¿Quién soy? o ¿qué soy?

Yo creo que en materia del yo y del ego, la confusión surge a partir de la manera cómo se plantea la pregunta. Es decir, la respuesta depende de sí pregunto: ¿Quién soy? o ¿Qué soy?

De todas maneras y para completar el cuadro, el conflicto se hace mayor si pretendo establecer la diferencia entre el ego y el yo. Y Si veo al Yo como una resonancia neuronal en la perspectiva del científico colombiano Rodolfo Llinás, entonces las ideas psicológicas del ego y las espirituales del yo, tendríamos que replantearlas.

En una entrevista concedida a la publicación Número, el Doctor Llinás, al ser interrogado con respecto al mito del yo, respondió: Los seres humanos no tenemos cerebro. Somos nuestro cerebro. Cuando le cortan la cabeza a alguien, no lo decapitan sino que lo decorporan. Porque es en este prodigioso órgano donde somos; donde se genera nuestra autoconciencia, el «yo» de cada uno. Por tanto, lo que llamamos «yo» no es separable del cerebro. Si dijéramos «el cerebro me engaña», la implicación sería que mi cerebro y yo somos dos cosas diferentes. Mi tesis central es que el «yo» es un estado funcional del cerebro y nada más, ni nada menos. El «yo» no es diferente del cerebro. Ni tampoco la mente.

Entonces, frente a la pregunta: ¿Cómo puede ser el «yo» un estado funcional del cerebro? el neurólogo Llinás, responde: Los pensamientos, las emociones, la conciencia de sí mismos o el «yo» son estados funcionales del cerebro. La simultaneidad de la actividad neuronal (es decir, la sincronía entre esta danza de grupos de neuronas) es la raíz neurobiológica de la cognición, o sea, de nuestra capacidad de conocer.

Lo que llamamos «yo» o autoconciencia, termina diciendo, es una de tantas danzas neuronales o estados funcionales del cerebro. Hay otros estados funcionales que no generan conciencia: estar anestesiado, drogado, borracho, «enlagunado», en crisis epiléptica o dormido sin soñar.

En fin, yo creo que al leer las respuestas del doctor Rodolfo Llinás, surgen nuevas inquietudes sobretodo con respecto al ser consciente y el estar consciente. Es decir, la naturaleza de lo humano se consolida en la palabra y en la capacidad de simbolizar a partir de ella. Pues lo que tiene sentido, existe como una creación de la palabra y por lo tanto “existimos” como consecuencia de la creación misma. Sugiero leer la obra maestra de Michael Ende, la Historia Interminable, para comprender este nexo.

Si digo: soy persona, soy un ciudadano, soy amoroso, soy creativo, esto es una construcción de la palabra nada más, si no está avalado por la acción misma que estoy nombrando. No se trata de decirlo, se trata de hacerlo. Entonces el grupo humano, al ver la acción o la conducta, nombra y por lo tanto aparece la expresión: el es o ella es.

Si me pregunto entonces ¿quién soy? o ¿qué soy?, también debo comprender que mi existencia depende del tiempo y del espacio que me corresponden vivir. Y que además el solo hecho de saber para qué vivo, le da sentido a mi existencia. Pues al tomar las palabras de Federico Nietzsche: “quien tiene algo porque vivir, es capaz de soportar cualquier como”; comprendemos que esto da los motivos para ser y estar.

Así lo importante es responderse la pregunta: ¿para qué soy? como una manera operativa de estar en el mundo.

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