver las cosas como son y no como yo desearía que fueran. Cuando salgo del letargo fantasioso, que produce el instalarme en la zona de confort. Cuando dejo de cumplir lo estipulado como: tener fama, casa, carro, finca, paseos, dinero, éxito, y más bien, me permito ser feliz debido a situaciones, eventos y circunstancias sencillas, pero significativas para mí.
El sufrimiento está en lo que pienso y en lo que creo. Es decir, yo creo el sufrimiento, cuando tengo expectativas irreales frente a la vida y a los demás.
Veo claro cuando descubro que soy el artífice de mi proyecto de vida y contemplo con serenidad que cada cosa que pasa es perfecta, porque el universo me enseña que todo lo que sucede tiene un propósito, si estoy despierto, desde la conciencia, para entender dicha construcción.
Ahora entiendo cuando aquel maestro de Nazareth, hacía milagros oftálmicos, pues en realidad era un despertador de conciencias, porque ayudaba a ver.

El dolor está ahí… existe, sufrir es opcional

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Yo creo que el budismo cuando plantea el dolor como algo inevitable y el sufrimiento como una opción, nos invita a profundizar en las diferencias que insinúa entre el dolor y el sufrimiento. Continuar leyendo

¿Atrapado por el pasado?

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Yo creo que soy el resultado de lo que sembré.
El pasado tiene como función, ser el caldo de cultivo de lo que disfrutamos o sufrimos en el presente. Soy el resultado de mi pasado, lo que aprendí y lo que no quise aprender, y se verifica aquí y ahora. Es cierto que no puedo borrar lo que pasó, pero si puedo cambiar lo que siento y pienso en relación con ello. Continuar leyendo

Cuando escuchar a otro…ya es terapéutico.

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Yo creo que escuchar a otra persona per se, ya es terapéutico para ella.
El otro día me encontraba en la cafetería de la universidad, repasando un texto para la clase de terapia humanista existencial y quería como objetivo de esta, explicar cómo la escucha es terapéutica, cuando desde el respeto y la aceptación del otro, la ofrecemos sin condición y como una forma de valorar su sentimiento, para darle al mismo tiempo seguridad y confianza en que todo lo que diga, va a ser recibido libre de prejuicio. Continuar leyendo

Más tecnológicos…pero menos humanos

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Yo creo que el futuro, llegará bastante deshumanizado debido a la tecnología. Me pregunto: ¿será posible humanizarla?
Debo confesar que las películas de ciencia ficción siempre me han fascinado. Y ahora miro con temor la realidad tecnológica que me rodea. Se que los dispositivos electrónicos y principalmente las aplicaciones serán las que dirijan nuestros destinos.

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El señor de los aguacates…o la felicidad al atardecer de la vida

el-mariachi-loco-1389118_960_720Yo creo que, el fin de semana pasado tuve una visión de mi futuro.
Eran las dos de la tarde del domingo, cuando a la distancia, alcancé a oír al vendedor de aguacates. Su voz sonaba poderosa y juvenil. Llamé a la portería para invitarlo a subir y pasó un tiempo bastante largo, entre la llamada y el arribo a mi apartamento; lo que me hizo sospechar, que aquel buen hombre se había perdido. Sin embargo, para mi sorpresa, al sonar el timbre que anunciaba su llegada, me encontré, no con un joven, sino con un caballero, muy mayor, sudoroso y jadeante que a duras penas articulaba palabra, debido por supuesto, al esfuerzo físico. De todas maneras, a punto del infarto, negociamos una buena cantidad de fruta, más por mi compasión, que por la calidad de esta. Continuar leyendo