Cuando lo importante es encontrar el propósito.

man-2734073_960_720Yo creo que a veces nos sentimos perdidos cuando no encontramos el propósito que le de sentido a nuestras vidas. Entonces nos preguntamos: ¿para qué nacimos? ¿Qué sentido tiene mi vida?

Momentos de oscuridad intensa acechan la esperanza de vida. Nubarrones oscuros se ciernen sobre nuestra existencia, cortando cualquier espacio para la luz. Sin embargo, una palabra amiga, una lectura juiciosa o la mirada atenta de la realidad que nos circunda, se convierten en procesos terapéuticos que nos permiten darnos cuenta y hacernos cargo y la iluminación, inunda todo con un nuevo aliento, y entonces se ve clara la razón de ser y esto le da sentido al para qué estamos en la tierra.

He descubierto que vivir la vida es todo lo contrario a gastarla ganando dinero. He confirmado que la fama, el reconocimiento o la reputación son creaciones perceptuales amañadas según el interés de quién observa. Es decir, me he dado cuenta de que aparentar frente a los demás, no es realmente la tarea.

Al principio de mi vida, estudiar, trabajar, casarme y tener hijos era el programa fijado por la cultura, que me obligaba, con esos propósitos a ser un triunfador. Por supuesto era un conflicto y por lo tanto generador de culpa… salirse del libreto, porque sonaba revolucionario romper el paradigma.

Observo que la verdadera pregunta gira en torno a la felicidad. Es decir, yo creo que el propósito de la vida es ser feliz. Algunos de nosotros en medio de la depresión, no podemos percibir lo que es la felicidad, porque precisamente, una de las características del estado depresivo es la anhedonia. Así que preguntarle a alguien deprimido ¿qué le hace feliz?… además de sonar irónico, puede ser contraproducente, pues, está de por medio, el cuadro depresivo, que debido al bajón químico y a la forma pesimista de pensar, hacen difícil evaluar de manera optimista la vida.

Para ser feliz debo tener la disposición para disfrutar. Gozar con lo mínimo, porque simplemente me place y le saco gusto a esto o aquello.

Encontrar el propósito está asociado con la respuesta a esa pregunta: ¿qué me hace feliz? Según las investigaciones en torno a la felicidad, se identifican varios factores que influyen en el proceso de ser feliz…y analizo con curiosidad, como los valores intrínsecos son los que más felicidad brindan.

Se consideran valores intrínsecos, todos los que me llevan a ayudar a los demás, hacer actividades para el crecimiento personal y compartir con familiares y amigos. En oposición a los valores extrínsecos que dan felicidad temporal como ganar dinero, tener fama, reconocimiento o estatus para ser aprobado por los demás.

Yo creo que lo importante es encontrarle a la vida, muchos propósitos. Y sé que el propósito, en mi caso, se torna poderoso cuando me conduce a ser el agente transformador de las vidas de los demás, para que ellos también encuentren su propósito.

Se que mi propósito es ayudar a encontrar propósito y eso me hace feliz.

Cuando el cuerpo expresa lo que la boca calla.

smile-122705_960_720Yo creo que las enfermedades representadas en el cuerpo tienen componentes emocionales, definitivamente psicológicos, que deben ser develados.

En algunas ocasiones, cuando visitamos al médico, queriendo escuchar una respuesta somática a nuestras quejas y dolores, nos encontramos con la sorpresa de que la causa de ese dolor en particular puede deberse a un asunto psicológico sin resolver. La ansiedad, el estrés, el odio, el rencor y el miedo se depositan en el cuerpo, como último lugar de batalla. Entonces creyendo que la causa es orgánica, debemos buscar más allá, de la apariencia corporal, para remitirnos al origen emocional de nuestro sufrimiento.

Creo que los asuntos pendientes deben cerrarse. Nada tan generador de ansiedad como aquello que no se define, ni termina, ni cumple su ciclo porque queda gravitando, dando vueltas eternas en nuestra conciencia.

Por lo tanto, vivir en el pasado no es una buena estrategia; es muy inadecuada. Está cargada del temor a lo porvenir. Además, cuando nos anclamos en el pasado, perdemos la magia del perdón.

Lo que pasó… pasó y debo enfrentarlo, conectado en el presente, aquí y ahora, sin guardar rencores, porque se van quedando en el cuerpo, dejando heridas que necesitan cicatrización y que, de no sanarse, van dando paso a “expresiones” corporales, que hacen más difícil el trabajo de los médicos.

Otro aspecto sanador consiste en expresar las emociones…sobre todo las negativas y existen manera adecuadas para proyectarlas afuera de nuestro organismo. Las expresiones artísticas, por ejemplo, tienen efecto terapéutico. El arte sana, cuando a través de él, canalizamos al exterior, nuestro sufrimiento interior. Definitivamente, cuando reprimimos emociones, hacemos mucho daño interno, porque “implosionamos”.

“Dejar ir” es otra vía maravillosa para sanar. Consiste en soltar lo que “ya no existe”. Me pregunto: ¿Para qué atrapar cadáveres emocionales? Lo muerto debe marchar al lugar de los muertos. Dejar ir lo que pasó, es un acto de resignación frente a lo inevitable.

También es nocivo, cargar con los problemas ajenos. Suficiente ya tenemos con los propios, y pretender ayudar, llevando lo que no es nuestro, claramente, no es buen negocio. Por ello los psicólogos tenemos técnicas para protegernos del peso emocional que esto supone.

De otro lado, también enferma el alma y el cuerpo, trabajar en algo que no nos gusta. Dedicar tiempo y energía a una labor económicamente remunerada, que no nos agrada, pero que continuamos allí por el miedo a perderla, no es buena decisión. Ganar dinero es fundamental, es cierto, pero es más importante trabajar en lo que me hace feliz, o al menos encontrarle felicidad a lo que hago, pues de esta forma soy más productivo, más creativo, y sano mental y físicamente.

Así como es dañino renunciar a nuestros sueños, por miedo al fracaso y por evitar arriesgarnos frente a la incertidumbre del futuro. Perseguir lo que queremos es decisivo para mantener la motivación y el sentido vital. Por lo tanto, es básico tener claro para qué vivimos.

Finalmente es patológico rodearse de personas tóxicas. Que se quejan, hablan mal de los demás, egoístas y dañinas. Todo esto roba energías y lentamente nos va enfermando de tristeza, ansiedad y estrés.

Yo creo que la salud física es consecuencia de la salud mental y creo en el poder de lo psicosomático, porque el cuerpo expresa, lo que la boca calla.

Detenerse…para saber

meditate-2105143_960_720Yo creo que es importante detenerse…para saber. Entrar en una profunda calma para concentrarse. En el budismo se utiliza la palabra samatha, para indicar la importancia de parar y calmarse. Así mismo existe la palabra vipassana, para referirse a la capacidad de percibir y mirar con profundidad, ambos principios fundamentales en la meditación.

Cuentan las historias que alguien le preguntó al Buda sobre lo que practicaban él y sus monjes. Entonces Buda contestó: “Nos sentamos, caminamos y comemos”. Con esta respuesta el interlocutor bastante incómodo replicó: -pero maestro, todo el mundo se sienta, camina y come” a lo que Buda le dijo: “Es que cuando nos sentamos, sabemos que estamos sentados. Cuando caminamos, sabemos que estamos caminando. Cuando comemos, sabemos que estamos comiendo”. En el mundo budista, el trabajo cotidiano está centrado en la práctica de la atención total y completa, para saber lo que está ocurriendo en nuestro interior con la meditación y en el exterior gracias a la focalización plena.

A través de la meditación, podemos tener un diálogo compasivo con nuestro interior, el cual debe permitirnos construir la paz personal, para proyectarla a los demás. Esto sólo es posible desde el respeto, que facilita la comprensión, la que a su vez nos lleva a la compasión.

Esa conexión con el momento presente, aquí y ahora, nos libera del sufrimiento generado por pensar en el futuro y de la angustia que nace de estar anclado en el pasado.

En su libro Buda viviente, Cristo viviente, el maestro Thich Nhat Hanh, dice que cuando dos budistas se saludan juntan las palmas de las manos como flores de loto, inhalan y exhalan con atención, hacen una venia y se dicen en silencio, “un loto para ti, futuro Buda”, produciéndose con este saludo, dos Budas o “iluminados” al mismo tiempo. Y agrega: “cuando entramos en contacto con el espíritu más elevado en nosotros mismos también somos Budas, llenos del Espíritu Santo del que se habla en el mundo católico, porque nos tornamos muy abiertos, profundos, y comprensivos”

Yo creo que, al detenernos, comenzamos a darnos cuenta y hacernos cargo de nuestro proceso de iluminación, para desde la libertad, disfrutar la paz.

Esa paz facilita la compasión y crea el amor, porque al comprender al otro, desde nuestra comprensión…le permitimos ser.

Sanar, transformar, así como perdonar y amar son las tareas fundamentales que tenemos antes de morir corporalmente.

Yo creo que hay que detenerse…para saber que la generosidad es la clave del amor. Y puedo ser generoso con lo que me sobra. Porque como viene de la palabra generar, es lo mismo que crear o producir.
Según esto, me pregunto: ¿Estoy consciente de mis riquezas…para compartir?

¿Quién soy…para juzgar?

audience-1866738_960_720Yo creo que juzgar es muy fácil; lo difícil es ponerse en el lugar del otro…cuando se juzga.
Desde niños hemos sido receptores de juicios. El entorno se obsesiona calificando nuestro comportamiento. Crecemos en medio de críticas y dedicamos gran parte del tiempo a hacer lo mismo con los demás. Esto nos convierte en unos jueces implacables del quehacer del prójimo y al mismo tiempo, queremos estar eximidos de la evaluación que nos hacen los demás.

Opinar, sin el conocimiento del verdadero contexto es muy riesgoso. Pregunto: ¿con qué derecho, y de una manera a priori, vamos expresando “nuestro” concepto amañando de las circunstancias que estamos observando? Creo que hay sabiduría en el acto de guardar silencio…por respeto, por misericordia, y por la distancia que se requiere para mantener la objetividad frente a las conductas de los demás; algo que se aprende en casa, porque en algunos hogares se enseña a no dejar “títere con cabeza”, cuando se trata de hablar mal de los miembros de la propia familia.

Por estos días están circulando con la velocidad de la luz, diferentes vídeos que son apologías de la falta de respeto por la dignidad de la persona. Clips donde se aprovechan de la buena fe de los individuos y de su ignorancia, asociada con el desconocimiento de un determinado idioma por ejemplo, para en medio de palabras “impublicables”, hacerles quedar en ridículo frente al mundo entero.

Continuamente la vida nos ofrece oportunidades para practicar el silencio respetuoso. Porque independiente de la responsabilidad que cada persona tiene en relación con sus actos, ¿quién soy yo para juzgar, lo que el otro hace, si puedo estar haciendo lo mismo que reprocho?

Juzgar fuera de contexto es temerario. Afirmar que un hecho sucedió basado en conjeturas, no es objetivo. Por lo tanto, es preferible abstenerse de comentar y mejor guardar silencio por dignidad, pues puedo equivocarme y hacer daño con mis apreciaciones.

Las redes sociales se han convertido en un medio poderoso para crear fuerzas de opinión que no están completamente informadas. Un vídeo, editado con una intención específica, o con un enfoque sin permitir contexto, pueden ser nefasto a la hora de formar un concepto sobre algo o alguien.

En determinados momentos, el comportamiento de los demás, por polémico, se hace digno de juicio; pero es muy fácil hacerlo desde la comodidad del teléfono inteligente, que no sé por qué se llama así, si el inteligente debe ser el usuario, para evaluar con objetividad lo que le envían por la redes sociales. Ver los “toros desde la barrera”, no me permite evaluar lo que se siente en el verdadero ruedo de la vida.

No estoy disculpando con esto, el comportamiento de los demás; cada uno en su sabiduría, sabrá en que acierta y en que se equivoca cuando actúa, y en cómo y por qué lo hace. Pero lo que si tengo claro es que no soy quien para juzgar, ni tampoco para pontificar sobre la conducta de los otros, porque no tengo autoridad moral para dictar sentencia.

Se ha convertido en un deporte mundial, opinar sobre lo que hacen los otros y yo creo que es más importante evaluar mi propia conducta.

Mientras unos entran licor camuflado al estadio, y lo filman como si fuera lo máximo de la viveza y la astucia humana, burlando la norma…otros dan ejemplos dignos y bellos para imitar, sin hacerse “selfies”…como aquellos japoneses en el mundial de fútbol… aunque, ¿quién soy yo para juzgar?

Vivir…sin excusas.

sunrise-2624402_960_720Yo creo que vivimos inventando excusas. Nuestra creatividad evasiva, nos permite diseñar una variada cantidad de disculpas, para sacarle el cuerpo a aquello que tememos u odiamos, por ejemplo, encontrarnos con alguien o algo que alborota nuestra sombra.
En este orden de ideas, considero que, cumplir una cita, es el más sagrado acto que existe. De un lado, porque significa respetar el tiempo de la otra persona que, de suyo, es valioso e importante por todo lo que representa perderlo; y por el otro lado, porque está en juego la palabra empeñada, algo que con el paso de los años se ha venido perdiendo lamentablemente. Por lo tanto decir: “Ya voy en camino”, “hay un trancón enorme”, “ha sido difícil encontrar transporte”, “creo que te llego unos minutos tarde”, en el fondo, son “estrategias verbales” que indican la falta de planeación y ausencia de pericia en el manejo del tiempo; y que luego creemos subsanar con una excusa, como una forma de evadir el compromiso. La excusa se torna tan inverosímil como atrevida, si pretendemos ganar el respeto de los demás sobre todo cuando se busca ser valorados por nuestra credibilidad y cumplimiento.
Dejar esperando a una persona, es un acto de mala educación y por lo tanto carente de ética. Porque no sólo me refiero a una cita en cuanto al manejo del tiempo, sino también, cuando prometemos enviar algo, y esa persona está confiada que le va a llegar y dicho encargo, arriba cuando ya es tarde, cuando no se usa, o cuando la tarea solicitada se entrega a medias, sin cumplir debidamente el objetivo.
Yo creo que es mejor no prometer si de antemano se sabe que se va a incumplir, entonces de nada valen las excusas.
Conozco personas que a todo dicen que si, como también conozco a otros que por el contrario a todo dicen que no. El riesgo de esto, al fin y al cabo, radica en la fe y la esperanza puestas sobre nosotros, cuando asumimos una responsabilidad frente a los demás, llámese familia u organización laboral, y entonces se espera que demos respuesta a dicho encargo. Por eso es tan complejo cuando decimos sí, frente a un compromiso.
Lo más grave, es que, de la misma manera, le sacamos excusas a nuestra propia vida, algo así como auto-defraudar al Yo y de esta forma obstaculizar el éxito y el crecimiento personal.
Nos llenamos de razones y motivos para no hacer. Para no atrevernos, quizá porque le tenemos miedo al fracaso o a la equivocación. Entonces frente a un plan o proyecto, nos derrotamos anticipadamente, pensando el escenario más catastrófico, congelando todo proyecto porque ya en nuestra mente vimos que “no se podía”.
Yo creo que nada es imposible para lo que se atreven. Ellos saben que el éxito se logra al superar un camino plagado de pequeños fracasos. Entonces no hay excusa.
Me propongo a partir de hoy mismo, vivir sin excusas, sin obstáculos, neutralizando cualquier pensamiento lleno de miedo y falsas certezas. Pues, al fin y al cabo, las limitaciones están en mi mente, ya que todo es posible en el campo de todas las posibilidades.
Entonces desde ahora, me auto-autorizo a vivir… sin excusas.

Con olor a mamá

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Yo creo que el lugar más encantador de la casa materna es la cocina. Allí las tertulias, tienen el calor de la intimidad de la familia, que se van cocinando con los olores típicos de la sazón de la mamá. Continuar leyendo

Aprender a vivir.

Little Girl Reading in Backyard

Yo creo que la familia es el mejor lugar para aprender a vivir.
Era la hora de regresar a casa. El transporte escolar, para iniciar su recorrido, esperaba a la última alumna en la fila. La profesora del preescolar le tendió la mano para ayudarla a subir las escaleras del automóvil. Sin embargo, la pequeña no quería subirse. La profe, frente a la negativa, hizo la pregunta obligada. ¿Qué sucede hija? Es que se me perdió mi muñeca, -dijo. Continuar leyendo