Las limitaciones están en la mente.

buddhist-315297_960_720Yo creo que las limitaciones están en la mente. Y se, que el cambio es posible cuando aplico el conocimiento, en obras concretas que luego puedo verificar, medir, y evaluar.
Durante estos últimos días, he venido preguntándome qué haría si me encontrara con un sabio consejero en mi camino y me permitiera elegirlo como mi “entrenador personal para el cambio”, pues he decidido que esta es una buena forma de llamar así a mi “terapeuta interior”.
Entonces, gracias a esta búsqueda en la que me encuentro, elijo la orilla del mar como un lugar inspirador; es el momento del amanecer y en medio de una meditación profunda, convoco a mi sabio interior y le consulto sobre aquello que necesito encontrar, como la causa de mi “no-cambio”.
En medio del sonido poderoso del oleaje y la paz interior que me inunda…me llega una voz desde el fondo de mí corazón, que me pregunta:
- ¿Qué es eso que no ha sucedido en tu vida, que quieres que suceda? -
En ese instante, comienzan a desfilar todos aquellos buenos propósitos que me he formulado a lo largo de mi vida y que por una u otra circunstancia no he querido alcanzar. Porque en este caso no se trata de poder…sino de querer.
Luego la voz de la conciencia que me invita a darme cuenta y hacerme cargo me dice que el secreto para poder actuar, está en cambiar lo que pienso y lo que siento debido al miedo que me produce la incertidumbre del fracaso.
Realmente… ¿De qué me quejo? si a lo largo de este tiempo he hecho todo lo posible para llenarme de excusas: “No tengo tiempo, No se puede, es muy costoso, nadie lo ha logrado”
Ahora se trata de hacer posible…lo imposible y lo improbable, hacerlo probable.
Entonces mi terapeuta interior, completa la pregunta: ¿Qué es aquello que no ha sucedido en tu vida y que necesitas que suceda?
Aquí es cuando me doy cuenta de que yo soy quien hace que suceda. Nadie más puede hacerlo por mí. Depende de mi determinación para lograr los objetivos que me he propuesto.
Comienzo por definir qué quiero que suceda en mi vida. Y en consecuencia diseño cómo voy a realizar mi obra, la visualizo en el lugar, tiempo y espacio adecuados, la costeo, selecciono los colaboradores necesarios para que el proyecto se haga realidad y tengo claro porqué lo quiero y para qué lo quiero. Entonces lo que sueño, termina siendo inevitable.
Todo en la vida tiene dos creaciones, primero en el pensamiento y luego en la realidad tangible. Por eso, yo creo que las limitaciones están en la mente, cuando desconocemos nuestro potencial creador para hacerlo realidad.

El poder de la voluntad.

street-sign-141396__340Yo creo que la educación de la voluntad es el primer paso para salir adelante y lograr objetivos.
Con frecuencia preguntamos cuales son las claves para superar los momentos de crisis. Y a pesar de que existen muchas fuentes que explican cómo hacerlo, debemos reconocer que en el fondo todas apuntan a la misma cosa: desarrollar la voluntad.
Sin embargo, la voluntad está en crisis, dice Federico Nietzsche: “…junto con el temor al hombre, hemos perdido el amor al hombre, la afirmación del hombre, la voluntad de ser hombres”.
Es cierto que he ganado determinismo, es decir ya estoy más claro en lo que quiero, pero todavía no tengo determinación para poner en marcha mis sueños e ideales. No los hago “real..idad”. Me falta pasar del pensamiento a la acción.
Allan Wheelis, en su texto Voluntad y Psicoanálisis, sostiene que: “la voluntad parece ser el factor decisivo para traducir el proceso de pensamiento en un proceso de cambio”.
Sin embargo, dicho proceso de cambio no se da en una terapia para fortalecer la voluntad…incluso puede ser peligroso si dichas terapias me llevan a la indecisión. Preguntas, como: ¿Qué hago? ¿Será que lo hago? ¿Dime qué hago?, generan una “terapéutico-dependencia”, pues me siento incapaz de dar un paso sin el permiso de mi terapeuta.
Una buena psicoterapia es aquella que en la medida en que avanza, permite un ejercicio consciente de la autonomía, para optar, para elegir el camino y por supuesto correr el riesgo de vivir.
Tomar decisiones, es un riesgo personal, que nadie puede tomar por mí. Tengo la capacidad y el poder de decidir y asumir responsabilidades, para elegir un camino u otro.
Por ello es importante tomar conciencia de cómo pienso, cómo siento, cómo elijo, cómo decido, cómo obro, para hacerlo realidad.
Bruno Bettelheim, explica que: “…un yo fuerte, no es la causa de las decisiones si no que es el resultado de estas”.
Yo creo que ganar autonomía del yo, facilita el uso del libre albedrío. Cuando en mi conciencia hay intencionalidad, esta se convierte en la base de la voluntad y por lo tanto me permito tomar decisiones, desde mi deseo.
Cuando digo que quiero cambiar, no basta con enunciarlo, es obligatorio volverlo obra. Pues no se trata de fuerza de voluntad, sino de buena voluntad para culminar la tarea del cambio.
En palabras de Rollo May: “…la intencionalidad no excluye las influencias deterministas, sino que sitúa en un plano más profundo todo el problema del determinismo y la libertad”.
Yo creo que cuando educo la voluntad, creo intencionalmente las circunstancias necesarias, para alcanzar las metas desde el esfuerzo sostenido… con autodisciplina. Entonces el cambio se da como consecuencia de mi determinación.

Suerte, coincidencia o sincronía.

people-2588650_960_720Yo creo que el Universo sincroniza cada evento que sucede en nuestras vidas. Algunos lo llaman suerte… otros: coincidencia. Y cuando tenemos desarrollada la capacidad para ver y oír, más allá de lo obvio…comprendemos el significado oculto de dichos fenómenos y los llamamos oportunidades, porque dejan de ser casuales para convertirse en causales.
Yo creo que la suerte no existe. Más bien es el resultado de lo que atraemos, más el trabajo arduo, disciplinado y constante, sumado a la capacidad de ver, crear y aprovechar oportunidades.
Es decir, lo que la gente llama suerte, yo lo veo como el arte de desarrollar habilidades para ver la oportunidad. Algo así como estar en el lugar preciso, en el momento indicado, con la persona que toma decisiones y frente a ella, estar dispuesto a entregar el talento, para el logro de objetivos comunes..
Esto opera de la siguiente manera. La semana pasada, volé a la ciudad de Manizales, para dictar un taller. En el avión, en el asiento de la ventana, una mujer dormía. Debido a lo temprano que salimos de Medellín, pensé que sería buena idea hacer lo mismo. Pero no tenía sueño. Me puse a leer un texto profesional. Sin embargo, una pequeña turbulencia, que “para nada afectó la seguridad del vuelo”, me sacó de la lectura y me obligó, en medio del susto, a observar la persona que dormía. Y pensé- ¿Para dónde irá? ¿En qué trabajará? ¿Regresa o sale de casa? Cuando terminó el vuelo y estoy en espera de la persona que me va a trasladar al sitio de la conferencia, descubro que la mujer, que dormía en el asiento de la ventana, iba para la misma reunión y la recogía el mismo vehículo, con otros compañeros de la empresa. ¿Coincidencia, sincronía?
Luego, cuando llegué al lugar donde se realizaba la reunión empresarial, un hombre con expresión alegre y cara de jefe…me recibe afectuosamente, con dos preguntas: ¿Cierto que tú eres Juan Carlos Posada Mejía el psicólogo y estuviste de paseo en Capurganá la semana pasada? Asentí vulnerable y curioso. ¿Cómo era posible que este amable desconocido supiera tanto de mí? Entonces, ya que percibió mi sorpresa, por no decir sobresalto, me ayuda a despejar la duda. – Es que, en ese paseo, te hiciste amigo, de mis mejores amigos y ellos me contaron que habían conocido a un psicólogo, bloguero, que dicta conferencias…y me pareció una enorme coincidencia, confirmar que eras la misma persona que venía a dictar la charla para mi empresa. Mi sorpresa fue mayor…pues estaba hablando con el alto directivo de esa compañía, el amigo de mis nuevos amigos. ¿Suerte, coincidencia o sincronía?
Yo creo que el Universo nos muestra, en cada momento, las señales que indican el camino, o la salida si estamos perdidos, o buscando algo…como en el caso de aquel, que en medio de una crisis, piensa que la vida no vale nada, que su vida no tiene sentido y que ha perdido las ganas de vivir, y se encuentra con este vídeo, que le llega como un regalo sincrónico y que transforma su manera de pensar y de sentir sobre el sagrado arte de vivir.
Lo importante es estar “despiertos” y dispuestos para dejarnos interpelar por estas señales.

El valor de las heridas en el arte de vivir.

japanese-tenmoku-kintsugi-2aYo creo que todos tenemos una historia de sufrimiento y dolor.
Las heridas emocionales que hemos ganado en el sagrado arte de vivir tienen un valor muy importante, gracias a su significado profundo.
Todo lo que nos ha pasado, ha ocurrido por una razón. Todo en el Universo tiene un propósito, un para qué. Y depende de nosotros, descubrir esa causa para comprender la consecuencia. Porque la consecuencia es el resultado de nuestros pensamientos y actos. Pues todo lo que hacemos trae consecuencias. No hay causa sin efecto. Y en la medida de lo posible, la sabiduría se alcanza, cuando somos capaces de ver en lo negativo, lo positivo por venir. “No hay mal que por bien no venga” reza el adagio popular.
Por ello es importante aprender de la adversidad. En medio del dolor que causa una pérdida, por ejemplo, es difícil ver la riqueza que hay allí. Sólo al pasar el tiempo vemos la dimensión constructiva que dicho dolor trae a nuestras vidas.
No vale la pena quedarse atrapado en el pasado. Para construir hay que destruir. Y en la espiral de la vida cuando estamos ascendiendo en nuestro aprendizaje y vamos cumpliendo las tareas asignadas por la vida… descubrimos que es posible renacer y resurgir de las cenizas como el ave fénix.
Cambiamos cuando rompemos paradigmas… empezando por la ruptura del propio.
Se que es muy complejo darle solución a aquello que yo mismo me resisto a cerrar o concluir. Sobre todo, cuando se trata de renunciar. Por ello las heridas tienen valor como trofeos en el sagrado arte de vivir, porque son un indicador confiable de la lucha que hemos sostenido con nuestras sombras y demonios, así como de las victorias alcanzadas como guerreros de la luz.
Que cada herida, como una condecoración que nos regala la vida, sea una confirmación de las lecciones que aprendemos y de esta forma evolucionar hacia la serenidad que brinda el conocimiento de sí mismo…sin miedo…con la certeza de que todo lo que sucede es perfecto.

Veamos como el arte japonés del kintsugi puede ayudarnos a entender el valor de las cicatrices.

Todo tiene su tiempo.

michoacan-2207313_960_720Yo creo que es importante descansar. Todo tiene su tiempo y cada cosa llega en su momento.
Detener la actividad es básico para darse cuenta y hacerse cargo. Tomar una pausa, permite la conciencia necesaria para reorientar y/o confirmar si la ruta que llevamos nos permite estar alineados con el universo. Continuar leyendo

¿Para ti…qué es sagrado?

old-woman-1886863_960_720Yo creo que no podemos perder el valor de lo sagrado. Cada momento, situación, encuentro o experiencia, puede ser sagrados si así lo consideramos.
Por ejemplo, un momento de conversación en familia, puede ser sagrado. El disfrutar de una buena compañía en medio de un abrazo, contemplar el amanecer en pareja, mientras se viaja por carretera u observar el juego de una abuela con su nieto pueden ser experiencias trascendentes si nos damos el permiso de verlo así.
Ayer, en un centro médico, mientras esperaba para ser atendido, tuve un maravilloso tiempo para observar de una manera diferente a las personas que se encontraban en aquel lugar. Pude sufrir los rostros de angustia, dolor y expectativa de algunos y al mismo tiempo gozar de los juegos de los niños que, inocentes de lo que acontecía a su alrededor, corrían en medio de gritos y risas por toda la sala, perseguidos por sus cuidadores, cansados de la maratónica tarea.
Frente a mí una mujer mayor, elegante y con modales refinados, le hablaba perfectamente, con seguridad y amor a un niño, de dos años. En medio del diálogo, jugaba con él, de una manera didáctica. A juzgar por el uso de su lenguaje, y la forma como le instruía, deduje que además de su formación básica, era una profesional de la palabra y de la educación. Tomó un pequeño carro de juguete y sobre una revista, le mostró las posibles maneras como se podría desplazar el vehículo. El pequeño, inteligente y de una gran retentiva, repitió sin equivocación las variantes del ejercicio. Así lo entretuvo gran rato mientras eran llamados por el médico.
Lo consideré un momento sagrado. Pues pude ver en aquella interacción, las dos generaciones tan distantes. Cómo ella, con las manos arrugadas tomaba con delicadeza, las manitos tersas y aún torpes del niño, aunque ansiosas por explorar el mundo. Sentí la vida y la muerte juntas. La experiencia y la inocencia. El camino recorrido y el camino por recorrer. El fin de un proceso, versus el comienzo de otro. La sabiduría frente a lo por conocer. Ambos jugando a vivir, en direcciones distintas, con horizontes opuestos.
Entonces comparé aquella abuela, con la fragilidad fuerte de mi madre. Y al mismo tiempo su capacidad física, gracias a su trabajo permanente en la clínica, pues aún funge como voluntaria, para propios y extraños. Su lucidez mental, su capacidad tecnológica, su tendencia al disfrute de la buena comida y los paseos, su infinito amor y generosidad en tiempo y sus sabios consejos.
Entonces me di cuenta de lo sagrado, de cada encuentro con mi madre…porque todavía me asombro con su asombro y porque disfruto plenamente de su inteligencia y habilidad para vivir.
Yo creo que cada situación puede ser sagrada, si así lo quiero.

Ojos para ver…oídos para oír.

japanese-1409839_960_720Yo creo que la vida me regala maravillosas oportunidades para darme cuenta. Lo importante es estar despierto para de esta forma tomar conciencia. Un evento, por insignificante que sea, puede contener un enorme caudal de sabiduría. Si tengo ojos para ver y oídos para oír, entonces es posible lograr el despertar de la conciencia.
Se cuenta que los estudiantes de Zen deben permanecer con sus maestros como mínimo diez años para poder enseñar a otros. Tenno, quien ya era maestro, fue a visitar a otro maestro: Nan-in.
Como había llovido tanto, Tenno llevaba paraguas. Dentro de esta cultura oriental, es una costumbre dejar las sandalias afuera. Luego de los saludos protocolarios Nan-in dijo: “me imagino que al dejar tus sandalias afuera en el vestíbulo, también dejaste tu paraguas…sin embargo me pregunto si ¿lo dejaste a la izquierda o a la derecha de ellas?”.
Tenno bastante perturbado, no pudo responder y se dio cuenta que aún no practicaba el Zen. Se quedó como discípulo de Nan-in y estudió otros seis años para lograrlo.
En otra historia, encontramos el caso de un discípulo que inquieto por la iluminación, se atrevió a interrumpir el día del silencio de su maestro. Le preguntó: -maestro ¿cómo puedo alcanzar la iluminación? El maestro imperturbable, tomó una varita del suelo y escribió sobre la tierra la palabra conciencia. El discípulo, no contento con la respuesta, le preguntó al maestro, cómo alcanzar la conciencia…y este tachó la palabra conciencia y debajo escribió nuevamente la misma palabra. El discípulo muy incómodo interpeló de nuevo al maestro en torno a cómo alcanzar la conciencia de la conciencia. El maestro, aún más sereno, tacho la segunda palabra conciencia y escribió por tercera vez: conciencia.
Al meditar sobre estas dos historias, me doy cuenta, que para darme cuenta requiero de una disciplina que me permita centrarme y de esta forma avanzar en la capacidad de ser y estar consciente.
Pero ¿por qué me cuesta trabajo estar conectado aquí y ahora, por ejemplo, con lo que dice el cuerpo y sus señales, o lo que el universo va comunicando con sus signos?
Porque tengo dificultad para hacer silencio. Y en medio de este, ser capaz de ver y oír más allá de mis sentidos ordinarios. Creo que hay un mundo por explorar, que requiere profundidad para trascender en el plano existencial.
Por ejemplo, me cuestiono algunos contenidos sin profundidad que se publican en las redes sociales y que si me descuido me atrapan con sus titulares seductores…mientras que podría en cambio establecer contacto con mis semejantes, en vivo y en directo, pues me estoy ego-centrando en el dispositivo “inteligente”, que me anestesia y no me deja ver ni oír.
Yo creo que es el momento de darme cuenta de la maravillosa magnitud de la vida y de la existencia de los demás, que me confrontan y me acompañan. Al menos, cuando me encuentre en reuniones sociales, apagaré mi dispositivo móvil, y haré silencio para disfrutar la reunión y la presencia de otros seres humanos… y para gozar la vida, con plena conciencia…pues tengo ojos para ver y oídos para oír…más allá.